Rosa Blanca: Innocenti y Gallaz

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Durante tres días asistí a un taller sobre fomento a la lectura. Esto es, tener herramientas para saber cómo fomentar la lectura en los estudiantes. Jamás había participado en este tipo de talleres y me pareció muy interesante. Se cree que basta con ser lector o tener alguna profesión, y más si ésta tiene que ver con la literatura, para poder animar a los estudiantes a que se adentren en el mundo de los libros. Y no, no es así, lo descubrí en este taller al que me invitó a participar un colega. Por las mañanas era la parte teórica y por tarde la parte práctica. Las coordinadoras del taller tienen una casa a la que asisten niños desde los seis meses hasta los 14 años, pudimos ver como funciona su propuesta. A mi me tocó observar la reunión con niños de 2 a 4 años, fue una experiencia muy grata. Los niños pasaron una hora entretenida y divertida, la guía les leía un cuento, adecuado para su edad, y ellos estaban atentísimos, participando constantemente. Por ejemplo, el cuento traia en una hoja una manzana y la guía (una pedagoga) les preguntaba: "¿Esto es una manzana?", y los niños miraban la página y decían: "¡Sí, es una manzana!", la guía expresaba: "¿si?" y tomaba la página para darle la vuelta y resultaba que no, que era la parte de la panza de un oso. Los niños se quedaban sorprendidos, unos se reían y otros se quedaban reflexionando y hacían preguntas. Un cuento en especial los dejó muy impresionados: era una gallina que veía un huevo, se subía a él, lo empollaba, le daba calor, y cuando el huevo abre resulta que no sale un pollo, sino un cocodrilito. Realmente este relato, sin texto, sólo imágenes, los dejó muy atentos y reflexivos. Aún pienso a qué se debió tanto impacto en ellos.

Qué importante es la literatura infantil, cuantas cosas consiguen en la mente de los niños, qué atentos debemos estar cómo padres en cuidar qué leen nuestros hijos y cómo leen, esto es muy importante. Aunque yo no trabajo con niños, la Universidad está realizando una profunda labor para que tanto profesores como investigadores tomemos la tarea de asistir a estos talleres y adaptarlos a los estudiantes mayores, los universitarios. Nunca podré olvidar una anécdota que tuve hace un par de años: estaba impartiendo en la facultad de letras, en el séptimo semestre, el curso de Narratología. En una de las clases les dejaba de tarea leer tres páginas de un ensayo de Benveniste para comentarlo en la próxima reunión. Un chico de unos 19 o 20 años, como reacción inmediata, dijo (ráscandose la cabeza): "¡qué flojera!". Realmente quedé anonadada. A la clase siguiente fue al primero que le pregunté, y obviamente que no había leído nada. Un semestre después saldría de la licenciatura. Preocupante.

Hoy terminó el taller, nos reunimos todos los participantes con las tres coordinadoras y leímos un libro hermoso, también de literatura infantil: Rosa Blanca, Idea y acuarelas de Roberto Innocenti, Texto de Christophe Gallaz (Salamanca, Lóguez Ediciones, 1987). El libro cuenta la historia de Sophie Scholl, una joven de veintidos años, estudiante univesitaria de Medicina, que en 1943 en Munich, durante la guerra mundial, lanzó volantes contra la guerra en el patio de la universidad demandando de inmediato la paz. Sabemos que la chica tuvo un triste y trágino final: ella, su hermano Hans y tres compañeros, fueron capturados por la Gestapo y condenados a muerte.

Narrativas 6

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Queridos amigos, ya está en línea el número seis de Narrativas. Revista de narrativa contemporánea en castellano. Nuevamente en este ejemplar se dan cita excelentes narradores, críticos literarios, reseñistas, traductores y periodistas.

El ÍNDICE es el siguiente:

«Ningún escritor es bueno hasta que no aprende a corregir.» Enrique Vila-Matas.

Introducción al libro Si te comes un limón sin hacer muecas, de Sergi Pàmies.

ENSAYO

Algunos seres fabulosos y mitológicos en Don Quijote: un acercamiento simbológico, por Víctor Coral

Bécquer, el hombre a través de sus rimas, por María Dubón

Onetti refunda Santa María: cuando ya no importe, por Daniel Orizaba

RELATO

“La intención del autor”, por Andrés Neuman

“Mujer en tren”, por Miguel Barrero

“El ajuste”, por Luis Calle

“Es que verá que me duele la mano”, por Omar Piña

“Liturgia de la sombra”, por Lilian Elphick L.

“Un cadáver sobre la cama”, por Pablo Lores Kanto

“Nunca aprendí a escribir”, por Graciela Barrera

“La muerta”, por Pablo Giordano

"El espejo”, por Gabriel Amador

“Crepúsculo del samurai, despertar del yo”, por Pedro Escudero

“La pastelería de Juliana”, por Angélica Morales

“Lo que pasa”, por Miguel Carcasona

“Y no poder tocarla…”, por Nerea Marco Reus

“Naif”, por Sergio Manganelli

“Realidad y ficción del narrador (diario de la que escribe)”, por Dulce María
González

“Fatalidad de los espejos de la lluvia”, por Sergio Borao Llop

“Con el rostro de Bogart”, por Jorge Gómez Jiménez

“Mi habitación privada”, por Carlos Manzano

“El compromiso”, por Rosa de Lera

“La apostada”, por Julio Blanco García

“Un hombre en la luna”, por Amélie Olaiz

“Flores, señor…”, por Matías Candeira

“En aquel entonces”, por Moisés Sandoval Calderón

NARRADORES

En esta ocasión, este espacio está dedicado al narrador y poeta: Manuel Vilas

EN OTRAS LENGUAS

“¿Qué pez es éste?”, por C.M. Mayo (Traducción de Agustín Cadena)

ENTREVISTA

“Ignacio Echevarría, crítico literario y editor proletario”, por Blanca Vázquez

RESEÑAS

“Doña Jimena” de Magdalena Lasala, por Francisco Carrasquer Launed

“88 Mill Lane” de Juan Jacinto Muñoz Rengel, por Quique Bermúdez

“Todas las almas” de Javier Marías, por Cristina Núñez Pereira

“Essencial” de Harold Pinter, por Juan Pablo Fuentes

“Sin destino” de Imre Kertész, por Magda Díaz y Morales

“El señor de los jardines negros” de André-Marcel Adamek, por Enrique Martín

“La fortuna de Matilda Turpin” de Álvaro Pombo, por José María Ariño Colás

MIRADAS

“Sybille Bedford: una vida libre, una mujer libre; una mujer de letras”, por María Aixa Sanz

“Apología de la gordura”, por Agustín Cadena

NOVEDADES EDITORIALES

NOTICIAS

La falda de Minerva

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"La falda de Minerva: Rosario Castellanos y Sofonisba Anguissola"
por Carmen Boullosa

He leído a Rosario Castellanos desde mi adolescencia. La leo aún con admiración y placer. Hay algo en el tono de sus poemas que siempre me ha intrigado y sido incómodo, y que por fin he podido formular. Si lo pongo en términos de Rubén Darío, en la mayoría de ellos “no murmura, no interroga”, sino que la poeta “predica”. Habla con un tono mandatorio. Un tono de “autoridad” que causa en el lector un sobresalto extraño porque viene sobre un cauce de dolor. Bajo el dicho tono mandatorio, el subterráneo cauce doloroso no permite que los poemas de Castellanos se conviertan en globos engolados o pedantes, volviendo a Darío: llanamente predicatorios. Esta fuerza subcutánea los salva de convertirse en su propia lápida. Una fuerza que, repito, es dolor, y un cierto tipo que responde a la conciencia de una pérdida o un rompimiento.

Esta combinación —mandato con llanto— hacen de la poesía de Castellanos un fenómeno único en la literatura en lengua española. ¿Por qué tiene la voz poética de Rosario Castellanos esta inclinación irritantemente mandatoria? ¿Por qué necesita imponer lo que en la boca de otros poetas podría ser dicho sin forzaduras? Y ¿por qué está su poesía sobre un cauce de dolor —del que al final parece separarse, cuando escribe desde el otro lado del océano—? ¿Están acaso estas dos vertientes ligadas indisolublemente: la mandatoria, la de dolor?

Creo que he encontrado un camino para entender lo que me intriga. Como ocurre muchas veces en la literatura, la ruta a trazar entre dos puntos es la que exige un trayecto desviado. Como punto uno voy a echar mano del retrato que Rosario Castellanos nos proporciona de la infancia de una niña en Comitán, para acercarme a la naturaleza de este tono bipolar de su poesía. Como punto dos, para iluminarlo, para llenarlo de luz, voy a visitar los retratos de Sofonisba Anguissola, la pintora italiana que nació muy probablemente en 1532 y murió en 1625, respetada por Miguel Ángel, alabada por Giorgio Vassari, contratada por Felipe II para ser pintora de la Corte, idolatrada por Van Dyck, quien viajó a visitarla a Palermo cuando rondaba los noventa años para rendirle respeto y pintarla reiteradas veces. Sofonisba Anguissola nació en el seno de una familia aristócrata y rica de Cremona, una de cinco hermanas.

Según algunas versiones, Sofonisba era adolescente cuando murió su madre. Entonces su padre, Amílcar Anguissola, la envío, con su hermana Lucía, a aprender el oficio de pintora al taller de Bernardino Campi. Según otras, Blanca, su mamá, todavía estaba viva cuando las dos hermanas entraron al taller de Sebastián, serían las aprendices. Hasta este momento, Amílcar se había afanado en darles una educación esmerada, de pulidas damas renacentistas. Ahora las hijas aprenderían un oficio.

Amílcar era un noble, un aristócrata, pero —como en la fábula del príncipe y el mendigo— pasó los primeros 17 años de su vida descastado, un hijo no reconocido, un hijo natural que no recibió educación ni vivió en la holgura, un bastardo. Tal vez por esto actuaba conforme a sus propios deseos, no apegándose a la letra a la costumbre. Porque una cosa era barnizar a una señorita aristócrata con música, letras y bordados, y otra muy diferente otorgarle un oficio

—y para colmo uno tan mal visto, incluso para el hijo varón de una buena familia (está de ejemplo el caso de Miguel Ángel, de familia noble; su padre vivió como una afrenta que el hijo quisiera aprender a ser pintor, a un hombre dedicado al comercio de la lana esto le parecía un oficio deleznable).

Pero Amílcar no reparó en llevarle la contra a los usos y costumbres.

Sólo tenía un hijo, Asdrúbal, el menor de los seis que le había dado Blanca, la mamá de Sofonisba. Pongamos como ejemplo un retrato que pintó Sofonisba, un cuadro de la familia: Amílcar, el padre, Asdrúbal, el hijo, y Minerva, la segunda de las hijas. En total hay cuatro figuras, si contamos al perro, y dos ambientes —la casa y el Mundo.

Amílcar tiene un brazo y una mano sobre el hijo, que a su vez descansa su mano sobre la otra del padre, confiado en el afecto que éste le dispensa. La otra mano del hijo coge la espada, cosas de hombres de “buena” clase, muestra de poder. El hijo Asdrúbal y el padre Amílcar ostentan un visible romance. El hijo mira al padre, y éste muestra al espectador con orgullo a su hijo. El padre abraza al hijo, lo toca, lo exhibe. Minerva, la única de las seis hijas aquí representada, baja los ojos. Está fuera del círculo de los varones, del círculo del orgullo paterno. El padre no la toca.

En otros retratos familiares que pintó Sofonisba, los afectos se expresan con el contacto corporal, la madre abraza a la hija: el marido toca a la mujer (alguien ha conjeturado que es Sofonisba con su primer marido, el siciliano con quien la casó Felipe II, el Conde Moncada, pero no puede ser, ni por las ropas, ni el insustituible rostro de la artista). En un retrato de Giovanni Battista Moroni, que por error fue atribuido a Sofonisba hasta hace poco, el padre toca por igual a hijo e hija. Nótese cómo el hijo es quien está “contemplando” a la hermana, y la contemplación lo obliga a “elevar” la Mirada.

En el que nos interesa —por cierto en extremo inusual para su tiempo—, Minerva acaricia con su mano un ramito de flores, con la otra se levanta un poco el vestido. El perro, como la espada, son del hijo varón, él manda y mandará. Hay toda una novela escrita en este lienzo: las relaciones familiares, las tradiciones, su posición en la sociedad, las rudezas de la división por género, y los motivos de Amílcar para enviar a las hijas a entrenarse en un oficio: si las mujeres de la casa aprendían a ser capaces de procurarse independencia económica, el varón, Asdrúbal, podría heredar el bulto del patrimonio familiar. Dándoles a las hijas mujeres un oficio, Amílcar Anguissola desprendía la carga económica que lastraría el patrimonio del único varón.

(Lo que son las cosas: Sofonisba ya muy entrada en años tuvo que socorrer al hermano, porque Asdrúbal se había arruinado, y ella era en cambio una artista conocida y rica. Escribió al rey de España para que pasara al hermano el pago de la pensión que le había asignado a ella —por no hablar del otro pago acordado desde que entró a la Corte, una parte de los impuestos a los vinos en Cremona.)

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Budapest, un poema de Billy Collins

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Mi pluma recorre la página como el hocico de un animal extraño con la forma de un brazo humano vestido con la manga floja de un sueter verde. La veo olfateando la página sin cesar, concentrada, como si fuera un buscador de comida que no tiene otra cosa en la cabeza que las larvas e insectos que le permitirán vivir otro día. Sólo quiere estar aquí mañana vestida quizá con la manga de una camisa a cuadros, con la nariz pegada a la página escribiendo unas pocas y bellas líneas más, mientras yo miro fijamente por la ventana e imagino a Budapest o alguna otra ciudad donde nunca he estado…

La herencia de Eszter: Sándor Márai

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Sándor Márai, La herencia de Eszter, trad. Judit Xantus Szarvas (Barcelona, Salamandra, 2000), 13a ed. 2006.

Al terminar de leer La herencia de Eszter del escritor húngaro Sándor Márai, sentimos en contra de Lajos, uno de los personajes de la novela, una especie de enojo, molestia e impotencia ante una personalidad cínica, calculadora, frívola, infractora, mentirosa, sin escrúpulos, pero parece ser que también encantadora. O quizá el enojo es con Eszter, una solterona que vive en compañía de una mujer mayor, Nunu, en la casa que heredara de sus padres.

La novela se inicia cuando Eszter recibe un telegrama de Lajos anunciando su visita después de muchos años de ausencia. Lajos fue su novio pero se casa con la hermana dejándola plantada. Sin embargo, Lajos no sólo traiciona a Eszter, también engaña a toda la familia: a unos les debe dinero, a otros les roba, y hasta el valioso anillo familiar lo cambia por otro falso. Es un verdadero vividor y "un canalla", le asegura Endre, el viejo notario y amigo de la familia.

Es Eszter la que nos cuenta los acontecimientos de ese fatal domingo en que llega Lajos con todo su séquito, además de sus dos hijos, los sobrinos de Eszter. Los padres y la hermana de Eszter, Vilma, ya han muerto. El hermano de Eszter, Laci, y algunos amigos, entre los que se encuentra un antiguo pretendiente de Eszter, Tibor, se reúnen para recibir al viajero, y es increible todo lo que sucede. Después de tantos años la visita de Lajos empezó "como empieza la función de un circo ambulante...", una puesta en escena en la que Lajos, nuevamente, intenta despojar a Eszter de lo único que a ella le queda de valor: la casa y el jardín, que es el medio de vida de ella y de Nunu. Lo que ha resuelto hacer se lo plantea a Eszter de la siguiente manera:

Mira Eszter, no vayas a creer que puede ocurrir algo en contra de ti o en tu perjuicio. Las cosas se tienen que arreglar de una manera sencilla y honrada. Vendras conmigo. Confías en mi ¿verdad? -me preguntó en voz baja, inseguro de sí mismo.
-Sigue hablando- le dije, también en voz baja, también con complicidad-. Claro que confío en ti.
-Eso es lo único que me importa -murmuró, muy satisfecho-. No creas que me voy a aprovechar de tu confianza- continuó, en un tono de voz más alto-. No quiero que decidas sola. Iré a llamar a Endre. Él es amigo de la casa. Es notario, entiende de estas cosas. Es mejor que firmes delante de él -dijo con aire de generosidad.
-¿Firmar qué? -pregunté, casi susurrando, como si ya hubiera accedido a todo, como si hubiese aceptado la tarea, como si tan sólo me interesara por los detalles.
-Este documento -respondió. Este documento que nos permitirá arreglarlo todo, para que puedas venir con cosotros, para que puedas vivir...
-¿Contigo?- le pregunté.
-Con nosotros -respondió con un tono más inseguro. -Con nosotros, cerca de nosotros.
-¿Dónde quieres que viva cerca de ti?
-Hemos pensado-dijo despacio, sopesando sus palabras, hablando en general, que podrías vivir cerca de nosotros. Nuestro piso, lamentablemente, no es lo suficientemente amplio. Pero hay un hogar cerca, donde viven damas solitarias.
-Un hogar de la caridad, ¿verdad? -le pregunté muy tranquila...
-¿Un hogar de caridad? -objetó, muy molesto. ¡Qué palabras! Ya te digo que es un hogar donde viven auténticas damas. Como tu y Nunu
.

¿Por qué Eszter le permite todo? Lo ve tal como es, reconoce que es un vividor y que siempre miente, también sabe que de darle la casa ella se quedaría en en la calle, viviendo en un lugar de caridad. Parece ser que Lajos tiene la respuesta: es la ley del destino...

Quizá no lo sepas todavía, pero ahora te vas a enterar de que aparte de las leyes morales hay otras, igual de poderosas, igual de válidas. ¿Cómo decirte?... ¿Lo sospechas ya? La gente corriente no es consciente de ello. Pero tú tienes que enterarte de que a las personas no solamente las atan las palabras, los juramentos y las promesas; y que ni siquiera son los sentimientos y las simpatías los que rigen las relaciones humanas. Hay algo diferente, una ley más severa, más dura, que determina si dos personas están ligadas o no... Esa ley fue la que estableció que yo tuviera que ver contigo. Yo conocía esa ley. La conocía incluso hace veinte años. Cuando te conocí, lo supe enseguida. No tiene ningún sentido que me haga el modesto. Es una ley dura. Atiéndeme. La ley de la vida dicta que acabemos lo que un día empezamos.

El destino, ese destino que, se quiera o no, llega sin poder hacer nada para remediarlo. Un destino que duele y, no obstante, hay que aceptarlo porque ¿qué se puede hacer cuando cambiarlo no depende de los involucrados en él?

Sándor Márai "describió con elegancia el desmoronamiento de la burguesía húngara tras la ocupación del país en 1945 por el ejército soviético. El "humanismo burgués”, como lo denominó. Márai, fue testigo de la llegada del ejército ruso a su país y el saqueo de la nación. “La raza humana”, escribió Márai en ¡Föld, föld!, (¡Tierra, tierra!), “es incapaz, desde un punto social, de vivir sin un pathos: si le arrebatan el sentimiento de la nación y la raza, necesita el pathos de la clase social o cualquier otro... No puede vivir sin él. Lenín no creía en la conciencia de clase del proletariado... y por lo tanto era necesario suplantar la ausencia del mito de clase del proletariado por el mito del Partido.” Se eliminó, en cambio, el analfabetismo y se logró que todo el mundo obtuviese una educación, a costa de la desmovilización social y la requisa de las libertades individuales".

Y años antes, como ha sucedido tantas veces, gracias a quienes deciden lo que les viene en gana porque son los triunfadores del momento y que se hacen ricos precisamente gracias a ese/os Otro/s que no respetan (y que, según parece, fueron y son siempre los mismos):

El Tratado de Trianón (nombre del palacio en Versalles donde se firmó el pacto) en 1920, acabada la Primera Guerra Mundial, le supuso a Hungría la pérdida de más de un 70 % de su territorio, que fue repartido entre Rumania, Checoslovaquia, Austria y la futura Yugoslavia. Una parte importante de la población magyar cambió de dueño de la noche a la mañana, dejando grupos de ciudadanos y hablantes magyares en determinados rincones de esos países, indóciles a la asimilación, como en Transilvania y la región de los Cárpatos rumanos, donde viven más de dos millones de húngaros. (Hungría 2006).
La casa de Sándor Márai fue destruída en la segunda guerra mundial, en su lugar está su recuerdo.

Bloomsday en México

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México se une por primera vez este 16 de junio con un recorrido por su capital al festejo del Bloomsday, que recuerda al personaje principal de la novela Ulises (1922) de James Joyce.

En entrevista Alejandro Toledo, coordinador de la actividad, señaló que aunque no existen los lugares narrados en la novela se han buscado otros para el recorrido nocturno que rememorará el de Leopold Bloom. "Se buscaron equivalencias, la torre de Mertel, que construyeron en Dublín para defenderse de las tropas napoleónicas, podrá ser el Castillo de Chapultepec, mientras que la bahía la convertiremos en el lago de Chapultepec".

Aparte de recordar a Joyce la actividad será dedicada al autor mexicano Salvador Elizondo (1932-2006), quien fue un gran aficionado a la obra maestra de Joyce y solía realizar un recorrido por calles de Ciudad de México evocando el Ulises acompañado de sus familiares y amigos.

La casa de La Bandida

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El texto es un poco largo, pero se lee en unos pocos minutos. Un personaje muy interesante: Graciela Olmos, mujer que hizo época en México en los años 40 y 50 por, entre otras cosas, tener una lujosa casa de citas que era frecuentada por políticos, militares, líderes sindicales, empresarios, escritores (como Pablo Neruda), artistas (como Diego Rivera, Agustín Lara, Álvaro Carillo, José Alfredo Jiménez, Los panchos, etc., etc, como se puede leer abajo) y toreros (como Silverio Pérez y Manolete), es retratada fielmente por Estrella Newman en el libro La casa de La Bandida, de próxima aparición. La protagonista fue también compositora, contrabandista de whisky en Chicago y soldadera en el ejército de Pancho Villa.

A la luz, la increíble historia de Graciela Olmos, La Bandida

Conocida sobre todo por su habilidad empresarial para regentear, en los años 40 y 50, una lujosa casa de citas donde sobraban cocaína y mariguana, frecuentada por políticos, militares, líderes sindicales, empresarios, escritores, músicos, artistas de cine y teatro, figuras del toreo, júniors y uno que otro curioso, Graciela Olmos, apodada La Bandida, fue también una inspirada compositora, contrabandista de whisky en Chicago y soldadera en el ejército de Pancho Villa, cuya terquedad en Celaya le costó la vida, entre otros miles, a su esposo, el general Francisco Hernández, El Bandido. Defendida por políticos y defensora de su personal, Graciela fue llevada a la cárcel "por faltas a la moral" en varias ocasiones y otras tantas liberada para proseguir su singular misión como proveedora de placeres caros.

"Mi libro La casa de La Bandida, única biografía autorizada por la legendaria Graciela Olmos, ya me lo pidieron para hacerlo obra de teatro, y tengo entendido que es Víctor Hugo Rascón Banda el encargado de la adaptación. Pero el público debe saber que la biografía inédita de La Bandida está a punto de ser publicada por una editorial española."

Habla la no menos inspirada y polifacética Estrella Newman, pintora, escultora, musicóloga, estudiosa de las culturas prehispánicas, mexicanista, escritora, fotógrafa, productora de videos, viajera, maestra, alumna de Diego y de Rodríguez Lozano y desaprensiva novia de Lara durante tres lustros, pero además, amiga fiel y confidente de Graciela, cuya apasionante vida está a punto de dar a conocer.

De una intensidad desconsiderada, paliada apenas por su brevedad, a prudente distancia del chismorreo barato, el libro sobre la también extraordinaria compositora se divide en cuatro etapas: su infancia azarosa, su participación en la lucha revolucionaria, su periodo como introductora de whisky en Estados Unidos durante la prohibición y su agridulce trayectoria como protegida y protectora madama en diferentes casas de citas en varios rumbos de la ciudad de México.

En el espléndido, breve y sustancioso prólogo a la obra, Salvador Paniagua Jaén apunta: "La vida de Graciela Olmos, La Bandida, no refleja rincones oscuros de México, al contrario: con las verdades de su tiempo alumbra muchas vergüenzas que oficiosamente se han tratado de ocultar. Quede claro desde este momento: se está hablando de la verdadera vida de una auténtica señora legendaria. Graciela y La Bandida vivieron su historia, luego el pueblo, al contarla, la volvió leyenda y ahora Estrella Newman nos brinda en estas páginas el nivel exacto de su testimonio (...) Graciela Olmos fue un eslabón entre 'La Bola' y el 'Régimen de Derecho', vivió cantando las lealtades de Pancho Villa y las deslealtades a Miguel Alemán. Para hablar de ella se necesita algo más que conocimientos literarios y valor civil..."

Pero el libro refleja, además de la fuerte personalidad de La Bandida, los talentos varios de la autora, presididos por el encanto de un relato sabroso, puntual y apasionado, de una sencillez aplastante en que la elocuencia reside en la casi inverosímil existencia que se cuenta.

"Fíjate -abunda la autora- que mi amigo Alberto Domingo, recientemente fallecido, fue cantinero y padrote en el lugar de La Bandida y juntos escribimos un hermoso corrido, modestia aparte, en honor de ella, que entre otros versos dice (Estrella canturrea despreocupada entre las miradas sorprendidas de algunos clientes del restorán en que conversamos):

Por el rumbo de Chihuahua
donde la vida se juega
al palo de una baraja
o en un tiro de rayuela,
donde se chamusca el alma
por una ingrata rejega
y se empeña el corazón
con toda la sangre anexa.

Por un cachito de suelo
o un grito de bandera
en ese Norte encantado
donde los cielos se abrevan
una noche de fandango
abrió los ojos Graciela.


Contra lo que muchos afirman, la Olmos no nació en 1896, sino en 1895 y tampoco es originaria de Irapuato o de León, Guanajuato, sino del municipio de Casas Grandes, Chihuahua, concretamente de la hacienda de La Buenaventura, donde su padre era caporal y gozaba de ciertos privilegios por parte del patrón.

"Sin embargo, desde muy niña, Graciela sintió en carne propia el mordisco de la injusticia. Era la sirvienta exclusiva de las hijas del patrón, un hombre amargado que quedó viudo muy joven luego de procrear con su mujer dos hijas que eran el azote de la hacienda.

"Graciela tenía que sacar muchos baldes de agua de una noria para regar las plantas, darle de comer a los animales y limpiar el enorme caserón de la hacienda, e inclusive llegó a sentir los fuetazos del patrón por no terminar a tiempo las tareas que se le habían encomendado", relata Estrella.

-¿Por qué el sobrenombre de La Bandida?

-En la primera década del siglo XX, Francisco Villa, el original; Chuy Trujillo, Doroteo Arango, que adoptaría el nombre y apellido de Villa a la muerte de éste, y José Hernández, antiguo maestro apodado El Bandido, comenzaron a asaltar haciendas para luego quitarse la etiqueta de gavilleros y ponerse la de revolucionarios.

"Los hacendados comenzaron entonces a contratar gatilleros para defender sus propiedades. El patrón de La Buenaventura ajustó a más de 60 pistoleros a sueldo, que sumados a los que tenía de planta hacían un contingente de más de cien hombres. Hasta allí llegaron los revolucionarios mencionados y arrasaron con todo y con todos, asesinando su gente al patrón, a sus hijas, a una tía de éstas y a muchos trabajadores de la hacienda, incluidos los padres de Graciela, quien tuvo que huir en compañía de Benjamín, su único hermano.

"Por azares de la vida, años más tarde, cuando ella, de 18, está en un internado de monjas, en Irapuato, vuelve a encontrarse con El Bandido. Las circunstancias de tan increíble rencuentro están en el libro. El caso es que Graciela acaba casándose con él, adquiriendo el apodo y las obligaciones de toda soldadera. Posteriormente El Chato Guerra la promovería en el medio artístico como La Bandida."

Heroínas de carne y hueso

Estrella Newman añade que "huyendo de la tragedia que habían vivido en Chihuahua los hermanos Olmos, Graciela y Benjamín, quien andando el tiempo se haría sacerdote, lograron llegar a la ciudad de México en 1907, donde entre otros oficios vendían periódicos y dormían en los pórticos de las iglesias", refiere con fruición la maestra, que a lo largo de 15 años de charlas y confidencias pudo recabar de La Bandida los pormenores de su extraordinaria vida, que serán conocidos en un libro de inminente aparición, imaginativamente ilustrado.

"Una pareja porfiriana -prosigue Newman- la recoge, la adopta y la manda a aprender a leer y a escribir en el colegio de Las Vizcaínas. Pero con la caída de Porfirio Díaz la pareja se va a vivir a España y envía a Graciela a un internado de monjas en Irapuato, donde en vez de alumna acaba como sirvienta, pues los padres adoptivos dejaron de mandar dinero para su educación.

"Allí ocurre el increíble rencuentro y matrimonio religioso, como condición para dejar el internado, con José Hernández, El Bandido, y a su lado inicia su etapa como soldadera, en la que nutrirá su existencia y su inspiración al conocer y convivir con futuras leyendas de carne y hueso, como Petra Herrera -autora del corrido Carabina 30-30-, Juana Gallo, La Sol, La Valentina, Marieta y Adelita, esta última una joven de buena familia de Ciudad Juárez que por su dedicación alcanzó el grado de coronela de la Cruz Blanca, que atendía heridos de ambos bandos.

"Así que la fecunda inspiración de Graciela Olmos como compositora de corridos -continúa Estrella- no es urbana ni de oídas, sino que brota de la vida vivida en el frente de batalla como miembro de las fuerzas villistas. Fue una auténtica juglar de la época revolucionaria que además, ya en la ciudad de México, retrató en nuevos corridos, ahora citadinos, a infinidad de personajes, antiguos conocidos o políticos nuevos que desfilaron por sus casas, pues conforme crecía la ciudad o cambiaban los funcionarios, ella tenía que reubicar la suya.

"Por eso, junto a corridos tan buenos como Siete leguas, Benito Canales, el de Durango, o Benjamín Argumedo, hay boleros de la calidad de La enramada, que han grabado tantos tríos y solistas, y La diosa del mar, mejor conocida como La carabela, éxito póstumo de Javier Solís. Las letras de varias composiciones a políticos, militares, empresarios y demás, aparecen en mi libro, y junto va la música, para que los lectores puedan cantar y divertirse con esos corridos, que en aquel entonces no se podían cantar en público sino en un salón privado. A los aludidos podían gustarles o no, pero nadie chistaba. A Ruiz Cortines, recién llegado a la Presidencia, le compuso uno que decía entre otros versos:

La Bandida ya no puede
con la ley de la mordaza,
va a empezar a abrir la boca
y a ver qué cabrones pasa...

Líderes y gobernantes
todititos son igual,
el pueblo se muere de hambre
y ellos usan Cadillac...


"Chela me contó que La Adelita es de la inspiración de Juan del Río, un seminarista con grado de sargento que se enamoró perdidamente de la soldadera, a la que acompañaba como su sombra y le compuso el famoso y bello corrido con un organillo de boca. Fueron de tal calidad y por tantos años los servicios prestados en el frente por Adela Velarde, que así se apellidaba Adelita, que Venustiano Carranza la condecoró con la Medalla al Valor y le otorgó el grado de coronela del Ejército Constitucionalista. Fueron amigas toda la vida, Chela en sus casas y Adelita trabajando 30 años en el Archivo General de la Nación. La última vez que se vieron fue en un banquete que les ofreció el gobernador de Hidalgo, Quintín Rueda Villagrán, en Real del Monte."

Regreso a la ciudad de México

Prosigue la biógrafa: "A los 20 años de edad Graciela Olmos queda viuda de José Hernández, El Bandido, quien murió en la batalla de Celaya, y decide volver a la ciudad de México. Allí se dedica a jugar, fuerte, al póquer y, para colmo, se ve involucrada en la venta de joyas junto con Juan Mérigo, de la Banda del automóvil gris, por lo que a finales de 1922 se traslada a Ciudad Juárez. Al enterarse del asesinato de Francisco Villa, en 1923, cruza a El Paso, Texas, donde el general villista Rodrigo M. Quevedo la incorpora a un negocio insólito: la fabricación de whisky en Ciudad Juárez y su venta en Chicago.

"Graciela era mujer de trabajo, de organización y de agallas -continúa Newman-, por lo que pronto la pusieron al frente de un distrito en esa ciudad, precisamente en los dominios de Al Capone, quien complacido por el desempeño de sus socios mexicanos cierta vez invitó al general Quevedo y a La Bandida a su lujosa mansión, donde ofrecía una gran fiesta a miembros de la mafia. Ahí, recordaba Olmos, el mismísimo Capone le pidió que cantara Cielito lindo, La cucaracha y La Adelita, esta última se la acompañó en español el famoso y temible gángster.

"Pero no todo eran brindis y fiestas, por lo que al poco tiempo Graciela decidió mejor 'pelarse', en ambos sentidos, ya que se cortó el pelo y vestida con un traje de hombre a su medida, sombrero y un maletín con 46 mil dólares, burló a un aburrido policía en el hotel y enfiló presurosa rumbo a la frontera mexicana. En 1929 encontró en Tampico al Chato Guerra, promotor artístico, quien luego sería el dueño del cabaret Folies Bergere en la capital, pero que entre tanto a Chela más que partido como cancionera le sacó muy buen dinero en malas inversiones y peores partidas de póquer.

"Obviamente la compañía quebró, pero Graciela se hizo amiga de la estrella del espectáculo, Ruth Delorche, 'que tenía el monte de Venus más hermoso del mundo', según me dijo La Bandida, y en 1933 pusieron un lugar denominado Las Mexicanitas. La primera se encargaba de la variedad y 'los platillos' y la Olmos de la administración.

"Era tal la belleza de Ruth, amante por entonces del general Calles, que Agustín Lara, deslumbrado e inspirado, le compuso Señora tentación. Graciela me contaba que muchas mujeres se han paqueteado con el cuento de que Agustín se inspiró en ellas, pero la verdad es que esa canción se la inspiró Ruth Delorche."

-¿Cómo empezó la relación entre tú y La Bandida?, pregunto a la polifacética Estrella Newman, biógrafa del increíble personaje en que se convirtió la persona de Graciela Olmos, y próxima a dar a la imprenta las confidencias que aquella le hizo.

"Carlos Madrazo, el político tabasqueño -contesta la también pintora y escultora-, me presentó con La Bandida cuando yo tenía unos 15 años de edad. Al poco tiempo la mujer me dijo: 'Eres la hija que hubiera querido tener', y nació una sólida amistad que duraría hasta su muerte, a los 67 años de ser la emperatriz de su propia existencia, luego de más de tres lustros de mantener una comunicación constante entre las dos. Me heredó gruesos rollos de película de Salvador Toscano sobre la Revolución, y poco después de su partida me puse a grabar todo lo que iba recordando. La única foto que tengo con ella nos la tomaron cuando yo tenía 18 años. Estamos con El Güero Batillas, uno de sus guardaespaldas.

"Me contaba Graciela -añade Estrella- que alrededor de 1935 decidió 'cerrar la fábrica y abstenerse de tener pareja y relaciones sexuales'. Apenas rebasaba los 40 años, pero más que por su físico creo que esa decisión obedeció a las experiencias vividas con hombres tras la muerte de su esposo, José Hernández El Bandido, quien además de general de Villa había sido maestro.

Las Mexicanitas

-Nos quedamos -le recuerdo a la maestra Newman- en que La Bandida y Ruth Delorche, 'la del monte de Venus más bello del mundo' pusieron en la ciudad de México un lugar llamado Las Mexicanitas.

-Allí Graciela empezó a generar simpatías con los empleados, meseros y policías, así como con los clientes, que lo mismo eran banqueros y funcionarios que poetas, escritores y periodistas. Su espíritu bohemio envolvía a cuantos iban a divertirse bebiendo y cantando, no nomás en busca de mujeres. Ello empezó a despertar los celos en la dotada Ruth, que no podía creer que personalidad y corridos mataran belleza.

"La gota se derramó cuando Ruth, luego de advertirle que no quería nada de parodias, llevó a La Bandida a una fiesta que daba el general Calles en Cuernavaca. Como Graciela Olmos descubriera entre los comensales a varios tenientes, capitanes y coroneles villistas convertidos ahora en generales e incrustados en el gobierno en turno, contrariada decidió estrenar su sentido corrido Siete leguas, que había compuesto en honor del Centauro del Norte, pues su lealtad a éste rebasó inclusive el amargo recuerdo de Celaya.

"En el gobierno cardenista se inició una fuerte campaña contra las casas de juego, que iban de la mano de las casas de citas, por lo que Graciela manejó sus negocios desde un penthouse del hotel Regis, por abajo del agua y pagando frecuentes multas para que sus hijitas fueran puestas en libertad inmediatamente. Unos meses antes de entregar el poder el general Cárdenas, con ayuda de los líderes Fidel Velázquez y Fernando Amilpa, Graciela Olmos abrió la casa de La Bandida.

"Pero decir casa es un decir. Hablamos de una residencia amplísima, reluciente de limpia, con funcional distribución, amplio comedor central, elegante bar, finas cortinas, siete cocineras, cien hermosas mujeres de planta, cien meseros, 60 guitarras, legiones de músicos y cantantes y 10 mil pesos diarios, de los años 40, para el almuerzo gratuito de sus hijotos, como llamaba a su personal.

"Teresa, Leticia, La Malinche, Esther, La Gata, La Valentina, Carmen, Laura, Linda, Aída, La Nancy, Consuelo, Mireya, La Rubia, Luisa La China, La Obsidiana, La Milagros, Nely, Ambar, María del Pueblito, La Bigotes, Rebeca, Urania, Consuelo, La Torera, Raquel... y muchas otras mujeres hermosas. No pocas de estas bellezas terminaron como artistas de cine y teatro, otras son actualmente señoras de sociedad, ricas y con hijos profesionistas. La Bandida las quería, las capacitaba y las cuidaba porque, decía, 'donde hay buenas putas no hay hambre'.

"En efecto, las hijitas de Graciela tenían que asistir todos los días a clases de estética y danza, con el maestro Alfonso Vargas; de natación, con René Muñiz, y de buenos modales y urbanidad con la maestra Rosita. De las calles de Durango debió cambiarse a la avenida Ejército Nacional y a otras ubicaciones, no sólo por el crecimiento de la ciudad, sino porque además había quejas, ya que muchos de los clientes echaban bala cuando estaban contentos.

"Otros abrieron casas y casinos y La Bandida, lejos de enojarse, les decía: 'Tú di que la casa es mía y verás que ya no te molestan', pues fue amiga y protegida de muchos, entre otros de Maximino Avila Camacho y del presidente Miguel Alemán. Todo lo que ganó, Graciela lo gastó y lo regaló. No era avara ni usurera, sino mujer de empresa, eficiente, pero desprendida."

Legión de compositores y músicos

Newman agrega: "Desde luego lo que más se conoce de la casa de La Bandida, antes que la coca y la mariguana que se consumían o los ricos y famosos que la frecuentaban, es la maravillosa legión de compositores, músicos y cantantes que ahí trabajaron para luego, gracias a su talento y a veces a las medidas radicales de la Olmos, saltar a la fama.

"Compositores geniales como Agustín Lara, su amigo de siempre, no empleado, o Alvaro Carrillo, a quien yo llevé -precisa Newman-, o José Alfredo Jiménez, otro amigo entrañable; tríos espléndidos como Los Tres Ases, Los Panchos, Los Diamantes; intérpretes de lujo, como Marco Antonio Muñiz, Pepe Jara, Miguel Aceves Mejía, Carlos Lico, Beny Moré, a quien le encantaba ir a beber y a cantarles a las muchachas, Cuco Sánchez o Javier Solís.

"Renombrados actores y cómicos, pelotaris, tahúres, galleros y propietarios de caballos de carrera, eran sus amigos y clientes, así como Diego Rivera y Pablo Neruda. Y claro, figurones del toreo de esa época, como El Soldado, hermano espiritual de Graciela, Silverio, Garza y Manolete, que no era místico delante de las mujeres, sino pundonoroso delante de los toros.

"Cercana su muerte, serena e irónica, le dijo a un grupo de periodistas: 'Cabrones, a mí no me vayan a poner como heroína porque yo fui sólo cocaína'.

"Sin dinero -concluye Estrella Newman emocionada-, por casi todos olvidada, una noche de mayo de 1962 Graciela Olmos descansó de decirle sí a la vida. Fue amortajada por la madre superiora de un asilo de huérfanos al que Graciela ayudaba y llegó a darle los últimos auxilios, y a echar agua bendita sobre su féretro su hermano sacerdote, Benjamín, El Beato, como ella le decía. No pudo tener mejor epitafio que su propia inspiración:

Ya la enramada se secó
el cielo el agua le negó..."


Fuente | La Jornada

El enigma del Manuscrito Voynich

Posted by Magda Díaz Morales in

"Se desconoce su edad, origen y significado. No se sabe quién lo escribió, aunque se ha atribuido a Roger Bacon, Leonardo da Vinci y Ramón Llull. Y hay quien opina que se trata de una estafa o de la obra de un bromista. Lo único que se sabe de él es que tiene 240 páginas ilustradas, que data de hace unos 500 años, que se guarda en la Universidad de Yale y que tiene una característica que lo hace único: nadie sabe en qué lengua está escrito.

Algunas investigaciones han concluido que lo más probable es que se trate de una guía de farmacopea medieval, aunque también incluye lo que parecen ser representaciones astronómicas, diagramas que podrían parecerse a órganos y hasta recetas.

Pero nadie ha logrado saber qué dice. Ni siquiera los criptógrafos militares que rompieron los códigos alemanes y japoneses en la Segunda Guerra Mundial, por lo que muchos opinan que se trata de un fraude. Sin embargo, los análisis estadísticos del texto, que revelan patrones similares a los de los lenguajes naturales, y la extensión del documento (35.000 palabras) hacen pensar que no hay tal broma, porque su estructura semántica está muy lograda".

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Liquidación: Imre Kertész

Posted by Magda Díaz Morales in ,

Imre Kertész, Liquidación, trad. Adan Kovacsics (México: Alfaguara, 2004).

"Quien es humillado en su país también es humillado en el extranjero", Kertész

Me enamoré de la escritura del nobel Imre Kertész desde la primera vez que lo leí. Es un escritor magistral, un creador de atmósferas y descripciones notables, lúcido. Su obra trata siempre sobre el Holocausto judío, recorre el tema una y otra vez pero en cada obra lo dice distinto, siempre nos atrapa. Alber Vázquez comentaba en su blog: "creo que Imre Kertész es el mejor escritor vivo que existe", y estoy totalmente de acuerdo.

Keserű, el protagonista, es editor, trabaja en una editorial y guarda los escritos póstumos de Bé (prosa, apuntes, diarios, relatos, una pieza de teatro), su amigo escritor (y traductor de Bernhard) que se ha suicidado. Ello le duele mucho a Keserű, Bé no tenía ninguna causa aparente para hacer semejante acto, "la noche anterior había estado leyendo Moby Dick antes de dormirse". Corre una mañana de primavera de 1999, poco después de la transición en Hungría, Keserű mira por la ventana la calle que ofrecía "el espectáculo más cotidiano y habitual de Budapest". Hojea uno de los documentos que está en su escritorio y se detiene en el manuscrito de la pieza de teatro que tiene escrito sobre la cubierta: "Liquidación. Comedia en tres actos. La acción transcurre en Budapest, en 1990".

Keserű decide aprovechar la reunión del comité editorial, del que forma parte, para solicitar la publicación del legado a la editorial y ofrecerse a realizar la edición renunciando a los honorarios que esta tarea conlleva. Pero en la reunión se entera que la editorial está trabajando con pérdidas, así que guarda silencio y no presenta su propuesta. Al salir de esta reunión, Keserű reflexiona sobre lo especial de la obra de teatro porque además de estar él como personaje, su guión guarda lo que está sucediendo después en la realidad, ya cuando su autor, Bé, está muerto. La obra se escribe en 1990 y narra los hechos que están sucediendo en 1999. ¿Se reemplaza la realidad por la ficción?

Bé había dado llave de su casa a Keserű pidiéndole que revisara en su secreter y preparara los manuscritos para su publicación. El día que Bé se suicida Keserű llega a la casa de su amigo y lo ve durmiendo, cuando se da cuenta de que está muerto, y antes de que llegue la policía, toma los manuscritos y los guarda. Cuando lo interrogan le pregunta el inspector:

I: ¿Sabe usted algo del tatuaje?
K: ¿De qué?
I: El finado tenía una peculiar señal en el muslo... ¿Sabe algo de ello?
K: ¿Qué ha dicho? ¿Una peculiar qué?
I: Estoy hablando de un tatuaje, señor Keserű. Se ve perfectamente, un tatuaje azul verdoso en el lado exterior del muslo. Una B mayúscula y un número de cuatro cifras. (...) es exactamente como el número de los prisioneros de Auschwitz, pero en este caso no se encontraría en el muslo, sino en el antebrazo. Interesante ¿no?
Lo que el inspector no sabe es que Bé nació en el barracón hospital de Auschwitz y que "los pocos bebés nacidos en Auschwitz llevan tatuado en el muslo el número del prisionero, que no se podía escribir en sus brazos por una simple cuestión de espacio". Conforme avanza la narración nos enteramos que las cosas no fueron así, es Sára, la amante de Bé y esposa de un amigo de Keserű, Kürti, quien encuentra a Bé muerto pues éste la había citado para que desayunaran juntos con Champán. Sára le llama a Keserű y traman decir lo anterior a la policía para que Keserű pueda guardar el legado de Bé. Bé deja un mensaje de despedida y una carta a Sára (es una carta bellísima), el mensaje dice: "¡No se enfaden! ¡Buenas noches!".

Keserű tiene la total seguridad que al legado de Bé le falta algo, una novela. Se le convierte en obsesión encontrarla. En esa novela, según él, está la clave de muchas cosas, esencialmente de la vida y muerte de Bé. Y aquí entra en acción la ex-esposa de Bé, Judit, que fue amante de Keserű (por lo que éste se siente muy mal) y que ahora está felizmente casada con Ádám, un arquitecto con dinero. Viven en un chalet en Buda.

¿Por qué se suicida Bé? ¿cúal es realmente su vida? ¿cómo es que en Liquidación, la pieza de teatro que está en el legado de Bé, está escrito el futuro, lo que aún no ha sucedido pero sucede?

Parece que es difícil sobrevivir cuando se es un sobreviviente del mal existente en el mundo, cuando se sobrevive y se guarda un extremo dolor que no ofrece la opción de permitirse ser feliz, adonde duele hasta intentarlo. La literatura es la única opción para no morir...

Algunas mujeres a través del arte

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Teoría del culo

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Hace ya varias décadas, Witold Gombrowicz proclamó el advenimiento de la civilización del culo. El anuncio causó sensación, y las reacciones de pensadores e intelectuales no se hicieron esperar. Entre nosotros, Josep Pla, afirmaba hacia 1970 que nunca la parte posterior del ser humano había sido puesta en evidencia como en esta época, ni por medios más sabiamente concertados, y que esa ostentación sólo podía ser un signo de decadencia, porque cuanto más cerca está una civilización del culo, más lejos está de la cabeza. La idea tiene la ventaja de ser elegante, pero el inconveniente de ser falsa: sería como afirmar que, cuanto más sexo, menos amor, y cuanto más amor, menos sexo; esto podía permitirse pensarlo -digamos- un moralista francés del XVIII, pero a nosotros, incluidos a los moralistas de nuestro tiempo, la experiencia nos veda ese dudoso privilegio. ¿Significa todo esto que, cuanto más cerca está una civilización del culo, más cerca está también de la cabeza? No necesariamente, pero yo no me atrevería a descartarlo sin más. Y si es así, ¿tenemos el culo más cerca que nunca de la cabeza?, ¿vivimos de verdad en la civilización del culo?

Tal vez no sea pecar de optimismo reconocer que algunos indicios apuntan que así es. No me refiero a la televisión, ni al cine, ni a Internet, ni a los quioscos, ni a las playas; me refiero a cosas menos visibles, pero más significativas. Por ejemplo, desde hace tiempo, al menos en castellano, ya casi nadie se atreve a sustituir la hermosa y rotunda palabra culo por ningún eufemismo, sobre todo por ninguno de esos eufemismos (como pompis) que son completamente imposibles de escuchar sin sentir un impulso irreprimible de soltarle un tremendo guantazo a quien lo usa. Por otra parte, la pintura y la escultura siempre han sido generosas con el culo, pero la literatura -con la salvedad de la literatura pornográfica- siempre ha sido muy mezquina, con el resultado palpable de que ignoramos cómo eran los culos de los grandes mitos eróticos de nuestra civilización: no sabemos cómo era el culo de Helena de Troya; no sabemos cómo era el culo de Isolda, ni el de Beatriz, ni el de Laura, ni el de Julieta -ni siquiera sabemos cómo era el culo de Dulcinea-; no sabemos cómo era el culo de Emma Bovary, ni tampoco el de Ana Karenina. El vacío es desolador, pero lógico: la espiritualidad del amor romántico -ese gran género literario acuñado en el siglo XII por Occidente, y que durante siglos ha contaminado la realidad- no es compatible con la redonda carnalidad del culo.

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Budapest

Posted by Magda Díaz Morales in

Ya estoy de regreso de un hermoso viaje. Fuí al Coloquio internacional “La presencia del niño en las literaturas en lengua española” que organizaron la Universidad Eötvös Loránd de Budapest, en colaboración con el Instituto Cervantes de Budapest. Ha sido una experiencia inolvidable.

Llegué a Budapest como a las cinco de la tarde, el agregado cultural de la embajada de México, señor Denis Reinaud, una persona educadísima, sencilla y muy agradable, iba a ir por mí pero el querido amigo Agustín Cadena se ofreció a hacerlo, cuando llegué ya estaba esperándome, fue como un ángel caído del cielo, su ayuda me resultó invaluable. Fuimos al hotel en el metro, dejé mi maleta, y desde ese momento no paramos, gracias a su generosa disponibilidad para conmigo pude conocer Budapest de la A, a la Z. Creo que nunca he caminado tanto en mi vida y aunque después de un día de andar para allá y para acá me cansaba un poco, bastaba sentarnos un momento en un hermoso café o en una no menos bella terraza y mirar el Danubio, para que cualquier cansancio desapareciera por arte de magia.

Budapest es muchas cosas, imposible definir su extrema belleza en pocas o muchas palabras. Su comida es deliciosa (esa sopa húngara, gulyás, es una delicia y qué decir de la exquisitez de Vilmos, una bebida nacional de Hungría hecha de pera y que hay que tomar bien fría para que no se suba), sus postres estupendos, su clima estaba fantástico, su gente es muy guapa, sonriente, acogedora. Budapest posee una arquitectura notable en la que se puede palpar, en algunas zonas, la influencia turca (que tuvieron durante 200 años, sino estoy equivocada). Asimismo, se advierte el paso del socialismo (de 1945 a 1989, sino mal recuerdo). Budapest es una ciudad que se siente, se mete al espíritu y se puede comprender su historia, una historia dura, difícil, dolorosa, que llega a nosotros con un olor a melancolía pero también a fuerza e integridad.

Algo impactante, además del gueto, fue adentrarme en la magnificencia de lo que fue el Imperio Austrohúngaro, un señorío e influencia muy grande que se percibe sobre todo en Buda, pero que se aprecia también en Pest, dos ciudades que un día se enamoraron y conforman la grandeza y esplendor de lo que hoy es Budapest. En Budapest no existe aquello de sentirse el ombligo del mundo y los demás no ser nada, no, en esa parte de Europa central las cosas son totalmente diferentes, uno se siente en casa. Los mexicanos y los húngaros tenemos muchas cosas en común, ellos también comen chile, frijoles y maíz, fui a un mercado alojado en un edificio precioso (está en las fotos) y los puestos son como los de México, hasta nuestras banderas se parecen, comparten los mismos colores. Esto entre varias semejanzas más.

La comunicación es un tanto complicada por la lengua, el húngaro es un idioma difícil pero con todo pude andar por la ciudad, subirme en un combino (le llaman así por es una combinación de tren y tranvía) y llegar al Instituto Cervantes yo sola, algo que parece sencillo pero no lo es por los nombres de las calles, pero me aprendí bien que después de seis paradas tenía que bajarme en la parada de la plaza Oktogón, después atravesarme, caminar unas cuatro calles hasta llegar a la calle Vörösmarty adonde estaba el Instituto. La última tarde que estuve en Budapest me la pasé sola caminando, leyendo en un café (en Budapest todos los cafés parecen salidos de una novela), comiendo, entrando a tiendas, librerías, edificios, en Andrássy, una avenida hermosa (se parece un poco a la Av. Reforma en México), y ya estaba ubicada, pude llegar a mi hotel sin mayor problema. Es fascinante que a las 9:30 de la noche todavía era de día.

El congreso ni qué decir, una excelente organización adonde convivimos más de 70 participantes de muchas partes del mundo, fue extraordinario.

Fotografías