7 de junio de 2008

Mímesis: las imágenes y las cosas: Valeriano Bozal

Valeriano Bozal, Mímesis: las imágenes y las cosas (Madrid: Visor, 1987)

Estoy leyendo este libro y es un ensayo excelente. Está dividido en tres partes y solo he terminado la primera, Representación y sujeto. El autor explica que al hablar de representación puede hacerse desde varios sentidos. Aquel estrictamente perceptivo, el sometido a las leyes de la percepción y las convenciones socio-culturales. El segundo sentido, el de la presentación perceptiva mediante procedimientos plásticos o gráficos. Y un tercer sentido, el que se pregunta por la condición del representar en el conocimiento. El propósito de Bozal, es analizar la condición misma del representar en cuanto tal, al margen de que sea este o aquel representar, y lo que ello implica tanto para la relación del sujeto con la realidad que llamamos dada, cuanto para la "construcción" de imágenes de representación o íconos.

Intentaré destacar lo que considero más importante del primer segmento, figura y significación, en esta primera parte. Es interesante advertir lo trascendente que guarda en relación a la apreciación del mundo y de la vida.

1. Todo representar es un involucrar, suponer, simbolizar, implicar del sujeto. Si la mirada de este sujeto no pasa de largo sino que su mirar es atento de manera que lo mirado entre en el umbral de lo consciente como mirado, que sea al menos algo para él, entonces se puede hablar de una representación perceptiva en la que la cosa es para un sujeto. Al sacar la cosa del fluir del tiempo y del espacio, del ámbito de la facticidad, la cosa mirada se convierte en figura y posee un significado.

2. Llama figura a todo objeto que posee un significado, es decir, que se articula con otras figuras, delimitando en su enfrentar (distinguirse, parecerse, etc.) su significación para quien es sujeto de tal articulación. Existe, pues, un campo articulado de representaciones en el que cada una adquiere una significación determinada por su relación con las otras. Entiendo esto poniendo un ejemplo: podemos percibir una manzana sola, pero si está en un campo con otras manzanas o con otras frutas, adquiere un determinado significado para nosotros que somos los sujetos de tal articulación.

Cuando se representa al objeto en figura diferente, se percibe la índole de esta articulación con más claridad: puedo decir, dice Bozal, que he visto un "botellero" para comprarlo porque lo necesito para colocar mis botellas, o puedo decir que he contemplado un "botellero", expresión que a mi interlocutor le resulta extraña, no habitual, y le permite adivinar que estoy hablando de un ready-meade de Marcel Duchamp. La diferencia lingüística, continua explicando, me permite comunicar dos tipos de significado, y figura, para un mismo objeto. Ante él mantendré una actitud distinta -utilitaria o estética- y, simultáneamente, puesto que el objeto es el mismo, mi actitud determinará la diferente figura o significado que el objeto vehicula. O sea: las impresiones perceptivas son, en ambos casos, las mismas, pues son el mismo objeto, pero la representación es diferente. No se habla aquí, afirma Bozal, del diferente significado del término botellero, sino del diferente modo de mirar a ese objeto que es el botellero. Representar es articular y, así, producir figuras significativas. Representar quiere decir, pues, organizar el mundo fáctico en figuras.

Concluye:

a) Los objetos están ahí, al representarlos como figuras les proporciono un significado que no estaba dado de antemano, el objeto no lo tiene como una etiqueta, surge en su representación.
b) Organizar implica un sujeto, es decir, un punto de vista que da cuenta de las figuras y el horizonte, que permite decir esto es tal cosa.
c) La afirmación esto es tal cosa alude a algún tipo de "comparación" y supone un conocimiento. El conocimiento no surge en el mundo de estar ante las cosas, sino en el mirarlas incluyéndolas dentro de un campo, conviertiéndolas en figuras con significación.

Las piedras de que echó mano Miró, estaban presentes en la playa donde las buscaba, pero estaban como la arena, el aire, el agua y tantas otras piedras, formando un conjunto en el que se perdía su figura. Sólo cuando Miró, al sacarlas de ese horizonte y convertirlas en parte de una escultura, supo verlas, solo entonces se presentaron ante él y ante nosotros de tal modo, que ahora ya no podemos ver las piedras con la no-mirada que antes teníamos.

Es el gozo que nos invade cuando contemplamos las cosas de forma nueva, porque ése es un gozo estético, inscrito en la representación estética.

11 comentarios:

Orlando dijo...

La importancia de la mirada es evidente. Cómo se mira, no qué se mira, aunque tenga importancia lo que se mira.

Un libro que no debe de ser de facil lectura por la carga teórica que se percibe, pero que interesante debe de ser comprender lo que expresa.

amor dijo...

encontrar en lo material la base de pensamiento de la que nacen y se forman

malvisto dijo...

Este es un ensayo excelente y la selección bibliográfica es muy buena. En el fondo se encuentra el más que nocivo ¨juicio estético¨ Kantiano que hace del espectador algo así como una cabeza con alas. Y nada dice del goce. Si no estoy mal Valeriano Bozal es profesor de Esética en la Valencia, realmente no me acuerdo. LO que sí me acuerdo es que el complemento a este buen ensayo es un hermoso libro escrito por Giorgio Agamben que se llama El Hombre Sin Contenido: una verdadera joya.

Un abrazo,

Bel dijo...

Hola Magda,
Vengo de Milit. (Isabel M.) y me da un poco de apuro no haberte descubierto hasta ahora. Pero más vale tarde que nunca, ¿no? Tienes un blog interesantísimo e interesantísima también esta entrada.
¿Conoces "Mímesis" de Eric Auerbach? Es un clásico que creo también se complementaría muy bien con el libro que comentas, del cual tomo nota, así como del que recomienda Malvisto.
Encantada de haberte encontrado.

apostillas literarias dijo...

- Sí, Fernanda, la mirada es muy importante en este apartado. Al final, cuando habla de Miró, la mirada hace la diferencia en lo mirado. El arte.

- Amor, gracias por tu comentario.

apostillas literarias dijo...

No se, Andrés, pero tengo entendido que Valeriano Bozal, está en la Universidad Autónoma de Madrid y en la Complutense. Y una de las cosas que más me agradan de él, además de su talento, por supuesto, es que hizo su tesis sobre un filósofo al que admiro enormemente, Merleau Ponty. Tengo entendido que es filósofo, y me gustaria mucho conocer su o sus trabajos sobre el pensador francés, pero nunca he podido hallar nada.

Gracias por la recomendación del libro.

apostillas literarias dijo...

Isabel, qué gusto, siempre bienvenida. Encantada yo por tu visita.

Sí, conozco Mímesis de Eric Auerbach, y me fascina este libro. Pero no lo tengo, y mira que lo he querido comprar, solo lo he consultado en la biblioteca. Este libro es para tenerlo de cabecera.

malvisto dijo...

Uy, Merleau-Ponty, sí: esa Fenomenología de la Percepción aunque es perfectamente un ladrillo lo fuerza uno a seguir. Tiene otros como la Prosa del Mundo, un inédito, que también me gustan mucho.
Y ojalá puedas mirar el de Agamben: es muy bello, y tan, no sé, liberador.

apostillas literarias dijo...

Andrés, creo que de Merleau Ponty me he leido todo lo traducido al castellano, me fascina.

Sí, lee´ré tu recomendación. Gracias.

Abol dijo...

No he leído este libro, Magda, pero me acordé de un gran, gran, mega libro: Mimesis, de Erich Auerbach.
Un abrazo, Lilian.

apostillas literarias dijo...

Este libro es el que comentamos arriba, Lili, y que me gusta mucho y no lo tengo. Lo leí de biblioteca. Pero ojalá algun dia pueda conseguirlo porque es excelente.

Un abrazo, me alegra verte por estos lares.

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