8 de agosto de 2007

"La escuela de Platón": Delville

Casi al final de Historia de la belleza, el hermoso libro a cargo de Umberto Eco, se encuentra este cuadro pintado por el simbolista (y teósofo) belga Jean Delville (1867-1953), La escuela de Platón (1898). Es un óleo sobre lienzo muy grande, 260 de altura por 605 de ancho, está en el Musée d’Orsay, a cuyo pie dice:

La Escuela de Platón, decoración destinada a la Sorbona que jamás se colocó, es a más de un título, una obra sobrecogedora. Sus dimensiones monumentales, la ambición de su propósito, una interpretación de la filosofía clásica vista por el prisma del ideal simbolista, señalan en seguida la singularidad de la obra. El manifiesto proclama sus referencias, de Rafael a Puvis de Chavannes; pero las embellece de la extraña seducción de una gama cromática obviamente irreal. La ambigüedad que se desprende de este manierismo fin de siglo, nubla a propósito, cualquier frontera entre pureza y sensualidad.
Platón está debajo de un olivo como si fuera Jesús predicando a sus apóstoles, doce jovencitos desnudos (entre ellos debe de estar Aristóteles) de gran belleza. Al menos la mitad de ellos en poses que culturalmente consideramos femeninas, lo sean o no. Y el pavo real (macho, no es hembra porque ésta no tiene la cola larga) mirando hacia el otro lado pero mostrando también su hermosura, haciendo un bellísmo conjunto con el valle, con la naturaleza (pueden picar la imagen para verla en grande y poder observar los detalles).

¿Será una interpretación de la filosofía clásica como dice la nota explicativa del cuadro?

7 comentarios:

SONIA dijo...

Estimada Magda, el cuadro es espectacular, pensé que era por el marco incomparable en que se ubica(yo adoro Paris y el D'Orsay es mi museo favorito), pero ahora que lo rescatas me parece igual de impactante. Al verlo siempre he pensado que era una representación mucho más creible y cool de la esencia de La ultima cena, lo natural del aprendizaje entre alumnos y maestros sin la rigidez e imposición que tiene implicita cualquier tipo de religión. A mí la clave me la dió la luz, que se traduce en la libertad de formas, la desnudez porque a aprender hay que ir sin antifaces sin ropajes que nos permitan disimular y simular que hemos ido a aprender.

Un abrazo y gracias por traerme Paris en esta mañana de agosto.

Fernando dijo...

En el desnudo de los efebos puede recogerse como debemos acudir ante alguien que nos enseña las cosas importantes de la vida, liberados de todos los tópicos y viejas argucias sociales,...luego el cuadro puede ser del gusto de estos o de aquellos, demasiado manierista y efectista para el mío, pero sus dimensiones deben hacer que tenga una vista espectacular..lamentablemente no lo recuerdo del museo..besos Magda.

Álvaro Fernández Magdaleno dijo...

Siempre me ha encantado este cuadro, quizá Delville, al seguir las premisas de la teosofía por aquella época, quiso comparar la doctrina cristiana con las enseñanzas de Platón.
Un abrazo

Orlando dijo...

También parece una burla o mofa al cristianismo. ¿Por qué los efebos están en esas poses tan particulares y amaneradas? para escuchar la Academia no tenía que estarse de esa forma ¿o será que sí?

malvisto dijo...

El jardín de Platón. ¿Academia acaso no viene de Academo, quien daba sus clases al aire libre?
Y después con esta filosofía que se encerró, y echo la tranca de sus ventanas, para quedarse sin contacto, pensando que lo suyo es el mundo, y lo de afuera, sobre todo el aire frío para la cabeza, no vale la pena...

saludos,

Gabriel Báñez dijo...

La Filosofía, en su búsqueda de la verdad, nos deja desnudos. La forma es el síntoma, en este caso manierismo puro. Los ideales platónicos Delville los humanizó; luego, claro, plenitud. Un abrazo querida amiga, el vínculo constante. Te estoy por enviar un breve texto para ap (no puedo todo pues está comprometido). Gracias.

Magda dijo...

El cuadro es impresionante, tiene, como todo arte, muchas interpretaciones, las de ustedes me parecen excelentes. Muchas gracias por sus aportaciones y comentarios.

Cuando gustes querido Gabriel, yo te espero con gusto.

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