Para
Ángela IbañezEn uno de sus textos dice
Ángela Ibáñez: "Hay seres con voz propia y entre ellos muchas mujeres, que por la historia, las circunstancias o la predominancia masculina en el poder han estado ignoradas, ninguneadas, olvidadas o despreciadas", y es totalmente cierto. Es indiscutible que la literatura latinoamericana escrita por mujeres ha colaborado con su obra a enfrentar las paradojas y contradicciones de la historia que ha hecho de la mujer un mito. Su palabra escrita no sólo ha desarticulado los valores ancestrales, sino –y además– ha cultivado como consecuencia el proceso de cambio de la condición femenina y una nueva concepción del mundo. En los años sesentas surge el feminismo (1) como un movimiento que devela y encara estas categorías del pensamiento normativo y las muestra carentes de estructura racional, pasando por hacer ostentosas las exigencias ridículas y sin sentido que impone toda esta tradición a la mujer. Una década antes, la literatura mexicana a través del discurso hermenéutico de
Rosario Castellanos, ya había revelado claramente la inutilidad y ausencia de seriedad de las normas rígidas y arbitrarias así como los valores estereotipados de la visión ontológica patriarcal. Cabe mencionar, por ejemplo, que es hasta 1953 que se concede el voto a la mujer en México, esto denota claramente la marginalidad política, social, económica y cultural que ha vivido la mujer en el país y en general las mujeres en Latinoamérica (y en el mundo), ya que pocos años más o pocos años menos, también dicho voto les fue concedido. Sin embargo, esto no impidió que muchas escritoras mujeres lucharan, desde mucho tiempo atrás, para manifestarse. En Chile, una precursora muy importante fue
María Luisa Bombal. Sus reflexiones sobre la tradición, a ese "lenguaje que habla por sí mismo como lo hace un tú" al decir de Gadamer, son una exhortación no sólo para que enfrentemos la historia de la mujer, sino implican la proposición básica que obliga a actuar sobre los prejuicios establecidos y su efecto y edifiquemos un saber compartido e igualitario. "El que se sale reflexivamente de la relación vital con la tradición -también con Gadamer-, destruye el verdadero sentido de ésta [...]. Y para ello es necesario estar abierto, en la apertura a la experiencia que caracteriza al hombre experimentado frente al dogmático", tendremos acceso a la adquisición de verdad.
"El árbol", precisamente de María Luisa Bombal (Viña del Mar, Chile,1910-1980), ha sido uno de los cuentos más difundidos de la escritora; reproducido, además, en la antología del cuento hispanoamericano de Seymor Menton. El cuento describe las luces mortecinas y la atmósfera cerrada de una sala de conciertos donde Brígida, la protagonista, escucha la música y entra en un estado semihipnótico mientras va recordando los acontecimientos fundamentales de su vida, recuerdos que se rompen abruptamente por tres circunstancias coincidentes: 1) la caída del árbol (un gomero), 2) la toma de conciencia de Brígida y 3) el final del concierto. La visión sobre la mujer que la narrativa de Bombal presenta es muy interesante, siempre mostrando esas situaciones de alienación femenina provocadas por la presión social y familiar que sobre ella se ha ejercido: mujeres aisladas en casonas, muy desgraciadas, que compensan su desafortuna a través de sueños como en su obra
La última niebla, la muerte en
La amortajada y del símbolo configurado en "El árbol" y "las islas nuevas". Esta es para mí la importancia intrínseca de este cuento: Brígida es la única protagonista en la obra de Bombal que logra transgredir el orden establecido impuesto por la cultura.
EL RECONOCIMIENTO: LA INSTAURACIÓN DE LA IDENTIDAD
Brígida ha vivido desde niña en la opresión e incomprensión y ello le ha provocado un estado de tensión constante impidiéndole emplear sus impulsos primarios en otra cosa y de otro modo. Inicia su vida, por un lado, ausente de la relación madre-hija (la identificación: el ser como) y, por otro, para su padre no es alguien "satisfactorio" dañando con esto su identidad (el-ser-en-sí), esa identidad que sólo podría habérsela dado él puesto que la fusión-complementariedad es una posición psíquica necesaria. El padre constituye el otro polo de la alternativa sexual de la pareja parental, es entonces buscado como el que podría apreciar en su hija ese comienzo de feminidad y en lugar de ello el padre primero le impone, después por simplificarse la declara retardada para por fin abandonarla a su suerte. El componente evaluativo del concepto de sí misma que tiene la protagonista ante la valoración del padre le crea un problema profundo: la dependencia y el sometimiento para ser aceptada.
Nuestra protagonista se enfrenta a un matrimonio paternalista, Luis es sustituto del padre quien al igual que éste tiene la misma ideología patriarcal, así que su vida al lado de Luis es una continuación de ésta al lado de su padre. Luis, que además es el mejor amigo de su padre, es también viejo, convencional, administrador del orden, y mantiene a la protagonista en los espacios previstos para ella: el hogar. Luis, al igual que el padre, la abandona y la rechaza. El árbol vendría a constituir su sublimación, equivale a conjuntarse con los siguientes valores: naturaleza, refugio, protección, bienestar, tranquilidad, imagen paterna, compañía. Brígida se evade sigilosamente del mundo negativo en el que vive para buscar su pareja, la que puede ser como ella y a la que sólo le falta la palabra que ella le dará, ese árbol que será su catarsis fundamental; le es preciso rechazar en medida suficiente lo negativo de su historia y elaborar imaginariamente lo positivo para alcanzar la simbiosis soñada.
Todo esto hace que una noche de soledad y nostalgia, Brígida decida ir a una sala de conciertos. Mientras escucha los acordes de la música sufre un desplazamiento reflexivo, rememora acontecimientos importantes de su vida. Esta remembranza va ejerciendo en su mente una interpretación deductiva –lo que nosotros entendemos por hacer persuasivo– de su propia existencia y la lleva poco a poco a caer en una situación límite tal, que está lista para tomar conciencia. La adquisición del poder-hacer en su paso de lo virtual a lo actualizado se halla en correlación con la acción ejercida sobre Brígida por un agente exterior: la música. La música es la expresión figurativa que da la base para la instauración de la identidad. Este paso de lo virtual a lo actualizado del poder-hacer se da en forma gradual y se presenta mediante el siguiente procedimiento: 1. Brígida escucha el concierto, 2. Brígida rememora. Veamos:
Parte primera del cuento:
música: Brígida escucha los acordes de la música de Mozart
rememora: Su infancia. La anulación del padre
su situación: Pérdida de la identidad
Parte segunda del cuento:
música: Brígida escucha los acordes de la música de Beethoven
rememora: su casamiento con Luis. La aparición del árbol
su situación: Conflictos matrimoniales. Separación de Luis.
Parte tercera del cuento:
música: Brígida escucha los acordes de la música de Chopin
rememora: Se rompe abruptamente la remembranza
su situación: El abatimiento del árbol. La toma de conciencia. El final del concierto
En esta toma de conciencia Brígida sale de su culpabilidad personal al dejar de creer en el mayor valor del otro con respecto al suyo. Se da cuenta que buscó su existencia con quien sólo pudo negársela y este razonamiento la lleva a pensar en su identidad: "¡Mentiras! Eran mentiras su resignación y su serenidad; quería amor, si amor y viajes y locuras, y amor, amor..." (56). Y nuestra protagonista al dejar de estar referida a la ley del "otro" comienza a salir de la historia, a emerger de su alienación y comienza a existir en función de su deseo propio y no le importa si esto coincide o no con el sueño o la fantasía de su padre o de Luis. Se desborda en un momento, cuando enfrenta la realidad, sabe que Luis la quiere, si, pero prescribiéndola; la acepta pero si ella lo obedece y a condición de que renuncie a toda libertad.
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(1) Entiendo por
Feminista la intención de lograr y fortalecer condiciones homólogas, solidarias, libres y dignas entre los seres humanos, y concretamente entre la pareja: mujer y hombre.