Una de las propuestas de la hermenéutica moderna es que todo enunciado debe ser estimado como la respuesta a una pregunta, una pregunta que se realiza adónde el enunciado es ya una respuesta, una comprensión de su sentido. Es, pues, a partir de esta situación cuando se puede comenzar a dar una lectura o interpretación. Dice Paul Ricoeur:
El problema de la escritura se vuelve problema hermenéutico cuando se lo refiere a su polo complementario, la lectura […]. La lectura es el pharmakon, el "remedio" por el cual el sentido del texto es "rescatado" de la separación del distanciamiento y colocado en una nueva proximidad, proximidad que suprime y preserva la distancia cultural e incluye la otredad dentro de lo propio.
En nuestra situación de lectores realizamos el círculo hermenéutico: leemos (comprendemos/ interpretamos/aplicamos) un texto desde un horizonte de expectativas a partir del cual entramos en interacción con el efecto de lectura; dentro de este horizonte realizamos nuestro proyecto apoyados en nuestros pre-juicios (nuestros juicios anticipados), residiendo en este acto de lectura, al decir de Umberto Eco, "una difícil transacción entre la competencia del lector u observador [su conocimiento del mundo] y la clase de competencia que determinado texto [o imagen] postula con el fin de ser leído de modo económico" [conveniente].
En nuestra lectura se despliega el efecto del texto literario gracias a su intención comunicativa, a su carácter indicador, más no se trata de revelar el contenido del texto sino el de hacer objeto de su consideración o reflexión a la constitución del mismo sentido. En este proceder interpretativo lo primero que naturalmente surgen son preguntas: ¿Qué significa este texto? ¿Qué me dice a mí? siempre con la mira de comprender ese mundo que llega por medio del discurso narrativo literario.
"El padre de Julia por supuesto no fue a comer. 'El pobre está tan ocupado que ni siquiera eso puede', explicaba la madre a todos los que quisieran oírla, mientras Julia pensaba en su infeliz madre a la que nadie en su sano juicio podía creerle. La madre había sido una belleza que no se parecía a Julia sino a su segunda hermana, pero después del quinto hijo empezó a engordar y el padre a estar cada vez más ocupado en sus negocios. Cuando entró al enorme comedor con su gran mesa en la que la cabecera estaba vacía, su madre y sus cuatro hermanos ya estaban ahí".
"Después, Raymundo la cargó y la llevó hasta la cama de su cuarto. La dejó ahí y fue a cerrar las cortinas. La misma semipenumbra que en la sala. Julia no se había movido. Fue Raymundo el que le quitó primero los zapatos, luego los pantalones y la blusa […] Se desvistió y besó a Julia en el sexo hasta que ella se vino. Hicieron el amor dos veces. Acostados boca arriba, Julia tenía los ojos cerrados y Raymundo le decía: 'Eres muy bella, Julia, muy bella y casi tan caliente como bella, no, sin el casi'".


