31 de julio de 2007

Ingmar Bergman: Woody Allen

Ingmar Bergman: Vida de un genio
Woody Allen

¡La voz del genio!
"Día tras día me llevaban o me arrastraban, gritando de angustia, al colegio. Vomitaba encima de cualquier cosa, desfallecía y perdía el sentido del equilibrio". Sobre su madre: "Intenté abrazarla y besarla, pero me apartó con una bofetada". Sobre su padre: "Las palizas brutales eran su argumento favorito. Me pegó, y yo le devolví el golpe. Se tambaleó, y acabó sentado en el suelo. Llevaron a mi padre al hospital, para operarle de un tumor maligno en el esófago. Mi madre quería que yo fuese a visitarle. Le contesté que no tenía tiempo ni ganas". Sobre su hermano: "Mi hermano tenía escarlatina... (naturalmente, yo esperaba que se muriera. La enfermedad era peligrosa en aquellos días)". "Cuando mi hermano abrió la puerta, le golpeé con la garrafa en la cabeza. La garrafa se hizo añicos y mi hermano se desplomó mientras la sangre manaba de la herida. Alrededor de un mes más tarde, me agredió sin previo aviso, y me saltó dos dientes. Respondí pegándole fuego a la cama mientras dormía". Sobre su hermana: "Mi hermano mayor y yo, normalmente enemigos mortales, hacíamos las paces y tramábamos planes para asesinar a ese diablillo repulsivo". Sobre él mismo: "Una o dos veces en mi vida he acariciado la idea de suicidarme". Un entorno religioso: "La mayor parte de nuestra educación se basaba en conceptos tales como el pecado, la confesión, el castigo, el perdón y la gracia. Este hecho bien pudo contribuir a nuestra sorprendente aceptación del nazismo." Y finalmente, una evaluación de la vida: "Se nace sin objeto, se vive sin sentido... Y al morir, no queda nada".
Con esos antecedentes uno tiene que ser un genio. O eso, o hacer muecas en una celda cerrada a cal y canto y con paredes almohadillas con cargo al Estado. No me inspiraban motivos precisamente nobles cuando vi mi primera película de Ingmar Bergman. Los hechos fueron así: yo era un adolescente que vivía en Brooklyn, y corrió la voz de que iban a dar en un cine del barrio una película sueca, donde una muchacha se bañaba completamente desnuda. Raras veces he pasado la noche en la calle para ser el primero en la cola de una película, pero cuando Un verano con Mónica se estrenó en el cine Jewel, en Flatbush, un chico pelirrojo con gafas de negra montura fue visto atropellando a ciudadanos respetables en su afán por conseguir la butaca más selecta y discreta.

Yo no sabía quién era el director de la película, ni me importaba, ni tenía sensibilidad entonces para apreciar su fuerza: la ironía, las tensiones, el estilo expresionista alemán con su poética fotografía en blanco y negro y los toques eróticos sadomasoquistas. Yo salí pensando únicamente en el momento en que Harriet Andersson se quita la ropa, y aunque era mi primer contacto con un director que acabaría considerando con fervor como el mejor de todos, no lo comprendí entonces. Hasta que unos pocos años más tarde, en busca de algo más estimulante que una tarde de minigolf, la chica con que me había citado y yo fuimos paseando para ver una película titulada Noche de circo. Yo era un poco mayor y empezaba a sentir un más amplio interés por el cine, y la experiencia fue decididamente más profunda esta vez. El sentido alemán seguía siendo su influencia principal y había una paliza tremenda, sádica en el clímax; aunque el argumento no estaba del todo centrado, la película había sido dirigida con tan inmenso talento, que estuve en vilo en mi butaca hora y media, con los ojos como platos. Realmente, la secuencia en la que Frost, el payaso, va a buscar a su casquivana esposa, que chapotea desnuda en el agua para divertir a unos cuantos soldados, era tan magistral en su planificación, ritmo de montaje e inspirada evocación de la humillación y el dolor, que había que retroceder hasta Eisenstein para hallar una fuerza cinematográfica comparable. Esta vez, desde luego, anoté el nombre del director, que era sueco y que, como me pasaba siempre entonces, archivé y olvidé.

Hasta fines de los cincuenta, cuando llevé a la que era mi mujer entonces a ver una película muy comentada y con el título no muy prometedor de Wild Strawberries (Fresas silvestres) no comenzó lo que se convertiría en una adicción de por vida a las películas de Ingmar Bergman. Todavía me acuerdo que la vi con la boca seca y el corazón latiendo con fuerza desde la primera y misteriosa secuencia inicial del sueño hasta el sereno primer plano final. ¿Quién podría olvidar tales imágenes? El reloj sin agujas. El carruaje tirado por un caballo que se atasca. El sol cegador y el rostro del viejo arrastrado al ataúd por su propio cadáver. Evidentemente, había ahí un maestro con un estilo inspirado y personal; un artista de profunda inquietud e intelecto, cuyas películas se revelarían a la altura de la gran literatura europea. Poco después vi El mago, una audaz dramatización en blanco y negro de ciertas ideas de Kierkegaard presentadas como un cuento de ocultismo, potenciadas por una cámara hipnótica, original, cuyo estilo hallaría su crescendo años más tarde en la onírica Gritos y susurros. La referencia a Kierkegaard no acarrea que la película sea árida o didáctica en exceso. Tengan la plena seguridad, por favor, de que El mago, como la mayoría de las películas de Bergman, posee un brillante sentido del espectáculo.

Porque, además de todo eso –y quizá lo más importante– Bergman sabe entretener, es un gran narrador de historias que jamás pierde de vista un hecho: sean cuales fueren las ideas que desea comunicar, las películas tienen que emocionar al público. Su teatralidad es realmente inspirada, e imaginativo su empleo de la iluminación gótica, pasada de moda, y las elegantes composiciones. El exagerado surrealismo de sueño y símbolos, el montaje inicial de Persona, la cena de La hora del lobo, y en La pasión de Ana, el descaro de parar a intervalos el absorbente relato, para que los actores expliquen al público lo que intentan expresar, constituyen momentos de gran espectáculo.

El séptimo sello fue siempre mi película favorita, y me acuerdo de cuando la vi, con no mucho público, en el viejo cine New Yorker. ¿Quién podría imaginar que un tema semejante pudiese proporcionar una tan agradable experiencia? Si tuviese que explicar el argumento, para convencer a un amigo de que la viese conmigo, ¿qué podría yo decir? "Bueno, transcurre en una Suecia medieval azotada por la peste y explora los límites de la fe y de la razón a partir de conceptos filosóficos daneses y hasta cierto punto alemanes." Eso no guarda gran relación con lo que se entiende por pasar un rato divertido, pero está todo contado con imaginación, suspenso y olfato tan pasmosos, que uno se queda clavado como un niño oyendo un desgarrador cuento de hadas. La negra silueta de la Muerte aparece de pronto en una playa, y el Caballero de la Razón la desafía a una partida de ajedrez, intentando ganar tiempo y descubrir algún sentido en la vida. La fábula arranca y se despliega con siniestra inevitabilidad. ¡Y las imágenes, una vez más, quitan el aliento! Los flagelantes, la quema de la bruja (digna de Carl Dreyer), y el final, con la Muerte que conduce el baile de los condenados al infierno, en uno de los planos más memorables de todos los tiempos.

Bergman es prolífico, y las películas que siguieron a sus primeras obras han sido ricas y variadas, según sus obsesiones se desplazaron del silencio de Dios a las torturadas relaciones de almas llenas de angustia que tratan de comprender sus sentimientos. (En realidad, las películas descritas no son exactamente sus primeras, sino obras medias, porque había dirigido algunas películas, desconocidas hasta que su estilo y reputación fueron generalmente reconocidos. Estas primeras películas son muy buenas, pero sorprendentemente convencionales, sabiendo adónde irían a parar.) En los cincuenta había asimilado sus influencias, al tiempo que su genio se afirmaba. Los alemanes todavía le impresionaban. Yo veo a Fritz Lang en su obra, y a Carl Dreyer, el danés. Y también a Chéjov, Strindberg y Kafka. Yo divido sus películas entre las que son sencillamente soberbias (Detrás de un vidrio oscuro, Luz de invierno, El silencio, La fuente de la doncella, La pasión de Ana, por citar algunas) y las obras maestras verdaderamente notables (Persona, Gritos y susurros y Escenas de la vida conyugal), junto con otras que había visto antes. Hay también películas atípicas como Vergüenza y Fanny y Alexander, que proporcionan sus propios placeres particulares, e incluso algún traspié ocasional como El huevo de la serpiente o Cara a cara.

Pero hasta en los experimentos menos afortunados de Bergman hay instantes memorables. Ejemplos: el sonido de una sierra fuera de la ventana durante una escena íntima entre los amantes adúlteros en El toque, y el momento en que Ingrid Bergman enseña a su patética hija cómo debe interpretarse al piano cierto preludio en Sonata de otoño. Sus fracasos son con frecuencia más interesantes que los logros de otros. Y pienso ahora en De la vida de las marionetas y Después del ensayo.

Una digresión sobre el estilo. El ámbito predominante en las películas acostumbraba a ser el mundo físico, externo. Sin duda, así ha sido durante años. Ahí están las películas cómicas y los westerns, y las películas de guerra, y las de persecución, y las películas de gángsters, y las películas musicales, para atestiguarlo. Pero, al afirmarse la revolución freudiana, sin embargo, el ámbito más fascinante del cine derivó hacia lo interior, y las películas se encontraron con un problema. La psique no es visible. ¿Y qué hay que hacer cuando las batallas más interesantes se libran en el corazón y en la mente? Bergman desarrolló un estilo para abordar el interior del hombre, y es el único director que ha explorado los campos de batalla del alma hasta el último confín. Impunemente, ha escrutado con su cámara los rostros hasta perder la conciencia del tiempo, mientras sus actores y actrices lidiaban con su propia angustia. Y veías grandes interpretaciones en tremendos primeros planos que duraban mucho más tiempo del que los libros de texto consideran conveniente para el arte del cine. Los rostros lo son todo para Bergman. Primeros planos. Más primeros planos. Extremados primeros planos. Creó sueños y fantasías, para combinarlos con tanta delicadeza con la realidad, que gradualmente un cierto sentido de la interioridad humana salió a la superficie. Y empleó enormes silencios con increíble eficacia. El territorio de las películas de Bergman es diferente del de sus contemporáneos. Hace juego con las playas desoladas de la isla rocosa donde habita. Ha encontrado un medio para mostrar el paisaje del alma. (Ha dicho que ve el alma como una membrana, una membrana roja, y así la mostró en Gritos y susurros). Al rechazar la norma de acción convencional establecida en el cine, ha permitido que en el interior de los personajes bramen guerras tan agudamente visuales como los movimientos de un ejército. Vean Persona.

Por si esto fuera poco, damas y caballeros, Bergman es un director barato. Es rápido, sus películas cuestan poco, y su minúscula banda de colaboradores es capaz de completar una verdadera obra de arte en la mitad del tiempo y por una décima parte del dinero que muchos dilapidarían en un suntuoso desperdicio de celuloide. Y, además, escribe los guiones él solito. ¿Qué más se puede pedir? Significado, profundidad, estilo, imágenes, belleza visual, tensión, instinto narrativo, rapidez, economía, fecundidad, innovación, una dirección de actores sin par. A todo eso me refiero cuando digo que es el mejor. Tal vez otros directores le superan en áreas aisladas, pero nadie es un artista tan completo como él.

De acuerdo, volvamos a Linterna mágica, su libro. Habla mucho de problemas del estómago. Pero es interesante. Es informal, anecdótico. No es cronológico, como se supone que debería ser la historia de la vida de uno. No se monta una saga acerca de cómo empezó y, poco a poco, dominó el teatro y el cine de Suecia. La narración da saltos, hacia delante y hacia atrás, aparentemente a capricho de la inspiración del autor. Contiene extrañas anécdotas y sentimientos tristes. Una extraña anécdota: de niño se quedó encerrado en un depósito de cadáveres, donde le fascinó el cuerpo desnudo de una muchacha. Un sentimiento triste: "Mi mujer y yo vivimos muy próximos. Uno de los dos piensa, y el otro responde, o al revés. No sé cómo definir nuestra afinidad. Pero un problema es insoluble. Algún día un golpe caerá para separarnos. Y ningún dios afable nos convertirá en árboles que den sombra a la granja". Omite cosas que uno creía que iba a considerar. Sus películas, por ejemplo. Bueno, tal vez no las omita exactamente, pero dice mucho menos de lo que cabía esperar, considerando que ha hecho más de cuarenta. Tampoco se habla mucho de sus esposas en este libro. Las ha tenido en abundancia. (Y montones de hijos también, aunque apenas se les mencione.) Entre ellas está Liv Ullmann, que vivió años a su lado, fue la madre de unos de sus hijos, y una gran estrella en sus películas. Tampoco se dice mucho sobre los actores y las actrices de sus películas.

¿Y qué hay entonces? Pues hay muchas revelaciones apasionantes, pero sobre su infancia en la mayor parte. Y sobre su trabajo en el teatro. Detalle interesante, dibuja cada escena antes de ensayarla. Y hay un relato emocionante de cómo dirigía a Anders Ek, un actor en varias de sus películas, enfermo de leucemia y que utilizaba su miedo a la muerte próxima para interpretar un personaje de Strindberg. Bergman adora el teatro. Es su verdadera familia. De hecho, la cálida, entrañable familia de Fanny y Alexander nunca existió en la realidad, es un símbolo del teatro. (Eso no está en el libro. Pero lo sé.) Bergman habla también de sus enfermedades: "He padecido varias dolencias indefinibles, y no puedo decir a ciencia cierta si deseaba sobrevivir o no." Y sobre sus funciones corporales: "En todos los teatros donde he trabajado un cierto tiempo, he tenido siempre mi propio retrete".

Su crisis mayor también está aquí, el escándalo de los impuestos. Uno se queda hipnotizado leyendo su recuento. En 1976, Bergman fue groseramente sacado de un ensayo y llevado a la jefatura de policía para declarar sobre el dinero que debía al gobierno, porque su declaración era incorrecta. Eso es algo que puede pasar cuando uno recurre a un gestor, presume que él lo llevará todo estupenda y abiertamente, y descubre luego que, confiadamente, ha firmado papeles sin entenderlos, o siquiera leerlos. La cuestión está en que Bergman era inocente de la acusación de fraude premeditado, pero la hacienda sueca no evitó que las autoridades le trataran de forma desabrida y cerril. El resultado fue una depresión nerviosa, una hospitalización, y un exilio autoimpuesto en Alemania, entre sentimientos de rabia y profunda humillación.

En fin, la imagen que uno saca es la de una personalidad altamente emotiva, no fácilmente adaptable a la vida en este mundo frío y cruel, pero muy profesional y productiva, y desde luego un genio del arte dramático. A juzgar por la traducción, Bergman escribe muy bien y, con frecuencia, sus descripciones prenden y emocionan. Yo devoré cada página, pero no se me puede hacer demasiado caso, porque siento el mayor interés hacia este artista particular. Se me hace difícil creer que ha cumplido ya los setenta años. En su libro recuerda que, cuando tenía diez años, le regalaron una linterna mágica, que proyectaba sombras en la pared. Eso despertó en él una pasión amorosa por el cine, conmovedora en la intensidad de su sentimiento. Ahora que su fama es mundial y ya no hace más películas, escribe lo siguiente: "La butaca es cómoda, la habitación acogedora, se hace la oscuridad y las primeras imágenes tiemblan en la pantalla blanca. Todo está en calma, el proyector susurra débilmente en la insonorizada sala de proyección. Las sombras se mueven, vuelven sus rostros hacia mí, quieren que preste atención a sus destinos. Han pasado sesenta años, pero la emoción sigue siendo la misma".

Fuente Avizora

30 de julio de 2007

Mundial Filosofía: Alemania vs Grecia

Video: MUNDIAL FILOSOFÍA (Grecia vs Alemania)

Alineación, por Alemania: Leibniz, Kant, Hegel, Schopenhauer, Nietzsche, Marx, Heidegger. Por Atenas: Sócrates, Heráclito, Platón, Aristóteles. ¿Quién ganará?

Proust enamorado

Leo en el Babelia de esta semana una reseña de Luis Antonio de Villena sobre el libro de William C. Carter, Proust enamorado, que “reconstruye en la biografía amorosa de Marcel Proust” y, asegura, "nunca se había entrado con tanto detalle en la vida amorosa y sexual del escritor francés".

En lo personal me fascinan las buenas biografías, disfruto de conocer los detalles intelectuales que rodean las obras de escritores admirados. Pero dificilmente he comprendido cosas como:

Niño mimado al extremo y además asmático e hipersensible, Proust vivió en el sólido mundo de la alta burguesía francesa de fines de 1800, y se relacionó con aristócratas y con gente del pueblo: complementarios polos opuestos. Llegó a creer que la felicidad no se había hecho para él, que no sabía ser feliz, y posiblemente fuera verdad. Apasionado del amor (que analiza al microscopio en su novela) no supo amar bien, porque como tal niño mimado propendía a tiranizar a quienes amaba. Su madre fue su verdadero gran amor, porque ella se desvivió por él, pero era muy difícil (sino imposible) que hallara después nada semejante. Agobiaba de celos y cariño a sus enamorados, y en ese lazo solía ahogar el amor -del tipo que fuese- porque nadie resistía tanta presión o vigilancia. Homosexual que pensó mucho en esa condición (aunque sus teorías no sean hoy las más aceptadas), Marcel Proust se enamoró en su juventud mundana de chicos homosexuales y cultos también, más o menos de su clase y de su medio: Reynaldo Hahn (que sería compositor) fue tal vez el amor de su vida, pues conservaron la amistad, aunque el amor se ahogó entre los celos de Marcel, y su apetito picaflor y algo promiscuo. Lucien Duadet -uno de los hijos del célebre escritor, que a su vez hizo algunos pinitos literarios- sería ese segundo amor, pronto acabado. Hasta ahí, por decirlo de un modo que deploro, Proust se movió en la "normalidad".

Cuando se enamoró del muy apuesto y joven conde Bertrand de Fénelon (el principal modelo de Saint-Loup), Marcel empezó a no saber amar por nuevos motivos: idealizaba a guapos caballeretes que se las daban -como era de rigor- de heterosexuales, aunque al fin no lo fueran tan al completo. El amor vuelto sueño y quimera pese a su esencia divina, debía buscarse entonces en otro lugar: donde pudiera comprarse. Entre lacayos, botones, chóferes o camareros, un amor venal para el que Marcel Proust no tuvo el menor inconveniente. Visitó saunas y prostíbulos clandestinos y pagó con generosidad a los jóvenes que buscó (a veces para peculiares prácticas masoquistas) y que al parecer fueron muchos. Pero se enamoró de un chófer casado, de 24 años, Alfred Agostinelli, y lo tuvo "prisionero" en su casa como su secretario y llenándolo de regalos, hasta que el joven -harto- se escapó porque quería ser aviador y no volvió. Alfred Agostinelli murió poco después en un accidente, practicando su afición, al borde de la Primera Guerra Mundial, y Proust, el enamorado que no supo amar, siempre se creyó algo culpable. Llegó luego el turno de los camareros del Ritz (adonde Marcel acudía a cenar, durante la guerra, a horas estrafalarias) y entre los varios jóvenes que pudo probar, terminó enamorándose, a su modo, de uno suizo llamado Henri Rochat -20 años- al que también llevó a su casa y llamó secretario, aunque las aficiones del chico (que buscaba dinero) no iban por tal camino. Harto -Proust esta vez- le buscó un buen empleo y lo echó a volar...

"¿Niño mimado al extremo?" Sí, puede ser. "¿Asmático e hipersensible?" También puede ser. “¿No supo amar bien, porque como tal niño mimado propendía a tiranizar a quienes amaba? ¿Agobiaba de celos y cariño a sus enamorados, y en ese lazo solía ahogar el amor -del tipo que fuese- porque nadie resistía tanta presión o vigilancia? Homosexual que pensó mucho en esa condición (aunque sus teorías no sean hoy las más aceptadas), Marcel Proust se enamoró en su juventud mundana de chicos homosexuales y cultos también, más o menos de su clase y de su medio: Reynaldo Hahn (que sería compositor) fue tal vez el amor de su vida, pues conservaron la amistad, aunque el amor se ahogó entre los celos de Marcel, y su apetito picaflor y algo promiscuo".

¿Alguien sabrá qué es amar bien o amar mal? ¿cómo poder saber cuando alguien ama bien o cuando alguien ama mal? ¿Un "apetito picaflor y promiscuo"? vaya, ¿cómo sabrá alguien que otro posee esta clase de apetito y cómo será este tipo de apetito picaflor y promiscuo?

El amor vuelto sueño y quimera pese a su esencia divina, debía buscarse entonces en otro lugar: donde pudiera comprarse. Entre lacayos, botones, chóferes o camareros, un amor venal para el que Marcel Proust no tuvo el menor inconveniente.

¿No tuvo inconveniente? De que cosas se viene a enterar una. Creo que hay que tener cuidado con lo que Umberto Eco llama Sobreinterpretación.

28 de julio de 2007

Homenaje a Cri-Cri

Me da mucho gusto que la 18ª Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil, cuyas actividades se desarrollarán hasta el domingo 5 de agosto en Xalapa, esté dedicada al inolvidable compositor y músico veracruzano, y máximo exponente de la música infantil en México, Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri.

No existe un niño mexicano que a partir de 1934, a la fecha, no conozca (y cante) las canciones-cuentos del grillito cantor, Cri-Cri, muchas generaciones a las que dio y dará alegría. Yo crecí escuchándolas, una de las que más me gusta es El ratón vaquero, es la del video (y aquí pueden escuchar varias canciones con sólo picar en el título, tienen los mp3. Ojalá tuvieran un tiempito para oirlas, pasarían una tarde deliciosa). Cri-Cri le canta al chorrito de agua, a la patita, a la muñeca fea, a las letras, al negrito sandía, a la tarde de lluvia, al comal y la olla, y a tantas y tantas cosas más. El autor de este simpático y travieso grillito es precisamente Francisco Gabilondo Soler (1907-1990), más conocido como Cri-Cri.

Por cierto, nuevamente Xalapa será el escenario del JazzFest, Seminario & Encuentro Internacional de Jazz, que se celebrará del 3 al 11 de agosto y que busca promover, preservar y fortalecer una de las formas artísticas más importantes de la música contemporánea: el jazz. Considerado como uno de los acontecimientos educativos y culturales más importantes de la Red Nacional de Festivales en México, el encuentro número ocho tendrá como sedes a la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana, el café-teatro Tierra Luna y el Teatro del Estado, en cuyo marco reconocerá a Agustín Bernal con la medalla Juan José Calatatayud, como ícono del jazz.

27 de julio de 2007

Filme mexicano en lengua indígena en Venecia

La película Cochochi, producida por Canana Film, propiedad de los actores mexicanos Gael García y Diego Luna, fue seleccionada para participar en la Muestra Internacional de Cine de Venecia, anunciaron hoy portavoces. Cochochi del realizador mexicano Israel Cárdenas y su esposa la directora dominicana Laura Amelia Guzmán, fue seleccionada para participar en la sección "Orizzonti" de esta Muestra que se realizará del 29 de agosto al 8 de septiembre.

Esta sección se concentra en mostrar trabajos innovadores y arriesgados, intentando recoger las nuevas tendencias del cine internacional. La película narra la historia de dos hermanos rarámuris (indígenas del norte de México también llamados tarahumaras) Evaristo y Tony, quienes buscan el caballo de su abuelo, el cual perdieron irresponsablemente. Los protagonistas son niños de la zona, quienes a lo largo de un año de ensayos se prepararon para la película, coproducción entre México, Inglaterra y Canadá. La producción ejecutiva es de Diego Luna, Gael García, Robert Bevan, Cyril Mégret, Robin Fox, Amina Dasmal y Parviz Yazdani.

Los tarahumaras, (Rarámuri), viven de una forma semejante a sus antepasados hace cientos de años, dependen de la tierra para su sustento. Una sequía de casi una década ha desbaratado el equilibrio precario de esta cultura agraria de 60,000 habitantes, más o menos. Viven en Chihuahua, en esta zona. Chihuahua es el Estado más grande de la República Mexicana. Se encuentra localizado en la parte norte de México y hace frontera con el sur de los Estados Unidos. Hacia el sur-oeste de la capital del Estado se encuentra uno de los sistemas de montañas más importantes de México, conocido como la SierraTarahumara.

Imagen: Niña tarahumara (Rarámuri)

26 de julio de 2007

Prosa temprana y obras póstumas publicadas en vida, de Musil

Una excelente noticia es que la Editorial Sexto Piso pondrá en circulación Prosa temprana y obras póstumas publicadas en vida que, dice, "es una especie de homenaje que recoge buena parte de la obra de uno de los principales escritores del siglo xx, Robert Musil, en una nueva y esmerada traducción.

Este volumen contiene Las tribulaciones del estudiante Törless, primer gran éxito de Musil, novela en la que mediante el joven Törless —quien se ha convertido en un personaje emblemático de una época— Musil explora con maestría la vida en un internado militar de una sociedad aristocrática, a través de la mirada de un adolescente de gran sensibilidad e inteligencia. El lector también hallará los dos relatos que conforman Uniones, segundo libro de Musil, cuyo tema común es la infidelidad y cómo se puede pasar del amor más absoluto e incondicional a ésta en tan sólo unos instantes, sin que ello necesariamente sea algo contradictorio. La selección de la prosa temprana de Musil la concluye Tres mujeres, texto formado por tres relatos en los que Musil explora con profundidad la psicología femenina con su incisiva pluma. El volumen lo cierran las Obras póstumas publicadas en vida, compuestas por magistrales estampas y retratos de situaciones en apariencia tan insignificantes como la desesperada lucha de una mosca por escapar del papel matamoscas, narradas con la meticulosidad y profundidad que caracterizan la obra de Musil, y de las cuáles él mismo nos dice en la introducción: «Existen algunos legados poéticos que constituyen grandes regalos; pero, por lo general, las obras póstumas presentan una sospechosa semejanza con las liquidaciones por cierre de librerías. La popularidad de la que, no obstante, gozan, podría provenir del hecho de que el mundo de los lectores siente una excusable debilidad ante un poeta que reclama su atención por última vez. Como quiera que sea y cualquiera que fuere la respuesta a la pregunta de cuándo una obra póstuma tiene valor y cuándo no: decidí, en todo caso, impedir la publicación de mis obras póstumas antes de que llegara el momento en que ya no lo pudiera evitar. Y la forma más confiable de hacerlo es publicarlas yo mismo estando en vida; se entienda o no»".

Paradigmas de la palabra: Voces del mestizaje

A la llegada de los españoles a México muchas cosas fueron difíciles, el choque de dos culturas tan diferentes trajo como consecuencia profundos problemas. Por ejemplo, como dice Noemí Quezada en Amor y magia amorosa entre los aztecas: "las concepciones mismas de "erótico", de "sexual" y de "amoroso" son difícilmente aplicables a la sociedad azteca. Sabemos que en el mundo occidental tales conceptos son el resultado, en la Edad Media por ejemplo, de una fuerte presión moral del cristianismo con un obvio fondo precristiano. Localizar las categorías del pensamiento propiamente mexica en este terreno, supone de nuestra parte, una actitud crítica con el fin de evitar usar con respecto a un conjunto cultural complejo, conceptos que no le pertenecen". La cristianización fue otro aspecto muy duro de imponer, al igual que la exportación de cualquier ideología cuando es impuesta por encima de la ya existente. Y la lengua, vaya dificil que fue ésto. En el Archivo de Indias está registrado una de tantas acciones que dice mucho sobre este aspecto: Hernán Cortés quería a como diera lugar el tesoro real de Cuauhtémoc, el último emperador azteca. Al no conseguirlo lo apresó y junto a otros dos jerarcas los torturó quemándole los pies, pero ni así dijeron adónde estaba. A la muerte de Cuauhtémoc, Cortés mandó llamar a un trabajador cercano de Cuauhtémoc, al tenerlo en frente le preguntó adónde estaba dicho tesoro. El mexicano no sabía hablar "la castilla", hablaba el Náhuatl, obviamente, su lengua, (así como el soldado la suya) y no entendía lo que Cortés le preguntaba. Fuera de sí, furibundo ante el silencio del entrevistado que lo veía aterrorizado, Cortés sacó su espada y le atravesó el vientre con su arma. El mexicano se fue al suelo muy herido y, cuenta Bernal Díaz del Castillo, uno de los sacerdotes misioneros lo tomó en sus brazos y le dijo: "Vas a morir, arrepiéntete de no ser cristiano y adorar a ídolos, y muere en la única religión verdadera". El mexicano murió sin saber qué había pasado ni por qué lo asesinaban.

Si bien la conquista española significó un choque en el que se impuso la lengua castellana, también existió un importante esfuerzo por conocer, estudiar y sistematizar las lenguas indígenas del continente americano. Así lo muestran los cientos de objetos, facsímiles y documentos originales que conforman la exposición Paradigmas de la palabra. Gramáticas indígenas de los siglos XVI, XVII, XVIII, que acaba de ser inaugurada en el Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec. Esta exhibición revela cómo las ordenes franciscanas, los dominicos, los agustinos y los jesuitas tuvieron una participación muy importante en el estudio de las lenguas de los habitantes de América, pues existe una cantidad abrumadora de estudios gramaticales y lingüísticos.

“El intento de gramatizar una lengua es el intento de perpetuarla”, señala la investigadora Mercedes Suárez, Fundadora y directora de la Aula de Lengua y Cultura Española, en Madrid, y encargada de curar la exposición. Ella explica que esta muestra refleja que formamos parte un mestizaje histórico que no es meramente biológico, sino que tiene un contenido afectivo, cultural y vital. En el Castillo de Chapultepec se podrán observar invaluables piezas como el libro La gramática de Nebrija (de 1492), incunables, ediciones príncipe de las primeras imprentas americanas, ilustraciones indígenas y renacentistas, códices del siglo XVI, manuscritos y ejemplares de carácter barroco y gótico (como La imitación de Cristo, en lengua náhuatl del siglo XVI), además de lienzos, tallas en madera policromada, estelas en piedra y objetos de cerámica.

Durante la presentación de la exposición ante los medios informativos, el embajador de España en México, Carmelo Angulo, señaló que es indiscutible que los primeros viajeros que iban llegando a América quisieron imponer el castellano como lengua oficial. “Pero también fue una sabia decisión que optaran por estudiar y aprender las lenguas autóctonas, así se crearon las cátedras de las lenguas nativas”. El director del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Alfonso de Maria y Campos, precisó que esta exposición fue enriquecida con pinturas y objetos del acervo histórico del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), así como con una veintena de gramáticas de los pueblos indígenas de México. Paradigmas de la palabra. Gramáticas indígenas de los siglos XVI, XVII, XVIII, que anteriormente se exhibió en Medellín, Colombia, en el marco del decimotercer Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua, permanecerá en el Castillo de Chapultepec hasta el 14 de octubre de 2007.
Es una muy interesante exposición, con documentos y muestras de arte muy importantes.

Leer por favor: Nahuatlismos.

Opera Moctezuma

Aunque su estreno fue en 1733, en el teatro Ángelo, y marcó el regresó de Vivaldi a la ópera veneciana, estuvo 270 años en el olvido.

En 2002, la partitura de la ópera Moctezuma, de Antonio Vivaldi, salió de su olvido al ser redescubierta entre un archivo alemán que había desaparecido cuando las tropas rusas invadieron Berlín.

La obra protagoniza la VII edición del Festival Internacional de Verano Viva Vivaldi, al presentarse por vez primera en ópera en el continente americano, ya que sólo se conocen algunas escenificaciones en Europa, si bien a principios de año se difundió en México en forma de concierto.

Reaparecida de manera incompleta –le hacían falta alrededor de 10 escenas–, Michael Meissner fue el encargado de completar la obra para su montaje en el Teatro de la Ciudad, quien contrario a intentos anteriores, se propuso elaborar su propuesta a partir de música original del compositor italiano que quizá “sea, hoy día, el compositor más querido en el mundo, por su don para comunicar con su música.”

De acuerdo con el organizador del Festival y también director de orquesta, cuando se estrenó la pieza, en 1733, tuvo un gran éxito como parte de la moda del exotismo barroco, aunque más allá de eso posee una profundidad de invención y de visualización de la situación en aquel México.

“Las voces más importantes de la obra son graves, bajo y contralto, lo que refleja la seriedad de Vivaldi al crearla. Se trata de una obra de trascendencia nacional, porque se estrena en el mismo lugar donde sucedieron los hechos históricos.”

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Más información: Moctezuma, en la mirada de Europa.

Pedro Páramo, por Susan Sontag

Pedro Páramo

"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo". Con las oraciones iniciales de Pedro Páramo de Juan Rulfo, al igual que con el comienzo de Michael Kohlhaas, la novela corta de Kleist, y de La marcha de Radetzky, la novela de Joseph Roth, nos sabemos en manos de un narrador magistral. Estas frases cautivadoras, que por su concisión y franqueza atraen al lector hacia el libro, tienen una suerte de bruñido, de algo ya dicho, como el comienzo de un cuento de hadas.

Pero la diáfana apertura del libro es apenas la primera jugada. En efecto, Pedro Páramo es una narración mucho más compleja de lo que hace suponer su inicio. La premisa de la novela -una madre muerta que lanza a su hijo al mundo, la busca de un hijo en pos de su padre- se convierte en una estancia coral en los infiernos. La narración se ubica en dos mundos: la Comala del presente, hacia la que viaja Juan Preciado (el "yo" de las primeras oraciones), y la Comala del pasado, el pueblo de los recuerdos de su madre y de la juventud de Pedro Páramo. La narración alterna la primera y la tercera personas, el presente y el pasado. (Las grandes narraciones no sólo están contadas en pretérito, sino que versan sobre el pretérito). La Comala del pasado es un pueblo de gente viva. La Comala del presente está habitada por los muertos, y los encuentros de Juan Preciado cuando llega a Comala son con ánimas. Páramo es la llanura árida, la tierra yerma. No sólo el padre al que busca está muerto, sino todas las demás personas del pueblo. Como están muertos, no tienen nada que expresar sino su esencia.

"Hay muchos silencios en mi vida -dijo Rulfo alguna vez-. Y también en lo que escribo."

Rulfo ha recordado que albergó Pedro Páramo en su interior muchos años antes de que supiera cómo escribirla. Más bien redactaba cientos de páginas que después desechaba: alguna vez calificó su novela como un ejercicio de eliminación. "La práctica de escribir los cuentos me dio disciplina -señaló-, y me hizo darme cuenta de que era necesario desaparecer y dejar que mis personajes fueran libres de hablar como quisieran, lo que causó, al parecer, una falta de estructura. Sí hay estructura en Pedro Páramo, pero es una estructura hecha de silencios, de hilos sueltos, de escenas cortadas, en la que todo ocurre en un tiempo simultáneo que es un no tiempo".

Pedro Páramo es un libro legendario de un escritor que, en vida, también se convirtió en leyenda. Rulfo nació en 1917, en un pueblo del estado de Jalisco; llegó a la Ciudad de México cuando tenía quince años, estudió Derecho en la universidad y comenzó a escribir, aunque no a publicar, a finales de los años treinta. Sus primeros relatos aparecieron en revistas en los años cuarenta, y en 1953 vio la luz una colección de cuentos. Se tituló El llano en llamas. Dos años después apareció Pedro Páramo. Los dos libros establecieron la originalidad y autoridad de una voz sin precedente en la literatura mexicana. Callado (o taciturno), cortés, quisquilloso, docto y sin pretensión alguna, Rulfo fue una suerte de hombre invisible que se ganaba la vida con medios completamente ajenos a la literatura (durante años fue vendedor de neumáticos), que se casó y tuvo hijos y que pasó casi todas las noches de su vida leyendo ("viajó en los libros") y escuchando música. También fue enormemente célebre y venerado por sus colegas. Es raro que un escritor publique sus primeros libros cuando ya media los cuarenta años, y más raro aún que esos primeros libros sean reconocidos de inmediato como obras maestras. Y es más raro todavía que tal escritor nunca publique otro. Una novela titulada La cordillera fue anunciada por el editor de Rulfo durante muchos años, desde principios de los sesenta, pero el autor la dio por destruida pocos años antes de su muerte en 1986.

Todos le preguntaban a Rulfo por qué no publicaba otro libro, como si la meta de la vida de un escritor fuera seguir escribiendo y publicando. En realidad, la meta de la vida de todo escritor es producir un gran libro -es decir, una obra perdurable-, y es lo que hizo Rulfo. No merece la pena leer un libro una vez si no merece la pena leerlo muchas veces. García Márquez ha señalado que después de descubrir Pedro Páramo (que con La metamorfosis de Kafka fue la lectura más influyente de sus primeros años como escritor) podía recitar extensos pasajes de memoria, y que a la postre llegó a recordarlo enteramente: tanto lo admiraba y quería saturarse de él.

La novela de Rulfo no es sólo una de las obras maestras de la literatura universal en el siglo XX, sino uno de los libros más influyentes del siglo; en efecto, sería difícil exagerar su influencia en la literatura en castellano durante los últimos cuarenta años. Pedro Páramo es un clásico en el sentido más cabal del término. En retrospectiva, parece un libro que tenía que haber sido escrito. Ha influido profundamente en la producción de la literatura y continúa resonando en otros libros. La nueva traducción de Margaret Sayers Peden, la cual cumple la promesa que le hice a Rulfo cuando nos conocimos en Buenos Aires poco antes de su muerte: que Pedro Páramo se publicaría en una versión en inglés precisa y sin cortes, es un importante acontecimiento literario. (1994)

Cuestión de énfasis figura entre las últimos trabajos de Susan Sontag, que ahora publica en México el sello Alfaguara. Se trata de una recopilación de ensayos sobre cuestiones literarias y artísticas que marcaron la centuria pasada. Con autorización de esa casa editorial, La Jornada ofrece un adelanto de esa obra que esta semana comenzó a circular en librerías del país.

25 de julio de 2007

La amistad: Maurice Blanchot

Maurice Blanchot, La amistad, trad. J. A. Doval Liz (Madrid: Trotta, 2007)

"Mi amistad cómplice: eso es todo lo que mi humor aporta a los demás hombres" (Georges Bataille)

¿Cómo aceptar hablar de este amigo? Ni para alabanza ni en interés de alguna verdad. Los rasgos de su carácter, las formas de su existencia, los episodios de su vida, incluso de acuerdo con la búsqueda de la que se sintió responsable hasta la irresponsabilidad, no pertenecen a nadie. No hay testigos. Los más cercanos no dicen más que lo que les fue cercano, no lo lejano que se afirmó en esa proximidad, y lo lejano cesa en el momento en que cesa la presencia. En vano pretendemos mantener, con nuestras palabras, con nuestros escritos, lo que se ausenta; en vano le ofrecemos el señuelo de nuestros recuerdos y una cierta figura nueva, la dicha de permanecer en la luz, la vida, la vida prolongada con una apariencia verídica. No pretendemos más que llenar un vacío, no soportamos el dolor: la afirmación de ese vacío. ¿Quién consentiría en aceptar su insignificancia, tan desmesurada que no tenemos memoria capaz de contenerla y necesitaríamos deslizarnos en el olvido para llevarla, el tiempo de ese deslizamiento, hasta el enigma que representa? Todo lo que decimos no tiende sino a ocultar la única afirmación: que todo debe desaparecer y que no podemos permanecer fieles más que velando por este movimiento que desaparece, al que algo entre nosotros, algo que rechaza todo recuerdo, pertenece desde ahora.

Sé que están los libros. Los libros permanecen provisionalmente, aun cuando su lectura debe abrirnos a la necesidad de esa desaparición en la se retiran. Los mismos libros remiten a una existencia. Esta existencia, porque ya no es una presencia, empieza a desplegarse en la historia, y la peor de las historias, la historia literaria. Ésta, investigadora, minuciosa, en busca de documentos, se apodera de una voluntad difunta y transforma en conocimientos su propia aprehensión de lo que le ha tocado en herencia. Es el momento de las obras completas. Se quiere publicarlo “todo”; como si no hubiera ya más que una prisa: decirlo todo; como si el “todo está dicho” debiera por fin permitirnos detener una palabra muerta: detener el silencio lamentable que viene de ella y retener firmemente en un horizonte bien circunscrito lo que la equívoca espera póstuma mezcla aún ilusoriamente con nuestras palabras de vivos. Durante tanto tiempo como exista el que nos es próximo y, con él, el pensamiento en que se afirma, su pensamiento se abre a nosotros, pero preservado con esa relación misma, y lo que lo preserva no es sólo la movilidad de la vida (sería poco), es lo que en ella introduce de imprevisible la extrañeza del fin. Y este movimiento imprevisible y siempre oculto en su inminencia infinita –el de morir quizá- no viene de que el término no puede estar dado por adelantado, sino de que no constituye nunca un acontecimiento que sucede, incluso cuando ocurre, nunca una realidad capaz de ser captada: inaprehensible y manteniendo hasta el final en lo inaprehensible a aquel que le está destinado. Es ese imprevisible el que habla cuando él habla, eso lo que oculta y reserva su pensamiento en vida, lo separa y lo libera de todas confiscación, tanto la de fuera como la de dentro (...)

Debemos renunciar a conocer a aquellos a quienes algo esencial nos une; quiero decir debemos aceptarlos en la relación con lo desconocido en que nos aceptan, a nosotros también, en nuestro alejamiento. La amistad, esa relación sin dependencia, sin episodio y donde, no obstante, cabe toda la sencillez de la vida, pasa por el reconocimiento de la extrañeza común que no nos permite hablar de nuestros amigos, sino sólo hablarles, no hacer de ellos un tema de conversación (o de artículos), sino el movimiento del acuerdo del que, hablándonos, reservan, incluso en la mayor familiaridad, la distancia infinita, esa separación fundamental a partir de la cual lo que separa se convierte en relación. Aquí, la discreción no consiste en la sencilla negativa a tener en cuenta confidencias (que burdo sería, soñar siquiera con ello), sino que es el intervalo, el puro intervalo que, de mi a ese otro que es un amigo, mide todo lo que hay entre nosotros, la interrupción de ser que no me autoriza nunca a disponer de él, ni de mi saber sobre él (aunque fuera para alabarle) y que, lejos de impedir toda comunicación, nos relaciona mutuamente en la diferencia y a veces el silencio de la palabra.
Quiero agradecer mucho al querido amigo Jio, este gran regalo. La amistad guarda 29 ensayos del narrador, ensayista y pensador francés. El último ensayo lleva el título que da nombre al libro. Transcribo un fragmento, es un bellísmo texto. "La desaparición de Georges Bataille se convierte para Maurice Blanchot en ocasión de pensar la amistad ligada a la inminencia de la muerte; de soportar la proximidad del amigo en el reconocimiento de una extrañeza paradójicamente común. A partir de la ausencia de centro que es para Blanchot la escritura, los ensayos que componen La amistad buscan hacerse cargo del movimiento infinito de la literatura y del «insensato juego de escribir». Sus temas van de la tarea del traductor al nacimiento del arte; del comunismo a la transgresión; del judaísmo al problema del lenguaje. Y hacen este recorrido leyendo a los escritores en sus obras y en su compañía: con Kafka y Char, Camus y Duras, Leiris y Paulhan, Bataille y Klossowski. En «la amistad libre, desapegada de todo lazo»".

22 de julio de 2007

Fruta verde: Enrique Serna

Enrique Serna, Fruta verde (México: Planeta, 2006)

Después de Ángeles del abismo, pensé que difícilmente Enrique Serna escribiría una novela mejor. Fruta verde no la superó, pero es igual de excelente. Enrique Serna es de los mejores escritores mexicanos en la actualidad y, les aseguro, de Hispanoamérica. Una de las cosas que más le admiro es el humor y la ironía que recorren su narrativa, son riquísimos estos aspectos, a veces humor negro y en otras sólo humor, un humor que te hace reir con ganas. Alguna crítica dice que "A partir de elementos autobiográficos Serna elabora en Fruta verde la historia ficticia de Germán Lugo, un aprendiz de escritor muy parecido a mí cuando yo tenía 18 años, pero estructurado dentro de una trama novelesca de la que resulta un personaje bastante diferente al original". No se realmente si es mitad novela autobiográfica, mitad novela de iniciación, mitad roman à clef, mitad novela de aprendizaje, novela intimista, gay, bisexual, de todo ello la han clasificado. De lo que sí estoy segura es de que es una estupenda novela.

En ella, en la novela, han pasado quince años desde la muerte de su madre cuando una madrugada el escritor Germán Lugo atiende un telefonazo de Toño, el secretario del afamado dramaturgo homosexual, Mauro Llamas. La triste noticia que recibe lo lleva a recordar su promesa de escribir su autobiografía y seguir el consejo de Flaubert de "desaparecer detrás de los personajes". Mauro le había sugerido que llevara por título, en homenaje a Gabo, Memoria de mis putos alegres, pero él decide ponerle Fruta verde, como el bolero del compositor mexicano Luis Alcaráz. "El mejor arte de amar se encuentra, dice Serna en una entrevista, en los boleros pero, aclaro, en los boleros pecaminosos y prostibularios, en la tradición de Alvaro Carrillo, Agustín Lara y Luis Alcaráz, que son los que siempre me han gustado, más que la rama del bolero fresa de la trova yucateca, de canciones para la noviecita, que ha seguido de manera nefasta Armando Manzanero, por ejemplo".

Cumple su promesa y escribe su autobiografía y nosotros empezamos a leerla. Germán Lugo es el hijo primogénito de Paula Recillas y Luis Mario Lugo, y nieto de dos refugiados españoles: por parte de padre, de don Jaime Lugo, un periodista aragonés que luchó contra el fascismo como director de La verdad, un periódico valenciano que se mantuvo fiel a la causa republicana hasta el fin de la guerra civil y de, por parte de madre, don Juan Recillas, un aguerrido minero asturiano que había perdido un brazo al defender el cuartel de Simancas, cuando los fascistas se sublevaron en Gijón contra el gobierno republicano.

Corren los últimos años de los setentas en México, Germán tiene 19 años y sus padres se han divorciado porque, dice Paula, "los hombres maduros más que jueces de belleza, parecen compradores de ganado: quieren terneras livianas, no reses viejas de carnes magras". Paula, uno de los personajes centrales, es una mujer guapa, cuarentona, con una moral cerrada, sumamente conservadora, adicta a la lectura y bailadora en esas reuniones que cada sábado tenían lugar en su casa adonde se juntaban sus amigas -otras conservadoras- y las jóvenes amistades de sus hijos (además de Germán, está Felix y Daniela). Paula, inicia desde muy pequeño a Germán en la lectura y el día que decide escribir un cuento y enviarlo a "La cantera", el suplemento cultural de El matutino, ella es quien se obstina en pasarlo a máquina "con el mismo empeño abnegado que había puesto en guardar su primer diente de leche". En el suplemento había un concurso semanal de relato corto con un premio de 400 pesos para el ganador. Así, cuando el jovencito lee que "La cripta" ha ganado este certamen:

Le pareció que su nombre rutilaba como en la marquesina de un teatro. Saltó de júbilo con el brazo en alto, en un festejo más futbolero que literario, y la vendedora del puesto de periódicos se le quedó viendo con extrañeza:
-¿Le atinó al gordo de la lotería?
-Sí, me saqué el premio mayor. Deme otros cuatro del mismo periódico.

Embebido en la contemplación de su cuento, un placer más maternal que narcisista, en el camino de vuelta a casa por poco se va de bruces al meter el pie en un hoyo de la banqueta. Caminó con más cuidado por medio de la calle, para evitar los manguerazos hostiles que podían mojar los periódicos.
La mitad de ese triunfo le correspondía a su madre por derecho propio, y por eso al entrar en la casa subió corriendo a buscarla.
-¡Ganamos, mamá! ¡Mira!
Paula soltó las agujas del tejido, sobresaltada, y al ver el suplemento pasó del asombro a la euforia.
¡Te lo dije, ese cuento vale oro!
-Feliciten a su hermano, que se va a ganar el Premio Nobel, -pronosticó Paula, exaltada.
-Ay, mamá, no te la jales -protestó Germán, con una sonrisa incrédula. Sólo gané un concursito.
-¿Y qué? Por algo se empieza ¿no?
Ríete de mí, pero tu vas a llegar muy alto.

Al mismo tiempo que Germán Lugo recibe su premio se da su ingreso a la universidad, a la carrera de periodismo, entrando en una admiración total por el marxismo. Paralelamente está decepcionado por el recién rompimiento con su novia, Berenice, quién lo engañó con uno de sus amigos. Parece ser que el trauma sufrido con la jovencita lo lleva a vivir una especie de confusión sexual. En su intento de independizarse entra a trabajar a una agencia de publicidad, aquí conoce a Mauro Llamas, un dramaturgo homosexual de 30 años que intenta seducir a Germán desde que lo conoce. Como los dos trabajan juntos las oportunidades de convivir son muy altas, además existe identificación intelectual entre ellos, Germán admira a Mauro no sólo porque es un hombre culto que ha recibido premios por sus obras, sino por el carácter del escritor, posee un gran sentido del humor y ha aprendido que la risa es la mejor medicina para huir del dolor.

El camino que recorren juntos es largo, Mauro intenta por todos los medios de seducirlo, a pesar de que Germán le ha dicho claramente que a él no le gustan los hombres. Pero vaya que el dramaturgo es persuasivo. Algunas cosas molestan de Mauro LLamas, especialmente esa manera de insistir e insistir, de ponerle trampas, de invitarlo a su casa a reuniones (con otros homosexuales), de tomar juntos, todo para que Germán se anime y "jale":

Cuando salió de la cocina con dos platos de spaghetti recalentado, Mauro encontró a Germán dormido en el sofá de terciopelo rojo. No le sorprendió su desplome, pues ya venía bostezando en el carro. De hecho, había calentado la comida para tratar de bajarle un poco la borrachera, porque si en su sano juicio manejaba mal, con tragos encima era un piloto suicida. Ya habían corrido riesgos de sobra esa noche. Después de todo lo que habían bebido en casa del maestro Soler, debieron dejar estacionado el volkswagen de Germán y tomar un taxi. De milagro no lo había visto la patrulla cuando se subió al camellón de avenida Chapultepec. A quién carajos se le ocurría soltar el volante para encender un cigarro. Lo peor de todo era que tampoco llevaba el volante de su propia vida. No se conoce a sí mismo ni sabe lo que quiere hacer con su cuerpo, pensó. Busca mi compañía porque lo hago feliz, pero ¿me quiere de verdad? En varios momentos de esa larga parranda hubiera podido jurar que sí. En el restaurante de chinos, por ejemplo. Cómo le brillaban los ojos al escucharme. Se desternilló de risa con la historia del matrimonio tabasqueño mal avenido que después de una bronca fuerte, para no infringir la ley del hielo, se lanzaba reproches por medio de mascotas o personas interpósitas: “¿Verdad, perro, que nunca hay camisas limpias en mi clóset, porque la señora de la casa es una huevona?”. Y la esposa respondía mientras acunaba al bebé : “Cariñito mío, prométeme que de grande, cuando te vayas de putas, no vas llegar con las camisas manchadas de colorete, ni le exigirás a tu mujer que las lave”. Según Germán son igualitos a su madre, sólo que ella habla con el retrato de su abuela para regañarlo, y me sugirió escribir una comedia donde todos los personajes hablaran así. Al calor de los tragos hasta le pusimos título: Las terceras personas. Es mi cómplice perfecto, cuando estoy con él las ideas me salen a borbotones, y a veces creo que nos leemos el pensamiento. Su admiración, su risa, su facilidad para entusiasmarse me alborotan la imaginación y las hormonas al mismo tiempo. ¿Pero de qué me sirve ser tan cautivador si no logro ni una caricia?

El alcohol tiene un papel importante en la novela, no sólo entre Germán y Mauro, también en la madre de Germán y en los asistentes a las fiestas que organiza Paula todos los sábados, así como en el grupo de amigos de Mauro, "la jaula de las locas", como lo llama el narrador.

Comentaba que Mauro Llamas es un personaje singular, con una vida nada fácil, y que en ocasiones molesta no sólo porque posee un gran cinísmo, sino por que su deseo de seducir a como de lugar a Germán, un jovencito de 19 años sin ninguna experiencia sexual, es un tanto patológico: su jefe y amigo, también homosexual, le pide por favor lo respete porque además de ser un lugar de trabajo viene recomendado por el dueño de la Agencia y si lo molesta hará que lo despidan. Pero a Mauro Llamas esto no le importa, esto ni nada, porque hasta la misma madre de Germán le importa un comino. Sabe que la madre de Germán sospecha que quiere hacerlo su amante y que le ha advertido a su hijo que tenga mucho cuidado, pero la hace a un lado, más bien aprovecha el estado anímico de Germán para obtener sus fines. Después de lograr su objetivo divulga, con quien puede, el "trofeo" conseguido. La escena se desarrolla en la casa de Mauro Llamas que platica con Germán Lugo, quien nos relata lo ocurrido:

-Oye Germán, ¿nunca te vas a enamorar de nadie?
-Quien sabe -respondí a la defensiva. Por ahora no me ha ocurrido.
-¿Pero tu quieres enamorarte?
-Sí, me gustaría, pero eso no depende de la voluntad.
-¿Y no crees que haga falta poner algo de tu parte?

(Mauro se levanta a cambiar el disco):

El bolero que puso, tierno y lascivo a la vez, me distendió los nervios como una inyección de morfina:

En el cercado ajeno provocaba,
era fruta y mujer,
la mordí cuando menos lo pensaba, pero fue sin querer...

-Qué preciosa canción y qué voz tan cachonda.
-Es Fruta verde, de Luis Alcaráz, cantada por Ana María González.
Seguí escuchando con embeleso, transportado a un edén prohibido, con manzanos y naranjos en flor, donde una ninfa desnuda bebía agua en un arrochuelo.

Sabor de fruta verde,
de fruta que se muerde
y deja un agridulce de perversidad,
boca de manzana, boquita que reza,
pero que si besa
se vuelve mala mala...

Mauro, atento al menor de mis gestos, se sintió autorizado a ponerme la mano en la rodilla, una mano ligera como un guante que por una extraña flojedad del ánimo no me incomodó en absoluto. Sólo atiné a reaccionar cuando la mano se deslizó muslo arriba hasta rozarme las ingles.
-Espérame -me quejé con voz débil-, estate quieto.

Este es el inicio del logro de una seducción que le llevó años conseguir a Mauro Llamas. Mientras tanto, en casa de Germán, la madre lucha contra la pasión que ha despertado en Pável, un jovencito amigo de su primogénito quien le hace llegar una carta confesándole su amor, misiva que inicia con "Querida tía" y termina firmando como "Varguitas" (aludiendo a la relación amorosa de Vargas Llosa con su tía, Julia Urquidi, con quien se casa. Después se divorcia de la tía y se casa con su prima, Patricia Llosa). La rígida moral de Paula Recillas hace que rechace totalmente a Pável, no sin lamentarlo al pasar de los años, cuando percibe que la vida es algo más que reglas morales... Ha pasado el tiempo y ya enferma, bailando en sus fiestas sabatinas con una bolsa de orina en la mano, le dice a su hijo Germán:

-Hace años tuve un pretendiente de tu edad
-¿Amigo mío? ¿Se puede saber quién era?
No te lo voy a decir. Se dice el pecado, pero no el pecador.
¿-Y a ti te gustaba?
-Mucho -murmuró ruborizada-. Pero nunca tuve nada con él. No podía hacerle eso a mis hijos.
-Pues yo te hubiera felicitado (...)
-Hubiera sido ridículo que a mi edad y después de tanto predicar la decencia, me hubiera pasado al bando de las harpías.

Si se hubiera visto al espejo en ese momento, reducida a un pinsajo de carne, con las mejillas colgadas de los maxilares, tal vez se habría reído de sus pudores. Recordé una línea de López Velarde: "el gusano roe virginidades y experiencias", pero no me atreví a citrarla por temor a ser cruel.

En los últimos veinte años, Germán Lugo tuvo un largo matrimonio con Julia, la madre de su única hija, en el aquí y ahora narrativos es un escritor afamado y vive con una excelente persona, Renata, en unión libre. De aquellos años vividos jamás olvidará su apodo, "Sor Juana", tampoco a Mauro Llamas, su gran amigo, maestro, y seductor. Ni tampoco, que lo que une a Mauro LLamas, a su madre, y a él, es el bolero Fruta verde, de Luis Alcaráz.

16 de julio de 2007

Una soledad demasiado ruidosa: Bohumil Hrabal

Una soledad demasiado ruidosa, HrabalBohumil Hrabal, Una soledad demasiado ruidosa, Trad. Monika Zgustová (Barcelona: Destino, 2001)

El oficio de Hanta, el protagonista de la novela, es prensar libros y reproducciones de cuadros. Lleva treinta y cinco años trabajando en una trituradora de papel, "embadurnándose de letras", como él dice, y siendo culto a pesar de él mismo. Ya no sabe qué ideas son suyas y cuáles ha adquirido leyendo, y es que durante estos treinta y cinco años se ha fusionado con el mundo que lo rodea, aunque más que leer, Hanta:

Tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mi, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis venas hasta hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos.

Prensa unas dos toneladas por mes, y para tener fuerza en la realización de su trabajo toma cerveza, ha bebido tanta que "con ella se podría llenar una piscina olímpica o una buena cantidad de viveros de carpas navideñas". Prensa libros sin hacer caso ya de los ratoncitos que caen a la máquina, "nidos enteros, familias enteras de ratoncitos ciegos protegidos por su madre que salta dentro de la prensa para acompañar a sus pequeños, que se queda allí y comparte el destino del papel viejo y de los clásicos".

El prensador de libros vive en un país que sabe leer y escribir desde "quince generaciones atrás", vive en "un antiguo reino donde siempre ha persistido la costumbre y la obsesión de atiborrarse pacientemente la cabeza con ideas e imágenes que aportan un goce indescriptible y un dolor más grande aún", vive "envuelto entre personas dispuestas a dar incluso la vida por un paquete de ideas bien prensadas". Cada anochecer se dirige a su casa después de un día arduo de trabajo, va por las calles inmerso en una profunda meditación y con varios libros guardados en su cartera, son los libros que ha salvado de morir en la prensa y de los cuales espera le expliquen algo sobre sí mismo, algo que todavía desconoce:

Hace treinta y cinco años que hago paquetes de vieja papelería, tachando los años, los meses y los días que faltan para que me jubile, para que nos jubilemos mi prensa y yo, cada anochecer me traigo libros en la cartera, y mi piso, en una segunda planta, en un barrio de las afueras de Praga, está lleno a reventar de libros y más libros, el sótano y el cobertizo se han quedado pequeños.
Hanta ha llenado de libros la cocina, la despensa e incluso el baño, solamente deja caminos libres hacia la ventana y hacia la estufa, en el baño apenas tiene el espacio justo para sentarse porque encima de la taza ya empiezan los estantes llenos de libros que llegan hasta el techo, quinientos kilos de libros, "bastaría, dice Hanta, un gesto imprudente a la hora de sentarme para que media tonelada de libros se deslizase, se derrumbase y me aplastase con el pantalón en los tobillos. En el wáter no cabe ni un libro más, y por eso hice colocar más estanterías entre las dos camas que hay en la habitación; así he creado una especie de dosel para la cama, y encima de ella, hasta el techo, se erigen cantidades enormes de libros, dos toneladas de libros que he ido amontonando allí durante treinta y cinco años, y cuando duermo, las dos toneladas de libros pesan sobre mis sueños como una inmensa pesadilla; a veces cuando me giro imprudentemente o grito en sueños y hago un movimiento brusco, me asusto y con horror presto oídos para saber si los libros se están desmoronando, tengo la impresión de que basta un leve roce de mi rodilla o un grito para que se precipite sobre mí, como un alud, toda aquella montaña que hay encima del baldaquín".

En Una soledad demasiado ruidosa nos adentramos al amor inmenso por los libros, por la literatura, por esa admiración que Hanta tiene por Hegel, Nietzsche, Novalis, Lao-Tse o Kant, y todo este amor nos llega a través de una fina prosa plagada de imágenes poéticas (es hermoso cuando el narrador nos cuenta el episodio de la gitana), descripciones maravillosas de Praga, interesantes anécdotas que rodean la vida de Hanta y que nos cuenta mientras recuerda sus años de juventud y acude a las cervecerías para contar sus congojas habituales.

Muy joven, Bohumil Hrabal abandonó la lujosa residencia de sus padres para instalarse en una pequeña casa de las afueras de Praga que ni siquiera tenía baño; después, ya maduro, se trasladó a una casa de campo donde no disponía de agua corriente. Por lo demás, bebía diariamente grandes cantidades de la justamente afamada cerveza checa en su taberna favorita, donde departía con los que se acercaban a él. Tras la Segunda Guerra Mundial desempeñará los más variados oficios, desde prensador de papel hasta ferroviario, pasando por tramoyista y trabajador de los altos hornos. El 2 de febrero de 1997 falleció al caer por una ventana de la clínica donde recibía tratamiento (quería darle de comer a las palomas). Como relatará Monika Zgustová, "antes de partir hacia lo desconocido se vistió solemnemente con sus viejos pantalones texanos, que tanto apreciaba".
La portada del libro es excelente, es de Luis Crespo. Busqué sus ilustraciones, pero sin éxito.

Romendación: Bohumil Hrabal, y el espíritu del siglo XX.

6 de julio de 2007

Cuerpo y espíritu: Robert Musil

Fuertes las palabras de Robert Musil en Cuerpo y espíritu:

Cualquier observador capaz de prestar un poco de atención a sus semejantes y que esté dotado de un sentido del olfato comparable a ese interés, habrá podido notar más de una vez que, entre aquellos que son aficionados a los asuntos intelectuales, se da una falta de afición inversa a ocuparse de su otro yo, de ese cuerpo físico que sostiene su espíritu. Parecería como si el esfuerzo empleado en alimentar su espíritu, o tal vez el ardor con el que se entregan a las musas, les hiciera sudar de manera desmesurada e incontrolable. O tal vez sucede que pertenecen a una extraña secta cuyo lema es Mens sana in corpore putrido.

Escritos póstumos publicados en vida.

5 de julio de 2007

Attila József

Agradezco mucho al señor Darida Károly, de Oktatási és Kulturális Minisztérium de Budapest, este hermoso regalo: Corazón Puro (1), la poesía de Attila József, reconocido actualmente como el más grande poeta húngaro del siglo XX.

Attila József nació en Budapest en 1905. De familia humilde, consiguió una beca que le permitió estudiar filosofía y letras en Szeged, Viena y París. Al volver de esta ciudad se afilió al ilegal Partido Comunista húngaro, de donde su marxismo crítico hizo que se le expulsara en 1932. En esa fecha editó una efímera revista literaria, Valósag, y en 1936 fue cofundador de otra revista, Szép Szó, donde publicara sus versos. Cuando se suicidó, abatido por las privaciones, la fatiga y el desequilibrio nervioso, en las cercanías del lago Balatón en 1937, todos sus poemas se recogieron en la colección Összes versei és müforditásai (Todos los poemas y traducciones, 1939).

Attila József refleja en sus versos, con melancólico realismo, un mundo signado por la injusticia ante el cual el poeta se inclina con emocionada ternura, tomando partido por los que sufren y por el proletariado, pletóricos de fuerza en la belleza de su canto.

He escogido algunos poemas de este gran poeta para compartirlos con ustedes:

SALUDO A THOMAS MANN (2)

Como el niño que ya quisiera descansar
y ha llegado a la calma del lecho del hogar
y todavía pide: “¡No te vayas y cuenta!”
(que así la oscura noche no lo asirá violenta),
mientras su corazón palpita atormentado
sin saber qué prefiere, si estar acompañado
o escuchar que le cuenten historias formidables,
nosotros te pedimos que te sientes y hables.
Háblanos como ayer, aunque no lo olvidamos.
Di que estás con nosotros y nosotros estamos
contigo, todos los que respetamos tu nombre
y tenemos problemas a la altura del hombre.
Tú que sabes muy bien que el poeta no miente,
háblanos de la luz que brilla en nuestra mente
y, allende lo real, muéstranos la verdad.
Así juntos podemos vencer la oscuridad.
Has que, como Hans Castorp, que veía a través
del cuerpo de madama Chauchat,
podamos escrutarnos en esta noche.
Por tu hablar melodioso no pasa el ruido.
Háblanos de lo malo y hermoso,
que del luto al anhelo pueda el pecho ascender.
Al pobre Kosztolányi (3) enterramos ayer
y, como abrió en su cuerpo el cáncer un abismo.
Estados-Monstruo roen sin tregua al humanismo.
¿Qué más vendrá, inquirimos –las almas de horror plenas-,
de dónde nos azuzan nuevas ideas-hienas?
¿Hierven nuevos venenos que quieren infiltrarnos?
¿Y hasta cuando habrá un sitio en que puedas hablarnos?
Queremos que, al oírte, no nos abandonemos
y que todos los hombres como tales quedemos,
y que nuestras mujeres sean libres y hermosas
-todos seres humanos- pues ahora estas cosas escasean.
Maestro, siéntate y haz tu cuento.
Te escuchamos. Y algunos estarán muy contentos
no más que de mirar, aquí frente a estos bancos,
a un europeo entre los blancos.

(1) Edición auspiciada por el Proyecto Cultural Sur y el X Festival Internacional de Poesía de La Habana, con la cooperación del Ministerio de Patrimonio Cultural de la Repúplica Húngara, la embajada de Hungría en Cuba y por el empeño del poeta e hispanista magiar András Simor, en ocasión del centenario del poeta en 2005. Traducción del poeta cubano Fayad Jamís, Prólogo de András Simor.

(2) Este poema debía ser leído por su autor, a nombre de la redacción de la revista Szép Szó, como saludo a Thomas Mann con motivo de la conferencia que éste pronunció en el Teatro Húngaro de Budapest el 13 de enero de 1937. El departamento político del Ministerio del Interior, enterado del asunto, dio órdenes a la policía para que impidiera la lectura de la poesía a causa de la alusión que en ella se hace a los Estados fascistas. La poesía fue publicada en el número de febrero de aquel mismo año en la revista Szép Szó.

(3) Dezsó Kosztolányi (1885-1936) célebre narrador, ensayista y poeta húngaro.

MI MADRE

Tomó en sus manos el tazón
un domingo al atardecer,
sonrió en silencio
y se sentó un rato en la penumbra.

En una olla pequeña trajo a casa
la ración que le dieron los señores,
y al acostarnos yo pensé
que ellos se comen la cazuela entera.

Mi madre era menuda, murió pronto
porque las lavanderas mueren pronto;
la carga hace temblar sus piernas
y la cabeza les duele de planchar.

¡Qué paisaje el montón de ropa sucia!
y el vapor como un juego de nubes sosegante.
Y para la lavandera
cambiar de aire era irse al desván.

La veo, se detiene con la plancha.
El capital desvencijó su frágil estatura
cada vez más delgada
¡Piensen en ello, proletarios!

De tanto lavar su espalda se encorvó.
Yo no sabía que mi madre era tan joven.
En su sueño llevaba un limpio delantal,
y el cartero entonces la saludaba.
Una vida muy dura... sin duda: “¡No hago pactos! ¡Déjenme ser feliz!”, "Attila József, o una lucidez desesperada", por Rafael Ojeda

4 de julio de 2007

Antonio Pérez Morte

Antonio Pérez Morte, nació en 1960 en Zuera (Zaragoza). Poeta autodidacta, ha publicado cinco poemarios y ha sido incluido en más de una veintena de antologías y libros colectivos, entre ellos Vento/Viento, Antología de poesía Ibérica, (Salamanca: Editorial Celya, 2004). Ha colaborado en numerosas publicaciones: Rolde, Trébede, Siete de Aragón, Qriterio aragonés, Heraldo de Aragón, El periódico, La Expedición, Poesía por ejemplo, Cuadernos del matemático, El grito, Almiar, Mil y una historias.... Asimismo, es biógrafo de Odón de Buen y del Cos, el hombre que inventó la oceanografía en España y que era de su pueblo. Además de ser una magnífica persona y una gran mantenedor de las relaciones entre quienes escribimos en los blogs, intenta con entusiasmo divulgar la poesía a los cuatro vientos.

Poemas:



CIERZO

Caminamos en la noche tras la luz de un verso,
con él encendimos los recuerdos:
Los recuerdos encendidos que siempre ardieron.
Charlamos al amor del fuego, del fuego del amor.
Luego llegó el día:
El cierzo arrastró las cenizas,
Borró las huellas del incendio.

(Vento/Viento -Antología de la Poesía Ibérica- Celya, Salamanca, 2004)


NÓMINA POÉTICA ARAGONESA

Para mis amigos poetas

Tomaré de Seral el amor a la palabra,
de Pinillos pasión, fortaleza y constancia.
La humildad, la intuición de Lucianico Gracia,
para cantar cada día con su voz asombrada.

La verdad de Ildefonso, sus dudas más largas.
La soledad de Guillermo, siempre solidaria.
Con Miguel me hundiré en sus preguntas eternas,
cuando huya con “sumido” a una isla desierta.

De Luesma, la luz, la sed… la tristeza
de cantar Aragón, Sinfonía Incompleta.
De Labordeta la rabia y también la ternura
de quien canta por amor y por amor denuncia.

De Julio Antonio el amor, amores de leyenda,
de Navales elegancia y de Ferreró belleza.
La rebeldía de Guinda, su palabra desnuda.
De Rosendo, paisajes, reflexiones y fábulas.

La experiencia de Alegre, el misterio de Prat.
La memoria de Rodríguez, la artesanía de Trisán.
La nitidez de Vallés, la construcción de Esquillor,
la utopía entrañable de Emilio Gastón.

La rotundidad de Petisme, la sencillez de Teresa,
el compromiso de Rey y la esperanza de Serna.
De Ciordia ironía, transparencia de Blancas.
La hondura de Vilas y la amargura de Salas.

La fuerza de Andú, de Saldaña su magia.
La melancolía de Antón, de Alcubierre nostalgia.
De Lasala, sin duda, las confesiones más tiernas
y también la emoción y la inquietud de Sopeña.

(Antología de la Nueva Poesía Hispanoamericana, XII Edición, Lord Byron, Febrero de 2006)