29 de agosto de 2007

Si me necesitas, llámame: Raymond Carver

Raymond Carver, Si me necesitas, llámame (Barcelona: Anagrama, 2004)

No se si es mi estado de ánimo un tanto flojo en estos días o si realmente a los lectores de Raymond Carver les sucedió lo mismo que me ha pasado a mi después de leer sus relatos. Nunca había leído a este escritor, hasta que hace unos días tomé de mi librero Si me necesitas, llámame. El título es bonito, hace referencia a uno de los cinco cuentos que conforman el libro, el último. Me ha parecido un gran escritor, aunque (aunque no en el sentido de defecto) los relatos guardan tanta melancolía que al terminar de leerlos queda un profundo sabor de tristeza y desencanto, de percibir un profundo conocimiento de los conflictos humanos. Casi en todos los cuentos hallamos parejas a punto de dejar de serlo o que ya lo han dejado de ser porque no se aman, hombres alcohólicos en recuperación o luchando por ella, soledad interior, ese vacío estremecedor de la existencia cuando se siente que ya no se tiene nada que tenga un sentido que le de ánimo a la vida, mujeres que han perdido a sus hijos y casas que un incendio ha destruido. Todo esto narrado de manera escueta, podría decirse que hasta lapidaria, pero siempre intensa, y con finales tan lógicos, digamos, aunque no se si es la palabra correcta. Son esos finales sin aspavientos, sin afectaciones, que llegan con una deducción o inferencia sorprendente.

No podría decir cual es el cuento que más me gustó, todos son buenos. En "Sueños", Dotti, la esposa del narrador del relato, le cuenta todos los días lo que soñó por la noche, siempre sueños diferentes. Esta pareja tiene una vecina que se la pasa cantando o tarareando, Mary Rice, una mujer que se ha separado de su esposo motivo que la lleva a conseguir un empleo nocturno en un restaurante donde servía cócteles, además se había matriculado en la universidad para hacer dos cursos por correspondencia, "se estaba creando una nueva vida", dice otra vecina. Por esto mismo, tiene la necesidad de dejar a sus dos hijos con una jovencita que los cuida mientras ella trabaja.

Era la última noche del año cuando Dotty y su esposo regresan de una reunión con unos amigos y se encuentran con que la calle estaba bloqueada por dos coches patrulla. Se ha prendido fuego en la casa de junto, en el hogar de Mary Rice, la estufa ha sido la responsable. La joven que los cuidaba había salido con vida, pero dentro habían quedado los niños, se asfixiaron con el humo. La escena de la llegada de la madre y la vida después de todo esto, es dificil de contar...

"Si me necesitas, llámame" es un relato en el que el intento de Dan y Nancy por volver a recuperarse como pareja, resulta muy difícil de conseguir. Ya cada uno había tenido una relación por su lado y cuando deciden ir a pasar el verano los dos solos a la costa norte, sin su hijo Richard, llevan toda la intención de que el resultado sea positivo. Sin embargo, cuando algo se rompe ya no puede volver a su estado original por más que los pedazos quieran unirse. El narrador parece decirnos que cuando el amor se desgasta lo que muestra es dolor y después, tal vez, resignación, a pesar de que:

Nos sentamos frente al fuego bebiendo café y escuchando una radio de Eureka que emitía toda la noche mientras hablábamos de los caballos y luego de Richard y de la madre de Nancy. Bailamos. No mencionamos para nada nuestra situación. La bruma pendía al otro lado de la ventana y charlamos y estuvimos cariñosos el uno con el otro. Al amanecer apagué la radio, nos acostamos e hicimos el amor.
"Leña" es un cuento sobrecogedor, como todos o quizá más. Ver a un hombre en su lucha por dejar el alcoholismo es conmovedor. Myers es un escritor que acaba de pasar un mes en un centro de desintoxicación, ha perdido a su esposa, a ella "se le había metido en la cabeza largarse con un amigo de los dos, otro borracho". La esposa se niega a hablar con él además de prohibirle acercarse a la casa, con orden judicial. Myers decide entonces irse a la costa y alquilar una habitación en casa de una pareja, Sol y Bonnie. Cuando la ansiedad por el alcohol se presenta ¿qué hacer? En su habitación alquilada, Myers escribe en su cuaderno:

Estoy en un país de lo más exótico. Me recuerda a un sitio del que en alguna parte he leído algo pero al que nunca había ido hasta ahora. Por la ventana abierta oigo un río y en el valle que se extiende detrás de la casa hay un bosque, precipicios y cumbres nevadas. Hoy he visto un águila y un ciervo, y he serrado y partido un camión de leña.
Relatos estupendos, personajes que se parecen al vecino, al amigo, al hermano, y hasta a uno mismo.

Recomendaciones:

1) "El hombre que reescribía a Carver", Alessandro Baricco.
2) De qué hablamos cuando hablamos de Carver.

27 de agosto de 2007

La casa del canal: Georges Simenon

Georges Simenon, La casa del canal (Barcelona: Tusquets, 2006)

Cuanto juego de adrenalina hay al leer una novela de crimen o negra o ver una película o una serie policiaca, me gustan mucho. Igualmente sucede con las de terror o las de sobrenatural-terror, como Sexto sentido que me tuvo impresionada durante mucho tiempo, la pareja Cole Sear y Dr. Malcom Crowe son inolvidables, aunque las películas de tema sobrenatural-terror no me agradan. Dentro de la novela negra Simenon me parece excelente, un escritor que además tuvo una vida riquísima en experiencias, unas muy agradables y otras terribles. Gran amante de las mujeres, de muchas mujeres, y en su biografía se dice que "por el lado de su madre, descendía de Gabriel Brühl, campesino y criminal de la banda de los verts-boucs que azotó Limburgo a partir de 1726, desvalijando granjas e iglesias bajo el régimen austriaco, y que terminó colgado en septiembre de 1743 en el Patíbulo de Waubach. Esta ascendencia explica quizás el particular interés del comisario Maigret por las gentes sencillas convertidas en asesinos", ese comisario Maigret perdurable que en esta novela ya no aparece.

En La casa del canal, en un viejo tren que "hacía que los pasajeros se zarandearan y movieran la cabeza sin querer", Edmeé, de dieciséis años, viaja a la finca "Las Irrigaciones" (cuya principal producción era el heno), cerca de Neeroeteren, un pueblito flamenco a orillas del canal, en la región belga de Limburgo. Su madre, Bertha, había fallecido durante el parto y su padre, médico en Bruselas, había muerto días antes, motivo por el cual tiene que abandonar la ciudad de Lille (además es pobre) para ir a vivir a la casa de sus primos: los jovencitos Fred, Jef y Mía, tres niñas más, y su tía, porque justamente al llegar se entera de que su tío acaba de morir, un señor de "largos mostachos pelirrojos", dueño de cientos de hectáreas en Campine, a quien le dio gangrena como resultado de la cornada de una vaca en el muslo. Este señor deja todos sus bienes y sus deudas a Fred, el hijo mayor de 21 años, especificándose en el testamento que velará por la familia.

Los primeros días en la finca fueron para Edmeé de ir descubriendo los movimientos y costumbres de la familia. La tía no hablaba francés, sólo flamenco, así que su comunicación verbal era nada más con con Mía, Fred y Jef. Edmeé desea estudiar medicina, no le agrada coser ni cocinar como lo hacía Mía, pero como en Neeroeteren no hay Universidad decide estudiar por sí misma, en los libros que se trajo de su padre. La vida en la casa del canal transcurre de manera tranquila, salvo el robo de las piedras moradas del copón de la iglesia que Edmeé le pide a Jef que lleve a cabo por el simple hecho de que le gustan las piedras, además desea ver de lo que su primo es capaz de hacer por ella, algo que sea peligroso para que tenga más mérito:

-Si te dijera que robaras...
Edmeé estaba embriagada, como cada vez que acudía al cobertizo, embriagada por el calor, embriagada al contemplar las llamas que bailaban, al respirar el olor del abeto y al comer papas hirviendo. Su menudo pecho jadeaba, y se le contraían las aletas nasales.
-¡Estoy segura de que no te atreverías a robar las piedras moradas del copón!

La familia de Edmeé tenía como característica de que todos sufrían alguna degeneración: La sangre de ustedes, dice la protagonista a Jef, "es pobre, está enferma. No me extrañaría que el tío hubiera muerto de sífilis. Mia me contó que desde su más tierna infancia tiene un eccema en una pierna. Fred siempre tiene granos en alguna parte. No hay en la familia una cabeza que sea normal, simétrica. Tu eres un hidrocéfalo... A la menor herida, el más pequeño arañazo, tarda semanas en curárseles". En ellos todo era irregular.

Hacia mediados de enero, se produce un acontecimiento inusitado. Un terrible accidente se presenta en el canal y son varias personas las que se ven lastimadas, venían en las barcas. Edmeé, en lugar de ayudar a las mujeres preparando la comida o ayudando en la casa para disponer las cosas para recibir a los afectados se la pasa en el canal, mirando lo que sucede a pesar del extremo frío y de la lluvia. Detestaba la cocina. Los pescadores la miran de una manera que hace fijarse a Fred en ella con actitud diferente, empieza a gustarle su prima. Este hecho trae serias consecuencias, es como un disparador que involucra también a Jef... Desde la llegada de la joven las desgracias se suceden una tras otra, es como si la mala suerte la hubiera traído junto a ella, en su maleta: Además de la muerte de su tío, el accidente del canal, el robo de las piedras, está el asesinato involuntario del niño de la boina roja, su deseo de estar enferma a como de lugar, el descubrimiento de que su tío había tenido una amante, hasta el espantoso drama que tiene lugar en Amberes, cuatro años después de su arribo a la casa del canal...

Sin duda, otra de las novelas de Georges Simenon que no hay que dejar de leer. Las atmósferas que el narrador crea logran introducirnos en la trama y participar en cada uno de sus pasajes. La intriga es constante, también el miedo, siempre se está a la expectativa de qué más va a suceder. Edmeé, es un personaje del que no se sabe con certeza si es la maldad la que la mueve y hasta goza con ella, o simplemente conocía de antemano su destino y el de la familia Van Elst, y caminó hacia él desde la muerte de quien tanto la mimaba, su padre. El dolor puede llevar por caminos inimaginables, y a quienes están alrededor.

23 de agosto de 2007

Seda: Alessandro Baricco

Alessandro Baricco, Seda (Barcelona: Anagrama, 2005)

Para vivir, Hervé Joncour compraba y vendía gusanos de seda. Siguiendo los consejos del inteligente Baldabiou (productor de seda), se convierte en constante viajero a Japón. Necesita conseguir huevos sanos ante las epidemias que afectan a los gusanos de seda en Francia. Viajar tantos kilometros no era nada sencillo en aquella época, era 1861, cuando "Flaubert estaba escribiendo Salammbô, la luz eléctrica era todavía una hipótesis y Lincoln estaba combatiendo en la guerra cuyo final no vería". Apremiaba salvar no sólo su negocio, también otras hilanderías de Lavilledieu, el pueblo adonde vivía al lado de Hélène, su esposa.

Después de meses de viajar llega ante el "hombre más inexpugnable del Japón", Hara Kei, que, sentado con las piernas cruzadas en el suelo, tenía como "el único símbolo visible de su poder a una mujer tendida junto a él, inmóvil, con la cabeza apoyada en su regazo, los ojos cerrados, los brazos escondidos bajo el amplio vestido rojo que se extendía a su alrededor, como una llama, sobre la estera color ceniza. Él le pasaba lentamente una mano por los cabellos: parecía acariciar el pelaje de un animal precioso y adormecido". Cuando después de un rato, y de pronto, la muchacha abre los ojos, Hervé Joncour percibe que "aquellos ojos no tenían sesgo oriental, y que se hallaban dirigidos, con una intensidad desconcertante, hacia él: como si desde el inicio no hubieran hecho otra cosa, por debajo de los párpados".

Quisiera detenerme especialmente en esta mujer de ojos "sin sesgo oriental" y en Hélène, la esposa de Joncour. De la primera, hay comentarios que opinan que Joncour se enamora de ella y que lo hace porque: "no parece oriental (¿puede ser racista?), tiene el rostro de una chiquilla ¿será también pederasta?) y es muda (así no le hace reproches)". En mi lectura no he hallado indicios de si la joven con ojos "sin sesgo oriental" es muda o no, tampoco si realmente Joncour se enamora de ella o sencillamente siente una fuerte atracción por una mujer joven, enigmática, sensual, que es capaz de asir la taza de te de Joncour y tomar en el mismo lado adonde él acaba de poner sus labios (todo ello sucede frente a Hara Kei). Una mujer que poco antes de regresar a su pueblo le deja en la mano una hoja de papel con un ideograma escrito en tinta negra que, más tarde, Madame Blanche le traduce: "Regresa o moriré". Una mujer a la que le busca los ojos y siempre los encuentra, "era una especie de triste danza, secreta e impotente". El único contacto que tienen es cuando un día Joncour regresa a su casa (la que usaba mientras estaba en Japón) y encuentra a dos mujeres, a una oriental y a ella:

No le dejó tiempo para hacer nada. Se acercó, le cogió una mano, se la llevó a la cara, la rozó con los labios, y después, apretándola fuerte, la puso sobre las manos de la muchacha que estaba a su lado, y la mantuvo allí, durante unos instantes, para que no pudiese escapar (...) y salió corriendo.

¿La historia de amor que narra la novela es ésta? ¿O es la de Hélène? ¿O las dos? ¿O ninguna de las dos son historias de amor? ¿Acaso puede existir una historia de amor cuando se engaña con el mejor amigo o con una joven de ojos sin sesgo oriental? ¿O es que Hélène no lo engaña con Baldabiou? Me parece que esta novela es mucho más que estas dos historias de amor o de desamor. El contexto histórico es muy importante, y dentro de él esa soledad del ser humano que lo lleva a cometer acciones inimaginables. La bellísima carta que supuestamente escribe la joven de ojos sin sesgo oriental, que en realidad escribe Hélène, muestra no solamente el amor tan grande de su esposa, sino ese erotismo que abarca toda la narración, una carta que queda fija, por inolvidable y particularmente significativa, al terminar de leer Seda:

Sigue así, quiero mirarte, yo te he mirado mucho pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate donde estás, tenemos una noche para nosotros, y yo quiero mirarte, nunca te he visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si te es posible, y acaríciate, son tan bellas tus manos, he soñado con ellas tantas veces, ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, te lo ruego, continúa, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate, amado señor mío, acaricia tu sexo, te lo ruego, despacio, es hermosa tu mano en tu sexo, no te detengas, a mí gusta mirarla y mirarte, amado señor mío, no abras los ojos, todavía no, no debes tener miedo, estoy cerca de ti, ¿me sientes?, estoy aquí, te puedo rozar, esto es seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, de repente sentirás el calor de mis labios sobre de ti, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de repente, tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las pestañas, sentirás entrar el calor en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea en tu sexo, apoyaré mis entreabra mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva descenderá por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te deseo, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te deseo, y con el corazón entre mis labios tú serás mío de verdad, con mi boca en el corazón tú serás mío para siempre, si no me crees abre los ojos, amado señor mío, y mírame, soy yo, quién podrá borrar este instante que sucede, y este cuerpo mío ya sin seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran, tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que deslizas debajo de mí, aferras mis caderas, me levantas, dejas que me deslice sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote lentamente, tus manos en mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves lentamente pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me alza, tus brazos que no dejan que me marche, los golpes dentro de mí, es violencia dulce, veo tus ojos que buscan en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde tú quieras, amado señor mío, no hay final, no acabará, ¿lo ves?, nadie podrá borrar este instante que sucede, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos separando las lágrimas de mis pestañas, mi voz dentro de la tuya, tu violencia que me tiene aferrada, no queda tiempo para huir ni fuerza para resistirse, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, amado señor mío, este instante existirá, de ahora en adelante, existirá, hasta el final.
-No nos veremos más, señor.
-Lo que era para nosotros, lo hemos hecho, y vos lo sabéis. Creedme: lo hemos hecho para siempre. Preservad vuestra vida resguardada de mi. Y no dudéis un instante, si fuese útil para vuestra felicidad, en olvidar a esta mujer que ahora os dice, sin añoranza, adiós.

El énfasis en "esto es seda", es mío.

21 de agosto de 2007

Ideograma de un poeta, Wang Anshi

"Tu ojo no puede ver sus propias pestañas. No eres capaz de ver tu propia falta. Distingues lo que está lejos e ignoras lo que está cerca" (Wang Anshi, 王安石 -1021-1086-)

Una de las cosas comunes entre los seres humanos es el actuar disparejo: tu me das y yo o medio te doy o no te doy nada. No hay reciprocidad. En ocasiones se necesita la percepción aguda para darse cuenta de que el otro está siendo injusto o que, probablemente, no se da cuenta de que es inteligente saber recibir y, por consiguiente, saber dar lo mismo que recibe, al menos. Lo cotidiano es toparse con el "medio te doy", y este "medio te doy" lleva todo un significado: no te considero digna o digno de darte lo que mereces. Igual sucede con el "medio recibo". Dicho muy coloquialmente, todo esto representa una filosofía que habla de quien la lleva a cabo como forma de vida y que muchas veces pasa desapercibida al ojo común. Pero basta el más pequeño detalle para conocer al otro si agudizamos la sensibilidad, aunque pueda presentarse la desilusión (o la ilusión, según sea el caso).

Como todo poeta, Wang Anshi (además de celebre poeta fue reformista en la Dinastía Song, en China) fue intuitivo y observador de las cosas del mundo, se cuenta que:

A la edad de 20 años, mientras viajaba a la Capital para presentarse a su examen imperial pasó por Maqizhen, y al pasar por la puerta de una rica familia vio pegada en ella la primera mitad de un duilian (forma de verso antiguo), que decía: "En la linterna de los caballos que galopan se ve correr los caballos; estos se detienen cuando la linterna se apaga". "-He aquí la primera parte de un duilian, se dijo Wang Anshi, ¿por qué no componer la segunda?". Pero como tenía que ir a presentar su prueba decide componerlo al retornar. El examen, para sorpresa de Anshi, consiste justamente en completar un duilian.

El examinador lee: "sobre el estandarte de una tigresa alada se ve volar la tigresa; ésta se esconde cuando el estandarte se enrolla"; Wang Anshi, imprevistamente inspirado responde sin titubear "En la linterna de los caballos que galopan se ve correr los caballos; estos se detienen cuando la linterna se apaga". Terminado el examen, Wang Anshi regresa y escribe al lado del primer verso del duilian: "sobre el estandarte de una tigresa alada se ve volar la tigresa; esta se esconde cuando el estandarte se enrolla".

El propietario de la casa se sintió muy satisfecho del verso de Wang Anshi y le explicó que había sido una estrategia para poder encontrar un esposo digno para su hija, y como él había hallado la respuesta correcta le concede su mano. Al mismo tiempo, llega la noticia de que el nombre de Wang Anshi figuraba en la lista de los promovidos en el examen imperial. Muy feliz el padre de la novia exclamó: "¡Una felicidad tras otra...!". Wang Anshi, mucho más feliz que su suegro, tomó un pincel y escribió con un gran símbolo: Shuangxi, es decir "Doble felicidad", y dió la orden de pegarlo en la puerta de entrada.

Otra versión, dice que el segundo verso que completa el pareado del emperador le fue sugerido al poeta por una joven campesina de la que se enamoró, y desde ese instante "en China, cuando una pareja se casa, se le desea doble felicidad, se les desea que la felicidad circule en ambas direcciones, del uno hacia el otro. Ser feliz en sentido dinámico, la felicidad que circula entre dos personas".

Como sabemos, un ideograma es un símbolo gráfico que representa un ser o una idea; pero no un sonido, ni una palabra, sino una o muchas unidades de sentido. Las primeras escrituras eran pictográficas, cada pictograma expresaba inicialmente una idea, un ideograma. El ideograma que vemos es el que representa esta leyenda de la Doble felicidad y según he estado leyendo casi siempre es rojo, aunque también lo hay en negro, pero raras veces.

Esta idea de lo recíproco, de ti para mi y de mi para ti, en el amor o en general en las relaciones humanas, me parece un poema que puede vivirse cuando la inteligencia y el sentimiento van de la mano, si falta uno de los dos malo va el cuento. Seguramente también tiene que ver las culturas, la de oriente y occidente son diferentes en sus visiones del mundo.

Cultura China.

19 de agosto de 2007

María Magdalena, de Leonardo da Vinci

Soy la primera de tres hijos y la única mujer. Nací un 22 de julio, el día que se celebra en el calendario cristiano a una de las mujeres bíblicas más interesantes, María Magdalena. Mis padres me contaron que no sabían si ponerme Cristina o Ana María, que eran los nombres que les gustaban. De niña, pensaba que me hubiera gustado llamarme Patricia, a todas mis muñecas siempre les ponía este nombre, todas se llamaban Patricia: Patricia María, Patricia primera, Patricia la castaña, Patricia la morena, Patricia la de ojos ambar, etc. Pero mi abuelo paterno, que estaba de viaje, al saber sobre mi nacimiento envió una felicitación diciendo que enviaba besos a su nueva nieta, María Magdalena. Y mis padres no pensaron más y me dejaron este nombre que el destino santoral apeteció fijarme. Nunca lo uso más que en asuntos oficiales, es demasiado largo, y cuando alguien me llama con él se me hace sumamente extraño.

Ya de adolescente empezó a interesarme conocer detalles de este destino santoral, así que empecé a investigar sobre la santa. Una mujer que inscribe la historia como gran amante, en los dos sentidos del término. Va desde prostituta sagrada hasta seducir con sus encantos y belleza a todos los hombres de la comarca, pero que al ver a Jesús quedó prendada de él y dejó todo para seguirlo (paradigma de la pecadora arrepentida). Además, se supone que fue a la primera mujer que Jesús se le apareció después de muerto. Hay varias versiones sobre su estancia en este mundo, versiones bellísimas que muchos pintores han dejado plasmadas en sus lienzos. Existe hasta la interpretación de que en este cuadro de Da Vinci, "La última cena", la que está a un costado de Jesús es María Magdalena.

Ella se llamaba María y era de Magdala. Mi madre a veces me decía Magdala y yo cómo me molestaba, y ella me explicaba que no debía de enojarme porque... y me contaba la historia, entre otras cosas supe que a Magdalena le preocupaba mucho la marginación y el desprecio en la que vivía la mujer de sus tiempos, ella rompió con los moldes establecidos.

En El país de hoy leo un artículo titulado "Leonardo inédito" en el que se informa que "Bruselas celebra el 50º aniversario del Tratado de Roma con una exposición que retrata al genio del Renacimiento en todas sus facetas. Al humanista, al pintor, pero también al ingeniero, al urbanista y al filósofo”, y en ella se presenta su cuadro María Magdalena, de lo más hermoso que he visto sobre este gran personaje bíblico, sinceramente me parece mucho más bonito que La Gioconda, picándole se verá en grande.

18 de agosto de 2007

Kafka, traicionado

Qué dificil saber si Max Brod hizo bien o hizo mal en no cumplir el deseo de Franz Kafka de que sus textos, todavía inéditos, fueran incinerados luego de su deceso. Confiaba en él, obviamente. Pero lo que sí considero que Brod hizo pésimo es corregir, borrar, cortar, añadir a estos textos del escritor praguense porque ya no son los textos de Kafka, son los textos compuestos o descompuestos de Kafka. Renato Sandoval Bacigalupo, habla en el siguiente ensayo de que Broad cometió una traición.

Kafka, traicionado

Alguna vez, el poeta praguense Rainer Maria Rilke, refiriéndose al célebre escultor francés Auguste Rodin, dijo que éste era un ser solitario antes de ser famoso; pero cuando la fama por fin llegó hasta él, lo dejó tal vez aún más solo, pues ella "no es sino la suma de todos los malentendidos alrededor de un nuevo hombre".

Tal aseveración está ahíta de verdad en el caso de Franz Kafka, otro praguense al que, a diferencia de Rilke y, más aún, del propio Rodin, no le fue dado ver cómo su parva obra se terminó convirtiendo, si bien póstumamente, en objeto de culto, de admiración, de estudio y, sobre todo, en un supremo malentendido. Pues acaso ningún otro autor contemporáneo, salvo Joyce, haya sido editado, traducido, comentado, anotado, censurado, vuelto a editar, traducir, comentar, anotar y censurar como él, para no referirse al abordaje crítico que desde múltiples perspectivas ha padecido su obra, a saber, la histórica, religiosa, psicoanalítica, metafísica, legal, política, socioeconómica, pero también la cabalística, antroposófica, mística, ¡e incluso desde el punto de vista de la ingeniería civil y mecánica, la numismática, la angelología, la heráldica y la culinaria. Todo un festín aliñado con los más disímiles postulados e interpretaciones que, salvo pocos casos, no ha hecho sino añadir al banquete de ideas y ocurrencias más especias de lo debido, perpetrando un verdadero desaguisado.

El desmesuradamente modesto y frugal Kafka, de haber tenido la sospecha de que su incondicional amigo Max Brod no iba a cumplir con su deseo de que sus textos todavía inéditos -nada menos que manuscritos como El proceso, El castillo, El desaparecido (América)- fueran incinerados luego de su deceso, se habría asegurado de quemar él mismo esos papeles, para no correr la misma suerte de su personaje Joseph K., cuya inmolación heroica es opacada al final por la sospecha y el temor de que la vergüenza le sobreviviría. Ahora nosotros, sus sobrevivientes, nos complacemos, pero también nos desconcertamos y laceramos con esa espléndida vergüenza kafkiana.

Pero esa vergüenza con seguridad se habría centuplicado si el autor de La metamorfosis hubiera llegado a ver la manera monstruosa con que Brod editó esos escritos, para no mencionar que además puso al desnudo y sin empacho la intimidad más celosamente guardada de su camarada, a saber, la agazapada en sus deslumbrantes y perturbadores Diarios y en su desgarradora Carta al padre. ¿Es que se puede torcer hasta tal punto la última voluntad del amigo en aras de la admiración que tiene uno por su obra, a todas luces de un valor sin par? Ya Milan Kundera ha examinado con perspicacia este tema, y por cierto Brod no ha salido bien parado. Según aquel, nada justifica la traición a un ser querido, y menos aún tratándose de alguien con una sensibilidad e inteligencia excepcionales como las de Kafka, todo en aras de una hipotética admiración futura de un público que a la vez él temía y tenía sin cuidado. También mi entender, Brod ocupa un lugar junto a Judas, Bruto y Casio en esa llanura de hielo que conforma el último círculo del infierno danteano: el de los traidores. Y, no obstante, ¡bendito sea Brod! La literatura es como la libertad: muchos delitos se cometen en su nombre.

17 de agosto de 2007

Golpes de mar: Antón Castro

Antón Castro, Golpes de mar (Barcelona: Destino, 2006)

El mito es la historia del hombre, cada símbolo que lo puebla refleja esas fuerzas cósmicas que entretejen una visión particular. A partir del mito surgen toda una serie de relatos sobre dioses y héroes legendarios, invocación de musas, princesas, reyes, encantamientos, alegorías, fabulaciones, sirenas que atraen con su canto llevando a la perdición a los marinos, tradiciones fantásticas que explican un mundo muchas veces mágico, como los mundos dentro del mundo narrativo de Golpes de mar, de Antón Castro (Arteixo, A Coruña, 1959). Estos mundos los vemos desplegarse entre Baladouro, la Costa de la Muerte [zona en la que existen "varias leyendas sobre ciudades sumergidas, como la ciudad de Duio (Fisterra); la de Gomorra, en la ría de Corcubión, que desapareció mientras sus habitantes disfrutaban de una gran comilona; la de Vilaverde, frente a la playa del mismo nombre en Moraime (Muxía); la de A Fonte de Ricamonde (Carnota), donde se dice que se esconde una ciudad romana o la de Valverde, en la Laguna de Traba (Laxe)"] y, principalmente, en el hermoso puerto pesquero de Caión, provincia de A Coruña en Galicia.

A este mar, a estas calles de casitas blancas y tejas húmedas, llega un día Alba, la protagonista de "Destino de Lamia", el primer cuento del libro, una profesora en plena crisis de desamor por el rompimiento con su pareja, Artur. Un buen amigo le sugiere que ir a Caión no sólo le traerá reposo, también su "pasado fascinante sellado con la leyenda de los balleneros, sería el tema ideal para la tesis doctoral, literaria y antropológica, que soñaba realizar algún día". Igual que Caión es un hilo narrativo en los cuentos lo es el viejo Buxán, el farero. Uno y otro se toman de la mano para saltar de historia en historia hasta que a nosotros, los lectores, nos hacen cómplices de sus vidas, de sus tristezas, sus alegrías, sus amores, sus enigmas y sus muertes.

Alba va en busca de Buxán quien le muestra el pueblo, "la iglesia tantas veces asaltada por los piratas ingleses, las fábricas donde antaño se partía la carne de ballena", hablan sobre los misterios del lugar. Ese mismo día Alba Fontán inicia un Diario de trabajo donde va anotando lo que ve, recuerda, vive y escucha, como esa leyenda de Lamia que le cuentan en la cofradía entre Buxán, Outono y Adrián Seoane, un joven marino contrabandista: la historia relata que existe una mujer hermosa vestida de blanco que maneja una barca. "Se les aparece a los marinos, les habla de amor y les promete dulces e inusitados placeres en las cámaras de la hermosa fortaleza sumergida en la que reside. Los marinos se dejan convencer por esta figura de hembra imponente; suben a la barca y los conduce por rumbos desconocidos, por brumosos senderos sin retorno". Sin embargo, la realidad es otra: Lamia los sube a su barca, les chupa la sangre y los arroja al fondo del mar "en medio de un estruendo de malvadas carcajadas que salen de su boca", todo esto después de hacerlos trabajar sin descanso día y noche.

Pasan los días y Alba no puede olvidar a Artur. Una noche, "como aparición mágica y benefactora que acude a socorrerla", llega a su casa Adrián Seoane para contarle una historia de la que está seguro le interesará para su trabajo de tesis. La relación entre ellos se intensifica "noche a noche, diálogo a diálogo, cuento tras cuento" y, un amanecer, "Alba apareció desnuda en sus brazos oliendo a mar y a lancha sin recordar los actos previos que los habían conducido al cuarto en penumbra, al lecho, al nervioso amor de los cuerpos que por primera vez se entregan". Pero resulta que Adrián empieza a visitarla esporádicamente, "sólo cuando él lo decidía". Para Alba esto provoca problemas, culpas, justificaciones, rabia. Buxán le aconseja que vuelva a la escritura diaria, que olvide todo esto y dirija sus pasos al mar, "único ser al que perteneces". Le sugiere que olvide a Adrián Seone porque es un hombre que "picotea aquí y allá para presumir con orgullo de amores (...) Recuerda lo bonito de la vida, que siempre es fugaz como el placer del cuerpo. No te arrepientas de haber disfrutado".

Alba vuelve al mar de Caión, a los trabajos para su tesis repasando lo escrito, los archivos de su portátil. Lo que más llamaba su atención era la historia de Lamia, sentía el deseo de ser ella. Exigía venganza, justicia, Adrián y Artur conformaban uno solo en esos momentos. Un día antes de dejar Caión para regresar a su ciudad:

Entra Adrián, entra, dijo Alba, vestida con un largo camisón oriental, rojo y con flores, que Adrián reconoce. Lo ha visto en otro cuerpo (...) Alba lo invitó a tenderse sobre el lecho mientras se desvestía sin pudor y se acariciaba los senos (duros, redondos y más alzados que nunca), que exitaban al marino. Alba se erigió en la bailarina mortal de la historia que le narró Adrián, se encarnaba en la hermosa y malvada Lamia que necesitaba una víctima de su sinrazón (...) Se abrió una puerta y apareció Sabela [otra mujer del marino] con un fino tul transparente, que Adrián también había visto en otro cuerpo (...) Adrián, desolado, apenas alcanzó a oir las carcajadas, el portazo, el viento embravecido allá afuera...

A los pocos días de este suceso, el viejo Buxán, el farero, leyó las últimas notas que escribiera Alba Fontán, desaparecida, en su Diario. Mira la pantalla encendida de la portátil y se detiene ante una carpeta titulada: Golpes de mar. Alba ha escrito en esta carpeta todas las historias que le contaron, las que ella misma pudo observar, y otras que transformó y reelaboró. Hurgar en esta carpeta nos es permitido como lectores y, de esta forma, adentrarnos en estos Golpes de mar. Vayamos pues.

Desde la perspectiva de la semiótica narrativa el narrador es un sujeto cognitivo, un sujeto que conoce, que se sabe la historia relatada. Este narrador hará saber al narratario la historia que sabe, el narratario la ignora (no es el lector, es un correlato del narrador en la narración, es el sujeto al cual el narrador le cuenta la historia. También es un sujeto cognitivo, a veces es implícito y otras explícito). El narrador, pues, también es un informador que hace saber lo que él desea hacer saber sobre el espacio y el tiempo de la historia, sobre lo que los personajes saben y creen de sí mismos, de los otros, del entorno en que se encuentran, de lo que hacen o les sucede, de lo que sienten, de lo que valoran. En Golpes de mar existe la utilización de varios narradores, la existencia de varias voces que hablan simultáneamente, y donde no hay ninguna que sea preponderante y que juzgue a las demás, lo que Bajtin llama polifonía.

Por ejemplo, en "El paseo de la viuda" es el hijo de Graciela Gestal, Leonardo Gestal, quién nos cuenta su propia vida, su forma de sentirla y pensarla. Inicia su relato recordando que, años atrás, todas las tardes su madre realizaba el paseo de la viuda por la playa, esperando que el mar trajera alguna noticia de su esposo, Delfín Gobantes, cuyo cuerpo había sido el único que jamás apareció cuando la embarcación Maliaxe zozobró ante las costas de Malpica y las islas Sisargas. Ese día, "Caión vivió entre lágrimas contínuas". Pasaba el tiempo y no sucedía novedad alguna, del esposo de Graciela no se sabía nada. Una mañana, Buxán, el viejo farero, le dice: "¿Has pensado que a lo mejor tu marido no iba a bordo?". Después de meditar, Graciela toma la decisión de salir de Caión e irse a trabajar a Aragón con un párroco que solicitaba una casera, Leonardo Berdún. Pero como dice el refrán, el hombre es fuego y la mujer estopa... Leonardo y Graciela se amaron ciegamente: "Aunque te parezca raro, le dice el sacerdote a su amada, sólo me siento cerca de Dios durante el amor, en ese instante me reconozco más sacerdote que nunca. No puedo entender por qué se nos prohibe esta alegría". En lo que sucede después interviene Buxán, el viejo farero, el suceso se cierra con una conversación adonde el amor lo dirige todo. Leonardo va a buscar a su madre al puerto donde ésta ordenaba el congrio seco: "La cogí del brazo y la traje a casa. Cerramos la puerta y los dos nos quedamos a solas (...) -Podrás resistirlo. Yo también soy hija de cura. Y lo sé desde mucho antes que tú: desde que era niña".

En "Memoria de Elba" el que narra también es el hijo de Elba, una mujer que ama con tal pasión que es capaz de embarazarse a través del tiempo y el espacio, con la presencia ausente de su amante esposo. Un erotismo mágico se hace presente, la voluptuosidad de la protagonista, su deseo, su sensualidad vinculada al mar que le ha arrebatado a su amor, un amor que la inmortaliza...

"Vida infame de Tristán Fortesende" y "El jardín después de la lluvia" son excelentes relatos, los que en lo personal más me gustaron. En "Vida infame de Tristán Fortesende" nos adentramos en la vida de una pareja. Él, un hombre solitario, rudo, que espera que el viento del mar fecunde a sus yeguas, un hombre que para hacer el amor necesita abalanzarse y rasgarle el vestido a su amada: "Cada acto amoroso era un rito, una destrucción, una suerte de violación consentida". Cuando parece que la felicidad abraza a la pareja algo muy duro sucede que trastorna sus vidas...

El amor de Clara y Alexandre, los hermanos incestuosos de "El jardín después de la lluvia", es un poema. No importa la muerte si se ha conocido en vida, aunque sea por unos instantes, la plenitud del verdadero sentimiento amoroso. En este espléndido relato, el mar abre sus brazos para acoger para siempre lo que la realidad no quiso o no pudo conseguir.

Cada cuento que compone Golpes de mar es una apuesta a la sensibilidad adonde la melancolía, la añoranza, los amores a veces no correspondidos, los marineros errantes, las mujeres que esperan, el mar capaz de sepultar ciudades pero también capaz de cumplir sueños, ese mar que no distingue a reyes, pastores, marinos, enamorados, hombres o mujeres, y que nada ni nadie lo persuade si decide prodigar sus golpes, esos golpes de mar inolvidables.

13 de agosto de 2007

Encuentro en Nueva York

Paul Auster (PA) y Tomás Eloy Martínez (TEM)

PA: (…) ¿Has leído a Roberto Bolaño?

TEM: -He leído por lo menos cinco de sus novelas. Tiene muchas más. A Jorge Herralde, tu editor español, lo apasiona. Y aquí, en los Estados Unidos, está llamando la atención, ¿no? Se han publicado largos artículos sobre él en el New Yorker y en el suplemento de libros del New York Times.

PA: -Ha sido algo sobrevalorado, ¿no crees? Lo que conozco de él es irregular. A veces te quedas con la sensación de que, reducidas a la mitad, sus novelas habrían sido mejores.

TEM: -Bolaño tiene lectores fanáticos en los países de habla hispana. Debo confesar que yo no soy uno de ellos. Dos de sus primeros libros me gustaron tanto que recuerdo haberme dicho: "¿Bolaño? ¿No será un seudónimo de Vila-Matas?".
¿Será que sí y Bolaño ha sido sobrevalorado? Pero además, en esta conversación entre Auster y Martínez en Nueva York hay algo que también me llamó la atención, dice Auster: "Hay que reconocer un mérito en Bolaño. Nos está haciendo hablar de la literatura latinoamericana". ¿Qué significado encontramos en estas palabras? ¿Es el único mérito que para él tiene Bolaño?

Vale la pena leer completo este Encuentro en Nueva York, lo que comentan sobre el tema de la traducción es interesante.

11 de agosto de 2007

Un poema de Oliverio Girondo

No se me importa un pito, Oliverio Girondo

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

El regreso del poeta enorme.

9 de agosto de 2007

Lorenzo Mattotti, y la lectura

Hoy por la mañana me compré Nell'acqua de Lorenzo Mattotti (1954), y estoy fascinada. ¿De donde brota tanto talento? Estudió arquitectura pero decide dedicarse al cómic. Sus libros han sido traducidos a muchos idiomas y sus trabajos publicados en varias revistas importantes. Para niños, ha ilustrado Pinocchio de Collodi y ha publicado Eugenio, que ganó el Grand Prix de Bratislava en el 93. Trabajó en el film Eros de Wong Kar Way - Soderbergh et Antonioni, creando las cortinillas entre los tres episodios.

Les recomiendo mucho visitar su página. El erotismo que puebla su obra es penetrante, lúcido, voluptuoso, apasionado, sensible. Se detiene especialmente en la pareja y lo hace con gran belleza.

8 de agosto de 2007

"La escuela de Platón": Delville

Casi al final de Historia de la belleza, el hermoso libro a cargo de Umberto Eco, se encuentra este cuadro pintado por el simbolista (y teósofo) belga Jean Delville (1867-1953), La escuela de Platón (1898). Es un óleo sobre lienzo muy grande, 260 de altura por 605 de ancho, está en el Musée d’Orsay, a cuyo pie dice:

La Escuela de Platón, decoración destinada a la Sorbona que jamás se colocó, es a más de un título, una obra sobrecogedora. Sus dimensiones monumentales, la ambición de su propósito, una interpretación de la filosofía clásica vista por el prisma del ideal simbolista, señalan en seguida la singularidad de la obra. El manifiesto proclama sus referencias, de Rafael a Puvis de Chavannes; pero las embellece de la extraña seducción de una gama cromática obviamente irreal. La ambigüedad que se desprende de este manierismo fin de siglo, nubla a propósito, cualquier frontera entre pureza y sensualidad.
Platón está debajo de un olivo como si fuera Jesús predicando a sus apóstoles, doce jovencitos desnudos (entre ellos debe de estar Aristóteles) de gran belleza. Al menos la mitad de ellos en poses que culturalmente consideramos femeninas, lo sean o no. Y el pavo real (macho, no es hembra porque ésta no tiene la cola larga) mirando hacia el otro lado pero mostrando también su hermosura, haciendo un bellísmo conjunto con el valle, con la naturaleza (pueden picar la imagen para verla en grande y poder observar los detalles).

¿Será una interpretación de la filosofía clásica como dice la nota explicativa del cuadro?

6 de agosto de 2007

La ficción de la dignidad, por Vila-Matas

En el libro de ensayos de J. M. Coetzee, Contra la censura, se profundiza en el conocimiento de lo que entendemos por dignidad y se analizan, con espíritu sutil y erasmista, los orígenes y circunstancias que rodean palabras como censura, ofensa, dignidad. La idea es que para que haya una ofensa tiene que existir un concepto equivocado de la dignidad: sólo hay ofensa si se ignora que la dignidad es una ficción, un eje más de las ruedas del teatro del universo.

Así es, si así nos parece. El mundo es una ilusión, un escenario en el que todos tenemos frases que decir y un papel que representar. Cierta clase de actores, al reconocer que están en una obra, seguirán actuando a pesar de todo; otra clase de actores, escandalizados de descubrir que están participando en una mascarada, tratarán de irse del escenario y de la obra. Los segundos se equivocan. Se equivocan porque fuera del teatro no hay nada, ninguna vida alternativa a la que uno pueda incorporarse. El espectáculo, al igual que el teatro kafkiano de Oklahoma, es, por así decirlo, el único que hay en la cartelera. Y lo único que uno puede hacer es seguir representando su papel, aunque tal vez con una nueva conciencia, una conciencia cómica.

Decía Erasmo que una dignidad digna de respeto es una dignidad sin dignidad, que es muy distinta de una dignidad natural. Y esta opinión me recuerda que los autores que admiramos no se tomaron a sí mismos nunca en serio y supieron siempre que no llegaban a ser ni una mota de polvo en el universo. Coetzee explica que, si bien él no es incapaz de ofenderse, no siente un respeto particular por su propio sentimiento de ofensa; no lo toma en serio, en especial como base para la acción de réplica. Seguramente, él mismo es el primero en no tomarse en serio y en contemplar la literatura como un juego de riesgos y abismos de altura. Es más, juraría que de la inseguridad saca sus fuerzas; no cede a nada, y nadie que quiera ofenderle puede con él. Seguramente le basta con su dignidad propia, secreta, con esa dignidad que no recurre al respeto, porque sabe sobradamente que la esencia del respeto es la pura y simple maquinación y, en consecuencia, el engaño. Y, además, porque sabe también que el respeto es siempre superfluo -un añadido insignificante a la dignidad- y muy parecido a la seriedad de las personas mediocres que ocultan tras sus redundantes dignidades sus defectos mentales.

Recuerdo que un gran amigo me habló, en una noche inolvidable, de las renuncias secretas a todo tipo de poder que constituían el asombroso núcleo central de su dignidad propia y más íntima, su dignidad natural. La gente juzga con precipitación y no quiere saber -seguramente no le interesan- las virtudes secretas que componen la dignidad verdadera de los otros. En mi minúsculo caso concreto, yo considero que, tras una sucesión de tomas de conciencia cómica, se ha ido reforzando mi indiferencia hacia cualquier agravio. Eso me hace comprender mejor que, como sugiere Coetzee, las afrentas a la dignidad de nuestra persona no sean ataques a nuestro ser esencial, sino a construcciones gracias a las cuales vivimos, pero construcciones al fin y al cabo. "Las afrentas pueden ser reales, pero no debemos olvidarnos de que lo que vulneran no es nuestra esencia, sino una ficción fundacional que suscribimos con mayor o menor entusiasmo", es decir, que en realidad, cuando apelamos a nuestros derechos y exigimos reparación, haríamos bien en recordar lo insustancial que es la dignidad en que se basan esos derechos: "Si olvidamos de dónde procede nuestra dignidad, podemos caer en una postura tan cómica como la del censor enfurecido".

Leer completo.

La historia comienza: Amos Oz

Qué cierto es que los buenos principios narrativos son atrapantes, tanto es así que hay algunos que ya son leyenda, como el de Lolita de Nabokov: Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: La punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta., entre muchos otros. Hemos comentado en varias ocasiones sobre la importancia del narrador y las expectativas generadas por el relato que él construye.

El estudio del relato desde la Teoría literaria parece ser una tarea sólo de algunos críticos, dificilmente un escritor se detiene en este campo, aunque lo hallamos en muchos de ellos como sostén discursivo. Es muy grato enterarnos del estupendo libro que Amos Oz dedica a "esta cuestión primordial de sintaxis del relato, y a sus consecuencias narratológicas en diez obras de la modernidad": La historia comienza.

Oz empieza transitando en su introducción por algunas veredas de la teoría del relato como la formulación verbal del comienzo, el tan traído y llevado topos de la "página en blanco" ("que es en realidad una pared encalada sin ninguna puerta ni ventana"), la gestión de la información inicial que impulsará un "horizonte de expectativas" en el lector, el concepto de "pacto narrativo" de Wayne Booth ("todo principio de relato es siempre una especie de contrato entre escritor y lector"), ideas seminales de la estética de la recepción -como los intersticios del texto que deberá completar el lector merced a su lectura- o la relación del texto en cuestión con el Texto de la tradición, que el autor ilustra de la mano de una crónica metaficcional ciertamente simpática -"nuevo tachón. Mañana será otro día está muy trillado. Empezar es difícil"- que trae a la memoria del lector, y de inmediato, el espíritu y también la letra de Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino.

Después dedica su ensayo a examinar las frases iniciales de una decena de relatos, algunos poco conocidos, como Mikdamot, de S. Yizhar, o Effi Briest, de Theodor Fontane, el primero del volumen; otros mucho más cercanos, como Un médico rural, de Kafka; La historia: una novela, de Elsa Morante (espléndida autora que regresará en breve a nuestro mercado en nuevas traducciones), y Nadie decía nada, de Raymond Carver, y alguno decididamente popular como El otoño del patriarca, de García Márquez. Cada breve capítulo persigue averiguar el valor de la frase inicial y sus consecuencias narrativas, pero en realidad resulta ser un ejercicio de fina lectura hecho en voz alta ante el lector, como si Amos Oz quisiese compartir con él los mecanismos detectivescos y las deducciones, sospechas y relaciones que todo lector lleva a cabo cuando se enfrenta a un texto cuya frase inicial le proyecta todo un mundo virtual, mecanismos que nuestro autor desea hacer transparentes.

Será un enorme placer leer este libro.

Fuente | El país

Festival literario Hecho en México

Qué alegría me ha dado saber que Enrique Serna estará en Barcelona (adónde pasa largas temporadas, según tengo entendido). Leí en el periódico que más de 50 escritores y artistas mexicanos y españoles participarán en este festival literario Hecho en México, que acogerá esta ciudad española del 29 de septiembre al 6 de octubre. Además de Enrique Serna, entre los 55 autores cuya participación está prevista se cuentan escritores mexicanos como Jordi Soler, Guadalupe Nettel y el poeta Jorge Ortega. También se espera la participación de la periodista Alma Guillermoprieto, la actriz Ana Colchero y el fundador de la editorial mexicana Sexto Piso, Eduardo Rabasa, entre otros. En cuanto a representantes locales estará el poeta David Castillo, los escritores Enrique Vila-Matas y Kiko Amat, y el director de la editorial Anagrama, Jorge Herralde, entre otros.

El evento está dirigido por la escritora española Lolita Bosch quien vivió en Ciudad de México durante 10 años, y cuenta con el apoyo del Consulado General de México en Barcelona. El punto de partida del festival es la presentación de una antología personal de literatura mexicana de Lolita Bosch, titulada precisamente Hecho en México. También colabora en la organización el mexicano David Horacio Colmenares, maestro en Filosofía por la Universidad de Lovaina, Bélgica. Este evento literario busca ‘mostrar vívidamente los profundos vínculos históricos y fraternos que han existido entre México y Cataluña’, destacaron los organizadores. Además de los ocho diálogos que conforman la parte más grande del festival, tendrán lugar diversas actividades. Algunas de ellas serán recitales de poetas mexicanos y catalanes y un ciclo de entrevistas a escritores mexicanos realizadas por televisoras españolas y específicamente catalanas. Asimismo, se prevén un encuentro de narradores orales, la presentación de documentales, jornadas literarias en varias universidades y conversaciones entre escritores.

Fuente | Notimex

4 de agosto de 2007

Como agua para chocolate: Laura Esquivel

Laura Esquivel, Como agua para chocolate (México: Grijalbo, 1989)

La novela que me gustó de Laura Esquivel es ésta, es una novela agradable. Nunca superada por La ley del amor ni por Estrellita marinera o El libro de las emociones: son de la razón sin corazón o Tan veloz como el deseo. Me sucedió como con las novelas de Isabel Allende, no me gustaron.

En el momento de la publicación de Como agua para chocolate me pareció una buena estrategia narrativa el que una receta de cocina tutele cada capítulo. Tita es la que hace la comida y lo que ella siente y vive emocionalmente se traslada a aquellos que comen sus platillos. Estar "como agua para chocolate" significa estar a punto de explotar de enojo, hace referencia a la manera de ebullición que tiene que tener la leche para que se derrita el chocolate. En la novela tendrá que ver con el amor apasionado entre Tita y Pedro, siempre a punto de estallar.

La novela se desarrolla a inicios del siglo XX, en los tiempos de la Revolución Mexicana, y es gracias a Esperanza, la sobrina-nieta de Tita, que nos enteramos de la historia. Su bisabuela, mamá Elena, es una mujer intolerante, inflexible, severa, dominante. Según ella, de sus tres hijas, Rosaura, Gertrudis y Tita, la menor tiene que permanecer soltera para cuidarla hasta su muerte pues así lo dice la tradición. Por ello, cuando Pedro, el novio de Tita, la hija menor, quiere casarse con ella la madre no lo permite y a cambio le ofrece que lo haga con Rosaura, la hija mayor. Pedro se casa con Rosaura para estar al lado de Tita.

Gertudris es un personaje que destaca. Valiente, decidida, diferente a sus hermanas, que llega hasta prostituirse para calmar ese fuego que la invade. Es bella esa escena adonde sale corriendo de la casa después de comer las codornices que Tita cocina con los pétalos de las rosas que Pedro le regaló: llega su amado capitán a galope y hacen el amor mientras el caballo corre veloz por el campo. Gertudris regresa después de un tiempo felizmente casada con su capitán y convertida en generala de la lucha revolucionaria. La escena de las codornices (video).

Varios dramas se presentan en la novela (también llevada al cine por el ex-esposo de Laura Esquivel, Alfonso Arau); sin embargo, se rompe la tradición... Como agua para chocolate posee muchas cosas previsibles y otras demasiado obvias, como el nombre de la sobrina-nieta de Tita, pero es recomendable su lectura.

Como agua para chocolate obtuvo un éxito sin precedentes con ventas mundiales superiores a los tres millones de ejemplares, ha sido traducida a treinta idiomas.

Una anécdota de Huidobro

En el artículo Tristán e Isolda o la metafísica del amor sexual, de Antonio Bascuñán, leo:

Isolda, Isolda, cuántos kilómetros nos separan, cuántos sexos entre tú y yo. La primera de las invocaciones a la mujer en Temblor de cielo (1931), del poeta chileno Vicente Huidobro, expresa con simplicidad brutal el problema metafísico que plantea el sexo. La experiencia del cuerpo del otro no cancela ni compensa sino que confirma su lejanía. Dos cuerpos entrelazados podrán domesticar la eternidad, como afirma el poeta, pero hasta en el encuentro más íntimo el otro se revela irremediablemente elusivo. El sexo no es puente sino abismo. Huidobro data su poema en prosa en 1928, año en que llegó a la ciuda de París con Ximena Amunátegui. Su arribo habría coincidido con la representación de Tristán e Isolda en el Palais Garnier y de esa coincidencia provendría Temblor de cielo, una libre recreación poética del drama musical según uno de sus biógrafos.

Huidobro conoció a Ximena Amunátegui cuando ella tenía 15 años. Cuando la jovencita cumple 18, el poeta va por ella al liceo y huyen a París. Abandona a su esposa (con la que llevaba casado más
de quince años) y a sus hijos.

Esto me hizo recordar el comentario que hace algún tiempo realizó Luis Pita, es muy simpático y revelador:

¿Sabes que se peleó con Cesar Vallejo por el nombre de Creacionismo? Huidobro se fué a París he hizo la revista Favorable-París-Poema que no hay nada hoy en día que se le compare y Vallejo se quedó un poco relegado -entiendo yo-. Otra anécdota maravillosa es que el era de una de las familias más poderosas de Santiago, propietarias de las Bodegas Concha y Toro (durante décadas el mejor vino de Chile), tenían tanta pasta que les daba igual tener un nombre epatante, la concha en Chile es el coño. Pues se vino a Europa en barco con su mujer, su primer hijo, su criada y UNA VACA, ¡para que el niño tuviera leche fresca cada día!

Corín Tellado

Era una niña cuando parte de mi “domingo” lo gastaba en comprar una novelita de Corin Tellado. La jovencita pobre, valiente, muy bonita, inteligente, que conocía de pronto (gracias a un encuentro sorpresivo en la calle, en la biblioteca o en casa de una amiga) a un joven muy rico, apuesto, fiel, que se enamoraba de ella de inmediato o, porque también se daba al revés, el joven pobre que se enamoraba de la chica muy bonita, rica, sencilla y que le correspondía con gran amor después de algunos avatares. Cómo olvidar aquello de que “No era guapo, sin embargo tenía una mirada color cielo al amanecer que la turbaba. Desde que lo vio la primera vez supo que había encontrado lo que su corazón ansiaba. Con él era capaz de pasar toda su vida sin pensar en nada más”. Sí, sus novelitas eran sumamente cursis, definitivamente, pero a los diez u once años ni piensas en eso.

Hoy leo que ha escrito 4.000 novelas y vendido más de 400 millones de ejemplares, que sólo Cervantes y la Biblia la superan, que “su secreto es plasmar un sentimiento muy común, muy cercano". Asegura que “el romanticismo es una estupidez", pero vaya que éste le dio, y le sigue y seguirá dando, mucho dinero. Como que tonto, lo que se dice tonto, no es.

2 de agosto de 2007

Un poema de amor furtivo: Bilhana

Bilhana (siglo XI), cuenta Octavio Paz, es el encargado de un rey de Cachemira durante la época medieval de la educaión de la hija del monarca. Cuando éste descubre las relaciones amorosas de ambos le condena a muerte. Pero el dia de la ejecucion, Bilhana se va deteniendo en cada uno de los cincuenta escalones que tiene el patíbulo y declama un poema en recuerdo de las noches pasadas con su amor:

Aún hoy recuerdo
la línea de su vello
que desemboca en su ombligo,
su cara de loto desplegado
y a ella luminosa
como una guirnalda
de doradas flores de Champaka.
La recuerdo
levantada de su sueño,
indolente tras la turbulencia del amor
como la sabiduría entregada al delirio

Sabemos de la admiración del nobel mexicano por la India, país del que fue embajador de 1962 a 1968 pero que desde antes visitaba, como después continuó haciéndolo. En el video que dejo abajo observamos a Octavio Paz y a Julio Cortázar realizando una singular danza, dice Guillermo Sheridan (en Letras libres, mayo de 2007) que "Están en Nueva Delhi, rodeados por un montón de niños y adultos en un jardín soleado (que debe ser el de la embajada), y la fecha debe ser 1965. Seguramente la fiesta obedece a algún ritual, pues Paz tiene la frente pintada de rojo. En algún momento, los hindúes hacen una ronda alrededor del poeta, a quien se mira muy divertido. La idea que tiene Paz de la danza corresponde a un ritmo ya olvidado conocido como la yenka; la de Cortázar, más bien se identifica con la idea cubista de la coreografía. Es de lo más simpático. Obviamente está filmado (¿por quién?) cuando Paz era aún embajador ahí y los muchos hindúes que aparecen deberán ser los empleados de la embajada con sus hijos. ¿Quién será entre todos ellos el joven Hassan que, en “Efectos del bautismo”, cambia su nombre a Erik? También aparecen en fracciones de segundo las esposas de ambos escritores: Marie-José Tramini y Aurora Bernárdez".

1 de agosto de 2007

"¡No hay problema!"

Este lunes entré de vacaciones, tendré dos deliciosas semanas (que siempre se van como agua). Puedo acostarme tarde sin tener que levantarme temprano, esto es una delicia. Con la buena suerte que tomé el control para mirar qué había en la televisión y cambiando, cambiando, me topé ¡con Alf! no sabía que lo estaban retransmitiendo por Nick at Nite, junto con "¡Ay! como duele crecer" (Growing Pains), que fue una estupenda serie de 1985 a 1992. Cómo me gustaba ver las aventuras familiares de los Seaver. Según comentaron en los anuncios también están pasando sitcoms de los años 60, 70, 80 y 90, fabuloso. Alf estuvo al aire de 1986 a 1990, así que era un goce ver las dos series.

En el episodio de antenoche Raquel Ochmoneks, la vecina de los Tanner, ve a Alf en el jardín y éste la saluda: "Hola Raquel", y pues la señora hace tremendo escándalo, obviamente. Alf se esconde en la cochera y está platicando con Willie, quien con su desarmador y martillo compone algo, y Alf le dice: "Willie, siempre te veo arreglando algo", y Willie le responde: "Todo lo que tu rompes, Alf", y el extraterrestre le contesta: "¡Qué bien que nos complementamos, Willie!"

Anoche, Alf hace un rompecabezas en la mesa de la cocina y están ahí Kate, Lynn, Brian y Suertudo. Kate está pelando papas y le comenta a Alf: "Ahí no va esa pieza", Alf busca disimuladamente adonde puede ir y como no halla el lugar de la pieza, la toma y la pone en el hueco adonde antes le había dicho Kate que no iba y le dice, mientras golpea con su palma a la pieza para meterla a como de lugar: "¡claro que sí!".

Los ocho estómagos que tiene Alf lo hacen comer mucho y siempre tener apetito. Como habitante de Melmac le gusta comer gatos, Suertudo se salva porque Alf promete respetarlo aunque siempre le advierte: "¡No te confíes!".

Que goce ver a este peludo color "sepia bronceado", como él dice. Las vacaciones son lindas, este fin de semana ¡allá vamos!

Chejov y sus hermanos

Chejov y sus hermanos
Daniel Gascón

Los dos hermanos mayores de Antón Chéjov tenían talento: Alexandr era escritor y Kolia era pintor. Los dos eran alcohólicos, vagos y débiles; Kolia murió muy joven, tuberculoso y lleno de deudas, y tras la muerte de Antón Alexandr publicó unas memorias de infancia en las que hablaba de las palizas de su padre: el texto lo alejó de su familia para siempre. Antón Chéjov, que se convirtió muy joven en el cabeza de familia, quería a sus hermanos, pero siempre tenía que ir detrás de ellos.

1. En diciembre de 1888, Antón Chéjov visitó a su hermano mayor Alexandr en San Petersburgo. Alexandr era viudo, brillante y caótico, y vivía con una antigua novia de Antón, Natalia Ipatieva-Golden. A Antón no le gustó la forma en que Alexandr trataba a Natalia, y le escribió una carta a principios de 1889:

"Me tuve que alejar de ti por culpa de tu horrible y totalmente injustificado tratamiento de Natalia y la cocinera... Un lenguaje nauseabundo, constante y de la peor clase, gritos, reproches, peleas en la comida y en la cena, quejas constantes sobre tu trabajo duro y tu vida condenada... ¿No es eso una expresión de tiranía grosera? Por patética y culpable que sea la mujer, por mucha intimidad que tenga contigo, no tienes derecho a sentarte en su presencia sin pantalones, a estar borracho delante de ella, a usar un lenguaje que no emplean ni los obreros de las fábricas cuando ven mujeres cerca... Ningún marido o amante decente se permitiría hablar con grosería a una mujer sobre meadas o sobre papel higiénico, ni hacer una broma irónica sobre sus relaciones en la cama, ni fisgonear verbalmente en sus órganos sexuales. Ese comportamiento corrompe a una mujer y la distancia del Dios en que cree. Un hombre que respeta a una mujer, que la ama y es bien educado, no aparecerá delante de la criada sin pantalones, gritando con todas sus fuerzas: “¡Katka, trae el cubo de mear!”... Entre la mujer que duerme en sábanas limpias y la mujer que se acuesta en sábanas sucias y se ríe a carcajadas cuando su amante se tira un pedo existe la misma distancia que la que hay entre un salón de recepciones y un bar... No puedes decir impunemente esas obscenidades delante de los niños, o insultar a los criados o decirle con despecho a Natalia: '¡Lárgate y vete al infierno! No voy a mantenerte’ ".
(Según Donald Rayfield, la relación mejoró, y Natalia siempre se lo agradeció a Antón.)

2. En esta carta a Kolia le reprochaba que no pagara sus deudas:

"Eres amable hasta lo empalagoso, magnánimo, desinteresado, compartirías tu última moneda, eres sincero; no conoces la envidia ni el odio, eres sencillo, compadeces a las personas y los animales, no eres rencoroso ni vengativo, eres confiado... El Cielo te ha dotado con lo que otros no tienen... en la Tierra sólo hay un artista cada dos millones de personas... Sólo tienes un defecto. En él residen tus falsas excusas, tu dolor y tu inflamación en las tripas. Se trata de tu extremada falta de buenos modales... La carne de clase baja, educada con palizas, bodegas de vino y espectáculos de caridad. Es difícil, tremendamente difícil, superarlo.

En mi opinión, la gente bien educada debe satisfacer las siguientes condiciones:

1) Respetan la personalidad humana y son siempre considerados, amables, educados y dóciles...
2) ... No pueden dormir... si tienen que pagar por sus hermanos estudiantes, o que comprar ropa para su madre...
3) Respetan la propiedad ajena y por tanto pagan sus deudas (...)
8) Desarrollan un sentido artístico. No puede irse a dormir vestidos, mirar grietas llenas de chinches en la pared, respirar aire viciado, caminar sobre suelos cubiertos de escupitajos, comer en una vieja lata para velas. Intentan con todas sus fuerzas domesticar y ennoblecer el instinto sexual... De una mujer no necesitan la cama, ni el sudor equino, ni los sonidos de la micción, ni una mente que se expresa en el arte de engañarte con embarazos falsos y mentiras sin fin. Ellos, especialmente los artistas, necesitan frescura, elegancia, humanidad, la capacidad de ser una madre, no un agujero... No engullen vodka, ni olfatean armarios, porque saben que no son cerdos. Sólo beben cuando pueden, en la ocasión adecuada... Ven a casa con nosotros, rompe la jarra de vodka, y túmbate y lee... aunque sólo sea a Turguéniev, al que no has leído.

Tienes que perder tu puta vanidad, porque ya no eres un crío. ¡Pronto tendrás treinta años! ¡Ya es hora!

Estoy esperando... Todos estamos esperando".