30 de junio de 2008

Narrativas 10

Queridos amigos, ya está en línea el número diez de Narrativas. Revista de narrativa contemporánea en castellano, en esta ocasión es un monográfico sobre Literatura y erotismo. Carlos Manzano y una servidora, agradecemos a todos su colaboración. Damos las gracias a los narradores, críticos literarios, reseñistas, periodistas culturales, ilustradores, lectores, que se han dado cita a través de este tiempo, y a los que participan en este número.

ÍNDICE:

Ensayo

La misteriosa desaparición de la Marquesita de Loria de José Donoso: faz y antifaz del erotismo, Lilian Elphick
Seducción, erotismo y amor en Travesuras de la niña mala de Mario Vargas Llosa, Luis Quintana

Relato

"La felicidad", Sandro Cohen
“Tríptico”, Gonzalo Lizardo
"Contártelo, Adela", Lorenzo Silva
“Los placeres de la Ilustración”, José Luis Muñoz
“Piedras”, Alice Velázquez-Bellot
“Pregunta retórica”, Rafael Ballesteros Díaz
“Microtrilogía erótica”, Salvador Gutiérrez Solís
“Ángel de Atocha”, Antonio Toribios
“Dentro de las páginas del tiempo”, Soledad Acedo
“Herida de hembra”, Diego Fonseca
“Manos”, Ana Alcolea
“Jenny o el vacío ético”, Salvador Alario Bataller
“Atadijo fervoroso para impregnar un cuerpo”, Cristina Núñez
“Nawa Shibari”, Paula Lapido
“Final feliz”, Javier Delgado
“Preguntas y respuestas”, Carlos Manzano
“Erótica IV”, Fernando Sánchez Calvo
“Después de un cuento de Boris Vian”, Pepe Cervera
“Amor hinchable”, Javier Puche
“Voyeur”, Purificación Menada
“El ángel de L'orangerie”, Gemma Pellicer
“Un mal día”, María Dubón
“Su aliento sobre mi espalda”, Elena Casero
“El roce de unos pechos de mujer”, Pedro M. Martínez Corada
“Arthur”, Wilco Jonson
“No marques las horas”, Mónica Gutiérrez y Andrés Felipe Gómez
“Amaranto”, Luis Emel Topogenario
“Julia”, Carlos Frühbeck
“Je t’aime mais non plus”, Sonia Fides
“Muñeca triste”, María Aixa Sanz
“Tu cuerpo resplandeciente”, Carlos González Zambrano
“Pornografía”, Antonio Báez Rodríguez
“Libro del estremecimiento”, Ana Muñoz de la Torre
"Oscuro deseo", Patricia de Souza

Novela

“Suspiro azul” (fragmento de capítulo), Sandra Becerril Robledo
“La cara oculta de la luna” (fragmento de capítulo), Carmen Santos
“El Camino de Santiago” (capítulo), Francis Novoa Ferry
“La orgía de Flipp” (capítulo de Viaje por las ramas), Román Piña

Narradores

En esta ocasión, el espacio de Narradores está dedicado al escritor colombiano, Marco Tulio Aguilera

Reseñas

La huella del bisonte de Héctor Torres, Jorge Gómez Jiménez
El teatro de Sabbath de Philip Roth, Javier Avilés
Guapa de cara de Rafael Reig, Eugenio Sánchez Bravo
Nueve semanas y media de Elisabeth Mc Nelly, C. Martín

Miradas

“Escribir el sexo: ¿asignatura pendiente?”, Blanca Vázquez
“Literatura erótica”, María Dubón
“La erótica de la máquina”, Miguel Esquirol Ríos

Novedades editoriales

29 de junio de 2008

A favor de las mujeres tontas: Margaret Atwood

Las cabezahuecas, las sinseso, las rubias tontas: las adolescentes obstinadas que son demasiado bobas para hacer caso de sus madres: Todas aquellas que tienen la cabeza llena de pájaros, todas las camareras exuberantes que nos desean un buen día y nos dan mal el cambio mientras se inspeccionan el peinado en el espejo, todas las que ponen a secar al caniche recién lavado en el microondas, todas aquellas cuyos novios les dicen que el chicle de clorofila es un anticonceptivo, y que se lo creen; todas las que se muerden las uñas porque no saben si mear o salir del tiesto, todas las que no se atreven a pronunciar la palabra “mear”, todas las que se ríen de buena gana con chistes tontos como éste, aunque no entiendan su significado.

“No viven en el mundo real”, nos repetimos afectuosamente: pero ¿qué clase de crítica es ésa? Si consiguen no vivir en él, mejor para ellas. Nosotros también lo preferiríamos. Y de hecho no viven en él, porque esas mujeres son pura ficción: una ficción normalmente compuesta por otros, pero a veces incluso por ellas mismas, aunque ni siquiera las mujeres tontas son tan tontas como fingen ser: fingen por amor.

Los hombres las aman porque hacen que incluso los tontos se sientan listos: las mujeres, por la misma razón, y porque les recuerdan todas las bobadas que han cometido ellas mismas, pero sobre todo porque sin ellas no habría historias. ¡No habría historias! ¡No habría historias! ¡Imaginad un mundo sin historias! Pues eso es exactamente lo que tendríais si todas las mujeres fueran listas.

Las vírgenes sabias mantienen los candiles preparados y llenos de aceite, y el novio llega, como es debido, y llama a la puerta principal a la hora de cenar; ni ruido, ni nueces, ni tampoco historia. ¿Qué puede decirse de las Vírgenes Sabias, esos dechados de sosería? Se muerden la lengua, piensan lo que van a decir, se cosen su ropa, alcanzan un gran reconocimiento profesional, lo hacen todo bien y sin esfuerzo. En cierto sentido son insoportables: no tienen vicios narrativos: sus sabias sonrisas destilan demasiado conocimiento, saben demasiadas cosas de nosotros y nuestras tonterías. Sospechamos que albergan un corazón mezquino. Son demasiado listas, no para su propio bien sino para el nuestro. Las vírgenes bobas, por otro lado, dejan que se les apaguen los candiles: y cuando el novio aparece y llama al timbre, ellas están dormidas en la cama, y él tiene que entrar por la ventana; y la gente grita y tropieza, y las identidades se confunden, y se dan escenas de persecución, de destrozos, y mucho bullicio satisfactorio: nada de esto sucedería si a estas chicas no les faltara un hervor.

¡Ah, la eterna mujer tonta! Cómo disfrutamos oyendo hablar de ella: cuando escucha los falsos cuentos de la plausible serpiente, y acaba mordiendo una muestra gratuita de la manzana del Árbol del Conocimiento, ocasionando así el nacimiento de la Teología; o cuando abre la engañosa caja que contiene todos los males del mundo, pero es lo bastante imbécil para creer que la Esperanza será una especie de alivio. Habla con los lobos, sin saber de qué clase de bestias se trata:

“¿Dónde has estado toda mi vida?”, preguntan ellos.
“¿Dónde he estado toda mi vida?”, replica ella.
¡Lo sabemos! ¡Lo sabemos! ¡Y reconocemos la esencia del lobo cuando la vemos!

“Cuidado”, le gritamos en silencio, pensando en todas las reacciones inteligentes que tendríamos si estuviéramos en su lugar. Pero, atrapada en las páginas blancas, ella no nos oye, y sigue brincando, y gorjeando, y avanzando inocentemente hacia su destino. (¡La inocencia! Tal vez ésa sea la clave de la estupidez, nos decimos para nuestros adentros, convencidos de que la perdimos hace ya mucho tiempo.) Si ella consigue escapar, es gracias a la suerte o al héroe de turno: esta chica no encontraría la salida ni de una bolsa de plástico.

A veces es de una valentía estúpida; por otro lado, también puede mostrarse temerosa, pero igualmente imbécil. Padres incestuosos la persiguen por los conventos en ruinas, a los que ha sido atraída mediante ardides que no engañarían ni a un cervatillo. Los ratones la hacen gritar: siente escalofríos y le castañetean los dientes al enfrentarse a las amenazas del mundo. Corre, pero correr implica a las piernas, es un movimiento carente de gracia, así que, mejor dicho, huye. Huye despavorida, tomando el camino equivocado en cada recodo, su pañuelo de seda blanco destaca en la oscuridad, y huimos con ella.

Huérfana y criada por tías mezquinas, elige mal a la hora de contraer matrimonio, y se ve obligada a esquivar cuerdas, cuchillos, perros enloquecidos, maceteros de piedra que caen de los balcones, dirigidos contra su cabeza por maridos zalameros y malvados que buscan su dinero y su sangre. No sintáis lástima por ellas cuando las veáis indefensas, retorciéndose las manos: el miedo es su armadura. ¡Asumámoslo, ella es nuestra inspiración! ¡La Musa de peluche!

¡Y también es fuente de inspiración para los hombres! ¿Por qué, si no, existen las sagas de héroes, de divinos poderes, capaces de obras sobrenaturales, si no es para ser admiradas por mujeres consideradas lo bastante tontas para creérselas? ¿De dónde proceden quinientos años de versos de amor, sin mencionar esas patéticas y lastimeras baladas que son todo gemidos y escalofríos musicales? ¡Dirigidas a mujeres que son lo bastante tontas para encontrarlas seductoras!

Cuando una mujer encantadora se inclina hasta perder la razón, haciendo gala de buenas intenciones, de sus ganas de complacer, y se aprovecha de ella alguien, normalmente famoso, ya sea tonto o inteligente, ella cae en sus redes, como en las novelas clásicas, y consigue abrirse paso hacia los titulares, perpleja y llorosa, y de allí va directa a nuestros corazones. “¡Te perdonamos!”, gritamos. “¡Lo comprendemos! ¡Sigue así un poco más!”

Rompamos una lanza a favor de las mujeres tontas, que nos han dado la Literatura.

A favor de las mujeres tontas, de Margaret Atwood
Érase una vez, Barcelona Lumen, 2007

28 de junio de 2008

"Directiva retorno"

Esta vez, haré a un ladito los temas literarios para hablar de un tema en el que he pensado detenidamente en estos días gracias a todo esto que se llama "Directiva retorno", el texto validado el pasado 5 de junio por los ministros del Interior de los 27 países de la Unión Europea. Se de antemano que de nada sirve que lo comente, pero es dificil quedarse callada. He tenido la fortuna (y digo fortuna a lo que debería de ser lógica humana) de nunca haber sentido en mi persona actos fuertes de racismo o desprecio por ser mexicana o por no tener la piel güera (esto es blanca como la leche) y el cabello rubio. Salvo dos o tres actos menores que me sucedieron una vez en España (en una ocasión un dependiente de correos me echó el cambio de monedas al piso -dijo, cuando lo reporté, que habia sido sin querer- y en otra ocasión un mesero se portó como un patán por el solo hecho de que éramos latinoamericanas -íbamos una amiga canaria y yo-, más el conocido y acostumbrado "sudaca" escuchado por ahí), nada más trascendente. Sí me ha tocado ver, leer, saber, de graves casos racistas y clasistas no solo en Europa o en Estados Unidos, también aquí en México.

Es totalmente incomprensible que la humanidad en lugar de ir hacia adelante vaya muchas veces hacia atrás y que lo que tanto criticó, ahora lo lleve a cabo. Se comprende perfectamente que cuando un país o paises tengan flujos de migración la regulen y definan, esto se entiende. Pero que los derechos fundamentales de las personas sean desechados, eso definitivamente es aberrante. En fin, mucho mejor que yo el escritor mexicano Jorge Volpi, habla al respecto. Y hasta abajo dejo referenciada la carta que el presidente de Bolivia, Evo Morales, envía a la Unión Europea.

Perder los papeles, por Jorge Volpi
El pais
27 de junio, 2008

A fines de los noventa, mientras preparaba mi doctorado en Salamanca, descubrí que era latinoamericano. Durante los 30 años que viví en México jamás reparé en esa condición: sólo el contraste con mis anfitriones españoles, más directos y claros que mis compañeros costarricenses, venezolanos y colombianos, me hizo sentir parte de la comunidad bolivariana. La identidad, comprendí entonces, es mutable y se construye en perpetuo contraste con los otros.

Aun así, frente a los conflictos que desgarraban a otros países europeos, en esa época España lucía como un paraíso para los inmigrantes, en especial para los pocos que, como yo, disfrutaban de un visado. Salvo un par de ocasiones en que, con más torpeza geográfica que discriminatoria, fui llamado sudaca, siempre me sentí bien acogido, en casa.

Más o menos en esa época el presidente del Gobierno español proclamó: "España va bien", y de la noche a la mañana miles de ciudadanos de países que no iban tan bien giraron sus brújulas hacia esa nación cuyos habitantes tanto se enorgullecían de su hospitalidad hacia los extranjeros, acaso porque aún no se topaban con ellos en cada esquina.

Han pasado diez años desde entonces y España ha dejado de ser aquel reducto. Sus grandes ciudades se han poblado de restaurantes mexicanos, peruanos y argentinos -por no hablar de marroquíes-, símbolos de los cientos de miles de latinoamericanos que ahora viven y trabajan, con o sin papeles, en sus tierras.

Como era natural que sucediera, el racismo y la discriminación han aumentado ante este flujo repentino, pero no de manera alarmante. Incluso, adelantándose a su tiempo y despertando la ira de la derecha europea, el primer Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero decretó una amplia regularización de indocumentados -para usar el término de los mexicanos en Estados Unidos- aunque, como me hizo ver José María Ridao hace poco, en términos económicos se tratase más bien de una regularización de empleos.

De forma predecible, la derecha no tardó en aprovechar el descontento o la simple molestia de ciertos sectores de la población -los parados o quienes de pronto se fijaban en el acento o el color de la piel en las filas de los servicios sociales- para obtener un beneficio electoral. Sin papeles y extranjeros ilegales comenzaron a llenar las primeras planas gracias a políticos sin escrúpulos que confiaban en ganar votos recogiendo -o de plano inspirando- el miedo de sus electores.

Menos previsible ha sido la forma cómo el actual Gobierno socialista ha reculado frente a sus posiciones anteriores y, en vez de priorizar la defensa de los derechos humanos -uno de sus principios esenciales-, ha preferido congraciarse con la derecha europea.

Hay que repetirlo con claridad: el nacionalismo es -siempre ha sido- una fuente de discriminación basada en el más puro azar. Uno no puede decidir dónde nacer -el jus soli- o de dónde son sus padres -el jus sanguini-, de modo que el acta de nacimiento, el pasaporte y el DNI son instrumentos que el poder impone a los individuos de forma arbitraria: el biopoder denunciado por Foucault.

¿Qué diferencia a un niño nacido en Albacete de padres españoles de uno nacido en Madrid de padres ecuatorianos, aun si éstos son ilegales? Nada, excepto que uno de ellos puede ser enviado a un lugar que ni siquiera conoce y el otro no. ¿Y a un adulto peruano y uno español, ambos con empleos legales en Madrid? Nada excepto que, sin haber cometido delito alguno, uno puede ser internado durante semanas en una cárcel -desterremos el eufemismo un centro de detención- o expulsado del hogar que ha elegido libremente -repatriado- y otro no. Ambos trabajan, ambos pagan impuestos, ambos se ganan la vida. ¿Por qué esta injusticia? Porque a uno le hace falta un papel: eso es todo.

Mi amigo Nacho Padilla, también alumno de Salamanca, escribió un magnífico cuento para niños, Los papeles del dragón típico. Un día el dragón de los cuentos extravía sus papeles -aquellos que lo acreditan como dragón- y a partir de entonces ninguna princesa acepta ser raptada por él y ningún príncipe quiere combatirlo. Poco a poco deja de ser relevante y al final se desvanece. Carecer de papeles significa dejar de existir. O, en nuestro mundo, dejar de ser visto como humano.

La nueva directiva europea sobre inmigración, como las que existen en otros países -incluido, dolorosa y patéticamente, el mío, México-, legitima la discriminación de Estado. Todos odiamos las comparaciones con el nazismo, pero ello no impide denunciar la lógica fascista de este tipo de ordenamientos. Ahora nos parece monstruoso que se haya discriminado a los judíos a causa de su "raza": un concepto inventado por el poder para legitimar la persecución. ¿No es igual de atroz discriminar a alguien por su "nacionalidad", otro concepto igualmente arbitrario?

En su artículo 13, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre establece: "1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado". Uno tiene derecho a vivir y trabajar legalmente en cualquier parte: interpretar este precepto de otra forma significa acotar, impunemente, la igualdad entre los seres humanos. Duele oír que los socialistas españoles hablen de regular la "inmigración legal" y rechazar la "inmigración ilegal", porque en esta última sólo cabrían quienes han sido arrancados de su país contra su voluntad y, aun en ese caso, la ilegalidad sólo afecta a los tratantes, no a las víctimas.

Basta de hipocresías: la derecha ha ganado la partida desde el momento en que incluso la izquierda teme defender a seres humanos que sólo persiguen un mejor nivel de vida y cuyo único delito es no haber nacido en el lugar correcto. Hace unos meses viajé de México, donde ahora resido, a Barcelona, una ciudad tan importante en mi mundo imaginario como Salamanca. Por primera vez el guardia fronterizo me exigió mi boleto de regreso y me llenó de improperios al no poder mostrárselo. He vivido casi cinco años en España y no tengo dudas: también es mi país aunque no tenga -y quizás nunca vaya a tener- papeles para demostrarlo. De tenerlos, hubiese votado por los socialistas. Y ahora me sentiría doblemente dolido al constatar su olvido y su traición.

Aquí la carta de Evo Morales: El papel real de los migrantes: Carta a la Unión Europea.

Otro artículo sobre el tema: Costumbres y tradiciones de Spain, es un articulo fuerte.

Pasaje de Demian, de Herman Hesse

¿Esta parte de la historia de la juventud de Emil Sinclair, se percibe ahora cómo demasiado romántica?

Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía o creía saber, que una estrella no podría ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella.

26 de junio de 2008

Ojo travieso: Lilian Elphick

Lilian Elphick, Ojo travieso (Chile: Mosquito editores, 2007)

Me considero una mala lectora del relato breve o microcuento. El tan conocido cuento del escritor guatemalteco Augusto Monterroso, "El dinosaurio", "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí", no me gusta mucho que digamos, y el que no me agrada nada es el de Luisa Valenzuela, de tan solo dos palabras: "Que bueno". Por esta deficiencia como lectora en este género temía la lectura de Ojo travieso de Lilian Elphick, a quien agradezco su envío. Mi temor se esfumó de inmediato solo empezar a leerlo.

Sabemos que la lectura de un libro se inicia desde la portada. En los paratextos ya se presenta configurada la significación del relato, desde el título y los epígrafes es posible identificar el conjunto de oposiciones semánticas que se hallarán concertadas en el cuerpo del discurso. Como decíamos alguna vez, los paratextos son marcadores de lectura, instancias de legitimación (visuales y discursivas), metatextualidad, intercambio entre autor y lector, elementos funcionales en la significación (semiosis) de los textos. Distribuidos en siete partes, los cuentos de Ojo travieso vienen envueltos en un sobre con un recuadro al frente (un ojo) por donde se asoma la desnudez de un cuerpo femenino que mira y se sabe mirado por el lector. El cuerpo de la escritura.

Por sus páginas transcurre a veces la muerte, otras la ausencia, el amor, el dolor, la violencia, lo cotidiano, la vida en pareja, la pasión y la ironía. Una ironía como cómplice de ese ojo inquieto que muchas veces juega y se sorprende con lo que mira sin quedarse con su apreciación, nos comparte lo que su mirada vive como testigo de su propio acontecer, como el ingenio en "Pequeño diálogo":

Muerte: Ven conmigo.
Vida: Ni muerta.

O la fuerza, en "Mas polvo enamorado":

Soñé contigo, Pelá.
Soñé que te hacía polvo y que tú me lo agradecías.

O el significado de lo no dicho, en "Verano del '80":

Tengo un gato en mis rodillas durmiendo; siento que llegas, abres la puerta y también hago que duermo.

El ojo travieso del cuerpo de la escritura es el organizador del sentido, del conocimiento sensible del discurso, de las experiencias, seducciones y sensaciones que su mirada estética advierte.

"Exigente":

Un fantasma se enamoró de una sábana. La primera noche, tiritando de amor, se metió debajo de ella y le dijo: Estás agitada. La segunda, incómodo, reclamó: estás un poco mojada. La misma noche, pero más tarde, atravesando la puerta, le gritó: ¡ah no, en el suelo si que no!

24 de junio de 2008

100 intelectuales relevantes

Las revistas Prospect y Foreign Policy realizan una lista de los que, según su opinión, son los cien intelectuales más relevantes. Me parece un listado heterogéneo.

Entre ellos encontramos a Alma Guillermoprieto, Fernando Savater, Fernando Henrique Cardoso, Enrique Krauze, Umberto Eco, JM Coetzee. Se puede votar por los favoritos.

20 de junio de 2008

El escudo de Aquiles

“Uno de los pasajes más enigmáticos de la Iliada de Homero, es la descripción del escudo de Aquiles (video). Ha sido interpretado según el siglo. En nuestros días surge una asociación aún más enigmática a partir del descubrimiento y análisis del Disco celeste de Nebra. La descripción homérica del escudo de Aquiles ¿podría relacionarse con el Disco de Nebra?”

Realización: María García Esperón.

En recuerdo de Pierre Klossowski

No se si recuerden que hace un par de meses hablamos sobre el tema de las leyes de la hospitalidad de Pierre Klossowski, o sea, el préstamo de la mujer a los amigos que visitan la casa. Acabo de leer este artículo al respecto. Es de Fernando Castro Flórez, espero lo disfruten:

En recuerdo de las leyes de la hospitalidad
(El funeral por las cenizas de Klossowski y la peregrinación de Domingo Sánchez Blanco)

Todo comenzó en mi despacho. Domingo Sánchez Blanco se sentó, por pura casualidad, bajo la estantería donde tengo acumulados los libros de Foucault, Deleuze, Bataille y cía. Charlábamos o, mejor, divagábamos sobre toda clase de cosas. Sin venir a cuento apareció el nombre de Pierre Klossowski que, precisamente, estaba a la altura de la calva de mi invitado. Le mostré El baño de Diana, que yo mismo había tenido que prologar, ante la deserción de un crítico que presuntamente sabía algo de la cosa, con un esfuerzo descomunal de una semana. Todavía recuerdo el estado febril, a principios de los años noventa, en el que ejecuté ese cometido, dentro de la cama, en estado de trance. Desgrané, precipitadamente, algunas ideas de este personaje singular y, sobre todo, hice hincapié en «las leyes de la hospitalidad».

A Domingo le sonó bien el nombre y, aunque no había leído ni una línea de Klossowski, me anunció que quería «visitarle», ésa fue la palabra que empleó, cuanto antes. Pensé que era el típico calentón que luego termina en nada. Mi sorpresa fue mayúscula cuando comprobé, poco tiempo después, que se había tatuado ese nombre en el antebrazo. Sin duda, estaba comenzando la demencia. Resulta que teníamos que ir, cuanto antes, a París para pedirle al autor de Roberte ce soir «lo más preciado que tenía» que, como conclusión de un argumento extraño, eran sus propias cenizas. Domingo tenía ya todo preparado: un automóvil «maldito», un Fiat 130, un necroescultor que, si mal no recuerdo, es colombiano y una serie de ayudantes dispuestos a todo. Me exigía que fijáramos una fecha para comenzar «nuestra road movie». Intentando dejar pasar este cáliz me autocalifiqué como «sacerdote sedentario» y lancé una serie de nombres de «klossowskianos» españoles que, como era de esperar, hicieron mutis por el foro cuando recibieron la llamada de Domingo proponiéndoles tan extraño viaje. Algunos de esos amigos se pusieron en contacto conmigo pidiéndome que no volviera a facilitar sus teléfonos a un alucinado como el que había perturbado su mortecina existencia erudita.

El infatigable performer salmantino continuaba rizando el rizo y, así, tenía nuevos elementos que añadir a su proyecto: un libro de camuflaje que contenía un revolver que, según algunos, habría pertenecido a Unamuno. Tenía la intención de entregar ese volumen desproporcionado a la biblioteca de la Universidad de Salamanca para que lo custodiara en la caja fuerte donde tienen sus más preciados manuscritos. No podía negarme a todas las propuestas y finalmente acepté impartir una conferencia «de cien kilómetros». Nos presentamos en la fachada de la citada Universidad con el coche de marras al que habían añadido unos altavoces. Contando con Antón Lamazares y Domingo Sánchez Blanco como testigos, ante la estupefacción general, comencé a desgranar una farragosa conferencia sobre Bataille, Blanchot, Artaud, Klossowski y Balthus. Por las carreteras desiertas nos encaminamos a la Peña de Francia. La peripecia era de risa. Cuando brindamos, sentados en una mesa de picnic en aquella cima, con el paisaje cubierto de nubes a nuestros pies pensé que el fondo de esta acción que tantos vericuetos ha tenido era la amistad. Finalmente, el fatídico año 2001, Domingo consiguió una «tripulación» para el viaje parisino: un mecánico bastante rudo y Wendy Navarro, una crítica cubana a la que aprecio mucho.

Javier Fuentes Feo era, en todos los sentidos, la correa de transmisión de esta peregrinatio, enviando mensajes y elaborando textos que dotaban de sentido a lo que era, a todas luces, una insensatez. Aunque se disponía de una larga lista de «contactos», al llegar a la ciudad de la luz todos se hicieron humo. Arrabal no daba señales de vida y otros pececillos menores demostraron que estaban demasiado acojonados como para ayudar a Domingo en sus propósitos. Se atrincheraron en casa de un artista español que antaño hacia esculturas con pelo. Desde allí realizaron llamadas angustiosas a diestro y siniestro hasta que les contestó Denise, la mujer de Klossowski, inmortalizada en tantos «cuadros vivos». Con enorme amabilidad les invitó a acudir a su casa, cosa que hicieron con enorme nerviosismo. Franquearon la puerta de una vivienda muy modesta y fueron tratados con una exquisita familiaridad. Un zumo de naranja y unos tragos de Tío Pepe. Balbuceos en un francés precario.

Resulta que Klossowski estaba hospitalizado y todo hacía pensar que el final estaba cerca. El brillo de la mirada y una belleza antigua aparecen en todas las fotografías de ese encuentro que todavía recuerdan emocionados los que hasta allí fueron capaces de llegar. Denise Klossowski no ha dejado de mostrar su simpatía por esta acción, enviando cartas, autorizando la publicación de textos de su marido y, sobre todo, animando cada una de las fases de algo que no dejaba de crecer.

Tres años después del viaje iniciático, Domingo montó una «mini-cumbre» klossowskiana en el Gran Hotel de Salamanca. Invitó a Carlos Franco, Carlos Jiménez, José de León, Javier Utray, Miguel Cereceda, Alberto Sánchez y Bernardí Roig a una cena en la que, a la manera platónica, invité a los presentes a exponer su «vínculo» con nuestro anfitrión ya fallecido del que, por cierto, teníamos una máscara sobre la que unas maquilladoras se afanaban intentando restaurar los colores. Un inédito que sometí a acelerada traición-traducción fue quemado como si el tema de las cenizas fuera eterno y cíclico. En una habitación, convertida en camarote de los Hermanos Marx, proyectamos Roberte ce soir mientras algunos prefirieron trasegar abundante champán. En 2005 un pequeño pueblo, Morille, se interesó en que «se hiciera algo allí»; surgió la idea de construir un cementerio-mausoleo para obras de arte contemporáneo. No mucho tiempo después desfilábamos por aquellos campos tras una carroza fúnebre con una orquesta reglamentaria. Era un cortejo patético sin concesiones.

Como Domingo es incapaz de hacer una cosa sin mezclarla, como un experto barman armado con la coctelera, añadió al entierro de las cenizas de Klossowski un espectáculo de break dance sobre una precaria tarima y otro imponente funeral: el de un coche de Javier Utray dentro de una inmenso ataúd de hormigón armado. Fue una danza macabra extraordinaria. Recordemos que los locos y los bufones tienen un acceso privilegiado al mundo de los muertos, ese valle sin retorno es «transitable» por los que están fuera de lugar. De forma intempestiva, Domingo Sánchez Blanco nos lleva, con una mezcla de lo grotesco y lo filosófico, a los dominios donde muerte y fiesta se entretejen. Sin melancolía, con un sarcasmo ejemplar, desmantela las pretensiones museofílicas para proponer acontecimientos que podrían recogerse, sintéticamente, en la palabra «matarile»: el cuento se acaba, te pasaportan sin contemplaciones.

Sin embargo, el relato no termina del todo. En el Museo del Automóvil de Salamanca, manteniendo una coherencia irreprochable, expuso, en el 2006, el automóvil, que, por cierto, ya había vendido, con el que realizó la road movie klossowskiana y los documentos que se habían generado, desde el beso tierno con Klossowski, hasta otro viaje al encuentro de Nick Cave para pedirle que realizara un concierto privado en el que bailaría con la venerable «Diana» que generó la bestial metamorfosis del cazador Acteón. Un grueso volumen recoge toda la peripecia con textos de toda clase y condición. En Tan funesto deseo. Gasolina, saliva, cenizas, cosas del combustible. El coche, el cuerpo, la conversación encontramos desde un fragmento del Anti-Edipo hasta unas consideraciones de Fernando R. de la Flor sobre Domingo Sánchez Blanco como estilita taconeador, porque últimamente le ha dado por encaramarse a columnas vestido de flamenco. Ahora me doy cuenta, ojeando ese libro, que se me han olvidado cosas que sucedieron hace tan sólo cinco años. Veo una fotografía en la que estamos con el coche «tuneado» en Gerona y recupero aquel viaje lentísimo en el que también evocamos al estudioso de la prostitución sagrada.

Y también he vuelto a encontrarme con una escultura malísima, todo hay que decirlo, que presentó Domingo en una edición de ARCO: una botella agigantada con un corcho humano que saludaba; de esos lodazales estéticos surgiría la idea de hacer una edición de botellas de vino de Toro con el tapón-estilita. En una bella caja de madera está impreso, en color oro, un tablero de ajedrez. No siempre entiendo de qué va la cosa. Domingo, apunta en un breve texto titulado «Canción para un baile en una habitación de hotel», quiere terminar con una balada de amor y muerte lo que había empezado contra toda ley humana, deseaba abrazar a la viuda de klossowski: «Concebido por la ley, lo que para uno era imposible para otro era hospitalidad». No es el momento para retornar a los primeros pobladores pero tengo la intuición de que todo pudo comenzar, en Troya, por culpa de la destrucción de la termodinámica de los regalos, esto es, las leyes de la hospitalidad se habían violado. La cólera del héroe y su extravío están justificados. Domingo que no es, necesariamente, un homérico, convierte sus acciones en un despliegue de generosidad, donde la rareza es continua. Con su astucia radical no dudó en tatuarse en el otro brazo otro nombre: Blanchot. Ésa era otra visita pendiente.

* Si les interesa este genial escritor y pintor cuya obra pictórica es diferente a la de su hermano, el gran Balthus, pero igualmente fascinante y erótica, lean esta excelente entrevista:

Las potencias del alma.
Entrevista con Pierre Klossowski
Alain Arnaud

12 de junio de 2008

Papur: Francisco Ferrer Lerín

Francisco Ferrer Lerín, Papur (Zaragoza, Eclipsados, 2008)

Papur, de Francisco Ferrer Lerín, es un excelente libro de género inclasificable o de todos los géneros. De inicio, su presentación editorial es eegante: un poco más de la mitad de sus páginas son blancas, las demás en un tono gris muy tenue, ello tiene una razón de ser, por supuesto. Está dividido en Proemio, Bibliofilias, Facsímiles, Series, Varios, Die Rabe y Dos breves guiones. Sí, también vemos transitar en sus páginas el drama y el guión de cine.

Es un libro en el que de inmediato se percibe todo el trabajo que lo sustenta: hemeroteca, pinacoteca, estudios bibliográficos, documentación, mucha investigación detrás, destila erudición por todos lados. Lo mismo hace reir que reflexionar, enseña, se aprende, sorprende, es poético, recorre lugares, paisajes, mitos, leyendas, fantasía, la naturaleza, el misterio, los animales, personajes, todo combinado con maestría. Muchos episodios no se sabe si los vivió el autor o son producto de su imaginación, por ejemplo:

Son tres los sueños más repetidos en este verano de 2004, una buena temporada para los sueños por su cantidad y, en general, por su nitidez. En el más vívido soy un niño y viajo en el asiento trasero del coche conducido por mi padre, y con mi madre en el otro asiento delantero. Salimos de Barcelona. Por la diagonal. Y al entrar ya en la carretera, la que se llamaría nacional II, tras un largo cambio de rasante, irrumpe en el horizonte una corporeidad insólita y gigantesca, una estructura globosa que, a mis ojos, parece estar pegada a la inmediatez del parabrisas. Este sueño es frecuente; quiero decir que a lo largo de la estación tengo constancia de haberlo soñado seis o siete veces, y de lo que estoy bien seguro es de que tiene dos finales. Porque al situarnos ante tal monstruo, se suscita una discusión -suave, lenta, pedagógica- en la que mis padres, con criterio unívoco, defienden la tesis de la nube, una formación de cúmulos (estamos en verano), mientras yo me aferro, desesperado, a la tesis orográfica, una inopinada formación rocosa que nos va a cerrar el paso. La variación entre un sueño y otro es el resultado de la disputa familiar: cuando mis padres tienen razón el viaje continúa; cuando yo la tengo sucumbimos estrellados contra la falda de la montaña.

Un texto me cautivó especialmente, Sirenas. En él, toca el oleo tardovictoriano Ulysses and the Sirens (1909) de Herbert Draper. En este cuadro vemos a Ulises atado al mastil de una embarcación que, dice Ferrer Lerín, impulsan forzudos remeros de oídos taponados y a la que abordan tres sirenas llegadas, según muchos indicios, de un libro de cuentos de Hans Christian Andersen, ilustrado, desde luego, por el estupendo Arthur Rackham:

Pero malas son las precipitaciones, y una más atenta mirada permite una curiosa aproximación al diseño corporal de la sirenita más atrevida, la que en actitud claramente oferente se sitúa en el centro del terceto atacante. Esa persona -desprovista de cola de pescado, remate que sólo parece lucir su compañera de la izquierda- es la misma gran bañista de Renoir (cuadro) que no ha iniciado el proceso de secado porque se halla aún en el agua. Detalles diferenciadores no lo son tanto: la gasa de Draper coloca en las nalgas es signo casto de los tiempos; el breve apunte del breve seno izquierdo de la sirena no aparece en su antecedente de la versión definitiva de Les Grandes Baigneuses (1884-1887) pero sí en el estudio a lápiz (1884-1885) que se conserva en la colección J Laroche de París.

Antes de esta descripción, el escritor nos recuerda que fue Afrodita, la diosa del amor, quien para castigarlas por el desprecio con que consideraban los placeres eróticos, les arrebató la belleza juvenil y las convirtió en mounstruos mitad humanos y mitad pájaros. Cita, además, a Juan José Saer, quien en El hombre que oyó el canto apunta: "Ese desprecio por lo erótico podría tal vez justificar la cola de pescado con que se las representa en la actualidad, y que las incapacita para el acto sexual". Pero Ferrer Lerín no está de acuerdo, señala:

Y un comentario al borrado de orificios inferiores por la membrana natatoria. Es vano considerar a las sirenas incapaces para el amor mientras dispongan, no sólo para el canto, de unas gloriosas bocas entreabiertas; y se complementen además con cortas melenas trenzadas, freno a mano antes posibles desmesuras nacidas de un excesivo uso dental.

Podría transcribirles más pasajes de este estupendo libro, no acabaría nunca porque todos son interesantes. Ese apartado de 17 bibliofilias es magistral, lo recomiendo particularmente. Les comparto la primera, plena de ingenio:

Bibliofilia 1

Ambos fallecieron el día de San Ignacio y a la misma hora de la madrugada. Mi abuela paterna en la casa familiar de Ix en 1959 y mi padre Francisco, veintisiete años después, en su vivienda-consultorio de la ciudad de Barcelona. Como primogénito me cupo el honor de entrar primero, una semana después de su muerte, en la secreta biblioteca contigua a su despacho. Los libros del armario central, todos encuadernados por Brugalla, se disponían por tamaños.
Extraje uno, el que quedaba exactamente a la altura de mi brazo, un ejemplar en octavo -el tomo V de las Obras Escogidas de Metastasio, impreso en Aviñón en 1808- y, al abrirlo, cayó planeando hasta el suelo una hojita de papel casi transparente escrita a mano con una elegante letra en tinta ahora rosada y que decía así: "Se que en el mes de agosto del año de 1986 alguien leerá por fin esta breve nota y que en esos días una dolorosa pérdida anegará su alma".
Y bueno, también les recomiendo los guiones y... todo.

9 de junio de 2008

Articulo de Muñóz Molina

Como les expresé el sábado, en el apartado que tengo como Dietario aquí a la derecha, quiero comentar con ustedes lo que escribe Muñóz Molina, en El integrado, el apocalíptico. Dice: Cuando un escritor dice admirar mucho a un maestro lo que está haciendo es admirarse y vindicarse por su mediación a sí mismo; ¿no te has dado cuenta de que sólo admiran a los que creen parecerse? Si esto es cierto, García Ponce creía parecerse a Musil o a Mann y Sergio Pitol cree parecerse a Chéjov, por dar solamente dos ejemplos.

Continua Muñóz Molina: Estaría bien admirar a aquellos de cuyas virtudes carecemos. Leer los cuentos de Chéjov, los de Bernard Malamud, los de Rulfo, los de Alice Munro o Raymond Carver si tenemos una tendencia excesiva a las amplitudes de la prosa; incluso, para mayor disciplina, frecuentar la poesía más estricta. Creo, que un buen escritor siempre es un excelente lector y que no lee solamente los autores que admira, sino a todos los buenos escritores y, tal vez, a los que no son tanto y que hay que leer para conocerlos, precisamente para saber que no son buenos escritores. O sea, si García Ponce, para seguir con el mismo ejemplo, consideraba a Musil un maestro ¿por esto no admiraba a Juan Rulfo? o ¿entiendo mal las palabras de Muñóz Molina?

Más adelante comenta la polémica entrevista a Ruiz Zafón (de la que no voy a comentar nada, para comentarios sobre ella qué mejor que leer el post de Vicente Luis Mora) y la nota sobre Juan Goytisolo, y apunta sobre estos escritores:

En los términos inventados por Umberto Eco, Goytisolo sería un apocalíptico, y Ruiz Zafón un integrado. Para el uno, la maestría y la popularidad son incompatibles; el éxito de una obra es su argumento definitivo contra ella. Al otro no le basta haber vendido más de cien millones de libros con sus historias claras, de párrafos bien medidos y personajes que se definen por sus palabras y sus actos: quiere que esa sea la vara de medir la literatura. En el caso de Zafón, la prueba irrefutable de su talento sería que lo lee todo el mundo; en el de Goytisolo, que no lo lee casi nadie.

Aunque al final dice: "Sólo dos cosas son ciertas para casi todos los que nos dedicamos a este oficio: nunca venderemos ni una ínfima parte de lo que vende Ruiz Zafón; nunca nos consagrarán tantas tesis doctorales, congresos, homenajes, como a Juan Goytisolo". Lo que quiero comentar sobre esto, es que no creo en las "pruebas irrefutables" que expresa: que un talento exista porque lo lee todo mundo y no existe cuando no lo lee casi nadie. Y no lo creo porque para que ello suceda, tanto en uno como en otro caso, son muchas las circunstancias que se conjuntan.

7 de junio de 2008

Mímesis: las imágenes y las cosas: Valeriano Bozal

Valeriano Bozal, Mímesis: las imágenes y las cosas (Madrid: Visor, 1987)

Estoy leyendo este libro y es un ensayo excelente. Está dividido en tres partes y solo he terminado la primera, Representación y sujeto. El autor explica que al hablar de representación puede hacerse desde varios sentidos. Aquel estrictamente perceptivo, el sometido a las leyes de la percepción y las convenciones socio-culturales. El segundo sentido, el de la presentación perceptiva mediante procedimientos plásticos o gráficos. Y un tercer sentido, el que se pregunta por la condición del representar en el conocimiento. El propósito de Bozal, es analizar la condición misma del representar en cuanto tal, al margen de que sea este o aquel representar, y lo que ello implica tanto para la relación del sujeto con la realidad que llamamos dada, cuanto para la "construcción" de imágenes de representación o íconos.

Intentaré destacar lo que considero más importante del primer segmento, figura y significación, en esta primera parte. Es interesante advertir lo trascendente que guarda en relación a la apreciación del mundo y de la vida.

1. Todo representar es un involucrar, suponer, simbolizar, implicar del sujeto. Si la mirada de este sujeto no pasa de largo sino que su mirar es atento de manera que lo mirado entre en el umbral de lo consciente como mirado, que sea al menos algo para él, entonces se puede hablar de una representación perceptiva en la que la cosa es para un sujeto. Al sacar la cosa del fluir del tiempo y del espacio, del ámbito de la facticidad, la cosa mirada se convierte en figura y posee un significado.

2. Llama figura a todo objeto que posee un significado, es decir, que se articula con otras figuras, delimitando en su enfrentar (distinguirse, parecerse, etc.) su significación para quien es sujeto de tal articulación. Existe, pues, un campo articulado de representaciones en el que cada una adquiere una significación determinada por su relación con las otras. Entiendo esto poniendo un ejemplo: podemos percibir una manzana sola, pero si está en un campo con otras manzanas o con otras frutas, adquiere un determinado significado para nosotros que somos los sujetos de tal articulación.

Cuando se representa al objeto en figura diferente, se percibe la índole de esta articulación con más claridad: puedo decir, dice Bozal, que he visto un "botellero" para comprarlo porque lo necesito para colocar mis botellas, o puedo decir que he contemplado un "botellero", expresión que a mi interlocutor le resulta extraña, no habitual, y le permite adivinar que estoy hablando de un ready-meade de Marcel Duchamp. La diferencia lingüística, continua explicando, me permite comunicar dos tipos de significado, y figura, para un mismo objeto. Ante él mantendré una actitud distinta -utilitaria o estética- y, simultáneamente, puesto que el objeto es el mismo, mi actitud determinará la diferente figura o significado que el objeto vehicula. O sea: las impresiones perceptivas son, en ambos casos, las mismas, pues son el mismo objeto, pero la representación es diferente. No se habla aquí, afirma Bozal, del diferente significado del término botellero, sino del diferente modo de mirar a ese objeto que es el botellero. Representar es articular y, así, producir figuras significativas. Representar quiere decir, pues, organizar el mundo fáctico en figuras.

Concluye:

a) Los objetos están ahí, al representarlos como figuras les proporciono un significado que no estaba dado de antemano, el objeto no lo tiene como una etiqueta, surge en su representación.
b) Organizar implica un sujeto, es decir, un punto de vista que da cuenta de las figuras y el horizonte, que permite decir esto es tal cosa.
c) La afirmación esto es tal cosa alude a algún tipo de "comparación" y supone un conocimiento. El conocimiento no surge en el mundo de estar ante las cosas, sino en el mirarlas incluyéndolas dentro de un campo, conviertiéndolas en figuras con significación.

Las piedras de que echó mano Miró, estaban presentes en la playa donde las buscaba, pero estaban como la arena, el aire, el agua y tantas otras piedras, formando un conjunto en el que se perdía su figura. Sólo cuando Miró, al sacarlas de ese horizonte y convertirlas en parte de una escultura, supo verlas, solo entonces se presentaron ante él y ante nosotros de tal modo, que ahora ya no podemos ver las piedras con la no-mirada que antes teníamos.

Es el gozo que nos invade cuando contemplamos las cosas de forma nueva, porque ése es un gozo estético, inscrito en la representación estética.

¿Es usted latinoamericano?

¿Es usted latinoamericano?
por Alfonso Cueto
ABCD

Un escritor publica una novela sobre un tema político y social. La historia está ubicada en una época de violencia. Muestra el heroísmo anónimo que aparece en esas ocasiones, así como la injusticia, el sufrimiento y la soledad que los más pobres padecen. El libro es traducido a varios idiomas. Muchos críticos europeos lo elogian. Pasan unos años. Su siguiente novela, también traducida, cuenta una historia íntima, la de dos amigos o dos enamorados. A diferencia de la anterior, esta novela podría ocurrir en cualquier país. Algunos críticos de países del norte de Europa la alaban pero otros le hacen una observación. ¿Por qué ya no habla de la violencia y de la injusticia en sus países? ¿Dónde está la sangre, la guerra, el grito humano, en esta nueva novela? ¿Le ha dado el autor la espalda a su sociedad?

Esta historia que le ocurrió a un amigo y escritor colombiano es sintomática de las relaciones que los latinoamericanos seguimos teniendo con algunos lectores europeos. Aún cuando la situación es distinta a la de los años sesenta, todavía algunos lectores (o críticos) de países desarrollados le piden a los latinoamericanos que sus novelas sean versiones históricas o sociales de sus países. Piensan que porque soy colombiano debo escribir siempre sobre las FARC, me dice mi amigo. De acuerdo a este criterio, los chilenos tendrían la obligación de novelar la dictadura de Pinochet o los mexicanos el cruce de la frontera o los peruanos la guerra de Sendero Luminoso.

Deseo romántico oculto. Un escenario en el que se ofrezca una guerra es preferido porque satisface un sueño que muchos lectores europeos no pueden realizar en sus vidas diarias: el de la lucha por la justicia. Viviendo en sociedades en las que los problemas básicos están resueltos, el deseo de algunos europeos de ver la lucha novelada en otras sociedades satisface su deseo romántico oculto. Si a esa receta se agrega la noción del buen guerrillero, pues mucho mejor.

En parte de Europa, incluso en países donde se ha desarrollado el pensamiento crítico y donde los índices de lectura son los más altos del mundo, todavía se conserva un gusto por que la literatura latinoamericana corresponda con su imagen de la América Latina: dictaduras, guerrillas, injusticia, violencia, exotismo, música, y amores apasionados. Mario Vargas Llosa lo ha dicho hace poco con toda claridad. Los latinoamericanos hemos ofrecido al mundo no solo la papa, el tomate y el chocolate, sino también la vigencia del sueño revolucionario y la idea del buen guerrillero.

Realismo mágico. Este requerimiento no se le haría nunca a un escritor francés o italiano o ni siquiera español o irlandés. En España, por poner otro ejemplo, creo que a muy pocos se les ocurre pedirle a un escritor gaditano o sevillano que exprese lo que se considera la «cultura andaluza» en sus novelas. Pero el hecho de que los propios escritores latinoamericanos persistan en ello es una señal de lo que J. M. Coetzee definió también como un mal de los escritores sudafricanos. Según Coetzee, muchos compatriotas suyos escriben «para los lectores europeos, satisfaciendo lo que ellos quieren encontrar en sus libros. En esa lista el racismo y el apartheid son temas favoritos que Europa espera de un escritor sudafricano».

El folclorismo o el exotismo, con sus versiones en el realismo mágico, son también ingredientes de esta receta. Hoy las selvas misteriosas que escritores brillantes como Carpentier plasmaron son para nosotros un territorio de exploración petrolera, y el Cusco mágico del gran José María Arguedas es recorrido por turistas que parten de Lima en veinte vuelos diarios. Las distancias se han acortado. El exotismo ha disminuido para nosotros pero aún no para algunos europeos. Escritores como Roberto Bolaño y otros han contribuido, creo, a acabar con esa imagen de la novela latinoamericana como un documento social, geográfico o cultural. Él y otros son considerados hoy menos «escritores latinoamericanos» y más escritores a secas.

4 de junio de 2008

Sin palabras...

Esta nota es... ¿cómo decir? Triste, penosa, amarga. Que un tipo millonario haga esto, habla de cómo andamos en este mundo. Las personas se desesperan al intentar tomar el dinero que les cae desde la avioneta, personas humildes cuya necesidad económica es grande. Y el hombre, que dicen es escritor, sonriendo feliz ante el espectáculo que creó.

Un famoso autor de libros de autoayuda en Indonesia lanzó cien millones de rupias (10 mil 680 dólares) desde una avioneta mientras sobrevolaba una ciudad próxima a la capital para promocionar su última obra.

El suceso ocurrió ayer en Serang, al oeste de Yakarta, donde decenas de personas resultaron heridas leves y una niña de 13 años tuvo que ser hospitalizada tras desmayarse a consecuencia de las carreras y empujones que provocó la lluvia de billetes, informó este lunes la prensa local.

Tung Desem Waringin, un polémico empresario de origen chino, aseguró a través de su página personal en internet que prefería entregar de esta forma el dinero de la campaña a los más necesitados, en lugar de llevar a cabo una estrategia de marketing tradicional.

2 de junio de 2008

El tiempo, y su recuerdo

Una enfermedad neurológica que impide olvidar y hace vivir en una sucesión de ayeres. Síndrome hipertiméstico o los excesos de recuerdos...

Comentaba Jesús Silva-Herzog, el caso de Jill Price, una mujer incapaz de olvidar, que recuerda todo lo que le ha pasado. “Su memoria almacena todos los días de su vida y no es capaz de descartar vivencia alguna. El caso evoca, manifiesta, al Funes de Borges, triste personaje que almacenaba en su cabeza más recuerdos que los que habría tenido toda la humanidad desde que el mundo
es mundo”.

Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que había percibido o imaginado.” Cada planta era contemplada como un ser único, irrepetible. Por eso la abundancia de su memoria bloqueaba la comunicación y el pensamiento: Funes, era el solitario espectador de un universo insoportablemente preciso.

Vivir sin recuerdos es imposible, y sería terrible si existiera una enfermedad que lo consiguiera. Pero recordarlo todo, como el personaje de Borges, como fuera de la ficción lo permite este Síndrome hipertiméstico, debe de ser insoportable.

¿Recuerdan personajes literarios adentrados en este especial manejo del tiempo?