24 de abril de 2009

Juan Marsé y su chamarra roja

Una de las cualidades más valiosas en el ser humano, en mi opinión, es la sencillez. La auténtica sencillez, no la construida para la ocasión. Esto viene a cuento por lo que narra Juan Cruz sobre Juan Marsé y el Cervantes en "Més arregladet":

Ayer congregó, en su discurso y en la realidad, a amigos suyos de la infancia, o de la juventud, a sus parientes, a los que le ayudaron, a sus editores, a Carmen Balcells, "aquí y en el más allá"... No era un discurso: Marsé siente así, él es la consecuencia humana de un modo de concebir la vida como un ejercicio de amistad. El paraninfo de Alcalá era el reflejo de esa mirada de amigo que le ha convertido en un tipo especial.

Ayer se tuvo que vestir de pingüino. El discurso le costó, porque es un maniático de la exigencia; pero le costó más acostumbrarse a ponerse ese traje. En noviembre, cuando supo que era Cervantes, se puso a especular con su nieto Guille (nueve años, como Jan, el otro nieto; la nieta, Nadia, tiene once) cómo iban a vestirse para una ocasión como la de ayer. En un momento de la conversación le dijo a Guille: "¿Y si fueras de marinerito?". El nieto le replicó: "¿Y por qué no vas tú de marinerito?"

La preocupación por el traje tiene antecedentes. Hace 31 años le dieron el Planeta, y llegó al fallo vestido con una zamarra roja. El presidente Tarradellas le miró de reojo, desaprobando; otro día le vio con corbata. Y entonces el legendario president le dijo al oído: "Ja veig que ara està vosté més arregladet". El Rey no le diría ayer nada de eso, pero los que le veían sabían que Marsé también llevaba al mediodía una zamarra roja, pero invisible, o bien iba vestido de marinerito.

Me ha tocado asistir a varias entregas de Premios, y puedo asegurar que en estas reuniones destaca siempre, cuando se presenta, lo sensible por sobre lo convencional. Desafortunadamente la mayoría de las veces lo que presenciamos son vanidades, jactancias, afectaciones, petulacias y conveniencias. Pero cuando asistimos a compartir la alegría con alguien que lleva una chamarra invisible al recibir su galardón, estos premios adquieren realmente un importante e inolvidable sentido.

Hace unos días comentó Juan Marsé, que sólo le quitaba el sueño “toda la parafernalia que rodea la entrega del galardón”. Sobre América Latina, expresó, ha viajado a México, Cuba y Argentina y se confiesa un gran amante de su literatura. "Amo a Juan Rulfo, a Juan Carlos Onetti, a Alejo Carpentier, a Horacio Quiroga. Y no me olvido de los grandes poetas".

7 comentarios:

carmen dijo...

Que diferencia tan grande.Lo que contabas el otro día sobre la prepotencia de Edurardo Galeano,y la sencillez y el saber estar de Juan Marsé.La gente envarada,aunque sean geniales y estupendos en lo suyo,para mi ,y creo que para gran parte de los mortales,son personas bastante indeseables.¡Viva la sencillez!,no adquirida,si no natural ,como la del genial en todos los sentidos, Juan Marsé.Saludicos

Diana L. Caffaratti dijo...

Hola Magda:
sigo entrando a tu sitio...En silencio, con el respeto de lector en biblioteca.
Siguen compaciéndome cada una de tus notas que acrecen mi conocimiento.
Intervengo en éste sólo para recordar a Gabriel García Márquez y su ropaje blanco típico de su país en l momento de recibir el Nobel.
Un orgullo que Juan Marsé se declare lector de Horacio Quiroga.
Cariños
Cariños

Apostillas literarias dijo...

- Aunque Galeano y Marsé son totalmente distintos, Carmen, socialmente hablando sí, parece que son diferentes. Seguramente muchas cosas se mezclan para que la sencillez en las personas tan famosas sean parte de ellas.

- Diana, siempre me da gusto saludarte. Muchas gracias. Te hago llegar un abrazo.

- Carlos, así es :)

Fernando dijo...

"Amo a Juan Rulfo, a Juan Carlos Onetti, a Alejo Carpentier, a Horacio Quiroga"... Da gusto encontrarse a grandes escritores que no intentan llamar la atención a base de despotricar sobre otros grandes, tanto o más que ellos.
Un saludo.

39escalones dijo...

Un damnificado por las pésimas adaptaciones cinematográficas de sus novelas. El tipo me cae bien, me parece de lo más sensato que hay por estos lares, y además coincido casi plenamente con sus análisis sobre la pobreza del cine actual: lo superficial de los guiones.
Un abrazo.

Francisco M. Ortega Palomares dijo...

Lo sencillo si bueno: dos veces bueno.

Apostillas literarias dijo...

Muchas gracias por su visita y comentarios.

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