30 octubre, 2005

Homenaje a un clásico

"La vida no es corta ni larga, ni feliz ni infeliz, es vida" (Juan García Ponce)

El Museo del Palacio de Bellas Artes ha rendido merecidísimo homenaje al escritor de la mirada y el erotismo: Juan García Ponce. Hoy, el Suplemento Cultural La Jornada Semanal, se auna a éste.

De Pierre Klossowski

69 rue de la Glacière
Viernes 21 de mayo de LXXXV
65013 París

Hace ya más de diez días que me llegó el manuscrito de la versión francesa de su largo comentario: sepa usted de inmediato que comencé la lectura de este testimonio de una comprensión tan apasionada como mis propias elucubraciones. Lo primero que llama la atención es la forma sorprendente en que usted describe las ramificaciones múltiples en que un tema se prolonga en otro. Un autor sólo siente que existe realmente a partir del momento en que da lugar el despliegue de otro intelecto que tal y como sucede con el suyo, se complace en habitarlo. (¡Y cuán justa me parece la aproximación que hace usted con Musil!) Hoy sólo quiero agradecer a usted muy débilmente una manifestación tan sorprendente de íntima solidaridad. Yo hubiese querido desde ahora comunicarle algunas observaciones relativas a ciertas partes de interpretación, si no fuese por el inquietante estado de salud de mi mujer, que me llega a privar de la concentración necesaria para escribirle a usted de manera más circunstanciada. En cuanto termine mi relectura, someteré el manuscrito a nuestro amigo Louis René des Forêts –no sé si tiene usted el conocimiento de este maravilloso escritor– quien es un consejero por demás eficaz en las ediciones Gallimard.

Estaría yo muy orgulloso si llegara a ver aparecer en Francia su bella meditación. "Orgulloso" hasta el punto de poner en cuestión lo que pensemos el uno y el otro –perdón, en lo que hace al menos a "mí mismo",– del principio de identidad... Ya me es un gran consuelo saberme comentado por usted y ser presentado así en México. Eso significa que para mí usted es una de las sonrisas que me dirige el destino. Que estas pocas líneas puedan transmitirle a usted, mi muy querido Juan García Ponce, el afectuoso y admirativo pensamiento de su agradecido

Pierre Klossowski
Traducción de Adolfo Castañón

27 octubre, 2005

Epokhé

“Toda conciencia es conciencia de algo y ese algo no es la propia conciencia” (Frase fenomenológica)

Las interrelaciones humanas son complejas, no es sencillo que exista la armonía entre unos y otros, considero que ayuda trabajar en ello y aprender a dar, a recibir y a tolerar, eso es lo más dificil. Cada ser humano tenemos una perspectiva o visión de la misma situación, e interpretamos de acuerdo a cómo vemos el mundo y la experiencia que guardamos (Eco la llama competencia). Es sumamente fácil emitir juicios: "ella/él es así", "ella/él hizo esto", "ella/él no me quiere", y etc., etc. Siempre estamos emitiendo juicios o emiten juicios sobre nosotros, es dable hacerlos, conozcamos o no al sujeto del juicio. Los juicios son muy serios, dañan al otro, a veces poco o a veces mucho, dañan porque no nos quedamos con ellos, los emitimos, los comunicamos y difundimos, y lo hacemos la mayoría de las veces sin conocimiento pleno de esa persona a quien se los prodigamos. Nos convertimos en jueces de la vida de los demás. "Es un envidioso", "es pagada de sí misma", "se cree el último huevo de dinosaurio en el planeta", y así al infinito.

¿Qué sucedería si intentáramos suspender los juicios? La fenomenología de Husserl nos ofrece una manera inteligente de hacerlo a través de su epojé o reducción fenomenológica. Ésta consiste en poner entre paréntesis las vivencias para poder modificar nuestra forma de vivirlas. Puestas entre paréntesis vamos a las cosas mismas, abordando cada una de estas "cosas mismas" con la mayor profundidad posible, pero suspendiendo juicios, "comprendiendo el fenómeno desde dentro", dice Husserl, eso que aparece ante nuestra conciencia (el fenómeno). Vinculados ya a nuestras vivencias, quedamos introducidos en el espacio de nuestra conciencia y desde ahí miramos a los otros y al mundo.

Me parece que este es el momento culminante al que nos entrega la epojé fenomenológica: al mirar a los otros y al mundo, percibo que ese otro que emitió un juicio sobre nosotros tiene una intención, pero ella no importa porque es extraña a mi, es lo que dice el otro para mi, no lo que realmente soy. "Lo que yo soy" no es lo que él dice que soy, sino lo que su intención dice que soy y su intencionalidad “no hace más que explicitar el sentido que el mundo tiene para él", como señala el filósofo en sus Meditaciones.

Es enriquecedor saber que cuando se emite un juicio sobre nosotros basta con ponerlo entre paréntesis, realizar la epojé fenomenológica para que su objeto (su intención) quede ahí entre paréntesis, o sea: inexistente. Paralelamente abstenernos de hacer juicios, nada más inteligente...

25 octubre, 2005

El arte de gozar

La fascinación por el otro es un tema siempre vivo, y cómo no va a serlo si la vida se inicia precisamente de dos cuerpos abrazados…

El filósofo francés Julien Offroy de La Mettrie (1709-1751) escribió un libro sobre todo esto que tanto apasiona: El arte de gozar o escuela de la voluptuosidad (Madrid: Valdemar, 2000). Me gusta su pensamiento porque fue contrario a la concepción espiritualista cartesiana de separar alma y cuerpo (creencia desafortunadamente muy arraigada hasta la actualidad). Por esta postura obviamente que se le consideró libertino (forma sencilla de etiquetar a quienes pensaban diferente a los dogmas establecidos). Podemos imaginar que al expresar en el siglo 18 que “la naturaleza nos impulsa al goce sensorial”, la opinión pública se le vino encima, y más porque estaba convencido de que las religiones son las genuinas enemigas de la moral y amedrentan a la humanidad, motivo por el cuál las repulsaba todas. Rechazaba toda autoridad y era totalmente materialista (la idea de que lo primordial en el universo es la materia, el cuerpo, y que los fenómenos espirituales o mentales son algo derivado de esa materia). Esto me recuerda nuevamente a Bataille cuando apunta que hay personas para quienes las relaciones sexuales son repugnantes, llevándoles a aniquilar dentro de sí esta capacidad gracias a sus ideas aferradas a un moralismo religioso. Para La Mettrie, no hay nada mejor que el ejercicio de la sensibilidad porque ello permite a las personas amar la vida y acariciar la voluptuosidad. Es muy bello el pasaje adonde vincula el erotismo con las flores:

¡Qué encantos tiene un simple ramo para un amante! ¿Está el amor escondido en esas flores? Dafnis cree respirarlo él mismo, se diría que quiere atraerlo a su corazón por una vía nueva. ¡Pero qué fuego secreto! ¿Y cuál es la causa de ello? Es que ha estado pegado al corazón de su querida Teresa. ¿Recibe ella uno a su vez de las manos de su pastor? Él la sigue con los ojos. ¡Qué felices son esas flores por estar tan bien colocadas! ¡Adornan el trono de los Amores! Él envidia su suerte, quisiera, como ellas, expirar sobre aquello que ama.

Sería especial vivir la vida como nos recuerdan las palabras de Sade: “Sostuve mis extravíos con razonamientos, no me puse a dudar... supe destruir en mi corazón todo lo que podía estorbar mis placeres".

22 octubre, 2005

Erotismo y Literatura

"Del erotismo cabe decir que es la aprobación de la vida hasta la muerte" (George Bataille)

El ensayo me parece un género imprescindible, y el trabajo ensayístico-filosófico de Georges Bataille, notable. El erotismo es un libro que ha sido muy estudiado, sobre todo por quienes trabajamos este tema dentro de la literatura. Para Bataille, el erotismo es una experiencia interior, es ese "desequilibrio en el cual el ser se replantea a sí mismo y de un modo consciente. En cierto sentido el Ser se pierde objetivamente, pero entonces el Ser se identifica con el objeto que se pierde". Para pasar de un estado normal al estado erótico, manifiesta, se necesita disolver ese Ser constituido en el orden discontinuo (nuestro diario vivir cada quien con su vida y sus proyectos en ella), y para ello es necesario estar desnudos porque la desnudez se opone a ese ser cerrado que somos comúnmente. Otro filósofo para quien la mirada es esencial: lo que seduce es la visión de un cuerpo que nos muestra su secreto, su presencia seductora, su fascinante piel desnuda. Vínculo de espejos adonde la desnudez desordena los sentidos. Lo maravilloso del erotismo, entre muchas cosas más, es que la individualidad que somos se ve así desposeída aunque sea por unos instantes y en su lugar hace su presencia el deseo y la rotura de los límites en la plenitud del instante.

A Bataille le han llamado "el metafísico del mal" por su tratamiento de la violencia, el exceso, la voluptuosidad, el horror, lo obsceno, y el tema de la muerte. Tan sólo con recordar sus novelas El abad C o Historia del ojo, sabemos que explora los límites y el más allá de los límites.

Cuando en una entrevista le preguntan: "¿En literatura, el erotismo es una chiquillada?", él responde:

No sé si la literatura se distingue del erotismo en general. Me parece que es muy importante darse cuenta del carácter infantil del erotismo en su conjunto. Es erótico alguien que se deja fascinar del mismo modo que un niño por un juego, y por un juego prohibido. Y el hombre al que le fascina el erotismo está igualmente en la situación del niño frente a sus padres. Tiene miedo de lo que podría ocurrirle, va siempre bastante lejos porque tiene miedo, no se contenta con lo que los adultos verdaderamente sanos se contentan; le hace falta tener miedo. Necesita reencontrarse con esa situación infantil, cuando se encontraba amenazado constantemente por una riña, de forma muy severa incluso; de un modo insoportable, intolerable. (El énfasis es mío).

05 octubre, 2005

Puesta en abismo

En la literatura, como en la vida, existe una forma y un modo de hacer y decir las cosas: directa o indirectamente. Hay a quien le agrada ofrecer toda la información respecto de un suceso y decirlo abiertamente, sin ocultar nada, y hay quien solamente nos informa lo que considera pertinente. La semiótica divide esta regulación de la información narrativa en dos modalidades: distancia y perspectiva. Los narratólogos apuntan que es como cuando contemplamos un cuadro, "nuestra visión dependerá de la distancia que de él me separe y, en amplitud, de mi posición respecto de determinado obstáculo parcial que lo oculte más o menos". De ahí que un acontecimiento, en la vida o en la narración, tenga dos, o más, perspectivas o puntos de vista sobre lo mismo. En la obra literaria existen estas mismas formas de discurso que existen en la vida, modos de contar, que pueden ser utilizadas por un narrador al relatar una historia. Por ejemplo, hay obras en la que el narrador nos cuenta la historia en abismo, esa figura de la que ya hablamos en una ocasión.

La Mise en abyme es una figura que nos llega desde la pintura a la literatura, es un fenómeno artístico que debe su denominación a un procedimiento heráldico que André Gide descubrió en 1891. La doctora Helena Beristáin (1) señala que este término posee varias denominaciones: "Relato interno", "duplicación interior", "composición en abismo" o "construcción en abismo", "estructura en abismo", "narración en primero y segundo grado". Quizá –concluye- "estructura abismada" sea, en castellano, una denominación precisa". La puesta en abismo nos entrega un camino laberíntico con varias puertas en sus costados, a veces podemos perdemos o hallar una salida engañosa, así que tenemos que continuar la lectura y seguir buscando hasta salir a la luz. La raíz común de todas las puestas en abismo es la noción de reflectividad, esto es que el espacio reflejado mantiene una relación con su reflejo por similitud, semejanza o contraste. Es importante señalar que:

Funciona como sistema de señales que posibilita la comunicación entre emisor y receptor; es un arte poética, un manifiesto, una idea de texto, y permite captar simultáneamente los elementos que entran en actividad, su interrelación y el modo de su funcionamiento. Muestra en acción al enunciador (narrador) tratando de dominar su problemática, lo enfoca en plena lucha por la expresión, mientras elige, ordena, distribuye sus materiales, se apega a su idea, durante el forcejeo de la invención. Revela el principio generador de la creación y su sentido. Permite atisbar la alternancia de los momentos de la realidad de la vida y los de la realidad de la obra artística: ésta resulta ser una vivencia de la vida real como experiencia creadora y como goce estético (2)

Exactamente cómo sucede en esta imagen, así sucede en la literatura. Lo que más admiro de esta figura es que puede ser utilizada por el narrador para decirnos "algo" que no desea contarnos directamente, así que decide hacerlo narrando una historia dentro de la historia (igual, semejante o contrastante), o que su estructura en abismo nos "hable" sobre el cuadro de algun pintor o sobre la composición musical de un compositor, etc. (siempre semejante, igual o contrastante a la historia "principal"), y todo a través del lenguaje narrativo literario. Por último, resulta atrayente recordar que si esta mise en abyme la encontramos en un cuadro (Las meninas, por ejemplo), puede "narrarnos" toda una historia...
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(1) "Enclaves, encastres, traslapes, espejos, dilataciones (la seducción de los abismos)", Acta Poética, 14-15, UNAM, 1993-94, p. 37.
(2) Ibid