6 de febrero de 2008

La crítica literaria

Ha surgido una polémica, en favor y en contra, por la publicación del Diccionario crítico de la literatura mexicana 1955–2005 de Christopher Domínguez Michael. Según parece, porque yo aun no lo he leido, el libro falló.

En el último Confabulario, Armando González Torres, escribe un artículo qué desde el título podemos percibir que lo que viene caerá como un baño de agua fría: "El país de la simulación. La imposibilidad de la crítica en México", e inicia de la siguiente manera:

En el ejercicio de la crítica literaria, la realidad impone su pragmatismo: las emociones, las vísceras, los egos, las conveniencias, los intereses comerciales y los grupos funcionan como mordaza. Los enredados mecanismos de la República de las Letras mexicana obstaculizan el trabajo de quien debiera fungir como interlocutor entre los libros y el público. En las líneas que siguen, Armando González Torres desciende al piso bajo de una empresa que, por momentos, malbarata su compromiso para transformarlo en simulación y en farsa.

Quien desee leer el texto completo puede hacerlo en la referencia, solo deseo comentar que dice muchas verdades, algunas nada agradables pero son así. Cuantas veces no hemos visto el carácter elitista que existe para elegir a quien se publica y a quien no, a quien se reseña y a quien no, de quien se habla bien y de quien no, a quien se ignora y a quien no, ya sea porque no deja nada, porque no conviene a determinados intereses, porque no es importante para ciertos grupos o por otros motivos, aunque su trabajo ni se conozca. La crítica literaria es hermosa; une al escritor, al libro y al crítico, el texto del crítico literario es creación, es otro texto, otro libro muchas veces. No considero justo que exista elitismo para realizarla porque, entonces, ¿dónde queda el compromiso con lo que hacemos?

El trabajo crítico, ejercido de corazón, exige un compromiso con la inteligencia y la belleza y puede lograr que, al final, sea posible equilibrar el peso de las apegos o las conveniencias. Cierto, todo crítico tiene, en mayor o menor medida, filias, intereses y grupos de referencia, pero quizá algunos indicadores para que el lector informado calibre su compromiso con la lectura sean su curiosidad y generosidad para rebasar su círculo de afectos e intereses, su facultad de ponderar argumentos o su congruencia en opiniones, posturas y actitudes. Por eso, tal vez aun hoy, la actividad crítica pueda ser una mínima moral de la lectura y una simple reseña bien escrita y argumentada funcione como una modesta resistencia contra la publicidad letrada, contra los propios pequeños poderes, contra todo.

Christopher Domínguez explica: Ausencias y presencias.

8 comentarios:

39escalones dijo...

Me temo que es cosa extendida, los círculos cerrados de la aristocracia cultural, el amiguismo y el interés personal lo inundan todo. Un conocido mío escultor se quejaba de que quien hacía reseñas en los medios de los últimos trabajos escultóricos se negaba a hacerlas sin conocer el nombre del artista, por si acaso atacaba a alguien consagrado o encumbraba a alguien desconodido e irrelevante...
No es sólo un problema de México.
Un abrazo

Leandro dijo...

Creo que esa es una de las razones por la cual la crítica, en tanto institución confiable, se está volcando hacia internet y los blogs. Hoy día leo mucha mejor crítica en ciertos sitios que frecuento que en las publicaciones consagradas, sobre las que cae la sombra de la sospecha. Y no sólo me estoy refiriendo a la crítica literaria.

Juan Murillo dijo...

Que los propósitos explicitos de una actividad dada no coinciden siempre (o casi nunca) con los verdaderos motivos (personales) que mueven a sus participantes es una constante del comportamiento humano y en realidad no es nada nuevo.

Lo que resulta sorprendente es que se diga que por esto es imposible hacer crítica. Siempre habrá críticos integros, y es difícil pensar que haya un complot para prevenir que estos hagan su trabajo. Más bien pareciera que lo que se quiere decir es que ya no quedan críticos integros, lo cual es absurdo.

En todo lado hay gente que realiza su actividad con seriedad y gente que bufonea y favorece a los suyos. Nos toca a nosotros como lectores señalar a los falsos y denunciarlos, porque muy en el fondo, es a nosotros a quien dañan con su labor de desinformación.

malvisto dijo...

Pequeño problema: esto es como lo que pasa con el fútbol. Que termina costando mucho más la camiseta, que la gambeta. Porque el interés económico es mayor, que el placer de ver jugar bien al fútbol. Entonces cuando un crítico, o criticón, hace una reseña, esta contribuyendo a la valorización de un grupo. Como si este no hubiese sido producto de la pasión, del amor, del cariño: es sólo una cosa más, un producto manufacturado por máquinas para hacer dinero.
Sin embargo, esta la otra cara.

Tampoco se puede ser tan radical. Porque a veces, muy raras últimamente, aparecen libros que abren y reabren el panorama. Por lo general eso pasa cuando a un prejuicio anterior se le sumo uno nuevo. Nuevos prejuicios, aunque sea morales, y no propiamente económicos. Yo creo que el problema es que se nos olvida sospechar: y no quedarnos en un sillón. Incrementar la sospecha de si esto es bueno o no, es ejercicio del crítico. Porque realmente no creo que sólo baste con hacer reseñas para ser Crítico. Es más, creo, de hablar fuerte y en voz alta. Lo que se conoce como: desagradar y ser un cansón.

Este señor Domínguez tiene un blog bastante bueno y agradable en Letras libres.

Fernando dijo...

Quizá ese afán creador del crítico en su obra haya llevado por derroteros indeseables la labor de la crítica literaria. Todos hemos leído reseñas de libros escritas en tonos crípticos y formalmente difíciles pero nos hemos quedado sin saber nada del libro en cuestión. Lo cual, unido a unas referencias muy concretas en cuanto a las preferencias del crítico, relativizan mucho el resultado.
Al final, al igual que ocurre con el cine o el teatro, uno tiene que saber de qué pie cojea el crítico para valorar sus opiniones, o elegir a los críticos que coincidan con los gustos propios para sacar conclusiones al respecto.

Recaredo Veredas dijo...

Evidentemente en la crítica es imposible alcanzar la objetividad. En la literaria es más fácil que en otras ya que se trabaja sobre novelas o relatos cuyos cánones de calidad están -o suelen estarlo- firmemente asentados. La cuestión no es si la crítica es imparcial -lo que resulta imposible- sino la justicia de los motivos de la subjetividad, que con frecuencia se asientan, tanto en las críticas positivas como en las negativas, en razones extraliterarias. Saludos.

Literófilo dijo...

Hola, es curioso siempre que se sacan libros con tintes como los que vos hacés mención, hay polémica, ya sean recopilaciones, diccionarios, o antologias. Acá en Costa Rica se armó un dime y diretes por una antologia de poetas jovenes, y como siempre, todo se deja de llevar por amigismos, o esas cosas, la polémico mientras los egos literarios y grupusculos existan, no cesará buen blog. Te linkearé, te espero por casa.

Apostillas literarias dijo...

Como bien dice Alfredo, este problema no solo es de México, se da en todas partes, quizá sea condición humana.


Seguirán los elitismos, los amiguismos (esto se da en todas partes y en todos niveles de cosas), los "tu si" y "tu no". En fin, qué le vamos hacer, quizá no hacerlo nosotros dentro de nuestro entorno.

Muchas gracias a todos por sus comentarios.
Un abrazo

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