31 de octubre de 2006

Cartas inéditas de Juan Ramón Jiménez

No voy a comentar mucho porque todo lo dice la lectura de esta carta. Sólo diré que me han conmovido estas cartas que escribe un gran poeta, Juan Ramón Jiménez, a otro grande, al poeta nicaragüense Rubén Darío (considerado el fundador del movimiento hispanoamericano conocido como Modernismo).

Leemos en El cultural:

Volver a Juan Ramón no es sólo volver a la mejor poesía del siglo XX, es volver también a la historia literaria y sus protagonistas de medio siglo de España y volver siempre a lo imprevisto, a lo inédito. Estos días, las celebraciones en torno al poeta se multiplican e incluso se solapan. Se cumplen los cincuenta años del premio Nobel (…), la semana que viene se presenta por fin el primer tomo –de los tres– del epistolario del poeta que ha preparado durante años Alfonso Alegre. Se trata de 420 cartas, la mayor parte de ellas desconocidas y que, en todo caso, salen a la luz por primera vez completas, sin censuras ni erratas, que llenan un gran vacío, el de los años de juventud del poeta. Entre las joyas de este primer Epistolario encontramos diecisiete cartas que el poeta de Moguer escribió a Rubén Darío entre los años 1900 y 1911, recuperadas de los archivos de la Biblioteca Nacional de Chile. Cinco de ellas las publica en primicia El Cultural, así como las dirigidas a Ortega y Gasset, Unamuno y Antonio Machado. Que este epistolario era considerado por Juan Ramón como parte de su obra literaria –alguna carta encierra poemas inéditos– lo evidencia su carpeta encontrada en Puerto Rico con el título de “Cartas a mí con notas mías”.

A Rubén Darío

“Yo he sido siempre un aislado”
Moguer, ¿junio? de 1911

Mi querido maestro:
ahí van algunas poesías; ya le enviaré más; me dice usted que con mi carta y con mis libros no recibió versos; debió usted recibir unos “Tercetos melancólicos”. La revista no he tenido el gusto de verla; ¿no ha salido aún?

Me habla usted de mi aislamiento, del aislamiento. Yo he sido siempre, como usted sabe, un aislado; creo que la soledad es buena amiga de la bondad, y de la belleza. Ahora bien, la cuestión es ésta: ¿dónde debe uno aislarse? ¿En un pueblo como Moguer? Hay paz, hay silencio… relativo, se reciben libros, revistas, cartas; pero no puede ir uno a un museo, a un concierto, a un parque monumental. ¿En una gran ciudad como París? En el ambiente de una gran ciudad existe todo, pero, por lo mismo, falta la nostalgia. En fin, el asunto es soñar, pensar y cantar de un modo o de otro, pues que en todas direcciones puede encontrarse la belleza absoluta; ir arrancando las mejores rosas por todas las avenidas del destino.

Últimamente me había trazado un plan: estudiar bien algunas lenguas muertas y completar mi cultura en las modernas, para poder leerlo todo –todo no, ya sé que esto no es posible pero… ¡mucho de todo!– mas aquí no hay maestros de nada, como no sea de salud –el sol, el cielo azul, el campo verde, la arena roja, cosas que, sin un fondo de tesoros mentales, pueden conducir a una apoteosis a lo Rueda, ¡tan temible! La soledad del sabio sería el ideal perfecto. Llegaría uno a escribir sin gritos, a escuchar solamente el enorme rumor del gran silencio de oro del día, el hervidero de plata de la noche sin fin. Ninguna ciudad del mundo es “la única”, por lo tanto, todas son malas… o todas son buenas… Desde Sevilla…, sueño con las columnas de Tebas o con las pirámides; desde Atenas soñaría con un Tokio del siglo XVIII; desde Babilonia, con el Londres actual; desde París, con… ¡el Jardín de las Hespérides! Y quizás la impresión de las lecturas sea, en resumen, lo mejor.

Un favor: ¿quiere usted decirme en sus cartas qué libros –las joyas sólo– se publican ahí, que deban ser leídos? Yo veo “Vers et Prose”, “Mercure” [de France] y otras revistas –con sus catálogos–, pero sufro desilusiones. Se trata de lo “fundamental” de cosas como la interpretación de Macbeth de Maurice Maeterlinck, como la Elektra de Hugo von Hofmannstahl, como el Saint Sébastien de D'Annunzio -que he encargado-. ¿Estuvo usted en las representaciones? Me he convencido de que es una tontería apurar todo lo de una tendencia determinada: viene el hastío, el empalago. El libro maestro de cada autor –es difícil, dirá usted, saber cuál es; verdad–; Les Stances o Iphigénie de Moréas –¿de qué murió Moréas?-–, ¿no representan, por ejemplo, lo mejor, lo firme de su espíritu?

Mi salud no es buena: la continua taquicardia –que a veces llega a ser paroxística– de mi enfermedad nerviosa debe haber determinado una hipertrofia del ventrículo izquierdo, a lo que puedo juzgar. Lo que piensan de esto los médicos no lo sé, pues, como usted comprende, ellos no dicen la verdad… si la saben. No puedo andar mucho, porque viene la fatiga muscular y la disnea; así es que me paso el día en el jardín o en el cuarto de trabajo, leyendo, soñando, pensando y escribiendo.

No deje de mandarme la revista, escríbame y reciba un fuerte abrazo, de su

Juan R. Jiménez

¿Publicó Lugones sus Odas seculares?
Tengo escrita esta carta hace quince días, pero mi salud ha sido mala, y hasta ayer no he podido copiarle esos versos que le mando. Ya irán más. También le voy a enviar una fotografía del retrato que me hizo Sorolla; quiero una de usted, buena, para tenerlo en la ausencia y el destierro.

He visto el primer número de “Mundial” [Magazine] y los dos de “Elegancias”. Maravillosos. Si no es costumbre en esa casa enviar las revistas a los colaboradores, suplico a usted que descuente de lo que tenga que abonarme por los originales que yo le vaya remitiendo el importe de mi suscripción a ambas revistas. Y mándeme cada mes las tres correspondientes en un solo paquete “certificado”, pues los correos son por aquí infames. No lo eche en olvido.

¿Las señas de Rémy de Gourmont?
¿Las de Lugones?

Texto completo (cartas a Rubén Darío y otras a Ortega, a Unamuno y a Machado. Cinco en total).

28 de octubre de 2006

Método poético y narrativo: Poe

Cada vez que se lee a Edgar Allan Poe se ratifica la admiración a su inteligencia y a esa sensibilidad que toca la soledad, la angustia, el dolor humano, entregada en la maestría de su escritura. "Traducido por Baudelaire, Mallarmé y Córtazar, admirado por Julio Verne y situado por Pablo Neruda en su "matemática tiniebla", Edgar Allan Poe fue el primer escritor universal que diera Estados Unidos". Para Cortázar:

Muchas de sus críticas a la democracia, al progreso, a la creencia en la perfectibilidad de los pueblos, nacen de ser ‘un caballero del Sur', de tener arraigados hábitos mentales y morales moldeados por la vida virginiana. Otros elementos sureños habrían de influir en su imaginación: las nodrizas negras, los criados esclavos, un folklore donde los aparecidos, los relatos sobre cementerios y cadáveres que deambulaban en las selvas bastaron para organizarle un repertorio de lo sobrenatural.

Qué más podría decir de su recreación mágica, de su observación y reflexión del mundo, que más podría agregar de este maestro del relato breve, del ensayista, del poeta, que más que fuera trascendente y que no se haya dicho ya.

Método poético y narrativo (Ellago Ediciones, 2001) es un estupendo libro que tenía muchos deseos de leer desde hace tiempo. En el prefacio del editor leemos que en 1845 aparece en el Evening mirror, con un éxito sin precedentes, su poema "The raven" ("El cuervo"). Poe, que escribía sus columnas en el Brodway journal, "utiliza esa situación para lanzar ataques contra los críticos literarios y otros escritores que siendo populares no hacen, en su opinión, ningún bien a la literatura, ni a lo que ésta significa". Poe lanza en este periódico "la guerra Longfellow":

Fue su carrera como crítico, en la que hizo una aportación de 855 artículos, la que más poderosamente incrementó la antipatía que la mayoría de sus compatriotas sentían por él. Especialmente importante fue su obsesión por demoler con sus críticas la obra de Henry W. Longfellow, profesor de Harvard que, además de ser un poeta laureado en su país, tenía muchos lectores y amigos poderosos. Existen estudios especializados sobre este episodio en la vida de Poe, llamado "la guerra Longfellow", la cual se convirtió en instrumento de su autodestrucción, pues a partir de ese momento no hubo nada que evitara su caída. Pero del mismo modo en que puso todo de su parte para destruir a Longfellow, se mostró pródigo en los halagos hacia Dickens (a quien conoció en una visita que el novelista inglés hizo a Estados Unidos) en su crítica sobre Barnaby Rudge. Afortunadamente para el mundo, Baudelaire descubrió en Poe a un alma gemela y se convirtió en uno de sus más feroces defensores después de que, al morir, en Estados Unidos se desató una campaña de desprestigio y rechazo a la obra y la vida de Poe. Este sabía que era un maestro de la narrativa y que tenía derecho a exigir la perfección -y lo hacía. El mismo se encargó de explicar su rígido juicio como crítico: "No pretendo otra cosa que la escritura; nada más, pero nada menos".

Y como es de suponer, los ataques de buena parte de esos críticos tienen respuesta: Poe es acusado también de plagio, su poema fue puesto en entredicho. Esto fue sumamente duro para el escritor porque es un asalto a su originalidad que "es uno de los baluartes desde donde se erige en su escritura y en su vida".

Método poético y narrativo es precisamente la defensa que Edgar Allan Poe hace de su poder creativo, y quien no haya leído este libro ojalá pueda hacerlo, es esencial para todos, en especial para quienes escriben. En él, Poe describe paso a paso el proceso de su escritura, su método de composición de El cuervo que, además, es todo un método de teoría literaria, de análisis del discurso: "Es mi intención demostrar que ningún detalle de su composición es atribuible al accidente o a la intuición; que la obra se desarrolló paso a paso, hasta su conclusión, con la precisión y rigor lógico de un problema matemático".

Método poético y narrativo recoge los ensayos Método de composición, The Raven/El cuervo (bilingüe) y Charles Dickens.

Referencias:

- Edgar Allan Poe, a pesar de sí mismo.
- Siglo y medio sin Poe.
- Edgar Allan Poe, entrela lucidez y el delirio.

23 de octubre de 2006

El amor que me juraste: Silvia Molina

La obra de la narradora, ensayista y editora Silvia Molina (1946) ha sido distinguida con el Premio Xavier Villaurrutia 1977, por La mañana debe seguir gris ; el Premio Nacional de Literatura Juan de la Cabada 1992, por Mi familia y la Bella Durmiente cien años después; el Premio Sor Juana Inés de la Cruz 1998, de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, por El amor que me juraste y el Premio Leer es Vivir 1999, de Editorial Everest en España, por Quiero ser la que seré, entre otros. Nominada para The Dublin Award, 2001, auspiciado por IMPAC en cooperación con las bibliotecas de Dublín, Irlanda, por la traducción de El amor que me juraste. Algunas de sus obras han sido traducidas a varios idiomas. Apenas iniciando 2004 deja Bruselas, después de tres años de estar como agregada cultural, para hacerse cargo del Centro Nacional de Información y Promoción de la Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Es un placer leer su novela El amor que me juraste (México: Mortiz, 1998), acompañar a la apesadumbrada narradora al viaje que realiza al lugar de origen familiar huyendo de una decepción amorosa:

Estaba en San Lázaro porque se me ocurrió que era un refugio al que podía huir, porque necesitaba estar lejos, alejarme de esta Ciudad de México, la cómplice que nos había encubierto, para comprender lo que había hecho de mi vida, para evocar y conjurar mis errores y tomar una decisión. Necesitaba valor para aceptar no sólo el rompimiento, sino sentir mi vanidad lastimada. Huir, aunque me sirvió, fue un pretexto tonto, lo reconozco, porque como mi papá le dijo un día a Alberto, mi hermano: -Dondequiera que vayas, vas a encontrar una cucaracha. (...) San Lázaro era una escala más en mi camino a Ítaca.

San Lázaro es una tierra desconocida para ella hasta ese momento, ahí se encuentran sepultados sus precursores que llegaron un día de España enamorándose del puerto y ahí se quedaron.

El viaje de la protagonista no sólo es para conocer el puerto y la búsqueda de sus antepasados, también anhela quedarse recostada "hasta muy tarde analizando los recuerdos" plasmados no solo en la memoria sino en esas cartas, más de treinta, escritas por Eduardo con la tinta negra de su Mont Blanc, que "resumían dos historias y, sobre todo, un buen engaño, una mentira, una defensa, una imposibilidad para ser feliz".

Aunque hasta aquí podemos imaginar que la novela es una descripción del dolor, las quejas, las culpas (propias y ajenas) de una mujer en crisis por ese amor fallido, no es así. Tocamos especialmente ese poder que tiene la sociocultura en nuestra toma de decisiones llegando muchas veces a causar angustia y afectando nuestra individualidad como personas y provocando, como una de sus consecuencias, la soledad. Pero es importante, si esto no tiene solución y la cultura es más fuerte, qué se decide, si se asume la soledad que no sea una soledad lastimosa, sino una soledad que permita ir descubriendo lo propio, no lo dado ni impuesto, y que consienta caminar en y con libertad.

21 de octubre de 2006

Reglas para reseñistas: Updike

En el número 8 de la revista Hermano cerdo, en el apartado "Miscelánea", encontramos seis importantes puntos que el escritor estadounidense John Updike sugiere a todo reseñista:

I
Intenta entender qué es lo que el autor deseaba hacer y no lo culpes por no lograr lo que nunca intentó.

II
Da citas literales suficientes, al menos un fragmento largo, de la prosa del libro de tal modo que el lector del reseñista pueda formarse su propia impresión, que pueda seguir su propio gusto.

III
Más que ofrecer nebulosas precisiones, confirma la descripción del libro con citas del libro, aunque sean de una sola frase.

IV
No te alargues en la descripción de la trama y no cuentes el final (Cómo me asombré y me indigné cuando, inocente yo, descubrí que los reseñistas blableaban, y con la sublime impericia de señores feudales borrachos tratando una revuelta de campesinos, sobre las vueltas de tuerca de mi escritura, repleta de suspense y sorpresas. De hecho, e irónicamente, los únicos lectores que se acercan a un libro como lo desea el autor, sin contaminar por un conocimiento previo de la trama, son los detestados reseñistas. Y, años después, el bendito loco que elige el volumen al azar en una librería).

V
Si el libro te resulta deficiente, cita un ejemplo del mismo autor o de otro sitio que explique qué es lo bueno. Intenta comprender el fallo. ¿Seguro que es del autor y no del reseñista?

A estos cinco puntos concretos debe añadirse un sexto, más vago, que tiene que ver con mantener una pureza química entre el producto y el que lo alaba. No hay que aceptar reseñar un libro con el que se está predispuesto en contra o al que la amistad obliga a estar a favor. No hay que imaginarse como el guardián de ninguna tradición, ni como abanderado de ningún estilo, ni como guerrero en la batalla ideológica, ni sentirse una oficina de correcciones. Nunca, nunca (John Aldridge, Norman Podhoretz) se debe intentar poner al autor “en su lugar”, ni convertirlo en un peón en una partida contra otros reseñistas. Reseñar el libro, no la reputación. Someterse a cualquier hechizo, poderoso o débil, que el libro tenga. Mejor alabar y compartir que culpar y negar. La comunión entre el reseñista y su público es basa en la asunción de que hay ciertos placeres en la lectura y todos los juicios deben llevar a tal fin.

19 de octubre de 2006

Premio Asturias para Auster

Mañana viernes Paul Auster recibe el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, enhorabuena.

Definió su proceso creativo como una experiencia "dura" e "íntima" que le demuestra lo "imbécil" que es por los numerosos "errores y correcciones" en las primeras versiones de sus textos. Señaló que no escribe “para la gente en general, sino para esa persona, aunque sé que leer un libro es un acto privado que establece una colaboración entre el escritor y el lector en la que éste aporta al libro su propia experiencia”.

Auster es definitivamente un "autor de nuestro tiempo", como lo definió el jurado. Qué dificil debió ser elegir al ganador pues había pura calidad literaria entre los finalistas: Philip Roth, Amos Oz, Juan Goytisolo y António Lobo Antunes.

Discurso de recepción del Príncipe de Asturias.

17 de octubre de 2006

La condición humana: Arendt

Nuestra experiencia sensible se desenvuelve en el tiempo; a su vez, esta experiencia que tenemos del tiempo está sujeta a los acontecimientos, transformaciones y conjeturas de la sensibilidad. Nuestro ser sensible y temporal habita en un espacio, una morada adonde reside y resuelve sobre cuáles serán los vínculos sensibles que lo unen a las cosas, a los otros y a él mismo, con ese tejido de recuerdos, sensaciones y expectativas que carga consigo. El ser humano está, pues, emplazado en un tiempo y en un espacio, un ahora y aquí del que no puede desligarse puesto que conforma su circunstancia, su ser-estar-en el mundo desde el cual se desenvuelve acompañado de la co-implicación de lo que piensa, siente, quiere, percibe, recuerda, proyecta, etcétera, todo lo que lo constituye y que, además, le permite estar imbricado con otras existencias. En este tiempo y espacio es el lenguaje el que le otorga el poder para hacer discernible y comprensible el continuum de la realidad.

No obstante, el hombre guarda en sí mismo el deseo de cambiar esto dado y transgredir los límites impuestos por la cultura o por la biología muchas veces, transgredirlos y lograr algo "hecho por el mismo", nos dice Hannah Arendt en La condición humana (Paidós, 2005). Pero este anhelo se topa con varias circunstancias: la persona antes que nada necesita cubrir sus necesidades más esenciales (comer, tener una casa, ropa), esto le lleva a ocupar gran parte de su vida y toparse con otras existencias con las mismas necesidades. Para ayudar a que la vida sea menos dificil, Arendt propone, a través de tres apartados: labor, trabajo y acción, "dignificar la política" para que ésta pueda estar pendiente en los intereses públicos. Y aquí veo algo muy importante: dice la filósofa que contamos (o que debemos contar) con la libertad para permitir o no permitir, para cuestionar realmente al determinismo histórico. Existe la posibilidad del cambio, de construir una más positiva vida pública (que repercutirá en la vida personal e íntima), está en nosotros ayudar a este cambio diciendo (y actuando) o no a las propuestas o acciones de las instituciones, sólo así será factible alcanzar una nueva forma de vivir, una nueva realidad.

Un libro muy interesante que demanda la libertad del ser humano como derecho no sólo existencial, también como generadora de cambios hechos por el hombre mismo que debe y puede hacerlo. Para ello basta su deseo y la unión con otros seres humanos que también demanden una nueva realidad.

Centenario de Hannah Arendt.
La filósofa enamorada.

14 de octubre de 2006

Palabra y silencio: Xirau

"El efecto de escuchar es muy poderoso", Ramón Xirau

Cuando de escribir un ensayo se trata, qué dificil es hallar esa forma que diga justo lo que deseamos decir y que lo diga con sencillez, fundamento, y estilo. El género del ensayo me entusiasma, es creación literaria aunque obviamente no ficcional como la narrativa. ¿Quien no recuerda los ensayos de Don Alfonso Reyes? ese uso de la lengua tan cuidado, con un lenguaje pulido y particularmente elegante. Siempre que se está en lo auténtico se está en un lugar privilegiado.

En mi opinión, para realizar un ensayo hay que trabajar sobre la unidad de la experiencia, no ver en pedacitos sino en forma integral. Cada quien sabe por donde le entra el mundo: la intuición, la reflexión, la poesía (la poesía también es un modo de sentir las ideas), "la corazonada", que es asimismo un método de conocimiento, etc. Considero que el ensayo debe de ser directo, verdadero, con ideas. Un ensayo no se hace a partir de alusiones (citas, éstas sólo deben de ser usadas para "iluminar" al lector) sino de reflexiones, al hacer un ensayo construímos un discurso, por ello el intelectual debe de ser riguroso: no engañarse ni engañar a los demás.

Una manera de hacer reflexionar del autor es poner al lector en situación y que éste adjetive, juzgue, pondere, piense. Recuerdo que en un curso una maestra me dejó como tarea: "Hacer una comparación del ensayo sobre López Velarde de Tomás Segovia y de Octavio Paz, en qué sería convergentes y en que no". No podía terminarlo porque, pensaba, no era dar mi opinión sobre López Velarde sino sobre lo que decían estos escritores del poeta zacatecano. Estaba equivocada, de lo que decían otros también yo podía reflexionar y construir un discurso que aportara al trabajar sobre la unidad de mi experiencia de lectura. No se si pude generar ideas con mi trabajo, pero al menos pude generar preguntas, creo que esto ya fue suficiente porque la idea propia está después del cuestionamiento.

Cómo realizar un ensayo, por ejemplo, sobre la identidad literaria de Justine que plantea una pregunta capital: ¿quién es el Marqués de Sade? Vaya dificultad, me parece. Ante la página en blanco suceden muchas cosas...

En Palabra y silencio Ramón Xirau trabaja con las ideas desde la experiencia. Al lector del ensayo le toca reflexionar, participar, pensar...

12 de octubre de 2006

Entre las líneas, entre las vidas: Camus

Me agrada leer biografías de escritores, pintores, músicos, artistas. En Entre las líneas, entre las vidas (México: Océano, 2001), Juan García Ponce nos habla de Proust, de Mann, de Joyce, de Faulkner, de Nabokov, de Beckett, de Camus y de Capote, aunque más que biografías nos cuenta sobre momentos significativos en las vidas de estos escritores. Lo que también hace adorable el libro son las fotografías, en una vemos a Marylyn Monroe bailando con Capote, a la última fotografía de Capote, el más retratado de los escritores, acomodado en el sillón donde murió arrullado por Joanne Carson; en otra conocemos el bello rostro de Mi, otra de las mujeres significativas en la vida de Albert Camus, a Camus y Francine de recien casados; a Peggy Sinclair, prima de Beckett con quien tuvo su primera aventura amorosa; a los cinco niños Nabokov en Yalta, en noviembre de 1918: Vladimir, Kirill, Olga, Serguei y Elena; a las cuatro generaciones de la familia Joyce: James con su hijo Giorgio y su nieto Stephen, al pie del retrato del padre de Joyce pintado por Tuohy; a los hermanos Mann: Heinrich, Thomas, Julia y Carla; a Thomas Mann y Katja en 1955, frente a los restos de la casa bombardeada en Mengstrasse que había pertenecido a la familia Mann desde 1841; una fotografía de Proust en la "pose de la melancolía", y muchas más, todas en blanco y negro.

Con respecto a Camus, su "familia vivía en Argelia cuando era parte de Francia; no una colonia, sino parte de Francia. La madre de Camus era analfabeta; Lucien, el hermano mayor, estudió muy poco, así que Camus sería el intelectual de la familia. Antes de casarse por primera vez ya Camus había escupido sangre, tenía tuberculosis y aunque se sometió a tratamientos nunca se curó. A los veinte años se casa con Simone Hié, una belleza singular, pero con un defecto muy dificil de erradicar: era morfinómana. Albert Camus se da cuenta finalmente de la inutilidad de cualquier esfuerzo por liberarla de ese vicio. Se divorcia de ella y vuelve a casarse con Francine Faure. El espíritu mediterráneo, las mujeres y la literatura, tres cosas a las que Camus será fiel siempre. Camus fue infiel permanentemente.

Cuando Camus muere, su madre diría: "demasiado pronto". El autor de la teoría del absurdo tendría una muerte absurda. No obstante, Camus aprovechó muy bien los años que le quedaban en dirección de todas sus pasiones. Pascal Pia, un muy buen periodista y amigo de Camus desde muy pronto, le da a leer sus obras a Malraux, una de las admiraciones profundas del propio Camus. Malraux se entusiasma y no vacila en recomendarlo a Gallimard. A esas obras Camus les llama "del absurdo". Las acciones de Calígula son absurdas, irracionales; mostradas en una obra de teatro, no en la vida, son el tema de esa obra de teatro y adquieren la racionalidad de la obra. El asesinato de Mersault es irracional, pero también resulta irracional su condena a muerte, más que por el asesinato, por la indiferencia ante la muerte de su madre. Recuerdo las palabras con que empieza El extranjero: "Anoche murió mamá". Para Mersault es un hecho y no le va a impedir seguir gozando del mundo. Ese es el verdadero motivo de su condena, no el gratuito asesinato de un árabe en la playa; por eso es el extranjero.

Como sus amigos Michel Gallimard, su esposa Janine y su hija Anne van a irse a París en el automóvil del primero, él, que ya tenía comprado el boleto de tren para irse a París, decide unírseles. Rene Char también es invitado cuando igualmente tenía el boleto de tren. Rechaza la invitación para que no vaya demasiada gente en el automóvil. ¿Prueba de que el destino es absurdo? La cuestión es que poco antes de llegar a París el automóvil sale de la carretera. Camus muere inmediatamente: Michel Gallimard, cinco días después en un hospital; las dos mujeres resultan ilesas; el perro que van con ellos desaparece. Camus tenía entonces 47 años".

Nabokov les contestó un día a los periodistas franceses que Albert Camus era un novelista de tercera categoría.

3 de octubre de 2006

Entre el amor y las leyes: El Quijote

En su artículo "El prisionero del sexo: el amor y la ley en Cervantes", dice Roberto González Echevarría que "Más que de caballería o de cualquier otro tema, don Quijote trata del amor. La caballería cae dentro del tema del amor, y no al revés. Ambas partes de la novela son algo así como laboratorios de amor, con muestras de casi todos los tipos concebibles de relación y ejemplos de casi todos los tipos de amantes. Las variantes parecen infinitas en número, y la acumulación creciente de historias hace que el libro, a veces, dé la impresión de ser un Decamerón español, unido por la locura y extrañas aventuras de don Quijote.

La galería de amantes abarca todo el espectro: de damiselas en peligro a prostitutas, de potenciales amantes cortesanos a seductores y tramposos, de mujeres vestidas de hombre a hombres vestidos de mujer, e incluso un atractivo joven vestido de mujer para ser menos atractivo a los demás hombres (está en manos de piratas turcos). Las parejas fluctúan desde Sancho y Teresa, campesinos interesados en casar a sus hijos, hasta el Duque y la Duquesa, una pareja aristocrática, aburrida, de mediana edad, en busca de entretenimiento. Juan Palomeque y su esposa tienen una venta muy frecuentada donde los viajeros pueden comer, dormir y, de ser necesario, recibir los favores de Maritornes. Esta es una prostituta feúcha a quien una noche, en la oscuridad de la venta, don Quijote toma por una bella damisela. Hasta el lánguido y huesudo Rocinante se enamora, pero sus insinuaciones a algunas yeguas reciben coces por respuesta y conducen a una pelea en la que el caballero y su escudero son fuertemente aporreados.

En la literatura del Siglo de Oro español, todo lo que ocurre antes del matrimonio es materia para la comedia, y todo lo que se produce después lo es para la tragedia. ¿Por qué es tan importante el amor en el Quijote y por qué sus efectos continuamente hacen a los personajes —no solo a los protagonistas— chocar con la ley o huir de ella? ¿Cuál es el resultado, en Cervantes, del entrejuego de deseo y prohibición, de amor y limitaciones jurídicas?

No existe, por así decirlo, el amor libre".

Artículo completo.

Acéphale

Esto es una estupenda noticia: "La revista Acéphale fundada en 1936 por Georges Bataille, Pierre Klossowski y otros pensadores, tuvo apenas cuatro números y no duró más allá de 1939. Pero le alcanzó para convertirse en una experiencia mística para sus autores y mítica para la historia del pensamiento contemporáneo. Las críticas furibundas y los efusivos elogios que recibieron los miembros de Acéphale de varias de las principales figuras intelectuales del siglo XX imitan la intensidad de su apuesta.

La publicación de la revista completa en español en formato de libro, con las ilustraciones en facsímiles, marca el lanzamiento de la editorial Caja Negra".

Ficha técnica.
Comentario sobre Acéphale.