27 de marzo de 2006

El sobrino de Wittgenstein: Bernhard

"Amistad es comportarse con el amigo como consigo mismo", dice Aristóteles, enlazando la amistad con la virtud. En El sobrino de Wittgenstein de Thomas Bernhard, publicada en Anagrama, la amistad de dos amigos es el eje temático de donde se desprende, como red de cocuyos, la locura, la muerte, la soledad, el amor, la enfermedad, la literatura en sí misma. La obra ¿es una novela? ¿un ensayo literario? ¿un ensayo filosófico? ¿una autobiografía? Difícil, e inconveniente, encerrarla en un solo género, podría decir que se trata de literatura híbrida, un diálogo entre géneros.

Todo inicia dos años después de la muerte de Paul Wittgenstein, el sobrino del filósofo Ludwing Wittgenstein, cuando teniendo en cuenta "el frío de enero y el vacío de enero en su casa", el escritor Thomas Bernhard decide llevar al papel la imagen que él tiene de su querido amigo Paul, "y no otra". De esta forma el narrador nos cuenta una historia que nos hace tocar el dolor, la ternura, la ironía de la vida con sus tristezas, alegría, nostalgias, siempre con base en el reconocimiento a un amigo y la importancia de éste en la vida y en su vida:

Paul y yo éramos bastante parecidos (...) Mientras yo estaba en el pabellón Hermann mi amigo Paul estaba a unos doscientos metros en el pabellón Ludwig, el cual, sin embargo, no pertenecía como el pabellón Hermann al departamento de pulmón, sino al manicomio.

De lo que primero nos enteramos es el momento en que Paul Wittgenstein y Thomas Bernhard se encuentran en un hospital, sólo que están en pabellones diferentes. "Paul, dice, se volvió loco porque, de repente, se enfrentó con todo y, como es natural, se vio derribado, lo mismo que yo me vi derribado un día porque, como él, me enfrenté con todo, sólo que él se volvió loco por la misma razón por la que yo me volví también tuberculoso". A partir de este momento se van desarrollando los acontecimientos que vivieron juntos, como cuando el escritor es galardonado con el Premio Grillparzer que le concedía la Academia de Ciencias y al llegar no lo reconoce nadie, lo acompañan "el ser de su vida" y su amigo Paul. Nadie lo recibe porque aunque le habían otorgado el Premio no lo conocían. Después de algun tiempo, un desconocido lo reconoce y por fin van por él, lo sientan al lado de la Ministra y "en el momento en que me senté junto a la Ministra, mi amigo Paul no pudo dominarse y estalló en una carcajada que conmovió a toda la sala, y que duró hasta que los músicos de la orquesta de cámara filarmónica comenzaron a tocar". Para esto, durante los discursos que se dicen en estas ocasiones consiguen que la ministra se duerma (y hasta ronque), despierta cuando todo termina no sin antes exclamar: "¿Pero dónde está el escritorcete?".

Lo que está también genial, contado con ese humor característico de Bernhard, es cuando nos ofrece "otra prueba de la fuerza de Paul: la llamada concesión de Premio Nacional de Literatura":

El ministro que hizo lo que se llama mi elogio, no dijo en ese elogio más que tonterías de mi, porque no hizo más que leer en un papel lo que le había escrito alguno de sus funcionarios encargado de la Literatura, por ejemplo que yo había escrito una novela sobre los mares del sur , lo que, naturalmente, jamás había hecho. Aunque siempre he sido austríaco, el Ministro afirmó que yo era holandés. Aunque yo no tenía la menor idea de ello, el Ministro afirmó que yo estaba especializado en novelas de aventuras. En su discurso afirmó varias veces que yo era extranjero y huésped de Austria (...) Aquel Ministro, como, sin excepción, todos los demás Ministros, llevaban la estupidez escrita en el rostro (...) Después de que pronuncié unas frases que había escrito en una hoja de papel poco antes de la entrega del premio, una pequeña digresión filosófica por decirlo así, en la que sólo decía que el hombre es miserable y tiene la muerte segura, mi disertación no había durado en conjunto más de tres minutos, el Ministro, que no había comprendido nada de lo que yo había dicho, saltó de su asiento indignado y agitó el puño cerrado ante mi cara. Resoplando de rabia me llamó además perro delante de todos los presentes y dejó el salón, no sin cerrar tras sí la puerta de cristales con tal fuerza que se partió en mil pedazos (...) Toda la concurrencia, unos centenares de vividores de las artes, pero sobre todo escritores, o sea colegas, como suele decirse, y sus acompañantes, se precipitaron tras el Ministro (...) dejándome plantado, con el ser de mi vida, en la sala de audiencias. Como un leproso. Nadie se quedó conmigo... salvo Paul. Fue el único que se quedó conmigo y con la compañera de mi vida, el ser de mi vida, consternado y divertido a la vez.

Muchas anécdotas más podría comentarles, todas muy interesantes, pero sería demasiado largo, ojalá puedan leerla quienes no lo han hecho. Es una estupenda obra plena de atmósferas, adonde la muerte está siempre a la vuelta de la esquina o, quizá, en un café vienés, y todo esto bajo la mirada de la inteligente e insondable sensibilidad de un ser humano que lo tuvo todo y después lo perdió, hasta la razón (las descripciones de las estancias en el manicomio son sobrecogedoras), pero jamás extravió su enorme corazón, Paul Wittgenstein, descrito por la pluma de un notable escritor, Thomas Bernhard.

Sobre Bernhard:

1. Una excelente Entrevista.
2. La farsa de la desolación, Javier Marías
3. Biografía.

22 de marzo de 2006

Confesiones de una máscara: Mishima (3)

"Que importa si tengo que cenar solo bajo las estrellas, invitaré a la Luna y con mi sombra ya somos tres" (Mishima)

"Si realmente existe el amor sin duración y sin avances, ése era exactamente la emoción que Omi suscitaba" en el pálido y débil adolescente Kochan, el protagonista de la novela Confesiones de una máscara del notable novelista nipón Kimitake Hiraoka (1921-1970), mejor conocido como Yukio Mishima, quien aun joven decide suicidarse realizando el ritual del harakiri delante del jefe del estado mayor del ejército para protestar por la desmilitarización de su país.

Pero, continuando con la narración, esa fascinación termina para Kochan, decide renunciar a ella por celos, esos celos "tan feroces que me inducían a renegar voluntariamente de mi amor por Omi". La reflexión del narrador-personaje que a partir de este momento tiene lugar, es todo un despliegue de la admiración y anhelo por el ideal de belleza que lo abarca, que tiene significativo enlace con un erotismo que describe con intensa hermosura. Hay un pasaje que merece especial mención: en unas vacaciones de verano, Kochan va a la playa con su madre y sus dos hermanos y se queda por unos momentos solo en una roca mirando el mar. De pronto, recuerda la atracción sexual que le causó mirar la vellosidad de las axilas de Omi durante una clase de gimnasia, así que dirige su vista a sus propias axilas y "un misterioso deseo sexual se alzó en mi interior":

Llevaba los calzones de baño, de lana azul marino, desagradablemente pegados al cuerpo. Despacio bajé de la roca y penetré en la charca de agua atrapada junto a la playa. Mis pies, dentro del agua, parecían blancas conchas muertas, y, a través del agua, podía ver con toda claridad el fondo, moteado por las conchas y con móviles ondulaciones. Me arrodillé allí y esperé la llegada de la ola que rompía en aquel instante y que avanzaba hacia mi con un rugido violento. Me golpeó en el pecho, casi cubriéndome con su rompiente cresta... Cuando la ola retrocedió, quedé lavado de mi corrupción. Juntamente con las aguas en retirada, juntamente con los incontables organismos vivos que en ellas había, mis millares de esparmatozoides habían sido absorbidos por el mar espumeante y arrastrados lejos de mi.

Kochan, además, está convencido que entre Omi y el joven del cuadro de San Sebastian, hay íntima afinidad.

Paralelamente a su "vicio" (la masturbación) como él lo llama y al que incurre hasta "en plena clase" (al ver a su joven profesor de geometría cuya imagen era para él como la de Hércules desnudo), a nuestro protagonista le producen deleite todas las formas de la pena de muerte. Aunque no conocía todavía la obra de Sade, "dentro de la cabeza de aquel estudiante de secundaria, innumerables víctimas iban, con las manos atadas a la espalda, debidamente escoltadas, hacia el Coliseo", este pensamiendo adquiría fuerza en su mente, hasta forjó sueños en su imaginación.

"Por qué es malo que siga siendo cómo soy?", se pregunta un día Kochan, "aquello que me asqueaba era mi verdadera forma de ser, formaba parte de mi verdadera vida (...). El joven estudiante sentía la necesidad de comenzar a vivir su verdadera vida, necesita comprenderse a sí mismo. Mientras que sus demás compañeros se comportan con su natural manera de ser, él debía interpretar un papel ante la sociedad y ante su familia. Empieza a dar los primeros pasos en la vida pensando que bastaba con ser "una máquina de fabricación de falsedades" a pesar de que en su interior, ya siendo un estudiante preuniversitario, nace y crece "un amor de protección, algo parecido al amor hacia los muchachitos". Pero siempre bajo el conocimiento de que el futuro representaba para él "una pesada carga"; por ello, "ansiaba la gran sensación de alivio que la muerte traería consigo".

Son muchas las tribulaciones que siguen en su vida: dudas, preguntas, cuestionamientos, pruebas, lágrimas, descubrimientos, decisiones, reflexiones sobre sí mismo y su identidad. Kochan ya tiene en estos momentos de la historia veinte años y pasa desde ser alistado en filas por unas horas (el tema de guerra se presenta), atravesando por sentirse profundamente enamorado de Sonoko, una chica, sin comprender por qué hasta la llegada de un beso que todo le muestra... Todo esto teniendo siempre presente "sus deseos carnales contra natura". Así, asoma por primera vez en su vida el pensamiento del suicidio...

Una gran novela escrita con maestría. Desgarradora, poética, pero sobre todo muy humana.
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La exposición Jaime Sabines a 80 años de su nacimiento, que presenta diversos manuscritos, acuarelas, fotografías y críticas sobre la obra del poeta chiapaneco, será inaugurada el martes 28 de marzo en el edificio de la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

21 de marzo de 2006

Confesiones de una máscara: Mishima (2)

Las primeras cosas que encuentra en su vida Kochan, el narrador-personaje de Confesiones de una máscara de Yukio Mishima son, pues, los recuerdos señalados en la parte 1 de esta reseña. Recuerdos que viven en él, que están fijos en su memoria como un "menú completo de todos los problemas que tendría en la vida" y que son como una especie de predestinación. "El porteador de inmundicias nocturnas, la Doncella de Orleans y el olor de los soldados", forman el primer prólogo de su vida. De todo esto nos enteramos a través del libro que ha escrito que es el libro que estamos leyendo, Confesiones de una máscara. El narrador-personaje, Kochan, es escritor y nos cuenta su propia historia.

Así, nos narra cuando una noche, todavía siendo niño, entra a escondidas a la recámara de su madre y de entre sus kimonos elige uno y se lo pone, cubriendo su cabeza con "crespón de China". Su pasión por disfrazarse se agrava hasta los nueve años de edad, cuando va a ver una película sobre Cleopatra y se da a la tarea de disfrazarse de reina de Egipto. Este disfraz, más el primero, forman un segundo prólogo. Pero todavía hay un tercer prólogo que guarda la historia de la infinidad de cuentos de hadas que leyó en su niñez, adonde no le gustaban las princesas, solamente los príncipes. "Y entre éstos los que más me agradaban eran aquellos que morían asesinados o aquellos otros a los que su sino había condenado a una muerte violenta. Me enamoraba de todo joven que muriera a mano airada. (...) La debilidad que mi corazón sentía por la muerte, la noche y la sangre era innegable". Pero todo cambiaba para Kochan cuando visitaba a sus primas, ahí todos esperaban que se comportara como lo que era, un chico. "Así comenzó, nos dice, la desganada interpretación de mi comedia".

Más llega el día en que la infancia se aleja. Su padre había traido (para estos momentos ya vive solamente con sus padres y dos hermanos, se han cambiado de casa) varios volúmenes de libros con reproducciones de arte, y Kochan tiene su primera eyaculación al mirar la reproducción del San Sebastián de Guido Reni, pintor de la escuela ecléctica surgida del Renacimiento. En el cuadro hay un joven desnudo, "-que recordaba el de Antínoo, el amado de Adriano-", en cuyo cuerpo "sólo había juventud primaveral, luz, belleza y placer":

En el instante en que mi vista se posó en el cuadro, todo mi ser se estremeció de pagano goce. Se me levantó la sangre y se me hincharon las ingles como impulsadas por la ira. Aquella parte mounstruosa de mi ser que estaba a punto de estallar esperó que la utilizara, con un ardor sin precedentes, acusándome por mi ignorancia, jadeando indignada. Mis manos, de forma totalmente inconsciente, iniciaron unos movimientos que nadie les había enseñado. Sentí que algo secreto y radiante se elevaba, con paso rápido, para atacarme desde dentro de mi. De repente estalló y trajo consigo una cegadora embriaguez...

Como la llegada de todas las fechas en la vida de una persona, llega la hora en que Kochan conoce al primer amor de su vida, "un amor íntimamente vinculado con los deseos carnales". Fue en el último trimestre del segundo año de secundaria y se llamaba Omi, un chico unos cuantos años mayor que la generalidad, burlón, altanero y solitario:

Comencé a esperar con impaciencia el verano, o, por lo menos el principio del verano. Pensaba que el verano me proporcionaría ocasión de ver desnudo el cuerpo de Omi. Y también alentaba en lo más hondo de mi ser un deseo todavía más descarado. Ver la "gran cosa" de Omi.

20 de marzo de 2006

Confesiones de una máscara: Mishima (1)

El personaje de Confesiones de una máscara de Yukio Mishima, una novela escrita en primera persona, nace en Tokio, en un momento en el que su familia experimenta una fuerte decadencia a causa de problemas familiares que inician diez años antes, cuando su abuelo dimite de su puesto de gobernador colonial. Desde el aquí y el ahora narrativo un jovencito nos cuenta su historia, un chico que durante muchos años afirmó que podía recordar cosas que había visto en el instante de su nacimiento y que marcaron su vida. Recuerda, por ejemplo, cuando tenía apenas cuarenta y nueve días de nacido y con el pretexto de que criar a un niño en el piso de arriba era peligroso, su abuela lo arranca de los brazos de su madre (sus padres y él vivían en la planta alta y los abuelos en la baja): "Intalaron mi cama en el dormitorio de enferma de mi abuela, siempre cerrado y con el aire impregnado de los olores de la enfermedad y de la vejez, y fui criado allí, junto a la cama de la enferma". Después, rememora aquél suceso que lo atormentó y aterró toda su vida. Tenía cuatro años e iba de la mano de una mujer (no recuerda si era su madre, una tía o la niñera) cuando:

Quien bajaba hacia nosotros era un hombre joven, de hermosas y coloradas mejillas y ojos resplandecientes, con una sucia tira de tela alrededor de la cabeza para contenerle sudor. Bajaba, llevando sobre un hombro una larga pieza de madera de la que pendían cubos de inmundicia nocturna, y hábilmente armonizaba sus pasos con el balanceo de la madera, manteniéndola así en equilibrio. El hombre de las inmundicias nocturnas era el encargado de llevarse los excrementos.

Cuando levanta la vista y mira “al hombre de las inmundicias nocturnas”, se siente “ahogado por el deseo, pensando ‘quiero ser él’:

Recuerdo que mi deseo se centraba en dos puntos principales. El primero de ellos eran los ceñidos pantalones azules, y el segundo era el trabajo del muchacho. Los ceñidos pantalones destacaban claramente las líneas de la parte inferior de su cuerpo, que avanzaba con suave agilidad y parecía dirigirse directamente hacia mí. En mi interior nació una inexplicable adoración hacia aquellos pantalones. No comprendía por qué.

Otro recuerdo primerizo muy importante era un libro con ilustraciones, en especial había una ilustración que pasa mirando tardes enteras: “pero si alguien se acercaba al lugar en el que yo me encontraba, me sentía culpable sin razón alguna y me apresuraba a pasar la página”. Era una ilustración que “mostraba a un caballero en un blanco corcel y con la espada en alto. El caballo, dilatados los ollares, golpeaba el suelo con sus poderosas patas delanteras. En la armadura del caballero había un hermoso escudo de armas. El caballero, de bello rostro, miraba con la celada y blandía la temible espada, recortada contra el cielo azul, enfrentándose con la Muerte o, por lo menos, con un objeto que le atacaba rebosante de maligno poderío”. Un día, su institutriz abre el libro justamente en esa página y le dice al niño:

-¿Sabe el señorito la historia de este cuadro?
-No, no la sé.
-Parece un hombre, pero es una mujer. De veras. Se llamaba Juana de Arco. La historia dice que fue a la guerra vestida de hombre, y que así sirvió a su patria.
-¿Una mujer…?
Me quedé de una pieza. La persona que yo creía él, resultó ella. Si aquel hermoso caballero era una mujer, ¿no quedaba todo reducido a la nada? (Incluso ahora siento repugnancia, profundamente arraigada y de difícil explicación, por las mujeres vestidas de hombres). Esa fue la primera “venganza de la realidad” que la vida me deparó, y me pareció una cruel venganza que se cebaba sobre todo en las fantasías que acariciaba referentes a la muerte del caballero, de él.

Por último, tiene otro recuerdo fijo a través del tiempo, el olor a sudor, un olor que despertaba sus deseos y lo subyugaba, era el olor a sudor de los soldados que pasaban frente a su casa al regresar de la instrucción: "Aquel olor como el de la brisa marina, como el del aire de la playa quemada por el sol hasta dejarla de oro".

Todas estas emociones y sensaciones son las primeras que el protagonista encuentra en su vida, una vida que, como veremos en la segunda parte de esta reseña, hace lo posible por subsistir en el mundo...

16 de marzo de 2006

Sobre El Quijote

Fundamentalismo cultural o por qué el Quijote es una bazofia y un muermo
Luis Carlos Campos
IV Centenario de El Quijote

Durante casi 4 pesados siglos y sobre todo en este agobiante IV centenario de la publicación de El Quijote nos llevan machacando contínuamente con la promoción de un insufrible mamotreto, publicado en 1605 para desgracia de quinceañeros de secundaria, El Ingenioso Hidalgo Don quijote de la Mancha , que, contra todo lo que nos digan, se caracteriza por el aburrimiento más atroz, palmarios errores narrativos y la absoluta falta de profundidad.

CERVANTES Y EL QUIJOTE SON UN MITO. Borges ya lo dijo, quien consideraba este libro como innecesario y Alonso Quijano “un personaje patético”( Revista de ideas , 1947). Si analizamos tanto el libro como el personaje descubriremos que esta obra es sólo un “ bluff ”, pero no sólo un bluff mediático, sino un gigantesco pufo cultural, una especie de dogma-tabú histórico, UNA GRAN MÁXIMA nacional e universal que nos imponen desde la infancia: Cervantes y el Quijote son Dioses, son lo máximo.

Ya Unamuno vapuleó a Cervantes duramente en su Vida de Don Quijote y Sancho ( 1905) y lo tachó de irreverente historiador o evangelista incompresivo o erróneo. Navokov (1952) –estilista excelso y cumbre de la novela con su espléndida Lolita (podía haber elegido otro tema para exhibir su maestría)- criticó "su tosca o estereotipada descripción de la naturaleza, a su falta de técnica en el desarrollo de escenas donde accionan múltiples personajes, como las escenas en la venta, que se resuelven como en una comedia de enredo trivial".

ERRATAS, DISPARATES Y DILACIONES NARRATIVAS

Cervantes ni siquiera sabía escribir bien y se embarullaba y confundía a menudo. Cometía contínuas faltas de ortografía: el investigador Alberto Flores contabilizó nada menos que 3.925 erratas en la primera edición del Quijote, aunque algunas podrían ser errores de imprenta. Dice palabros como "hablar escuderilmente" (cap. XII), "comemos el pan en el sudor de nuestros rostros" (cap. XIII, sería con e l…), frases incomibles como "el acometer los leones que ahora acometí derechamente me tocaba" (¿¿¿¿, cap. XVII). Todo el Quijote está plagado de expresiones similares, que se supone debemos aceptarlas porque en aquella época malhablaban así. Martín de Riquer reconoce todo esto en su Aproximación al Quijote (1970): "el Quijote (..) ofrece una serie de defectos fruto muchos de ellos de la precipitación y descuido con que parece estar redactado. DA LA IMPRESIÓN DE QUE CERVANTES ESCRIBÍA SIN RELEER SU LABOR. Así se explica el hecho de que los epígrafes de algunos capítulos corten frases que deberían estar juntas, y que quedan con­fusas gramaticalmente (dañan la ilación, por ejemplo, los epígrafes de los capítulos 4 y 6 de la primera parte, el 73 de la segunda), y que en el transcurso de la novela la mujer de Sancho reciba los nombres de Teresa Panza, Teresa Cascajo, Juana Gu­tiérrez, Mari Gutiérrez y Juana Panza".

UN PLOMO CON DIARREA VERBAL

El manco de Lepanto se equivoca en elementos tan simples de la trama como el robo del rucio de Sancho. En la sintaxis abusa a veces del participio absoluto y de periodos larguísimos de subordinadas que nunca acaban, (dando matices innecesarios). Antiesencial, lo dilata todo, hasta conseguir siempre el máximo aburrimiento. Es como un viejo plomizo contándote batallitas o una historia llena de datos laterales insulsos y rimbombantes: "Apenas la blanca aurora había dado lugar a que el luciente Febo con el ardor de sus calientes rayos las líquidas de sus cabellos de oro enjugase, cuando Don Quijote, sacudiendo la pereza de sus miembros, se pusó en pie y llamó a su escudero Sancho, que aún todavía roncaba; lo cual visto por Don Quijote, antes de despertarse le dijo..." (cap. XX).

Para desgracia de los desocupados lectores, el anciano Cervantes, cree que debe dar detalles inacabables que siempre restan dinamismo a la acción. Es sencillamente un plomo , un atroz y empedernido pesado . Por si esto fuera poco, entre medias te castiga con rimas intolerables y grotescas del tenor:

Llaman Liberalidad
Al dar que el extremo huye
De la prodigalidad,
Y del contrario que arguye
Tibia y floja voluntad (Cap.XX)

¿Alguien entiende esto a la primera (o a la quinta...)?. Cervantes casi nunca habla claro. Su diarrea verbal da círculos y círculos sin ton ni son, siempre intentándote convencer que tiene mucho vocabulario, siempre contando detalles minuciosos del movimiento de los personajes, siempre olvidándose de que el buen narrador debe ir al grano, y ante todo tiene que entretener y enganchar. Encima, con desfachatez absoluta, dice en el propio Quijote que se debe escribir: "dando a entender vuestros conceptos sin intricarlos ni oscurecerlos". Pretenden hacernos creer que un extenso libro incomible del siglo XVII -con diálogos interminables con párrafos de más de 30 y 40 líneas (caps. XXV o XVIII etc...) y de casi 900 páginas es una obra maestra e incluso que es divertida. Pero la realidad es que -aunque nadie se atreve a decirlo en público- casi todo el mundo se aburre leyendo unas aventuras anacrónicas escritas por un expresidiario reincidente, mercenario oportunista (se apuntaba a cualquier batalla si le pagaban bien y luego demandaba al Estado cuando estaba descontento con la paga (1580)), pendenciero macarra familiar, estafador y mangante condenado repetidas veces y militar vocacional que se quedó tristemente manco en 1571 en la famosa Batalla de Lepanto. No parece un tipo ejemplar capaz de regalarnos "novelas ejemplares...". Poca filosofía nos puede enseñar un individuo así, que encima no para de pontificar de la honra, Dios, las armas o la patria, el amor idealizado. (verbigracia, final del cap. XXIV). "No cargues todo el rigor de la ley en el delincuente" espeta con descaro en el capítulo XLII. Muy ejemplar. Claro, qué va a decir él, un pertinaz infractor abonado a la cárcel de por vida.

ESTAFADOR EXCOMULGADO, CHORIZO REINCIDENTE

Su padre era ya un conocido chorizo y estafador –al igual que su abuelo- a quien embargaron y encarcelaron en 1551. Antes de triunfar como escritor –sólo en los últimos 10 años de su vida, por un bestseller, no por su carrera- Cervantes era un trapisondista de poca monta -traficaba hasta con trigo-, que fue denunciado y encarcelado varias veces como en 1587 o en 1592. En 1587 fue además excomulgado. En 1594 vuelve de nuevo al talego , por que toda la pasta que recaudaba –era recaudador-se esfumaba misteriosamente. En 1602 tuvo de nuevo complicaciones con el Tesoro Público. En el año de la publicación del Quijote vuelve otra vez a chirona acompañado de las Cervantas, porque a la puerta de su convulso burdel asesinan a Gaspar de Ezpeleta. Las Cervantas eran sus hijas, hermanas, mujer y familia femenina, que eran casi todas o todas putas profesionales: "El hogar de Cervantes dista mucho de ser un modelo de honor y dignidad" -señala Martín de Riquer en su conocida edición del Quijote– (las hermanas de Cervantes estaban)"dispuestas siempre a recibir dinero a cambio de honor".

¿Por qué nadie cita semejante dato en este empalagoso IV centenario-panegírico del fallido Quijote?. El chochal de las Cervantas constituía una peligrosa mafia que convertiría en hermanitas de caridad a la actual cosa costra rumana (ahora instalada en Atocha, donde también vivió Cervantes). Y a este tipejo y chuloputas del año catapún, también conocido cornudo y fornicador infiel a su vez, nos le presentan como un Dios 24/7 . Nos le presentan como un modelo humano y existencial. ¡Vaya distorsión de la historia.! Nada contra la infidelidad y el fornicio, pero es que a este tipo o tipejo NOS LO VENDEN COMO UN PARADIGMA DE HOMO SAPIENS, NACIONAL UNIVERSAL. Y no era modelo de nada y encima escribía ampulosa y desarrapadamente mal. Tiene más de homo que de sapiens.

En 1569 trabajó sorprendentemente de camarero (o camarera ¿o gigoló?) de monseñor Acquaviva en Roma. Se dice que fue condenado a ello por herir en una nueva reyerta macarril al maestro de obras Antonio de Sigura , según una provisión real de 1569. La biografía de Rossi (1988) revela sus tendencias homosexuales, lo cual podría hacernos entender este oscuro episodio. (Nada contra los homosexuales: un ejemplo de lo que es un narrador en mayúscula sería el inmortal Truman Capote y su A sangre fría, eso sí es una obra maestra universal: real, cinematográfica, poética, indagación psicológica, estilo depurado prodigioso).

Cervantes y El Quijote son la antítesis de la literatura, constituyen el mayor ejemplo de lo que no debe ser una vida o una novela, que debería tener amenidad, trama que enganche, solvencia argumental, economía de recursos, atemporalidad, dinamismo, mímesis, estilística (como Navokov), poeticidad, verosimilitud, y sobre todo estructura (Capote, de nuevo). ¿Entonces por qué son un mito?. La respuesta es: por el Fundamentalismo Cultural. El fundamentalismo cultural nos impone el canon estético de lo que es bueno y lo que es malo. Lo mismo que el fundamentalismo religioso nos impone que Jesucristo es Dios y murió en la cruz para salvarnos; idem con Alá, la Meca y la Guerra Santa. Son dogmas, que la tradición y la repetición mediático-educativa nos hacen tomar como reales. Y las plebes y hasta los catedráticos se los tragan sin rechistar.

LA MANIPULACIÓN DE ASTRANA MARÍN

El Quijote no es él único caso de obra mitificada por el fundamentalismo cultural, a menudo contaminado también por la vanidad nacionalista. Hay muchos ejemplos: La divina Comedia de Dante, Guerra y Paz de Tolstoi, La Iliada de Homero, o El Fausto de Goethe (que eruptaba boutades como “sólo los hombres viven lo humano”), con algunos logros parciales de estilo, son también letales de aburridas y de extensas. Duermen a las ovejas, aunque hagan cien mil tesis doctorales sobre ellas. Son, como El Quijote, todo lo contrario a lo que debería ser la literatura: placer estético y amenidad.

El fundamentalista geocultural Luis Astrana Marín con su Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra (Madrid, 1948-1958, 7 vols.) fue uno de los culpables de este mitología tergiversada. Posteriores trabajos de Cannavaggio (1997) o Rossi (1988) desmitificaron la imagen de Cervantes y la abajaron a la tierra. "Lo malo de Cervantes es que algunos cervantistas se vuelven locos", ha llegado a decir Cannavaggio. (El País, 20-01-05).

¿A quién le gusta El Quijote?. El Quijote es un comodín en el que todo Cristo proyecta su ideología personal, El Quijote sólo le gusta a los críticos, los pedantes y eruditos profesionales –como Don Francisco Rico-, a algún fan y alguno que otro buen escritor (tampoco hay que negarlo, casi siempre por extravagancia intelectual y porque quizá no tengan nada más profundo en la cabeza: es un gran tópico diletante decir que Cervantes/Quijote son buenos y modernos: ¡ya… por los párrafos-diálogos de 20-30 ó 40 líneas!). El resto de la humanidad simplemente se aburre leyendo un argumento inverosímil, barroco y fosilizado, -es técnicamente una parodia- más propio de un TBO que de una novela ("un cuento de Hadas", según Nabokov), interpolado de contínuas historias que rompen la narración completamente, las cuales Cervantes eliminó en la segunda parte debido a las acerbas críticas que ya le hicieron en su época. Esto muestra que el tipo no tenía nada claro ni siquiera sobre la torpe (inexistente) estructura de su obra: lo hacía todo a boleo.

El Quijote es un asesinato a la novela y al sentido de la amenidad. Es una tortura intragable desde la primera página, en donde la mitad de los vocablos le son ajenos al lector moderno. (En realidad todo le es ajeno, a menos que te interesen asuntos del siglo XVII, como la honra, las armas, los diálogos de una venta, el servicio a Dios o a Dulcinea, los duelos y los quebrantos etc...). Así no es raro que en el estudio-encuesta que hizo en 1986 la Universidad de Columbia sobre las obras más aburridas de la historia El Quijote aparezca a la cabeza, junto la Biblia , Guerra y Paz de Tolstoi y el Búsqueda del tiempo perdido de Proust –otro peñazo pero mucho mejor escrito-.

¿ALGUIEN VIBRA CON LAS PASTORCITA MARCELA?

POR ENCIMA DE TODO EL QUIJOTE ES UN MUERMO. La amenidad no existe en esta historia ilusoria en la que el Cervantes nos castiga sin piedad con un prontuario interminable de refranes, vocabulario exhaustivo (aparecen más de 13.000 palabras distintas) barbarismos y giros coloquiales de época (esto sería el único valor filológico que tiene este aciago libro). Pero la literatura no es demostrar que el autor –que escribió la obra con 58 y 68 años: casi un yayo en la frontera de la chochez, algo que se percibe – sabe muchas palabras y le gusta hacer ripios insoportables. ¿Qué dinamismo puede rezumar un vejestorio de casi 70 años que se ha pasado la mitad de la vida en el talego harto de robar y estafar a diestro y siniestro?. La literatura es arte, “es la vida real, Proust dixit, la vida realmente vivida” no un tío desatado confundiendo molinos con gigantes. Quizá Cervantes era más un viejo entomólogo lingüista que un escritor creativo.

Como poeta, Cervantes es reconocido como pésimo (véase La Galatea) y como autor teatral ni siquiera sus insufribles entremeses (circenses) fueron representados en vida. Tragedias como la Numancia , además en verso cursi y grandilocuente, en que hasta los muertos hablan, son ya para pegarse un tiro. Leer eso es unmartirio numantino. Cervantes abusa siempre de historias infantiles, irreales, sin el más mínimo interés o universalidad para el lector moderno. ¿O hay alguien que vibre en el siglo XXI con la interpolaciones pastoriles, moriscas o bizantinas de la primera parte?. Obras como El Persiles o La Galatea confirman la poca misericordia de Cervantes con el lector al que castiga hasta la náusea con su estilo poético y prosístico farragoso, lento, ampuloso, oxidado. Todo en él es artificioso, vano, hueco, prehistórico , apolillado, periclitado… Da mil vueltas siempre para contarte algo. Desconoce el valor de conceptos como síntesis o intriga. Cervantes no engancha a nadie, es el Fundamentalismo Cultural quien nos engancha a Cervantes.

Cervantes fue siempre y con toda razón criticado y menospreciado como escritor en su época. Fue en realidad sólo el autor de un pelotazo bestseller, El Quijote, lo cual le consagró, sin ser considerado un gran escritor entonces. Fue otro horrorífico Dan Brown del XVII.

ESQUIZOFRÉNICO DE TODO A 100

Nos imponen que Sancho y el Quijote representan la mitad de nuestra psique, el homo duplex, lo cual, es sencillamente una gilipollez, cuando no una absurda simplificación. Nuestra mente es mucho más compleja, como sugieren la clasificaciones modernas de Koplowitz, Jung, Maslow o de la moderna Psicología Transpersonal. ¡Qué sabe un mercenario y estafador profesional de la profundidad subliminal de la mente humana!. El idealismo es la búsqueda del infinito, no convertirse en un esperpéntico loco de atar. El presunto idealismo de Alonso Quijano tampoco es universal, aparte de que a nosotros nos parece más propio de un esquizofrénico catatónico que de un ser humano en búsqueda de máximo desarrollo de su potencialidad. Preferimos el idealismo pragmático de Buda o de un romántico clásico, tipo Novalis. El argumento del Quijote es absurdo. No tiene ninguna verosimilitud. Como su mano postiza, todo es artificial en Cervantes, hasta su filosofía de jubilado barroco en fase terminal. Una filosofía de todo a 100 que dice cosas de cajón como: "El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho". Profundísimo. No nos habíamos dado cuenta si Cervantes no nos lo dice. Otro heavy plomífero de la crítica, Don Francisco Rico, lo aplaude y lo glosa en estudios tan excesivos y aburridos como la propia prosa del penalizado manco. Poco te puede enseñar un ladrón , un estafador, un profesional de la guerra y un presidario vocacional al que hipócritamente entierran con un sayal de franciscano.

El Quijote no tiene weltanschauung, visión del mundo, sólo la que le dan los críticos pedantes, como los que hablan del perspectivismo relativista o novela polifónica, la típica filosofía del que no tiene nada claro. Que todo el mundo tiene una escisión dual en la mente, parte más racional, parte más espiritual, pues sí, y qué…¿qué pasa qué eso es un descubrimiento de Cervantes?. Además creemos que fue una casualidad. El caballero necesitaba un compañero de aventuras y la elección de Sancho Panza fue aleatoria. Luego los críticos ociosos –casi todos escritores frustrados- se pusieron a especular con la dualidad psicológica. En realidad el recurso facilongo, elemental, de una pareja protagonista es un tópico de la narrativa o cuentística universal, desde Adán y Eva hasta Mortadelo y Filemón. Es como decir que Mortadelo y Filemón representan al homo duplex . Pues no, sólo es una casualidad de cómic. Un tipo que se viste de caballero andante y va por el mundo a deshacer entuertos. Muy gracioso. Es ciencia ficción, trama ilógica, descabellada que muere cada vez que el chapucero autor nos castiga con una nueva interpolación que rompe toda la trama principal. El argumento no se lo traga nadie, a menos que lo tomemos como el script de un comic. Todo en el quijote –sobre todo su estilo- es falso, inútil, pretencioso. Gusta como pueden gustar Manolo Escobar o Bustamante (hay público para todo si te lo imponen por televisión o por educación), después de que el Fundamentalismo Cultural te lo meta por los ojos hasta en la sopa y desde la cuna. De tanto decirte que es una obra maestra la gente llana asiente y se dice "no sé que verán, pero debe ser bueno", aunque en lo más intimo de sus mentes, cuando les obligaban a leerlo de adolescentes se dicen a sí mismos : "vaya coñazo".

UN LADRILLO, GROSOR ASESINO

Eduardo Mendoza, un genial escritor de verdad, que le da mil vueltas a Cervantes y le enseña que la amenidad, la originalidad y la ruptura de la percepción del lector (eso es la literariedad según el Formalismo Ruso), son lo más importante en la novela, reconoce: "Lo único que quería decir es que mi primera lectura del Quijote no fue una experiencia placentera, aunque sí enriquecedora (…) siempre me ha parecido incomprensible que el Quijote se considere a veces una lectura apropiada para la adolescencia, y más aún para la infancia" (El País, 1998). Mendoza ha dicho (2005) que todos los escritores están influidos por El Quijote, incluso los que no lo han leído. ¿Cómo va a afectar a los que no le han leído?. Esto muestra que la Religión Quijotesca afecta incluso a la quijotera de este virtuoso de la palabra, a quién sólo acusaríamos de fallar levemente en los contenidos, que ya se le agotan, quizá por esto augura una polémica y equivocada "muerte de la novela". Será de la suya, aunque sus lectores no se merecen perder a este maestro.

Mentiríamos si dijéramos que El Quijote no tiene ningún valor. Tienen un valor histórico y filológico innegable. Se anticipa además a los rudimentos de la novela moderna. Tiene cierto valor como relato superficial –COMPLETAMENTE PASADO DE MODA- de aventuras ñoño-infantiloides (clavileño, Barataria, molinos, galeotes...) del siglo XVII. Pero de ahí a decir que es una obra actual, universal y maestra va un gran trecho. Puede que a un lector del barroco le dijera algo o a un fundamentalista cultural cervantino, pero no a un lector exigente moderno, a menos que alguien se identifique con un alunado del siglo XVII, con el tópico y típico Sancho Panza, con el bachiller Sansón Carrasco, el ventero Palomeque, la pastora Marcela o El Caballero de la Blanca Luna. Tiene además otras muchas utilidades. Por su grosor podría servir para perpetrar un asesinato o para defenderte de los ataques de un moscón, o de la pesadez tu esposa, jefe o suegra . Puede servir también de adorno en la librería o para hacer nivel bajo la pata de una silla o una mesa. Puede servir como mismísimo "ladrillo" o como harta eficaz celulosa higiénica (utilísima por su elevada paginación). Puede servir especialmente como terapia para combatir el insomnio: para nosotros este es su más grande e indiscutible valor.

El Quijote es una de las cimas de la literatura plúmbea universal, junto con el indigesto Ulisses (sólo para pedantes) o las obras de Sanchez Dragó y José María Pemán. Puede que a alguien le guste, porque de gustibus non est disputandum , pero todo el mundo reconocerá que pocas veces en la historia de la literatura se ha alcanzado un nivel más alto de pesadez y aburrimiento y articulación anacrónica de historias insulsas del año de la maricastaña pegadas a la principal cual lo que eran el autor y casi toda su familia, COMO CHORIZOS.

En: Literaturas.com.

Cortázar ilustrado

La literatura y la imagen plástica nuevamente de la mano. En el "Año Cortázar", 99 artistas de Argentina, miembros del Foro de Ilustradores, realizó la 5ª Muestra Nacional con base a muchos de sus libros. Cada artista eligió un texto –una oración, un libro completo- y lo ilustró en su espacio dentro del cual todo estilo, técnica, grado de compromiso, valió.

"¿Se formó una Sociedad con el nombre de Limpiadores de estrellas?", en La otra orilla, "Los limpiadores de estrellas":

De Claudia Degliuomini: Los limpiadores de estrellas "Pero a Irene solamente le entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente...", en Bestiario, "Casa tomada":

De Viviana Agosti: Casa tomada

"Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos.”, en Final del juego, "Continuidad de los parques":

de Alejandra Karageorgiu: Continuidad de los parques "No me lo reproche, Andrée, no me lo reproche. De cuando en cuando se me ocurre vomitar un conejito. No es razón para no vivir en cualquier casa, no es razón para que uno tenga que avegonzarse y estar aislado y andar callándose", en Bestiario, "Carta a una señorita en París":

de Poly Bernatene: Carta a una señorita en París

"Síntesis del cuento 'La autopista del sur' ", en Todos los fuegos el fuego:

De Santiago Grasso: La Autopista del Sur "Con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano...", Rayuela:

De Rodrigo Lujan: Rayuela

Relatos en voz de Cortázar.

14 de marzo de 2006

Mujeres de Babel

Conocí a RH Moreno Durán en Guadalajara, fue durante la entrega del Premio Rulfo a Juan García Ponce en 2001, él realizó la semblanza. El estar hospedados en el mismo hotel facilitó el encuentro, sobre todo durante el desayuno pues el grupo invitado se reunía antes de salir a la Feria; se platicaba durante una o dos horas, eran momentos agradables en los que la amena conversación del narrador y ensayista nos mantenía atentos. Una persona encantadora que visitaba México con asiduidad, de gran cultura literaria y del que, hasta ahora, no había tenido oportunidad de leer Mujeres de Babel (UNAM/Taurus, 2004), ensayo dedicado a James Joyce, en especial a la figura femenina en su obra. Es un libro con mucha información interesante, de sencilla y amena lectura. Les transcribo dos pasajes tomados al azar:

1) En un ensayo titulado La posición de Joyce, Cyril Connolly pasa revista a las diversas actitudes que asumen los críticos y los escritores -doblados en críticos- , como E. M. Forster, quien escribió: "Ulises es un terco intento por cubrir el universo con lodo, una suerte de victorianismo a la inversa, un intento por hacer que la suciedad y la vulgaridad triunfen donde la luz y la dulzura fracasaron, una simplificación del carácter humano a favor del infierno..." Asímismo, es bien conocido el rechazo de Virginia Wolf hacia Ulises, obra que se negó a publicar en Hogarth Press, y a tal actitud parece contestar Connolly en su ensayo: "La señora Woolf, cuyo Mrs Dalloway es en más de un sentido una adaptación femenina para el gusto inglés de una idea del Ulises, tiende a hacer que todos sus personajes piensen en el mismo tempo. Nos da rebanadas anatómicas; no seres humanos, sino secciones de ellos, que presentan las dudas, las ternuras, las esperanzas a medias y los temores a medias de la mente humana, concebidos todos en el mismo ánimo de discreta desesperación. En cambio Bloom, la señora Bloom, Stephen, y los cíclopes sin nombre son dueños de procesos mentales incomparables entre sí..." Antes de rechazar el manuscrito y de descalificarlo (lo llamó libro underbred, de "clase baja"), Woolf escribió en su Diario: "Lo que hago yo, probablemente lo está haciendo mejor Mr. Joyce", según recuerda José María Valverde en curiosa consonancia con Connolly.
2) Pocas veces un texto tan breve -un cuaderno de ocho hojas, escritas por ambas páginas a mano- ha desatado tantas especulaciones como Giacomo Joyce. Este texto "privado", que Joyce dejó en manos de su hermano Stanislaus cuando abandonó Trieste rumbo a París, consagraba la devoción amorosa del escritor por una bella muchacha, exquisita, "en parte virgen, en parte tentadora" y aureolada por el misterio. Esas dieciséis páginas han sido sometidas a toda clase de exégesis y la identificación de la protagonista constituye una auténtica novela de intriga (...) ¿Quién era esa joven? Es sabido que las alumnas de Joyce pertenecían a la clase más pudiente de Trieste, ricas, finas, elegantes, formadas en Roma, Viena o País, "liberadas" y, además, seguras de su propia valía frente a los riesgos de un flirt con un profesor que bordeaba los treinta años, extranjero, con mujer y dos hijos, y a quien cualquiera de ellas en materia social y sentimental podía darle algunas vueltas.
Entrevista
Nabokov: pasiones contundentes

13 de marzo de 2006

El último amor en Constantinopla

No se si esperaba una novela semejante a La mano de la buena fortuna o a el libro de cuentos Siete pecados capitales, pero lo cierto es que El último amor en Constantinopla. Novela tarot para la adivinación de Milorad Pavic, me sorprendió. Empezaré por el final (más no el final de la historia), cuando nos dice "Cómo utilizar el libro para la adivinación":

La novela presenta dos posibles lecturas. Una de ellas es convencional, capítulo a capítulo. Para la otra, fragmentaria, se deben echar las cartas conforme a uno de los tres modos descritos al final del texto (la Cruz mágica, la Gran triada, la Cruz celta) y leer los capítulos correspondientes siguiendo la secuencia indicada por el tarot. De esta forma, el libro, convertido en manual de adivinación, cobra vida propia, ofreciendo al lector la posibilidad de interpretarlo en relación con su propia vida y destino, en una lectura muy personal.

La leí de las dos formas. A través de la convencional leía tres páginas y me tenía que regresar, me perdía respecto a la trama. Según entendí, trata sobre dos familias serbias, los Opujic y los Tenecki, y de cómo sus vidas se van entrelazando en esa búsqueda de sí mismos. Una búsqueda cuyo sentido no me llevó a nada, sólo a enterarme de que ese era el tema (tema que, además, lo comentan en la contratapa). Todo esto cobró más significado cuando efectué la lectura "fragmentaria". Percibí que el narrador quiere introducirnos al libro y hacer (¿o ser también parte de sus personajes?) lo mismo que sus personajes: llevar a cabo una búsqueda de nuestro destino a través de las cartas del tarot (cada capítulo está precedido por el título de un arcano). Tengo algunas observaciones al respecto:

1. Aunque no se tuviera el libro pero sí las cartas, se pudiera echar las cartas y saber lo que ellas nos dicen (para quienes no saben "leerlas", el libro ofrece su significado en un índice o, sencillamante, comprar un libro sobre el Tarot). Por ello pienso que el narrador intenta con esto que, como lectores, participemos dentro de la obra.

2. Los 22 arcanos mayores del Tarot necesitan a los arcanos menores (son 78 cartas en total, sino mal recuerdo) para completar el ciclo de "adivinación". Y pongo "adivinación" entre comillas porque las cartas no adivinan (aunque exista esta creencia general), hacen conciencia de nuestro acontecer o de nuestro alrededor, de las cosas que están sucediendo o han sucedido y han traido consecuencias o derivaciones, que es muy diferente.

3. Pero partiendo de que todo esto de las cartas está dentro de una novela, debemos de tener presente que es ficción y dentro de la ficción el punto dos quedaría sin validez, porque una obra de ficción guarda su propia realidad, esa realidad que es la literatura.
Al terminar mis "dos" lecturas me quedé reflexionando y, en mi opinión, distinguí que, además del tema arriba mencionado, hay otro tema en la novela, este "segundo tema" me ha parecido mucho más interesante: Como muestran las enseñanzas del libro de Thot (compuesto por 108 cartas), existen dos sentidos: el oculto y el manifiesto, al igual que existen en la escritura (expresión y contenido, fondo y forma, significante y significado, denotación y connotación). Trata, pues, de la escritura, del lenguaje, del modo simbólico, de la metáfora.

El relato es, por lo tanto, un texto difícil en el sentido de “engañoso”, lo temporal de la palabra y la espacialidad del icono se asocian hasta casi desvanecer sus lindes. El mundo del relato se despliega ante la sensibilidad del lector que en el recorrido de su lectura va reconociendo, y elogiando, la existencia de un subterfugio que lo orienta a interrogar las apariencias; asimismo, percibe cómo el narrador se extiende en las figuras de la voz y la mirada que, ricamente, establecen el sentido ontológico del relato al determinar la dispersión figural de los enunciados narrativos y el advenimiento en ellos de un sentido indirecto que va ocupando, casi imperceptiblemente, el primer plano.

Tarot.

10 de marzo de 2006

Gioconda Belli

Para Gadamer no hay comprensión fuera de la tradición. Entonces, si interpreto bien, la tradición es algo en lo que estamos sumergidos y va a nuestro lado como una sombra que no se escapa. Este efecto del pasado es como una esencia que nos aromatiza todos los días y que, además, "[…] no se detiene, no queda fijada de una vez para siempre", como dice el discípulo de Heidegger en su Verdad y método.

No me seducen los empeños de la tradición cuando impone esos fervores y verdades absolutas que la determinan. Pero de su conocimiento y comprensión se puede obtener un (otro) nuevo y fresco horizonte. Las palabras de la escritora nicaragüense Gioconda Belli lo dicen bellamente:

No hay nada quijotesco ni romántico en querer cambiar el mundo. Es posible. Es el oficio al que la humanidad se ha dedicado desde siempre. No concibo mejor vida que una dedicada a la efervescencia, a las ilusiones, a la terquedad que niega la inevitabilidad del caos y la desesperanza. Nuestro mundo, lleno de potencialidades, es y será el producto del esfuerzo que nosotros, sus habitantes, le entreguemos. Igual que la vida surgió de acomodos y reacomodos, la organización social que nos lleve a la plena realización de nuestro potencial como especie, surgirá de flujos y reflujos en las luchas y esfuerzos que hacemos, como conjunto, en las diversas regiones del planeta. El futuro es una construcción que se realiza en el presente, y por eso concibo la responsabilidad con el presente como la única responsabilidad seria con el futuro. Lo importante, me doy cuenta ahora, no es que uno mismo vea todos sus sueños cumplidos; sino seguir, empecinados, soñándolos. Tendremos nietos y ellos tendrán hijos a su vez. El mundo continuará y su rumbo no nos será ajeno. Lo estamos decidiendo nosotros cada día, nos demos cuenta o no. Mis muertos, mis muertes, no fueron en vano. Ésta es una carrera de relevos en un camino abierto.

Ángeles del abismo: Enrique Serna

Enrique Serna, Ángeles del abismo (México: Mortiz, 2004)

Ángeles del abismo de Enrique Serna, atrapa desde el inicio. Dos historias se entrelazan después de los once primeros apartados, cuando las vidas de Tlacotzin, un indígena renegado, y Crisanta Cruz (inspirada en Teresa Romero, un personaje real del siglo XVII), una beata embaucadora, se unen. Alrededor de esta pareja de amantes se teje toda una comedia de enredos, siempre con un humor excepcional:

"¡Diego [Tlacotzin], ven por favor! ¡Ayudadme!
Con una palmatoria caminó hacia la alcoba de Cárcamo [un sacerdote estafador y rufián, a cuyas órdenes está Tlacotzin, es su pilguanejo], que estaba al borde de la cama doblado de dolor. Tenía el camisón empapado en sudor y jadeaba como un moribundo, tocándose el vientre con ambas manos.

- Tengo unos retortijones de padre y señor mío -se quejó.
- ¿Quiere la bacinica? -le ofreció Tlacotzin-. A lo mejor obrando se le quita.
- Ya lo intenté pero no puedo, estoy constipado. -Dijo Cárcamo.
- Esto me pasa por cenar tanto.
- Si quiere le puedo preparar un té de yerbabuena, para que le quite las cámaras.
- No, lo que necesito es una lavativa.

Preparado el enjuagatorio, Cárcamo le ordenó sacar el clíster que tenía debajo de la cama. Era un grueso tubo en forma de jeringa que desembocaba en una vejiga.
Entonces el prior se puso en cuatro patas, con el camisón arremangado hasta la cintura. Tenía las nalgas gruesas y peludas, y un ano sonrosado trémulo de angustia.
-Apaga la vela -Ordenó Carcamo-, no está bien que me veas así.

[Como el sacerdote no puede, dado las reglas de su orden, tocarse las "partes pudendas", ordena a Tlacotzin que le ponga la lavativa]

Como un explorador aventurándose en aguas pantanosas, Tlacotzin tentó las velludas nalgas del prior y trató de encajar el tubo en el ano con la mayor suavidad.
- Más fuerte -le ordenó el enfermo-, tiene que entrar hasta el fondo.
Tlacotzin empujó el clíster de un fuerte envión y arrancó un gemido de dolor a Cárcamo.
- ¡Me cago en mis muertos! -Dijo entre dientes, y Tlacotzin se quedó un momento paralizado.
- Sigue, sigue -le exigio el prior, y para descargar la tensión hincó los dientes en la almohada.

Volvió a encajar el tubo con fuerza y ahora sintió que entraba con más facilidad, gracias al ensanchamiento del recto.
-¡Ay, cuitado de mí! -se quejó Cárcamo, pero esta vez suspiró como si el dolor le causara placer".

Ambiantada en el México colonial del siglo XVII, esta novela picaresca escrita en el siglo XXI retrata con gran ingenio los vicios de la sociedad novohispana: la Inquisición, el saqueo, la corrupción, el engaño, la sed insaciable de poder de la iglesia católica que, junto a la monarquía española se adueñaron de un país sumiendo a los indígenas, dueños y señores de estas tierras, en la mansedumbre, el pánico, la humillación y la apatía consecuente.

El culto clandestino a los dioses mexicanos o prehispánicos también se asoma, las luchas internas y sociales que enfrentan los indígenas al ver arrasadas sus creencias y estar sujetos a la implantación de otro pensamiento totalmente ajeno: el cristiano. Ángeles del abismo es una novela conmovedora, narrada con maestría, con un humor estupendo y con personajes excelentemente configurados. Y hablando de éstos, además de los ficcionales recorren la narración personajes tomados de la realidad (ya comentaba sobre Teresa Romero), como una niña de ocho años que entrega a Tlacotzin y Crisanta una temprana pieza de teatro de su autoría; sí, es Juana Inés de la Cruz, nuestra Décima musa, antes de ser Sor, claro está. Asimismo, vemos transitar al poco conocido poeta y dramaturgo Luis de Sandoval Zapata (1618 o 1620-1671) (1), cuya obra fue tema para la tesis de licenciatura de Enrique Serna ("quizá el mejor poeta novohispano después de Sor Juana", expresa Serna) y que, como atinadamente señala Eve Gil, "pudo ser el Lope novohispano si los intelectuales en el poder, acaso envidiosos de su talento –"en el alma de los letrados mediocres, los laureles ajenos dolían como rejones al fuego"-, no le hubieran puesto el pie encima":

Goza hasta el último aliento
fandango, vino y mujeres,
que la vida sin placeres
no es vida sino tormento.
Bebe en mi boca de grana
la dulce miel del pecado
antes que disponga el Hado
nublar tu alegre mañana,
pues no hay peor esclavitud
que la del hombre piadoso,
encadenado al odioso
grillete de la virtud.

(1) José Pascual Buxó escribió un libro titulado Luis de Sandoval Zapata (FCE, 1986), es una edición homenaje-estudio de los textos en verso y prosa de este poeta, antecedido de un amplio ensayo introductorio que incluye un análisis del romance "Relación fúnebre". También está el libro de Arnulfo Herrera Tiempo y muerte en la poesía de Luis de Sandoval Zapata (La tradición literaria española) (1996).

9 de marzo de 2006

El diablo en México: Díaz Covarrubias

Comentaba por la mañana con un colega sobre un texto que leí por primera vez hace algunos años y que ahora he vuelto a leer: El diablo en México, de Juan Díaz Covarrubias (1837-1859). Mi colega está seguro de que si Díaz Covarrubias no hubiera muerto a los 22 años, hoy sería un escritor a la altura de Ignacio Manuel Altamirano, estoy de acuerdo con él. El joven escritor xalapeño (1) fue fusilado en medio de la guerra de Reforma que asoló al país entre 1858 y 1860, fue acusado injustamente (2).

El diablo en México es una novela romántica y de costumbres de tan sólo 50 páginas. Narrada con tal ingenio, gracia, ironía y humor, que más de una vez logra hacernos reir al leer, por ejemplo, las particularidades de aquella aristocracia católica del siglo XIX, su hipocresía y manipulaciones, conveniencias y manejo del poder. Al mismo tiempo, es un deleite ver cómo era ese México de aquellos tiempos adonde las parejas se seducían con cruce de miradas, roces de labios en las manos de las mujeres a través de un saludo galante y gentil, o aquel "sereno" (velador) que de noche transitaba vigilante las calles de la ciudad. Se destaca la belleza con que describe los paseos por el barrio de San Ángel, un barrio precioso de ayer y hoy, con sus casonas, sus calles empedradas y sus plazuelas y jardines (imágenes de San Ángel).

Narrativamente sorprende su estructura innovadora porque el diablo viene siendo una especie de destinatario, semióticamente hablando, ese que persuade al narrador para que realice los programas, para que los acontecimientos acontezcan. Es un diablo bastante embrollado, ingenioso y causante del desencuentro amoroso, tema eje en la novela.

Con su obra, Díaz Covarrubias nos muestra la historia de un país: sus dificultades, circunstancias sociales y políticas y también las bellezas de una época muy importante en México, y lo hace con maestría. Es un placer leer el género costumbrista.

(1) De su obra destacan, además de El diablo en México: Gil Gómez el insurgente, La sensitiva y La clase media.
(2) Dice su biografía que "cuando asistía como practicante de medicina en la batalla que se libraba en las proximidades de Tacubaya, fue capturado por el jefe reaccionario Leonardo Marquez y fusilado con todos sus compañeros; la historia los designa actualmente con el nombre de Mártires de Tacubaya".
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Ya está en Internet el Diccionario panhispánico de dudas, editado por la Real Academia Española (RAE): A Q U Í la dirección.

6 de marzo de 2006

Encuentros: García Ponce

Este libro, como acertadamente afirma Christopher Domínguez, "es un clásico de la cuentística mexicana. "El gato", "La plaza" y "La gaviota" hubieran sido suficientes para recordar entrañablemente a García Ponce […] Nada falta y nada sobra en Encuentros". "La gaviota" es uno de los relatos más notables del escritor mexicano, parece encerrar esa esencia del arte que es poema que menciona Heidegger. En unión con la arena, el sol, las olas borrando las huellas de sus pies descalzos y el vuelo de una gaviota de alas blancas, somos cómplices mudos del encuentro de dos adolescentes, Luis y Katina:

Habían empezado a alejarse de las casas que bordeaban la costa sin saber por qué, para moverse simplemente, para afirmar la soledad en que habían vuelto a encontrarse, y ahora el mundo entero parecía haberse alejado; pero no estaban solos: en medio de la radiante luminosidad, el vuelo de la gaviota hacía tangible la ingrávida textura del aire.

Él, con los pantalones blancos enrollados hasta las rodillas, la camisa amarrada a la cintura y la escopeta colgando de su hombro izquierdo; ella, con sus ceñidos pantaloncitos cortos azul pálido que permitían ver sus largas piernas doradas; los dos, caminando a la orilla del mar seguidos por la gaviota volando suavemente a su espalda, sin adelantarse nunca, es una presencia inmutable que los acompaña durante horas en sus largas caminatas en las que se van descubriendo gradualmente uno al otro: se miran, sonríen, merodean, se hacen confidencias, y cuando ella murmura: “¡Mira las estrellas!”, a Luis le parece que es la primera vez que las contempla.

Todo inicia cuando los padres de Luis invitan a los padres de Katina, sus amigos alemanes, a pasar con ellos el verano a su casa de la playa. Desde su llegada, Luis se convierte en el guía de Katina, la lleva a conocer los hermosos rincones que desde niño explorara y que ahora serán el escenario de la representación viva de la embriaguez que provoca el descubrimiento del erotismo y el amor. Con el paso de los días, para Dwig, como lo llama cariñosamente la adolescente, “Katina era parte de la luz, era la luz misma, sin ningún límite, encarnada en su persona más allá de todo espacio, aparte de toda contingencia”. De pronto, la estrecha relación de los adolescentes cambia su naturaleza al verse invadida por la visita de algunos familiares de Luis, “fue una transformación lenta pero inevitable y por esto mismo más dolorosa”. Él sólo deseaba tener para sí a Katina; ella le demostraba constantemente que estaba con él de la misma forma que al inicio, pero el amor que se alojaba dentro de ellos permanecía intocable, “la mirada de Katina parecía encerrar como siempre la promesa de una felicidad que nunca se cumplía”, en su interior presentían que necesitaban a la gaviota como la imagen que reflejaba su propio deseo.

Al terminar la cena, las primas encontraron un pretextopara subir a su cuarto […] Él encontró que como hombre le era imposible acompañarlas a ver una idiotez tal como la ropa que sólo podía interesarle a las mujeres y dijo malhumorado que las esperaría en el portal.

Pero Luis no espera a Katina, furioso se aleja del portal sintiendo que si ella “dejaba de pertenecerle no tenía nada y estaba intolerablemente solo, rodeado de sentimientos, de pensamientos, de rumores que no era capaz de determinar”. Aún con los pensamientos encontrados, Luis se dirige a la playa; al llegar Katina en su busca comienzan nuevamente a caminar juntos, “envueltos por la luz sin necesidad de hablar, ni de tocarse, seguidos tan sólo por la vigilante gaviota, sin saber cuando llegaría el momento de detenerse”. Sin voltear a ver a Luis, Katina se desnuda y se mete al mar ante la turbación de Luis que se queda sin poder hablar ni moverse, delirante, y sin meditar sus actos dispara de pronto contra la gaviota. Apresurada, Katina sale del mar y va hacia el ave que yacía deshecha; Luis, todavía exaltado, derriba a Katina sobre la arena:

–Dwig… –susurró Katina.
Luis le soltó las muñecas y luego sus labios estaban en los de Katina y reconocía su lengua húmeda y las manos de ella, en vez de rasguñarlo, le acariciaban la espalda, convertidos otra vez en una doble, única figura solitaria, sucia de arena y sobre la blanca arena, y de pronto él estaba ya en Katina sin que ella se quejara a pesar de que Luis podía sentir la resistencia del cuerpo de ella mientras entraba, sólo para perderse de inmediato junto con ella, unidos en un espacio sin sombras, independientes de ellos mismos, pero al que sus cuerpos sin límites creaban.

Poco después, cuando la pareja adolescente levanta la cabeza, “la gaviota ya no estaba”. El eros (siempre inseparable del deseo) de dos adolescentes que los incitó a descubrirse a sí mismos y al amor, ha sido la fuerza que ha vencido hasta la muerte misma porque, como dice Hugo Mujica, “para vencer con el amor a la muerte: crear”. Mujer y hombre fusionados, es de los dos que surgen los mitos de la creación representada originalmente por Eros, el dios del Amor, punto de partida de toda la creación universal según la cosmogonía órfica. En este espléndido relato la vida otorga su finalidad como acontecimiento creador.

No hay duda, el erotismo genera, crea.

5 de marzo de 2006

Notas dominicales

México, tema central de la Feria del libro en Londres. Escuche el reportaje de BBC Mundo.

Lamento profundamente que hoy sea el último número del Suplemento Arena del periódico Excelsior, uno de los mejores suplementos culturales. Olegario Vázquez Raña y su hijo Olegario Vázquez Aldir terminaron comprando el periódico. Lo siento mucho, extrañaremos su publicación semanal.

En La Jornada hay un artículo sobre Bukowski, "una mezcla de Walt Whitman, don Juan y el mexicanísimo Pito Pérez".

4 de marzo de 2006

¿Por qué Rulfo escribe Pedro Páramo?

Hay quien ve en Pedro Páramo, la novela de Juan Rulfo, "la imagen de la realidad mexicana". No, en mi opinión, más bien sería una visión subjetiva, parcial, trágica y lírica, de cierta realidad social de México, como bien señala Mariana Frenk en su artículo “Pedro Páramo”, La ficción de la memoria. Juan Rulfo ante la crítica. ¿Por qué Rulfo escribe Pedro Páramo? ¿Será por lo que nos cuenta en este mismo libro Felipe Cobián?: "Cuando en La agüita -donde el llano exprime su inmensa resequedad-, Guadalupe Nava vació su pistola en la espalda de don Cheno, jamás imaginó que había empezado a engendrar una de las creaciones de las letras más fascinates de la Hispanoamérica actual:

Llano grande, Jalisco. (...) Entre los crímenes que más se recuerdan en toda la comarca, que pertenecía al acaudalado hacendado que era dueño de un extremo a otro y terminaba más allá del río y de los cerros azules, en las buenas tierras, recuerdan (...) que para darse valor, el tal Lupe Nava, hijo del entonces presidente municipal de Tolimán, Ambrosio Nava, se pasó toda la mañana con unos amigos, a puro trago de mezcal. Mientras le daba vueltas y vueltas al pensamiento que hacía crecer su idioma y deseos de venganza. Recordaba, endureciéndose cada vez más, temblando de rabia, aquella ocasión cuando don Juan Nepomuceno le llamó la atención -y por poco le da unos chicotazos- porque sus animales se habían metido en sus potreros. El orgullo de Lupillo, como le decían, estaba más herido ahora que nunca. Más por el mezcal recién salido de la taberna que había ingerido sin tiempo y sin medida.

-Enseguida regreso -les dijo Nava a sus amigos de Parranda-. Voy a encaminar a don Cheno. Y dio vuelta a su caballo en la misma dirección del de don Nepomuceno que ya lo aventajaba en el camino.
-Lo acompañaré -le gritó cuando ya estaba más cerca de él.
-Está bien -respondió entre dientes y malhumorado don Cheno que era alto, medio fornido y Güero.
Habían caminado escasamente quince minutos el uno tras el otro, cuando al trasponer el arroyo de La agüita Lupillo descargó con furor, y por detrás, todos los tiros que el arma tenía. Allí, junto al paredón donde se desplomó don Juan Nepomuceno Pérez Rulfo, hay una pequeña cruz y un nicho sin imagen.

Fue entonces, cuando apenas tendría seis años de edad, Carlos Juan Nepomuceno Pérez Vizcaíno (Juan Rulfo) vio a su padre, don Cheno (Juan Nepomuceno Pérez Rulfo), tendido, asesinado apenas unas horas antes por una nimiedad".
Cabe mencionar que Alberto Vital, un gran estudioso de la obra de Rulfo desde hace muchos años, escribe en su libro, Juan Rulfo, que "el padre prometió a Rulfo llevarlo con el padrino, cura de Comala; esta población se ubica en las laderas occidentales de los volcanes de Colima, por la cara opuesta a la que se observa desde Zapotlán el Grande (hoy Ciudad Guzmán) y Sayula (donde nació Rulfo). La muerte impidió que el padre cumpliera su promesa, pero en el hijo ésta quedó —junto con la imagen del pueblo natal al que volvió cuando ya estaba abandonado— como uno de esos impulsos que señalan hasta dónde una obra maestra pudo no haber existido o bien ser muy distinta de como se ha fijado, puesto que dichos impulsos se produjeron en un tiempo presente, abierto siempre a otras posibilidades, a otras realizaciones".

Por último, un dato interesante es que en una entrevista que le hace José Emilio Pacheco en 1959, al también escritor de los cuentos reunidos en El llano en llamas, preguntándole sobre qué obra le hubiera gustado escribir, Rulfo contesta: "...sobre todo una: Derboranza, del gran narrador suizo Charles-Ferdinand Ramuz, tan despreciado y tan desconocido".

Apuntes literarios

* Moctezuma, la ópera perdida: Vivaldi se inspiró en la historia de un mundo que no conocía y le dio un final feliz. Tenochtitlán, rodeada de agua, canales y barcas como su Venecia…

*Entrevista a Paul Auster, publicada hoy en El país: En cada novela quiero...

* Thomas Mann y Theodor Adorno: la novela de una novela.

2 de marzo de 2006

Asesinos sin rostro: Henning Mankell

Henning Mankell, Asesinos sin rostro (Barcelona: Tusquets, 2001)

Ya habíamos comentado anteriormente sobre el inspector Kurt Wallander, el personaje creado por Henning Mankell: de su poco comer (y de todas formas sube de peso), poco dormir y beber más de la cuenta en determinadas épocas, de la imprudencia de su padre que le llama a todas horas, de su relación ocasional con una mujer negra que lo visita por las noches, de su afición por la ópera italiana, de su divorcio, de su preocupación por su hija, Linda Wallander, de ese llegar cansado después de perseguir pistas sobre el criminal y no encontrar nadie en casa porque vive muy solo, de su taza de café caliente, de su salud un poco deteriorada, de su gran sensibilidad, honestidad y esa calidad humana que le lleva a pensar continuamente en jubilarse "para dar paso a esa sociedad postmoderna que parece no comprender".

En Asesinos sin rostro (Premio a la mejor historia policiaca de ese año otorgado por la Academia Sueca de Novela Negra), que leí hace algunos meses, Kurt Wallander tiene que investigar el asesinato de un tranquilo matrimonio de ancianos que viven en una granja de Lenarp, Suecia. "El marido ha sido horriblemente torturado y la mujer muere estrangulada poco a poco, con el tiempo justo de pronunciar antes de morir la palabra extranjero", es la única pista que tiene. La novela atrapa desde el inicio, no he captado claramente si es el crimen y el descubrir a los asesinos lo que me interesó más en la lectura o fue la personalidad de Kurt Wallander y el entrecruzamiento con un tema delicado que plantea la novela: la xenofobia, ese odio u hostilidad hacia los extranjeros:

Con temas como la inmigración ilegal, la corrupción política y la aparición de violentos movimientos neo-nazis, Wallander es un policía a la usanza antigua que se convierte sin querer en testigo de la aparición de "un mundo nuevo que había surgido sin que él se hubiese dado cuenta". Kurt Wallander se pregunta: "¿Cómo iba a aprender a vivir en esta nueva era? ¿Cómo se maneja la enorme inseguridad que se siente ante los grandes cambios, que además ocurren demasiado deprisa?" Lo que Henning Mankell está narrando es, de manera específica, algo que el gran crítico lituano Slavoj Zizek llama "la lenta y dolorosa decadencia del estado de bienestar sueco". El éxito de Mankell se debe, entonces, a que la problemática local --Suecia ya no es la gran utopía social--, repercute en otros países de Europa y otras partes del planeta. Más allá de Mankell, la novela negra está en auge porque ha encontrado un modelo narrativo eficaz que le permite narrar la crisis de, en palabras del crítico Fernando Martínez Laínez, "una sociedad lastrada por la estrecha relación entre política y delito, la hipercompetitividad capitalista, la omnipotencia del dinero…, la doble moral y los manejos que hacen de la justicia una simple maquinaria productora de leyes alienantes…" (Paz Soldán)

Asesinos sin rostro es la primera de una serie de novelas en las que Wallander nos cautiva ¿o el que nos seduce es Henning Mankell?