Nombres de la melancolía

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Nombres de la melancolía
Sergio Ramírez

En su libro Estambul, memoria y la ciudad, el novelista turco ganador del Premio Nobel de Literatura, Orhan Pamuk, dedica un buen número de páginas a explicar y buscar cómo describir la palabra hüzün, que vendría a significar melancolía. Palabras como esa son como espejos de feria que devuelven de manera múltiple la imagen semántica, pues más que significados que pueden anotarse ordenadamente en la entrada de un diccionario, encarnan sentimientos. Hüzün, como Pamuk explica, tiene sus raíces en el Corán: el profeta escribe que el año en que perdió a su esposa Latice y a su tío Ebu Talip, fue para él el año de la melancolía.

Un sentimiento de dolor ante algo perdido, que la memoria busca recuperar, y de esa búsqueda sólo queda el fruto negro de la melancolía. La melancolía, melania kolis, el derrame de la negra bilis que ensombrece los rostros, según los viejos cánones médicos de los griegos para explicar los malestares del alma como resultado de alteraciones de los humores y flujos del organismo. La pasión negra.

Hüzün, dice Pamuk, no es un estado de gracia ni un concepto poético, sino una enfermedad, asociado no solamente con la pérdida o la muerte de un ser querido, sino también con otras aflicciones espirituales. El recuerdo melancólico de una ciudad, por ejemplo, transformado en necesidad. Los amores que no pudieron ser.

Podríamos leer hüzün como saudade, la palabra del portugués que hemos adoptado al español. Pero en Nicaragua usamos un término singular para designar la melancolía, o la nostalgia por lo perdido, y que abarcaría con ventaja todos los significados del hüzün de Pamuk, y los de saudade: cabanga, que proviene de kaobanga, del idioma africano shanga, o tal vez de cauwanka, de una de las lenguas perdidas de los indígenas de Costa Rica, país al que el diccionario de la Real Academia atribuye la procedencia del término, y lo define como melancolía, tenue tristeza, añoranza, nostalgia. Estar acabangado, morirse de cabanga, decimos.

No sé si cabanga se utilizará en alguna otra parte, además de Costa Rica y Nicaragua, pero no es, de todos modos, una palabra común del idioma. Sentimos cabanga por el ser amado que nos dejó, y tememos, o sabemos, que nunca más podremos recuperar su presencia a nuestro lado. El dolor frente al abandono amoroso, que no se limita a sumirnos en apenas una tenue tristeza, como afirma la Academia, y pasa a manifestarse en apremiante desesperación. Cabanga es la materia de que están hechos los tangos.

También sentimos cabanga por la ciudad, por la tierra lejana, desde la ausencia obligada, éxodos o exilios, y en los dos casos, ser amado o tierra lejana, se trata de un sentimiento que más allá de la melancolía que lo engendra, va hacia la exaltación romántica, y nuestra idea de la felicidad interrumpida aleja de la memoria todo defecto en aquello que perdimos, que más bien se ilumina con el esplendor del recuerdo de la perfección. El amor perfecto, la ciudad perfecta, que porque no está más nos quita ahora la paz, y nos hunde en el desasosiego.

Pero la verdadera perfección de este sentimiento está, más bien, en la imposibilidad de recuperar lo perdido. Es la manera en que la cabanga, animal insaciable, se alimenta a sí misma. Al fin y al cabo, la cabanga viene a ser una manera dolorosa de felicidad.

Un amor perdido, una ciudad perdida cuyo espíritu vaga por calles y entresijos, iluminado por la luz mortecina de la nostalgia. El hüzün, al que Pamuk ve no como la consecuencia, sino como la causa inmanente de la búsqueda incesante de un pasado cada vez menos aprensible. Todos tenemos nuestro propio hüzün, nuestra propia cabanga por la ciudad perdida o presente donde vivimos nuestra infancia, la adolescencia, la primera juventud, la ciudad a la que una vez llegamos como forasteros para quedarnos, o aquella de la que vientos contrarios nos alejaron.

Igual que los perfumes, que solamente pueden nombrarse dándoles una referencia: olor a rosa, a sándalo, a cuero viejo, a sudor, a hojas secas, a aguas estancadas, porque huyen de toda explicación por falta de sustancia, asimismo el hüzün que el propio Pamuk siente por Estambul necesita de enumeraciones para intentar explicarlo, y lo hace, una larga lista de apuntes de la memoria.

La ciudad, nuestra ciudad, que cada día entra más en el pasado, nuestro propio pasado, y la vemos así alejarse en el horizonte, tragada cada vez más por la niebla, y entonces, hacemos nuestra lista: gritos perdidos de niños que juegan en el patio de una escuela, el grafiti en una pared, la estela de un avión que cruza el cielo con rumbo desconocido, las luces que se encienden en la marquesina del cine de la esquina, los autobuses atestados de gente que regresa a sus hogares, un ensayo de piano o de clarinete tras una ventana, el ulular lejano de una sirena en medio de la noche, el llanto desconsolado de un borracho solitario, los pasos de una pareja que se aleja acera abajo.

¿Y qué, si se trata, por ejemplo, de una ciudad desaparecida para siempre, que sólo puede vivir en la memoria, como Managua, destruida dos veces, la última por el terremoto del 22 de diciembre de 1972, la ciudad que dejó de existir y nunca más volverá, un fantasma de ciudad, rodeada ahora por el cerco de la otra Managua falsa y fea?

Y el juego favorito de quienes la vivieron viva, es otra vez la lista, el inventario, de todo lo que se volvió para siempre invisible, calles, esquinas, casas de vecindad, edificios, oficinas, hoteles, cines, burdeles, bares, una discusión de pronto porque no hay acuerdo sobre un lugar preciso. Ejercicios constantes en contra del olvido, la terquedad infinita de recuperar lo perdido recordando. El hüzün sin consuelo. Saudade para siempre. La cabanga perfecta.

Masatepe, febrero 2007.

Poemas inéditos de Jaime Sabines

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"Haría más falta tener más poetas y menos políticos" (Jaime Sabines)

Dan a conocer poemas inéditos del poeta lírico admirado y querido de México, en dos discos compactos de 50 minutos de duración, con el título Llorando la hermosa vida. Homenaje a Jaime Sabines, material que fue presentado por la directora del proyecto, Natalia Gil Torner, y el hijo del autor chiapaneco, Julio Sabines, en el Sanborns, de la Casa de los Azulejos.

El trabajo incluye, dicen las notas en los periódicos, en el disco uno: testimonios y anécdotas contadas por los más entrañables amigos y conocedores de los versos de Jaime Sabines (1926-1999), como Germán Dehesa, Ángeles Mastretta, Carlos Monsiváis, Ramón Xirau, Elena Poniatowska, Elsa Cross y Eve Rosell, entre otros.

También trata de su infancia, de la muerte, el dolor, sus influencias poéticas y su obra. El disco dos incluye: sus poemas “Chepita”, “Tarumba”, “La Muerte” y otros nuevos. La directora de este proyecto —que incluye fotos y lecturas realizadas por este creador—, explicó en conferencia de prensa en el Sanborns de los Azulejos que se trata de un testimonio recogido hace una década cuando Sabines “estaba bastante animado”, después de ser sometido a más de 30 operaciones quirúrgicas.

Para el público que ama su poesía así como para las nuevas generaciones, este proyecto es, sin duda, un secreto muy bien atesorado que pondrá al alcance del público una de las últimas apariciones de ese viejo sabio que, como dijo uno de sus amigos, “fue un mantra de alivio que ha de regresarnos día a día, como un bálsamo, a lo más preciado que hemos perdido en el camino a la modernidad: el alma”. La obra de Jaime Sabines ha sido traducida al francés, al búlgaro, al árabe, y al inglés.

Si sobrevives, si persistes, canta, sueña, emborráchate.
Es el tiempo del frío: ama, apresúrate.
El viento de las horas barre las calles, los caminos.
Los árboles esperan: tú, no esperes.
éste es el tiempo de vivir, el único.
Jaime Sabines.

Una mirada al mundo del arte

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El maestro de filosofía y crítico de arte Jorge Juanes, tiene un estupendo podcast donde habla de la historia del arte, desde el cristianismo hasta la posmodernidad y/o la muerte del arte. Hasta el momento hay 33 programas, que pueden escucharse desde la computadora o el ipod (también los transmite por Radio Educación, de lunes a viernes a las 23:30 hrs). Muy recomendables.

En este movimiento, donde lo tradicional y lo renovador conviven y se nutren recíprocamente, la Post-Modernidad (tal y como lo dice Alejandro Piscitelli, en su libro: Metacomunicación) no viene a sustituir lo moderno, sino a “iluminar con luz nueva sus principales banderas, reapropiándose de sus consignas aun vivas pero reubicándolas y resignificándolas, a su vez, dentro de otras constelaciones del saber y el hacer".

El enlace o liga es el siguiente: Territorios del Arte Contemporáneo.

Web Oficial de Territorios (todos los programas).

Cien años de soledad

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Las Academias de la Lengua de los países de habla hispana han preparado una edición popular de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, que ha sido revisada por el propio autor y que cuenta con introducciones y estudios de autores como Carlos Fuentes, Vargas Llosa, Álvaro Mutis y Claudio Guillén. Esta edición se presentará en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebrará del 26 al 29 de marzo en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias. Para la nueva edición, que publicará Alfaguara, las Academias de la Lengua presentaron una propuesta razonada al propio autor, que quiso "revisar las pruebas de imprenta completas, enriqueciendo así esta edición con su trabajo de depuración y fijación del texto".

La edición popular de Cien años de soledad, de 756 páginas, se abre con una breve semblanza de García Márquez escrita por Álvaro Mutis y una introducción de Carlos Fuentes que aporta "testimonios personales esclarecedores sobre el nacimiento de la novela y el deslumbramiento inmediato que suscitó", afirma la Academia. También, contará con la parte central del análisis que Mario Vargas Llosa (1) hizo de la narrativa de García Márquez en "Historia de un deicidio", así como con un estudio de Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española, y otro de Claudio Guillén, a quien la muerte sorprendió cuando le ponía punto final.

Tras esos estudios, cuatro académicos latinoamericanos -Pedro Luis Barcia (Argentina), Juan Gustavo Cobo Borda (Colombia), Gonzalo Celorio (México) y Sergio Ramírez (Nicaragua)- glosan distintos aspectos de la personalidad literaria de García Márquez y de lo que Cien años de soledad significó en la trayectoria de la novela hispanoamericana. Además, y para facilitar la lectura de la edición popular, se ha preparado, en colaboración con la Academia Colombiana, un “Glosario” léxico de 55 páginas, que aclara el significado de los términos y ofrece noticia sobre personajes, acontecimientos y lugares. También se ofrece un cuadro de la “Genealogía de los Buendía”, que, en su momento, pensó incluir el autor.

(1) Cabe mencionar que este último texto desató algunas confusiones y entredichos, porque Vargas Llosa y García Márquez ya llevan 30 años de enemistad. Muchos pensaron que Vargas Llosa había compuesto este texto, en el que se expresa en términos más que elogiosos, especialmente para esta edición, pero lo cierto es que los académicos rescataron este ensayo que había sido escrito allá cuando eran compinches.

Fuente Agencias de noticias.

Detectives literarios

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Nombre: Sherlock Holmes
Lugar de residencia: Baker Street 27, 1er. piso, Londres, Inglaterra
Profesión: Se define a sí mismo como “Detective consultor”
Periodo investigado: Fines del siglo XIX.

El sujeto es alto y enjuto, con labios delgados y una nariz aguileña que se destaca en su rostro como el pico de un ave. Las manos son largas y nerviosas. Fuma pipa y a veces sonríe a través de una nube de humo azul. Identificamos en él las características que enumeramos a continuación: Absoluta preponderancia de lo intelectual sobre lo emotivo (“es la máquina de razonar y observar más perfecta que conozco”, afirma Watson, su amigo, ayudante y cronista, que agrega en otro momento: “su inteligencia fría, llena de precisión, lo lleva a deducciones asombrosas”).

Mientras tanto, lo afectivo aparece reprimido (“si alguna vez hablaba de sentimientos tiernos lo hacía con mofa y sarcasmo”, dice Watson). Ilustra su dificultad para actuar en función de los sentimientos el caso de Irene Adler, según él la mujer, “con una cara como para dejarse matar por ella”, pero acota Watson: “Como enamorado no habría sabido estar en papel”. Aun así prefiere quedarse con la foto de ella a aceptar el pago de servicios al rey de Bohemia. “En Irene Adler –dice Watson– admiraba el ingenio y la desenvoltura, la inteligencia, que la ponía a su altura.” A la vez, aparece una dualidad, un desdoblamiento de la personalidad frente al estímulo estético. Dice Watson: “Los dos aspectos de su temperamento se alternaban y pensé que su exactitud y astucia eran la reacción contra el humor poético y contemplativo...”.

Por otra parte, rechaza sistemáticamente la vida de sociedad (afirma el mismo Holmes: “Durante semanas permanezco en contacto sólo con mis libros”), y se reconocen en él claros rasgos narcisistas (pide a Watson que lo acompañe en una misión porque “estaría perdido sin mi Boswell” –biógrafo escocés–). En otro momento le reprocha que no destaque en las crónicas sus notables conocimientos científicos. Hay pruebas de una adicción importante (describe Watson: “Alterna los adormilamientos de la cocaína con la impetuosa energía de su naturaleza”). El tema del control (sobre sí mismo, sobre los demás y sobre la realidad en general) es central en Sherlock Holmes. Así lo muestra, por ejemplo, su capacidad para caracterizar personajes (opina Watson: “Parecía cambiar hasta de expresión, maneras e incluso de alma”). Y también, opina, “nunca es efusivo”. Y le dice Holmes en un momento dado: “Es un asunto que me llevará sus tres buenas pipas, y le pido que no me hable durante cincuenta minutos”. Asimismo, la afición de Holmes a la apicultura revela su admiración por seres tan disciplinados (las obreras) como para morir de cansancio mucho antes de su hora. Procura ejercer el mismo control sobre los demás (“Tenga cuidado con cumplir mis órdenes al pie de la letra”, le dice a Watson). La observación y la deducción, esencia de su prestigio, le permiten, de paso, controlar su entorno.

Conclusión: Es claro que el sujeto sublimó sus intensos rasgos obsesivos. Así, la meticulosidad y la tenacidad típicas se vuelven útiles de trabajo. La asepsia afectiva contribuyó para que se transformara en el paradigma del pensamiento deductivo (son famosas sus resoluciones rápidas y asombrosas de los misterios que le presenten sus clientes o el mismísimo Scotland Yard). Sin embargo, por debajo del helado control de sus emociones, es un sentimental (desprecia al rey de Bohemia por no haberse jugado por Irene Adler). La adicción a la cocaína también sugiere una huida del dolor.

Nombre: Maigret
Lugar de residencia: París, Francia
Profesión: Comisario de la Sûreté Générale, París
Periodo investigado: De 1929 en adelante.

Conocemos a Maigret durante el intenso período de entreguerras, cuando tiene cuarenta y cinco años. En palabras de Simenon, es un hombre “alto, ancho y pesado”, con “cabello tupido color castaño oscuro” y que se mueve “desmañadamente, con cierta torpeza”. Algunas descripciones despiertan nuestra simpatía (“Se arregló lo mejor que pudo una corbata que jamás había conseguido anudarse correctamente”) y tiene tics pintorescos: es friolento y la estufa de hierro colado que ocupa el centro de su despacho debe estar todo el invierno casi al rojo porque tiene el hábito de pararse contra ella para fumar su pipa mientras analiza el caso en que trabaja. A la vez, es distraído en lo rutinario y pudo “dar la espalda a la majestuosa chimenea de mármol de aquel estudio sin notar que estaba apagada”. Es el tipo de hombre que necesita que lo cuiden y que sin proponérselo despierta ternura en muchas mujeres. La Sra. Maigret, con vivo instinto maternal, es quien cubre cabalmente esa necesidad. El es un bon vivant, un gourmet, y ama a la Sra. Maigret así como las comidas generosamente regadas con buen vino que ella le prepara. En consecuencia, el contacto con el sexo opuesto (“Lina se desnudó para provocarlo: tenía el cuerpo bello y flexible de una bailarina, pero el comisario ni se inmutó”) lo deja indiferente (pero es paternal con las mujeres que sufren o son abusadas). En lo profesional su sensibilidad no le impide actuar como un duro, capaz de continuar un seguimiento con un balazo en el costado apenas vendado con un mantel. Es muy intuitivo y su olfato es infalible: “Estaba seguro de que en algún lado había una falla”. Se mete en la piel de sus sospechosos (“Tras seguirlo varias horas Maigret conocía su silueta al detalle y había captado a fondo su carácter”). Sus casos nos procuran retratos inolvidables de las pasiones y las debilidades humanas, sobre todo en la gente común, ante la cual se muestra comprensivo y piadoso. Cuando matan a un subalterno que aprecia se enfurece, pero predomina el dolor desde el afecto (“Miró aquellos peces rojos: sólo sus bocas se abrían y cerraban, y le recordaron la boca abierta de Torrence”).

Disfruta de los amigos y de los buenos momentos (“Anoche habían recibido a los Pardon; después de comer, las mujeres intercambiaban recetas mientras los dos hombres charlaban perezosamente bebiendo licor de ciruelas de Alsacia”), y cuando debe viajar a un hermoso lugar en la Costa Azul “tiene la impresión de haberse tomado unas vacaciones irregulares” y piensa: “tendré que volver aquí a pasar unos días con mi mujer”.

Conclusión: Maigret es, diría Freud, un hombre normal (suponiendo que la categoría exista), dado que presenta rasgos de casi todos los cuadros psicopatológicos sin predominio de ninguno. En síntesis, un hombre que puede “trabajar, amar y disfrutar”. Esto le otorga una estructura de personalidad rica, variada y flexible, que le permite implementar reacciones y conductas no estereotipadas y bien adecuadas a la realidad.

Nombre: Philip Marlowe
Lugar de residencia: Los Angeles, California, Estados Unidos
Profesión: Detective privado
Periodo investigado: A partir de 1943 hasta los años '50.

Philip Marlowe es joven y sagaz, con ese toque a la “amante latino” de los hombres altos, fuertes y morenos. Según Raymond Chandler, su creador, “Marlowe nació en California y cursó un par de años de universidad. Su primera experiencia en la investigación la adquirió trabajando para una compañía de seguros”. Tiene “suficiente inteligencia y coraje para sobrevivir” en el medio en que lo involucran su pasión por el peligro y su desprecio por la prepotencia de los poderosos y los corruptos. Con cada historia nos sumerge en el crudo ambiente del hampa, donde los matones asesinan sin pestañear, la policía está comprada y algunas mujeres se oscurecen en la miseria de la calle y la droga, mientras otras, bellas y generalmente ajenas, viven en mansiones y frecuentan clubes nocturnos opulentos, cargados del falso lujo del estuco dorado. Es un seductor que le dice a una mujer: “Me gusta saber que hay al menos una hembra encantadora y bonita que no tiene los talones redondos”. Pero a otra que lo conmueve demasiado la aparta: “Estoy demasiado gastado para vos”. Sus oficinas, “sala de espera y sala de meditación”, están en el Edificio Cahuenga de Los Angeles, donde sus clientes lo comprometen con situaciones de las cuales a menudo sale maltrecho y tan pobre como antes, algo que intenta revertir: “Estaba pulcro, afeitado y sobrio; era en todo el detective privado como debe ser: iba a pedir cuatro millones de dólares”.

Lo caracteriza una cierta ambivalencia. Esto hará que, por un lado, actúe en función de su integridad y nobleza, y que por otro sea jugador, mujeriego e insaciable bebedor de whisky y que no haya vicio que no conozca. Es un tipo hecho a la calle, pero jamás gratuitamente violento. Su lenguaje es lacónico y cortante, pero muy expresivo: “Me sonrió pero tenía poca práctica”. A una mujer desconcertada por su dualidad, le dice: “Si no fuera duro no estaría vivo, y si no fuera suave no merecería estar vivo”. Según Chandler, Marlowe “seduciría a una duquesa pero no violaría a una virgen”; es un hombre de principios, no de fines, alguien que nunca toma distancia para protegerse, que se vulnera, un personaje casi poético “que introdujo cierto romanticismo en la banalidad de Los Angeles”, y al que quizás sería válido considerar un áspero antecedente del lirismo hippie.

Conclusión: De él dice Chandler: “Si rebelarse contra una sociedad corrupta significa ser inmaduro, entonces Philip Marlowe es absolutamente inmaduro”. Este personaje seductor –de sus lectores inclusive– tiene fuertes rasgos histéricos, quizá lo más visible cuando se lo analiza. La tenacidad para remar contra la corriente en sus investigaciones revela una cierta obsesividad, no predominante. Por otra parte, en algunas de sus reflexiones hay cierto humor amargo que sugiere un destello depresivo. Estamos nuevamente ante una personalidad “mixta”, que lo define como un individuo cercano a la utópica “normalidad”.

Nombre: Pepe Carvalho
Lugar de Residencia: Vallvidrera, Barcelona, España
Profesión: Detective Privado
Periodo Investigado: De la década del '60 hasta 1996.

En sus últimas apariciones, el personaje de Manuel Vázquez Montalbán ronda los 50 años, un hombre moreno, de bigote pesado y anteojos que agravan las cejas. En su rostro “se reflejan enormes heridas morales”. De joven estudió filosofía en Barcelona; en los años ’60 ingresó a la CIA como profesor de castellano para luego pasar a cumplir funciones de agente internacional. Eventualmente, ya fuera de la Agencia y de vuelta en España, Franco lo metió en la cárcel, acusado de comunista. Al salir, se instaló en Vallvidrera y abrió despacho de detective privado en la Rambla de Barcelona.

“El Crimen de la Botella de Champán, titulaba el periódico, y Carvalho salteó líneas buscando la marca de la botella empleada...” Un hedonista, amante de la buena bebida y de los buenos platos (“devoto del sentimiento trágico de la comida”), que sale a buscar personalmente el mejor jamón o los ajos más tiernos, cocinero compulsivo, intempestivo: “Sintió esa necesidad de solidaridad o complicidad de los cocineros amateurs cuando consideran que su obra está bien hecha: las dos y media de la mañana, no se lo piensa dos veces, tapa el guiso y salta los escalones...”; “¡Vaya horas! ¿Un incendio?” No. “Un salmis de pato...”

Un sujeto contradictorio, que disfruta de la gente sencilla y la conoce visceralmente pero descuida a Charo (la joven que ama pero a la cual no es fiel, “una puta selectiva más que selecta”, “con rubores de virgen mental”) o quema sus libros (“porque me gustaron en su tiempo y me da miedo sentir la tentación de volver a leerlos”). Sus profundos regocijos de gourmet son casi los únicos que se permite, quizás porque la pasión crea lazos poderosos, mientras que la comida crea lazos momentáneos, que sólo comprometen a pasar la receta. Y a él “la perspectiva de una vejez sin dinero suficiente para que alguien le limpiara el culo si era necesario le indignaba porque le indignaba tener miedo”... Entonces, sin decirlo, quizás sin saberlo, se defiende de la angustia ante la vejez y la muerte, única insuficiencia trascendente, y con cada espalda que muestra a lo que ama (exceptuados sus dos amigos) simula autonomía, indiferencia. De paso satisface al fantasma del padre que no se perdonaba “la jugada de haberlo traído a este mundo, a la absurda marcha desde la nada a la muerte”.

Conclusión: Estamos entonces ante un sujeto con fuerte tendencia a la depresión, que se defiende adecuadamente transformándola en melancolía y nostalgia (“... la democracia se había apiadado de su honda melancolía y habían vuelto a adosar la plaza del Padró a la base de la capilla románica, la geometría de su infancia”...) y que desarrolla ciertas fobias, naturalmente sucedáneos de la verdadera y reprimida a la muerte, y ciertas obsesiones defensivas (ahorrar lo suficiente). Su humor ácido y brillante es otra trinchera eficaz a la cual huir cuando así se lo exige la vida.

Nombre: Kurt Wallander
Lugar de Residencia: Ystad, costa de Escania, Suecia
Profesión: Inspector de policía, Distrito de Ystad
Periodo investigado: Década del '90 en adelante.

Kurt Wallander dice tener “cuarenta y pico de años”, es corpulento, rubio, con tendencia a la obesidad. La esposa lo abandonó un año atrás; “la extraña y lo atormentan los celos”. Tiene una pobre relación con su única hija, que estudia y trabaja en Estocolmo, y teme que intente nuevamente quitarse la vida, como hizo a los quince años. Sus profundos intereses de orden ético (“trabajaban en un medio hostigado por la corrupción política y judicial, y lo que antes habían sido sospechas o suposiciones sectarias finalmente había quedado al descubierto”) y estético (“puso un disco de Maria Callas”) no le impiden estar crónicamente desinformado (“nunca sabía a ciencia cierta lo que ocurría a su alrededor”). No es un solitario sino un hombre que sufre de soledad, y a pesar del escaso brillo de su personalidad de antihéroe, de su tímido erotismo y de su ausencia total de sentido del humor, Wallander logra que deseemos acompañarlo.

En lo profesional tiene gran oficio, es perspicaz y posee una fina intuición. Sin embargo, seguramente a causa de la actitud descalificante del padre, tiene intensos accesos de inseguridad. Se plantea, por ejemplo, dejar la policía (“quizás un trabajo sólo para un tiempo”). Precisamente, la decisión del joven Kurt de ingresar en la Academia de Policía fue denigrada por el padre (“nunca pensé que tendría que sentarme a comer contigo mientras te salen gusanos de cadáveres de las mangas de la camisa”). Para él, su hijo es un fracasado, lo cual explica la relación del inspector con Rydberg, su colega y modelo, muerto recientemente, y a cuyo costado Wallander creció profesionalmente pero desde una dependencia que no logra superar: “¿Qué hago ahora?, ¿qué habría hecho Rydberg?”, se pregunta con excesiva frecuencia. Durante una investigación, en ocasión de haber matado en defensa propia, sufrió una crisis depresiva grave (abandono general, alcoholismo, insomnio, fantasías autodestructivas). Tras un año y medio comenzó a recuperarse a través del interés que le despertó un caso que ocupaba a sus colegas. Pero la angustia no desapareció y cada tanto siente “que debe hacer algo con su vida”.

La investigación de un caso lo llevó a Riga, Letonia, donde se enamoró de una mujer, Baiba Liepa. Ella pasa a encarnar sus fantasías de felicidad, pero mediante dilaciones aparentemente inevitables logra no materializarlas. Desde una actitud de culpa intensa respecto del padre porque, dice, “no lo visitaba con suficiente frecuencia”, se comprende su imposibilidad para construir desde la alegría. Por supuesto, la muerte del anciano no elimina su eficacia destructiva, instalada en la memoria del hijo. Lo alivia algo recordar el viaje a Italia que alcanzaron a hacer juntos en armonía muy relativa, ya que como siempre el anciano sólo pensó en él y desapareció varias horas del hotel para cumplir sus ritos personales.

Conclusión: Kurt Wallander tiene una estructura de personalidad maníaco-depresiva, medianamente compensada por el contacto con colegas y superiores y por las gratificaciones del trabajo. Sin embargo, su equilibrio es precario y está permanentemente en peligro de una crisis grave como la ya sufrida.

Y una última consideración: ¿Qué tienen en común los cinco, fuera de la inclinación a escarbar bajo la superficie de lo aparente? ¿Hay rasgos de personalidad constantes, es necesario ser un seductor como Marlowe, un obsesivo como Holmes, un hombre satisfecho como Maigret, un triste como Kurt Wallander? ¿Es útil quizás cocinar como los dioses que nutren a Carvalho...?

No parece. En realidad, digámoslo de una vez, cualquiera puede ser un buen detective. La única condición irrenunciable, quizás, sea que un buen escritor te invente.

Detectives al diván.

Horacio Quiroga: Aniversario

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Desde la primera vez que leí a Horacio Quiroga quedé impresionada con su obra, un gran escritor. La Revista Ñ lo recuerda en el aniversario de su fallecimiento:

Hace setenta años, el escritor uruguayo se suicidaba con cianuro. El halo de muertes que rodeó su vida la transformó en un destino literario y a su obra, en un eslabón de esa historia trágica. Aquí, la lectura de un conflicto común a varios escritores.

La mujer había bebido una dosis de veneno suficiente, pero la muerte puede ser tan intrincada e ingobernable como cualquier suceso de la vida. Por eso la mujer, a la que se supone muy bella, tuvo una agonía de tres días. Su marido la acompañó, tratando de rescatarla, le pidió perdón, no debieron de faltar las frases de amor, las confesiones. Algunos se animan a sospechar o imaginar que el hombre llevó un diario de esa agonía, que no pudo resistir la tentación de escribir sobre ella. Cuando finalmente la mujer murió, el hombre oscuro, insobornable, quemó toda su ropa, hizo desaparecer cualquier objeto que hablara de su persona, destruyó sus fotos. En un supuesto álbum familiar a la imagen de Ana María Cirés le corresponde una página en blanco. Tal vez porque esa muerte le trajo a Horacio Quiroga la presencia de otras muertes que se sucedieron de modo casi irreal en su biografía y le daban la certeza atroz de que no habían terminado. Su destino estaba trazado como el recorrido perfecto de una flecha. Esas que siempre dan en el blanco.

A setenta años de su suicidio, ocurrido el 19 de febrero de 1937, queda claro que la muerte en Quiroga no es sólo un dato biográfico, sino la clave para pensar su vida y su literatura. Un héroe griego que, lejos de elegir, entiende que su principal oponente lo ha elegido a él. Caer en la enumeración de sus muertes cercanas resulta inevitable: tenía dos meses cuando su padre se mata en una cacería, accidentalmente, en Salto, Uruguay, su lugar de nacimiento. Su padrastro se suicida cuando Quiroga era un adolescente. En 1901, mueren dos de sus hermanos, de fiebre tifoidea. Ese mismo año, mientras limpiaba un arma, una bala se dispara y ocasiona la muerte de uno de sus amigos. Después vendrán los suicidios de su amiga Alfonsina Storni y el ya relatado de su primera esposa. Le seguirán el de otro colega y amigo, Leopoldo Lugones (1938) y el de los tres hijos de Quiroga, ocurridos después de la muerte del escritor.

Estos hechos escenifican el conflicto vida/literatura. Una marca que envuelve la vida de varios escritores donde los dos mundos compiten por su valor de realidad. En uno de sus ensayos, Ricardo Piglia resumió estas tensiones: "Esa fantasía extraña de los escritores de dejar de ser escritores o de conseguir una experiencia que sea más intensa que lo que se supone que es la experiencia de la literatura. Entonces la fantasía de la muerte de la literatura es como el acceso a lo real mismo". La decisión de Horacio Quiroga de ir a vivir a la selva misionera podría pensarse como la construcción de una experiencia que volviera minúscula la tarea de la escritura. Frente al desafío que la selva presentaba, la idea de aventura y el trabajo manual al que siempre quiso dedicarse, surgió en él la fantasía de abandonar la tarea de escritor, como si el hecho de continuar siéndolo potenciara su destino trágico. Tal vez pensaba que, al intentar mutar en un "hombre común", el drama de la muerte habría de alejarse. De esa manera podría eliminar el carácter excepcional de los escritores que sienten la presión de escribir sobre la muerte.

Por supuesto, no fue esto lo que ocurrió. Quiroga decidió su travesía en la selva como el autor de una novela de aventuras, como el romántico personaje de un filme de Werner Herzog o como un rousseauniano que quiere vivir en un mundo anterior a la cultura pero después vuelve al papel, convierte esa experiencia en materia literaria y se ubica, en la línea de fuego. Jorge Lafforgue, quien por estos días se encuentra editando el epistolario completo del escritor uruguayo, comenta: "Lo que hace magistralmente Horacio Quiroga, por ejemplo en el cuento ''A la deriva'' (1912), es contar ese momento donde la muerte te está tocando los talones".
Uno de sus cuentos: "La gallina degollada".

El juego de Kafka

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Hay investigaciones en las que sucede lo que Umberto Eco llama Sobreinterpretación:

El fenómeno de la sobreinterpretación es propiciado por nuestra tendencia natural a pensar en términos de identidad y semejanza. Y esto debido a un principio incontrovertible, a saber que, desde cierto punto de vista, cualquier cosa tiene relaciones de analogía, contigüidad y semejanza con todo lo demás. Pero la diferencia entre la interpretación sana y la interpretación paranoica radica en reconocer que esta relación es mínima y no, al revés, deducir de este mínimo lo máximo posible. Para leer el mundo y los textos sospechosamente, es necesario haber elaborado algún tipo de método obsesivo. La sobreestimación de la importancia de los indicios nace con frecuencia de una propensión a considerar como significativos los elementos más inmediatamente aparentes, cuando el hecho mismo de que son aparentes nos permitiría reconocer que son explicables en términos mucho más económicos.

¿Qué opinan del siguiente texto?

"Al despertar una mañana, tras un sueño intranquilo, Franz Kafka se encontró convertido en Fiodor Dostoievski. Este trampantojo literario es la tesis principal del trabajo del doctor Guillermo Sánchez Trujillo, un catedrático colombiano que ha dedicado más de veinte años a estudiar la obra del escritor checo y ha llegado a la conclusión de que El proceso y otras obras de Kafka son una minuciosa reescritura de los textos del autor ruso. En su obra Anatomía de El proceso, el profesor Sánchez Trujillo demuestra, mediante una comparación rigurosa de los textos, la coincidencia exacta de las reescrituras realizadas por Kafka sobre la obra de Dostoievski. Así, por ejemplo, el inicio de La metamorfosis estaría contenido en el tercer capítulo de Crimen y Castigo:

- “A la mañana siguiente se despertó tarde, tras un sueño agitado que no lo había descansado… Raskolnikov se había retirado deliberadamente…como una tortuga bajo su caparazón” (Crimen y Castigo)

- “Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón…” (La metamorfosis)

Sin embargo, es en El proceso donde el juego de Kafka se nos revela en toda su amplitud. Detalle tras detalle, el profesor Sánchez Trujillo ha ido trazando un mapa de las coincidencias con Crimen y Castigo, hasta establecer que determinados personajes o localizaciones se corresponden en ambas novelas como en las dos caras de un mismo espejo. “Leí Crimen y Castigo varias veces, —explica el profesor— todas las veces que fueron necesarias para tener los detalles de la novela en la cabeza. Luego, empecé a leer la obra completa de Kafka en orden cronológico, con la novela de Dostoievski a un lado y así ir subrayando las posibles coincidencias entre las dos obras. El resultado no pudo ser más asombroso (…) Todo parecía indicar que Kafka se la había pasado reescribiendo la novela de Dostoievski”.

El ensayo de Sánchez Trujillo, con toda su apariencia de disparatada teoría, cobra dimensiones verdaderamente inquietantes con la relectura de ambas novelas. El catedrático nos revela que “Kafka utiliza diálogos, lugares o situaciones salidas de Crimen y Castigo, trayendo a veces escenas completas con una literalidad increíble”. La escena en la que Raskolnikov confiesa a Sonia su crimen, por ejemplo, es un calco de la escena en que Josef K. “confiesa” a la señorita Bürstner el interrogatorio al que ha sido sometido por unos desconocidos; la sede del tribunal donde se eterniza el protagonista de El proceso es en realidad la comisaría de Crimen y Castigo adonde acude Raskolnikov; la solitaria piedra sobre la que Josef K. es ejecutado, es la misma piedra bajo la que el asesino de Crimen y Castigo esconde los objetos robados a la vieja en el capítulo II.

Constantemente, los personajes de ambas novelas se comportan con un mimetismo estremecedor:

- “A través de la puerta entreabierta apareció la cabeza de la patrona. Raskolnikov se incorporó... La patrona, que observaba a través de la puerta, la cerró y desapareció” (Crimen y Castigo).

- “Cuando K. volvía a la habitación contigua, se abrió precisamente la puerta opuesta y la señora Grubach se dispuso a entrar. Sólo la vio un instante porque, apenas la reconoció K., ella se turbó visiblemente, pidió perdón y desapareció” (El proceso).

A menudo, el comportamiento de los personajes es como el de esta patrona indiscreta; los protagonistas de una novela se asoman en la otra, entran por puertas y ventanas como en una interminable escalera de Escher. A veces, como en dimensiones paralelas, los personajes de El proceso conocen el juego en el que está inmerso Josef K, y esperan que suceda lo que ya le sucedió a Raskolnikov en el mismo escenario. Así, por ejemplo, “los personajes del tribunal, que saben que K. está viviendo las aventuras kafkianas de Raskolnikov en la comisaría, están esperando que de un momento a otro K. pierda el sentido” como le sucedió a aquél".

Leer completo.

30 años de Rolde

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"El día 5 de marzo se cumplirán treinta años desde que un grupo de jóvenes constituyeron el Rolde de Estudios Aragoneses. Para celebrar este acontecimiento estamos preparando un número extraordinario de Rolde. Revista de Cultura Aragonesa dedicado a estas tres décadas de trabajo y compromiso con Aragón y la cultura aragonesa".

Muchas felicidades a Victor Juan por este estupendo logro. Además, Rolde estrena página web. Enhorabuena.

Recuerdos de una mañana: Proust

Posted by Magda Díaz Morales in

"Cada día otorgo menos valor a la inteligencia. Cada día soy más consciente de que sólo al margen de ella puede rescatar el escritor alguna parcela de sus impresiones pasadas, es decir, alcanzar algo de sí mismo y también la única materia del arte. Lo que la inteligencia nos devuelve con el nombre de pasado no es tal. En realidad, al igual que sucede con el alma de los difuntos en ciertas leyendas populares, cada momento de nuestra vida, tan pronto muere, se encarna y se oculta tras algún objeto material. Y allí permanece prisionero, eternamente prisionero, a no ser que demos con el objeto. A través de éste lo reconocemos, lo llamamos, y queda liberado. Es perfectamente posible que el objeto donde se oculta –o la sensación, ya que, con relación a nosotros, todo objeto es sensación- no lo encontremos jamás. Y así, hay momentos en nuestra vida que nunca resucitarán. ¡Es tan pequeño ese objeto, está tan perdido en el mundo, existen tan pocas posibilidades de que se cruce en nuestro camino!

La otra noche, como regresé helado por la nieve y no podía entrar en calor, me puse a leer en mi habitación a la luz de la lámpara, y mi anciana cocinera se ofreció a prepararme una taza de té, infusión que no tomo nunca. Y quiso el azar que me trajera unas tostadas. Mojé la tostada en el té, y en el momento en que me llevé la tostada a la boca y la sentí ablandarse mientras el sabor del té me impregnaba el paladar, me invadió una turbación, efluvios de geranios y naranjos, una sensación de luz extraordinaria, de felicidad. Permanecí inmóvil, temiendo interrumpir con un solo movimiento aquello que se forjaba en mi mente sin entenderlo, aferrándome a ese sabor de pan humedecido que parecía producir tantas maravillas, cuando de repente los tabiques conmocionados de mi memoria cedieron, y los veranos que pasaba en la casa de campo irrumpieron en mi conciencia, con sus mañanas, arrastrando con ellos el desfile, la carga incesante de las horas felices. Entonces recordé: todos los días, después de vestirme, bajaba a la habitación de mi abuelo, que acababa de despertarse y tomaba el té. Mi abuelo mojaba una tostada y me la daba. Y cuando pasaron esos veranos, la sensación de la tostada ablandada en el té fue uno de los refugios donde las horas muertas –muertas para la inteligencia- fueron a agazaparse, y donde sin duda nunca las hubiera encontrado si aquella noche de invierno, al regresar helado por la nieve, mi cocinera no me hubiera ofrecido la infusión a la que la resurrección estaba ligada, en virtud de un pacto mágico que yo desconocía.

La inteligencia no podrá hallar cobijo en los objetos en los que tratemos de establecer conscientemente relaciones con el momento que vivimos. Es más, si hay algo que pueda resucitarlos, cuando resuciten con ellas se verán despojados de poesía".

Fragmento del Prólogo de Contra Sainte-Beuve. Recuerdos de una mañana, de Marcel Proust. Los subrayados son míos.

Sobre semiótica y pragmatismo

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Sobre semiótica y pragmatismo. Entrevista de Chon-Min Hong, David Lourie y Jiro Tanaka

The Harvard Review of Philosophy: La mayor parte del trabajo académico se ha centrado sobre el campo de la semiótica. ¿Qué es exactamente semiótica? ¿Cuáles, en su visión, son sus objetivos?

Umberto Eco: La respuesta técnica debería ser que es el estudio de la semiosis en todos sus aspectos, pero en este punto antes yo definiría semiosis. Y puesto que tengo escritos varios libros sobre este tema probablemente no sería apropiado o adecuado responder en pocas frases (de otro modo, todos esos libros habrían sido innecesarios, lo que no puedo admitir). En términos académicos no considero la semiótica como una disciplina, ni aun como una división, sino quizás como una escuela, como una red interdisciplinaria, que estudia los seres humanos tanto como ellos producen signos, y no únicamente los verbales.
El estudio de un sistema específico de signos es usualmente llamado “semiótica de”. Por ejemplo, la linguística es una semiótica del lenguaje verbal; hay, también, una semiótica de las luces de tráfico. La diferencia entre un lenguaje como el inglés y el sistema de luces de tráfico es que el último es más simple que el primero. Entonces, hay una aproximación general a la totalidad de la conducta semiótica, y yo llamo a este estudio la semiótica general. En este sentido, la semiótica demanda algunas cuestiones filosóficas fundamentales.
Trato de imaginar una filosofía del lenguaje que, en lugar de analizar solamente nuestra conducta verbal, analiza cada clase de la producción de signos y la interpretación. La semiótica general es para mí una forma de filosofía –para ser honesto, pienso que es la única forma aceptable de filosofía hoy. Después de todo, cuando Aristóteles dice que el Ser puede ser dicho en varios modos, él caracteriza la filosofía como una investigación semiótica.

The Harvard Review of Philosophy: Claramente, usted ha encontrado que la ficción le permite llevar a cabo algo distinto de lo que usted ha efectuado en su trabajo crítico y filosófico. Cuando usted escribe novelas, ¿en qué sentido su punto de vista sobre cuestiones filosóficas es diferente de lo que usted hace como teórico?

Umberto Eco: Su pregunta permite dos diferentes respuestas dado que, de hecho, concierne a dos problemas diferentes, respectivamente: a) la psicología de la creación literaria; y b) el rol de la literatura en el debate filosófico, especialmente hoy. Para el primer punto, yo diría que cuando comienzo una novela no pienso en ninguna cuestión filosófica específica. Comienzo con una imagen, una situación, y no sé a dónde estoy yendo. Solamente después comprendo que, de algún modo, he tratado con problemas filosóficos –lo cual no es tan inexplicable, porque ellos son mis problemas. En este punto comprendo, cuando trato con problemas filosóficos en una modo ensayístico, que trato de alcanzar una conclusión, una unívoca, listo para defenderla –aun cuando soy consciente de que en orden de búsqueda esa conclusión la he recortado de otros posibles modos de mirar el mismo problema.
Por el contrario, cuando escribo una novela tengo una impresión de poner en escena, y trato de representar el hecho de que las conclusiones pueden ser muchas. En otras palabras, ofrezco a los lectores una serie de preguntas, no respuestas. Traducir todo esto en términos de una metáfora “filosófica”: escribir trabajos eruditos es como escribir el Tractatus, mientras que escribir una novela es más como escribir las Investigaciones Filosóficas.
Esto nos lleva a la segunda parte de la pregunta. Un número considerable de filósofos de nuestro tiempo han usado creaciones literarias como un campo para tratar problemas filosóficos: hay filósofos que se reflejan en Kafka, en Mann, o en Proust. Ellos usan la literatura como algunos filósofos griegos usaron el mito, una representación de final abierto y problemática de los problemas humanos –no sólo porque los discursos poéticos o narrativos no son aceptados o se rechazan (pasan o fracasan) sino porque pueden ser explorados como una fuente de cuestiones interminables.

The Harvard Review of Philosophy: Sus escritos, sus ficciones, son interpretadas por sus diversos lectores en numerosos modos diferentes. ¿Cuál es la diferencia entre interpretación y falsa interpretación?

Umberto Eco: Yo fui ampliamente influenciado, en el comienzo de mi carrera filosófica, por Luigi Pareyson, cuya filosofía de la interpretación era en realidad una forma de hermenéutica. Es por esa razón que décadas después yo encuentro el pensamiento de C.S.Pierce, y fui conquistado por su teoría de la interpretación como la categoría unitiva capaz de explicar cómo la mente y los lenguajes (y aun la naturaleza) trabajan. Pero una característica central de la filosofía de Pareyson era que cada acto de interpretación envuelve tanto la libertad como la fidelidad (o respeto). Usted es libre porque está mirando algo desde su propia perspectiva, pero usted está mirando algo. Esa dialéctica entre libertad y lealtad todavía permanece central en mi pensamiento y en el modo en que trabajado sobre la noción de Pierce de semiosis sin límites (ver, por ejemplo, los recientes ensayos de mi libro Los límites de la interpretación).
Para ponerlo todo de un modo tosco: todavía creo que hay un nivel literal en el lenguaje, un grado cero. La interpretación comienza desde ese nivel y no puedo ignorarlo. ¿Puede usted leer Finnegan’s Wake como una libre interpretación de Lo que el viento se llevó? Si la respuesta es “No” (y esto es “No”-no sea tonto), esto significa que algunas interpretaciones de un texto simplemente no pueden ser aceptadas con un interpretación de ese texto. Entonces, si me pregunta (y yo he hecho algo similar a esto es mis parodias literarias publicadas ahora en inglés como Miweadings), soy capaz de escribir un ensayo en cual yo leo Joyce como si él fuera Margaret Mitchell. Usted puede decir –y yo acordaría- que aun esto es un modo de interpretar un texto. Pero usted admitiría que hay, en el trabajo de la interpretación, grados de fidelidad. Puedo tocar Chopin con una ocarina y tal ejercicio puede ser hermenéuticamente fructífero, pero generalmente la gente admite que una buena interpretación de Cortot es más íntima con Chopin, y pienso que la gente tiene razón.

The Harvard Review of Philosophy: Las figuras literarias de Santo Tomás de Aquino y James Joyce han figurado de modo prominente en sus escritos. ¿Qué es lo que le atrae de Aquino y Joyce?

Umberto Eco: Yo encuentro un autor por muchas razones, y no hay programa previo. Es como enamorarse: sucede, y es estúpido preguntarse “¿por qué con X antes que con Y?”. Entonces, más tarde en mi vida, usted podría pensar que hay algo como un proyecto, pero por supuesto eso es solamente una ilusión teleológica. Para jugar el juego de la ilusión teleológica, veo estas dos personas (Aquino y Joyce) como muy complementarias para mi educación: uno parece trabajar para producir Orden, pero su ordenado mundo oculta un sutil modo de dislocar la totalidad de la tradición previa; el otro aparenta jugar con la Aventura y el Desorden, pero para hacer eso él necesita estructuras ordenadas subterráneamente. La bella “horrible simetría”, ¿no es así? Ciertamente, eso no depende de un argumento intencional. Pero, ¿quién sabe?

The Harvard Philosophical Review: ¿Por qué el pragmatismo norteamericano en general, y el pragmatista y filósofo de Harvard, C.S.Pierce, ha atraído en particular tanto atención del continente europeo?

Umberto Eco: Sobre el pragmatismo norteamericano distinguiría entre el pragmatismo de James o de Dewey, y la filosofía de Pierce –usted sabe que él estaba irritado por la versión jamesiana de sus ideas y decidió llamar “pragmaticismo” a su filosofía, para distinguirla así del pragmatismo (dijo que nadie robaría una palabra tan fea). El pragmatismo norteamericano en el sentido de James y de Dewey tuvo muchos seguidores en Italia en la primera mitad de nuestro siglo, y eso sucedió como una reacción al idealismo de Croce y de Gentile. Pierce fue redescubierto principalmente en la segunda mitad del siglo, y es su aspecto semiótico el que fascinó a los europeos (a propósito, ese aspecto fue el menos considerado entre los pocos felices que estudiaron a Pierce en Estados Unidos hasta poco). Pierce fue estudiado porque el enfoque estructuralista semiótico había privilegiado el modelo linguístico, y Pierce fue consciente de la enorme variedad de signos que nosotros producimos y usamos.

The Harvard Review of Philosophy: ¿Cómo distingue usted entre la filosofía analítica y la continental?

Umberto Eco: Cada intento de distinguir entre la filosofía analítica y la continental de acuerdo a sus problemas, preguntas y respuestas, es erróneo. Y a cada paso uno puede descubrir que hay más en común de lo que la gente usualmente cree. Sin embargo, lo que es común está encubierto, como si desde ambas partes uno trabajara para interpretar ambos universos como mutuamente impenetrables. Para explicar la real diferencia, permítame usar una analogía concerniente a la diferencia entre la filosofía medieval y la moderna. Los escolásticos estaban continuamente innovando pero ellos trataron de disimular cualquier innovación, presentándolas como un comentario de una tradición unificada. Por el contrario, los filósofos modernos, como Descartes, pretendían comenzar con una “tabula rasa”, poniendo la tradición previa al revés y dejándola en duda. Bueno, pienso que la filosofía analítica todavía tiene una actitud medieval: pareciera que cada discurso espera comenzar desde uno previo, reconociendo todos una suerte de canon, por ejemplo el de Frege. En esta línea de pensamiento uno tiene que respetar una jerga filosófica común, empezar desde una colección de cuestiones canónicas, y cualquier nuevo propósito debe contener la forma de aquel corpus de preguntas y respuestas. Los filósofos continentales tratan de mostrar que ellos no tienen nada que ver con los discursos filosóficos previos, aunque ellos están trasladando viejos problemas en un nuevo lenguaje filosófico. Sé que hay otras diferencias, pero acentúo ésta, la cual está basada más en una diferencia de estilo filosófico que en una serie diferente de contenidos o métodos.

The Harvard Review of Philosophy: El filósofo inglés del siglo XVII, John Locke, afirmó con fama en su Ensayo sobre el entendimiento humano, que “aun las ideas son signos”, y Pierce parece también haber sostenido esta posición. ¿Puede la mente estar estructurada verdaderamente como un proceso de signos? Si no, ¿cuál es entonces el real “sujeto” de la semiótica?

Umberto Eco: La idea de que los conceptos o ideas son signos es más antigua que aquel pensamiento de Ockham, por ejemplo. Pero puede ser encontrada aun antes. Asumamos que algo sucede en la así llamada Mente. Si Mente = Cerebro, entonces lo que sucede son ciertos estados físicos; si no, lo dejo libre de decidir qué diablos puede ser eso. Ciertamente, ellas no son cosas. Pero, a través de la Mente somos capaces de pensar las cosas. Por lo tanto, lo que sucede en la Mente, sea lo que sea, aun una danza de pequeños gnomos, se sitúa para alguna otra cosa. Esto (aliquid stat pro aliquo) es la definición de signo, o del proceso semiótico, desde los tiempos antiguos. Por lo tanto, la Mente es un asunto semiótico.

The Harvard Review of Philosophy: En años recientes, la vida intelectual en los Estados Unidos se ha centrado alrededor de un furioso debate sobre la política natural del conocimiento. Como un europeo y un intelectual asentado en la tradición occidental, ¿cómo ve esta controversia?

Umberto Eco: En las escuelas europeas de altos estudios se comienza leyendo Homero y Virgilio a la edad de 12 años y a la edad de 16 años se supone que usted conoce todo sobre Platón y Aristóteles. Pero nunca se lee la Biblia, y ni hablar del Corán; los principios del Budismo son citados solamente cuando se habla de ciertos filósofos europeos, y únicamente aquéllos que estudian antropología cultural en la universidad oyen sobre los mitos africanos. Este es un curriculum equivocado, por su eurocentrismo. Pero igualmente equivocado (y racista) sería dar a los estudiantes negros acceso solamente a culturas no occidentales, manteniéndolos lejos de Platón y Aristóteles. Es verdad que, como sugiere Benjamin Lee Whorf, la física nuclear contemporánea probablemente pueda expresarse mejor en hopi que en inglés, pero una gran parte de la ciencia moderna puede ser entendida solamente si uno comprende ciertos principios fundamentales del legado occidental; conocerlos es un derecho para cada ser humano. El problema de la curricula para mañana es cómo proveer una cultura completa (lo que los griegos llamaban una enkykliospaideia, una educación circular), que será enkyklios precisamente porque no será únicamente eurocéntrica.

Entrevista realizada por Chon-Min Hong, David Lurie y Jiro Tanaka. Fue publicada originalmente en The Harvard Review of Philosophy, Primavera 1993, Harvard University.

Traducción Dr. Daniel López Salort

Esta entrevista la tomé del excelente Blog de Héctor Díaz Martínez.


Por cierto, Eco habla en La Nación, sobre Los riesgos de Wikipedia.

Cien cartas a un desconocido: Calasso

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Hay muchas novedades editoriales por leer. Ayer que fuí a la librería vi el cartel anunciando la llegada de un nuevo libro de Roberto Calasso, de quien ya he hablado en otras ocasiones como alguien a quien admiro mucho. El libro se llama Cien cartas a un desconocido y lo publica Anagrama.

Según pude comprender, el director de Adelphi escoge una parte de las contracubiertas que ha escrito y las enlaza para ofrecernos una especie de "nuevo" género. Tengo especial interés de leer lo que realiza en este libro, las contratapas o solapas, "ese vínculo tenaz de la única forma en que un editor acompaña cada obra", son importantes. Cuando no conocemos a un autor o sí lo conocemos pero queremos saber de qué trata el texto recurrimos a la contratapa, es una llamada que nos puede llevar a comprar, o no, determinado libro.

De las más de mil contracubiertas escritas por él, Roberto Calasso ha escogido cien –de San Ignacio de Loyola, Hesse, Joseph Roth, Canetti, Kundera, Bernhard, Borges, y tantas otras– y las ha encadenado como si fueran «cartas a un desconocido». Ello, a través del texto de contracubierta, el lugar en el que se revelan ante el lector los motivos para la elección del libro.

Golpes de mar en Barcelona

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Noticia para los amigos de Barcelona: Golpes de mar (Destino, 2006) de Antón Castro, se presenta el próximo viernes 23, a las 20:00 horas (ocho de la noche), en el Centro Aragonés de Barcelona, Calle Joaquín Costa. En este acto intervendrán Félix Romeo como presentador, Cruz Barrio como anfitriona, y el autor, por supuesto.

Premio Villaurrutia para Alejandro Rossi

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"Alejandro Rossi recibió el Premio Xavier Villaurrutia de manos de la directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) Ma. Teresa Franco en ceremonia celebrada en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, ante amigos, alumnos y admiradores del maestro. El galardón es convocado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Sociedad Alfonsina Internacional, que en esta ocasión reconoció a Alejandro Rossi por la novela Edén.

Rossi recordó su trayectoria y a sus maestros para quienes mostró agradecimiento: Octavio Paz, Juan García Ponce y Salvador Elizondo".

Vía La crónica.

En torno a Edén, Letras Libres.

La duquesa de Alba 'musa' de Goya

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El Museo del Prado presenta una publicación que recoge importante documentación inédita sobre los años que vinculan a Goya con la duquesa de Alba.

Un estudio de Manuela Mena, conservadora de arte del siglo XVIII, desmintió una leyenda urbana que hubiese merecido ser verdad: el romance entre la aristócrata duquesa de Alba y el pintor aragonés Goya. La investigadora realizó un estudio de documentación inédita y sus investigaciones la inclinaron a afirmar que la duquesa veía al artista sólo como un miembro más de la corte, como un médico o un mayordomo. "Se trata de un nivel que él intenta superar", señala Mena, "pero no como amante, sino como artista".

Con el título La duquesa de Alba 'musa' de Goya. El Mito y la Historia, la publicación, editada por El Viso, recoge en primicia los resultados de la investigación iniciada por Manuela Mena a raíz de la exhibición conjunta, por primera vez, de los dos retratos de cuerpo entero de la Duquesa de Alba en el Museo del Prado con motivo de la exposición « El Retrato Español. Del Greco a Picasso » (20 de octubre de 2004 – 6 de febrero de 2005). La conclusión más llamativa que se plasma en el libro es que la supuesta relación sentimental entre el pintor y la aristócrata se podría definir como una “leyenda urbana”, sin fundamento histórico.

La investigación que se refleja en esta publicación concluye que no existió una relación amorosa entre el pintor y la duquesa. El libro recoge nueva documentación que desmiente ese mito moderno que parece haberse mantenido vivo exclusivamente por razones románticas, sin base documentada alguna. La hipótesis de la relación sentimental entre ambos, que Manuela Mena califica como “leyenda urbana”, nació a fines del siglo XIX, siendo sustentada, sobre todo desde el siglo XX, por influyentes personalidades, desde historiadores del arte y novelistas hasta directores de cine.

La documentación inédita encontrada en el Archivo de Palacio y en el de Protocolos, así como en varias bibliotecas, y que ha sido analizada en el contexto de las vidas privadas y públicas de Goya y la duquesa, ha hecho posible reordenar y completar de forma imparcial lo ya conocido. Se incluye documentación de los años 1794 y 1798, período durante el cual el pintor estaba vinculado a la Casa de Alba. Por ejemplo, la correspondencia de la duquesa, después de enviudar, y de su hermanastro y primo, Carlos Pignatelli, desde Sanlúcar de Barrameda, documenta el amor de la aristócrata por su fallecido marido y la desolación y dolor en los que quedó sumida en ese período. Precisamente, la estancia de Goya en Cádiz, alentó las especulaciones modernas sobre su comportamiento de “viuda alegre”, lo que según se desprende de este estudio carece de credibilidad, ya que el artista, quizá sólo por un período muy breve, fue únicamente uno más de quienes visitaron brevemente a la duquesa en los meses que siguieron a la pérdida del duque de Alba.

Seguir leyendo.

A paso de cangrejo: Umberto Eco

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Por fin llegará a las librerías A paso de cangrejo, de Umberto Eco:

Las sociedades occidentales y el mundo en general caminan a paso de cangrejo; es decir, hacia atrás. Los atlas de la Europa de hoy parecen impresos antes de la primera guerra mundial, con sus mapas de Serbia, Montenegro y los países bálticos; los conflictos en Irak y Afganistán han hecho que se olvide la tensión de la guerra fría para sustituirla por la guerra clásica; los fundamentalismos cristianos, que exigen la supresión del darwinismo de los libros de texto, reinan en buena parte del medio oeste de EE UU; el antisemitismo impera como en los años veinte del siglo pasado y hasta las familias pudientes -y no tanto- presumen ante sus amistades de 'siervos de color', como si fueran la Scarlett O'Hara de 'Lo que el viento se llevó'. El diagnóstico, caricaturesco, pero atinado, es del intelectual europeo más leído y respetado en todo el mundo: Humberto Eco (en una entrevista que le hicieron en El país me dio gracia que comentaron que es "uno de los más acreditados analistas del mundo contemporáneo, lo que incluye el fenómeno James Bond", y esto ya es decir bastante). Un diagnóstico que desarrolla en un libro titulado A paso de cangrejo (Debate) que llegará a las librerías este viernes y que recopila artículos y conferencias de los últimos seis años.

Es, según se dice, una recopilación de artículos escritos entre 2000 y 2005 sobre algunos de los acontecimientos que han determinado estos últimos cinco años y sus consecuencias, como la aparición de un retroceso ideológico conseiderable y el paso de la guerra fría a las "guerras calientes". Eco también arremete contra los nuevos "populismos mediáticos": sus mordaces alegatos han generado una agria polémica en italia.
Por cierto, nos sorprendimos al leer que Alberto Manguel posee 35,000 libros, pues qué les parece que Umberto Eco tiene 50,000. Cuando le preguntan: "¿Qué tres libros se llevaría a una isla desierta?", responde: "Si fuera a quedarme dos días en la isla, me bastaría con llevarme un ejemplar de Le Nouvel Observateur. Si tuviera que quedarme tantos días como Robinson, necesitaría los 50.000 volúmenes de la biblioteca que tengo en mi casa. Para zanjar la cuestión, me llevaría el Bottin. Con todos esos nombres podría escribir historias infinitas".

Michel Houellebecq: H. P. Lovecraft

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Del asco vital a la creación

Michel Houellebecq, H. P. Lovecraft. Contra el mundo, contra la vida (Siruela, 2006).

Los caminos de la literatura son misteriosos. ¿A quién se le habría ocurrido pensar que el polémico escritor francés Michel Houellebecq -autor de novelas como Ampliación del campo de batalla (1994) y Las partículas elementales (1998)- había sido un devoto lector de Howard Phillips Lovecraft (1890-1937)? Houellebecq descubrió al creador de los mitos de Cthulhu durante su adolescencia y a lo largo de los años siguió volviendo a sus textos fundamentales. Esa atracción por un narrador que contradecía el resto de sus gustos literarios lo llevó a elaborar un ensayo sobre la vida y la obra de Lovecraft que fue su primer libro publicado, en 1991, y que ahora por primera vez se edita en español.

Houellebecq señala que ninguna biografía ha logrado "disipar el aura de patética extrañeza que rodea al personaje", aún inmerso en una "atmósfera de culto". Se sabe que a los dieciocho años sufrió una depresión que lo enclaustró en su casa por diez años. El novelista francés (que en su juventud también padeció ataques de depresión) interpreta esa crisis como una negativa de Lovecraft a convertirse en adulto. En 1924 se casó con Sonia Greene, se separó a los dos años y nunca volvió e tener relación con otra mujer. El escritor norteamericano soportó penurias económicas durante toda su vida. Jamás aceptó "venderse" para hacer de la literatura una profesión y se vio obligado a sobrevivir con sus trabajos de revisión y de corrección.

Gran parte de los datos sobre su personalidad provienen de una correspondencia que totaliza unas cien mil cartas. De ellas surge "un odio absoluto hacia el mundo en general, agravado por una particular repugnancia hacia el mundo moderno". Houellebecq traza el retrato demoledor de un caballero nacido en Providence (Rhode Island), materialista y ateo, "abiertamente reaccionario", glorificador de "las inhibiciones puritanas" y que sentía repulsión por el dinero y el sexo (dos realidades ausentes en su obra). Uno de los sondeos más reveladores del ensayo se ocupa del racismo "congénito" de Lovecraft que, durante su estancia en la multirracial Nueva York, llegó a un paroxismo de fobia paranoica con frases como "negros horribles parecidos a enormes chimpancés", "judíos con cara de rata" o "mulatos grasientos y burlones". Más adelante esa "neurosis racial" se proyectaría en las criaturas monstruosas que pueblan sus cuentos.

El novelista francés (que paradójicamente ha sido acusado de "incitar al odio racial") sitúa a Lovecraft entre los más grandes autores fantásticos y resalta su importancia como fundador de un gran mito popular, continuado por un grupo de discípulos. Compara su obra con "una gigantesca máquina de sueños, de una amplitud y una eficacia inauditas" y dentro de ella distingue ocho "grandes textos" (escritos durante los últimos diez años de su vida), entre los cuales figuran El color surgido del espacio, En las montañas de la locura y En la noche de los tiempos.

En su lúcido y detallado análisis del estilo, Houellebecq afirma que el estadounidense "aspira a un terror objetivo", liberado "de cualquier connotación psicológica o humana". Valora su capacidad para transformar las percepciones de la vida en "fuente inagotable de pesadillas", sus barrocas descripciones arquitectónicas (que juegan un papel esencial en algunos relatos), su recurso de emplear vocabulario científico, y observa que Lovecraft evita construir una mitología "coherente, de contornos definidos" como la grecorromana.

Resulta irónico que un hombre con ese apellido (que podría traducirse "el oficio del amor") haya merecido un libro cuyo adecuado subtítulo es Contra el mundo, contra la vida. Y concluye bien su autor al sostener que Lovecraft "logró transformar su asco por la vida en una hostilidad activa", una transmutación que tiene un poco de triunfo psicológico y otro poco de redención literaria.

Felipe Fernández.

La ínsula Barataria

Posted by Magda Díaz Morales in

La fotografía la he tomado prestada del blog de Javier Torres. Informa que es de Alcalá de Ebro, "de fondo, amanecer en el Moncayo el día 1 de enero (2006), la Ínsula Barataria 400 años después".

Javier nos cuenta en su blog que sale a dar su habitual paseo con Chubby, su perrito, por la orilla del río, "como hiciera Cervantes (éste sin perro), para recrear los capítulos del gobierno de Sancho". Viene a propósito un texto de Antón Castro, como siempre excelente, titulado "La ínsula Barataria. Cervantes y Sancho Panza", está en su blog (intercambiando sobre el tema en la apostilla concernienten al Banco de imágenes de El Quijote, Javier me ha hecho favor de darme la referencia), es del 19 de agosto de 2004:

Miguel de Cervantes, en la segunda parte de “Don Quijote de la Mancha”, dejó a sus personajes cerca de Zaragoza, pero no los trajo a la ciudad. Para algunos críticos y estudiosos, de ese viaje interrumpido deriva la condición de “invisibilidad literaria” de Sansueña. Don Quijote demoró varias veces su entrada en la ciudad, en una ocasión porque quería conocer antes las riberas del Ebro; en otra, pernoctó en el palacio de los duques camino de la ciudad, y luego se enteró de que Avellaneda (que en realidad pudo ser un aragonés, Jerónimo de Pasamonte, de Ateca), en su “Quijote apócrifo”, contaba que el héroe venía a Zaragoza; Cervantes, para no legitimar el texto, decidió llevar a Don Quijote a Barcelona y diría: “en todos los días de mi vida no he estado en Zaragoza”. Por su parte, Sancho Panza también se quedó en Alcalá de Ebro y Pedrola, en una de las aventuras más crueles del libro, que tendría lugar en 1614. Nos referimos al episodio de la ínsula Barataria, que se desarrolla en varios capítulos (II, 40, 41, 44, 45, 47, 49, 51 y 53), donde los duques de Villahermosa –a la sazón, Carlos de Borja y María Luisa, primos entre sí- hacen entrega de una isla al escudero Sancho Panza, al cual nombran gobernador, y le someten a diversas y crueles burlas.

Curiosamente, Sancho se muestra audaz y juicioso e impone una lección de cordura a aquellos nobles ociosos y desalmados, a los que eligió Cervantes para satirizar a la nobleza española. La lucidez inesperada del acompañante del Caballero de la Triste Figura movía a la perplejidad. “Todos los que conocían a Sancho Panza se admiraban, oyéndole hablar tan elegantemente, y no sabían a qué atribuirlo, sino a que los oficios y cargos graves, o adoban o entorpecen los entendimientos”, narra el novelista.

La ínsula Barataria está enclavada en Alcalá de Ebro. Ya no hay duda. “Sancho amigo, la ínsula que os he prometido no es movible ni fugitiva: raíces tiene tan hondas, echadas en los abismos de la tierra, que no la arrancarán ni mudarán de donde está a tres tirones”, le dice el duque al escudero. El pueblo sobresalía levemente hacia el río y tenía una lengua de tierra que comunicaba la población con una pequeña isla. En los días de tormenta o de riadas, ese istmo era inundado y la isla resultaba perfecta, con sus pájaros, con su vegetación salvaje que se reflejaba, igual que hoy, en las aguas del río Ebro. No se sabe muy bien por qué se fijó Cervantes en Alcalá de Ebro (Luis Astrana Marín sugería que quizá el autor hubiera reparado en las poblaciones que llevasen el nombre de Alcalá, habiendo nacido él en Alcalá de Henares. Conviene recordar de paso que la obra magna de Cervantes iba a terminar en Zaragoza con el fracaso de Don Quijote, vencido por Sansón Carrasco), ni de donde tomó sus datos con tanta precisión, pero lo cierto es que las descripciones de Cervantes en su libro se ajustan tanto al palacio ducal de Pedrola como a la isla.

En el palacio, como recordará el lector, residían los duques. Y en él, en su patio de armas y en su jardín, ocurre la escena del caballo de madera Clavileño, en teoría capaz de realizar movimientos voladores controlados por una clavija. La broma de los duques hacia Sancho consistía en hacerle creer que había volado por los aires. Y además, en el interior del recinto, Sancho Panza dispensaba sensatos juicios a los impostores y cómplices de los nobles aragoneses y a los problemas que urdían los duques, que acabaron enojados y humillados en su propio veneno. “Cuenta la historia que desde el juzgado llevaron a Sancho Panza a un suntuoso palacio, adonde en una gran sala estaba puesta una real y limpísima mesa”, se nos recuerda en el capítulo 47. Pero la precisión de Cervantes fue más allá también en lo que se refería a la isla: escribe de murallas del pueblo que sí existieron y evoca una sima u hoya en la que tropieza Sancho cuando abandona su efímero sueño a lomos de su borrica.

¿Qué queda en Pedrola y en Alcalá del delirio cervantino? En Pedrola sigue el palacio ducal, inmenso, adosado a algunas construcciones, con su escudo de armas, sus innumerables ventanales enrejados, dominando la plaza del pueblo. Y además, una de las vías principales se llama Miguel de Cervantes, que conduce a ese laberinto de callejas angostas y más bien ocres que le dan sabor y pinturería a Pedrola. Aunque no es una ave propiamente cervantina, en la torre de la iglesia se desperezan las cigüeñas. Alcalá de Ebro no ha perdido su estampa romántica. Tras superar el paso a nivel, te sorprenden unos edificios desconchados y sin techo, que antaño fueron fábricas agrícolas. Nos han recordado algunas fotos mexicanas de Juan Rulfo. La ínsula Barataria (que debe su nombre a que ese lugar era Baratario o tal vez al “barato” total que le habían hecho los duques al escudero al concederle la falsa merced) permanece igual que en tiempos de Cervantes, aunque hay un detalle que no pasa inadvertido: un medidor de la altura de la corriente del agua tiene en su cúspide un nido de dos o tres cigüeñas. Si se sigue mirando hacia adentro, hacia la espesura, la ínsula breve sigue montaraz como antaño, las plantas y los árboles crecen a su antojo. La corriente se riza en torbellinos y ondulaciones. En una esquina de la ribera, la escultura de un meditabundo y verde Sancho Panza recuerda que estamos en una región literaria de trayectoria universal. El entorno es bucólico y sugerente: a la derecha de la estatua de Sancho Panza se abre una chopera interminable, plateada y erecta, que invita a extraviarse por ella. Una simple mirada a las torres de la iglesia de la Santísima Trinidad nos recuerda, de nuevo, que aquí se hizo gobernador e inmortal y sabio Sancho Panza, pero que ahora quien domina la situación son las cigüeñas, que se asoman al sucio espejo del Ebro.

*He leído y oído varias cosas sobre "La Ínsula Barataria". Javier Torres se va a vivir allí (yo estuve a punto de hacerlo hace un par de años), Antonio Pérez Lasheras escribe un artículo en "Qriterio", José-Carlos Mainer realiza un trabajo excelente en el disco reciente de Prames de música en La Ínsula Barataria, incluso se ha publicado una monografía sobre la isla y Alcalá de Ebro. He encontrado en mi archivo reciente este texto de uno de mis últimos viajes a Alcalá de Ebro, apareció en uno de los primeros números de "La magia de Aragón", y lo cuelgo aquí.

Juan Villoro: Premio Internacional

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Por ser considerado como una de las voces más singulares de la literatura contemporánea hispanoamericana, y por su libro Dios es redondo, el escritor mexicano Juan Villoro (1956) fue galardonado con el Premio Internacional de Periodismo Vázquez Montalbán, en la categoría de periodismo deportivo. El premio, que otorga la Fundación F.C. Barcelona y el Colegio de Periodistas de Cataluña fue otorgado en una ceremonia que se realizó en el Ayuntamiento de Cataluña, mientras que el próximo miércoles el club Barcelona le entregará el reconocimiento, durante el juego Liverpool-Barcelona, en España.

Al recibir el premio, Villoro leyó el texto "El mar interrumpido", en el que refiere que “escoger un equipo es una forma de decidir el destino. Hay estoicos que deben su temple a apoyar a un club impredecible y masoquistas que se quejan de que los suyos no pierdan lo suficiente”.
De acuerdo con el escritor, el futbol puede ejercer de “catalizador” para desfogarse, sobre todo en aquellas sociedades “con rigidez de comportamiento” tales como la británica.

En Dios es redondo (2006) Villoro explora las supersticiones, los ritos y mitos que han convertido a los estadios en catedrales, a los jugadores en apóstoles y a los árbitros en ángeles del infierno investidos del poder de quebrar la esperanza o desatar una vanidosa crueldad. El autor alterna el sabroso tono de la tertulia con la épica recuperación de los grandes lances: indaga las peculiaridades de un planeta donde la FIFA tiene más agremiados que la ONU, retrata al más desaforado divo de las canchas: Diego Armando Maradona, se adentra en el contradictorio esplendor de la liga española y ejerce el arte de la conversación con Jorge Valdano.

Via La crónica.

Tenochtitlan: Matos Moctezuma

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Eduardo Matos Moctezuma, Tenochtitlán (México: Fondo de Cultura Económica, 2006).

Es un excelente libro. El mito y la historia se mezclan estupendamente para ofrecernos la historia de México-Tenochtitlán de una manera tan sencilla que considero muy útil para que lo lean ya sea los niños que empiezan a conocer la historia o interesados y estudiosos del tema porque, dentro de su accesibilidad, posee el rigor científico necesario en estos temas.

Y Tenochtitlán es sólo el inicio de en una serie de tomos coeditados por el Fondo de Cultura Económica y El Colegio de México. Muchas felicidades por este proyecto, es un tema que en lo personal me apasiona.

La serie de pequeños volúmenes, explicó el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, autor del primer título, iniciará con Tenochtitlan, que será presentado en el contexto de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, y después estarán en circulación los textos sobre Paquimé, Teotihuacán, El Tajín, Palenque y otras esplendorosas ciudades prehispánicas.

En el volumen referente a Tenochtitlán, explicó Matos Moctezuma "se presenta el antecedente de la ciudad, los elementos que retoma de Teotihuacán y de otras culturas, incluida la tolteca". Es decir, se narran los elementos que incorporó el mexica o azteca de otras civilizaciones a su entorno, agregó.

También el lector conocerá sobre la fundación del centro ceremonial mexica, "para lo cual se acude a las fuentes históricas y a la información arqueológica, y también se describen las habitaciones de los dioses y de los hombres, con todo lo que había en su interior".

Los capítulos de Tenochtitlán se titulan: Antecedentes: Teotihuacán y Tula; De Aztlán a Tenochtitlán, Fundación de Tenochtitlán; La ciudad: su espacio sagrado; El espacio profano o la habitación de los hombres; Los habitantes de la ciudad; Del nacimiento a la muerte; Cosmovisión y calendario y La Conquista. La organización social, las principales festividades y un panorama general de la ciudad se entrelazan entre los nueve capítulos que integran Tenochtitlán.

Piezas mayas abandonadas en Rusia

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Ojalá que las autoridades mexicanas hagan algo, aunque lo dudo, no pasará de una cartita diciendo cualquier cosa, es vergonzoso pero casi seguro que así será. Al menos espero que el Instituto Nacional de Antropología e Historia tome cartas en el asunto.

Un amigo me envía por correo-e un texto que, me informa, aparece hoy en La Jornada:

Señala abandono en Rusia de piezas mayas

Descubrí por accidente, en un Blog ruso, que hay una serie de esculturas de origen maya abandonadas en las afueras de algunos complejos habitacionales. En el siglo XIX un grupo de exploradores de la Academia de San Petersburgo visitó Yucatán, México, y se llevó piezas únicas de Chichén Itzá. Sin embargo, no encontrando un lugar adecuado para las piezas más grandes en los museos de la región, decidieron almacenarlas. Después de la revolución muchos museos fueron convertidos en oficinas y en viviendas, y esas piezas, de más de mil 500 años, fueron colocadas en diversos puntos de la ciudad, sin protección ni información de ellas para la población. Quizá me equivoco, pero dudo mucho que esas piezas hayan salido legalmente del país, ya que la primera legislación sobre los bienes arqueológicos data de 1831 y declara delito extraer piezas de las zonas arqueológicas, a menos que su propósito sea la restauración. ¿Que hará el gobierno de México al saber esto? Dudo mucho de que se entere. Por cierto, hay una imagen donde ya destruyeron una de ellas.

Silvia Castro

Me gustaría regresaran al país, pero no se si esto sea posible, sucederá lo mismo que con el penacho de Moctezuma (tocado de plumas de quetzal engarzadas en oro y piedras preciosas) que actualmente se encuentra en el Museo de Etnología de Viena, en Austria, que jamás han querido regresarlo por más que se han llevado a cabo, durante años, diligencias para ello.

Lector compulsivo

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Cuestión de pasiones
Por Dr. Van der Weintraube
El Mercurio

Difícil detenerse, joyas, insomnios de papel donde dejar que te invadan autores exquisitos. La biografía de Vladimir Nabokov, ahora sus años americanos, una verdadera novela. La frustración calamitosa del último libro de Paul Auster, lanzado como caramelos a la calle, con día anunciado, con prensa hasta el agotamiento. Se lee a tropezones, como el libro de un principiante, como que hubiera rescatado un texto muy antiguo, sin salvación. Nada del talento demoledor de El palacio de la Luna o Leviatán. Viajes por el Scriptorium carece absolutamente del encanto avasallador de toda su obra anterior. Como pasó en un momento con el Vargas Llosa genial. Poco importa. Han dejado obras notables. La poesía que aparece es magnífica. Me hablan de autores entre los mejores del mundo. Me agregan el nombre de Mark Strand y me muestran una novela perfecta de Adam Zagajewski. El invierno ayuda al verso. El verano se enreda con los poetas. La playa tiene ritmo de novela. En una librería de viejo encuentro ¡al fin! la edición en español de Macunaíma de Mário de Andrade. Es de 1977 y no se entiende por qué no tuvo más ediciones cuando se trata de una de las novelas más locas y divertidas que se puede leer en cualquier literatura. Tiene parientes en otras lenguas. Flann O'Brien, Jaroslav Hasek, el imborrable Tristram Shandy de Lawrence Sterne, que debería ser leído (50 páginas) en todo colegio y por supuesto nuestro Juan Emar, nuestro Roberto Bolaño, la mitad de los escritores argentinos y un largo etcétera que comienza, sí señor, con la segunda parte de El Quijote de la Mancha, donde se funda toda la narrativa posmoderna. Dos libros raros versan sobre libros. Roberto Calasso, escritor de alto nivel, y editor finísimo, publica una antología de 100 de sus reseñas sobre libros en Cien cartas a un desconocido: un libro raro porque son notas breves sobre cien escritores de calidad; son muchos los que se me escapan y no hay cómo conseguir ediciones en español. Cosa contraria, en lo fácil, en lo penetrante, en lo intenso es el libro póstumo de la inteligentísima Susan Sontag. Cuestión de énfasis es un imprescindible para cualquier fanático de la lectura. Tal como Sergio Pitol escribe sobre otros libros, Susan Sontag hace un regodeo sobre autores absolutamente magníficos como Joaquín Machado de Assís, el tremendo Robert Walter, el Ferdydurke de Witold Gombrowicz, Pedro Páramo, el malogrado Danilo Kis (de quien reeditan ese libro maravilloso, divino, que es Una tumba para Boris Davidovich.

Mucho más. En marzo, sin falta.

Borges desde los ojos de María

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Alrededor de los personajes destacados muchas veces se tejen historias de las que desconocemos cuanto poseen de verdad. De María Kodama se dicen cosas que hablan de su ambición y avidez por todo lo que fue del escritor y que ahora le pertenece. Para saber hasta donde es o no es así. La polémica más reciente tiene que ver con "el bloqueo de la reedición de las Obras Completas de Borges en la colección La Pléiade, de la Editorial Gallimard, de Francia. Esa edición está comentada por el propio Borges, quien trabajó junto al editor Jean Pierre Bernés entre enero y junio de 1986. Paralelamente a esa labor, Bernés grabó unas 20 cintas de diálogo con Borges que están en el centro de la discordia. María Kodama hizo saber a la editorial que considera la edición llena de errores y que por eso no puede autorizarla. Pero Bernés dice que quiere las famosas cintas (que él no publicará en vida) y el 100 por ciento de sus derechos: ahora tienen cada uno el 50 por ciento. El caso fue llevado a los tribunales hace un tiempo, y la Justicia francesa autorizó a Kodama a tener una copia de las cintas, pero, según Bernés, ella quiere tener también los originales. El 8 de agosto (del año pasado), en medio del escándalo, la embajada francesa en Argentina la condecoraba con las insignias de Oficial de las Artes y las Letras, por su labor en la difusión de la obra de Jorge Luis Borges" (más en: "Quien es María Kodama").

En el suplemento cultural de La Jornada leemos una entrevista a Kodama, "la única criatura borgiana que le sobrevive, la otra fue Bioy Casares", la realiza Harold Alvarado Tenorio. "Borges creía en el libre albedrío, dice Kodama, y así lo demostró a lo largo de su vida tomando las decisiones sin seguir a las mayorías ni a los poderosos. Ser libre para él era no traicionarse, ser uno mismo y eso le llevo a perder, incluso, el Premio Nobel", ¿por qué?, pregunta Alvarado Tenorio:

–Porque, como usted podrá recordar, en dos ocasiones burló las aspiraciones de Arthur Lundqvist, el académico sueco que prácticamente concedía el Nobel a los escritores de nuestra lengua. La primera, cuando Victoria Ocampo lo trajo hasta Buenos Aires, le organizó una cena en San Isidro y puso a Borges al lado del sueco, que con su tradicional apetito de gloria leyó a Borges uno de sus poemas y Borges le dijo que le parecía digno del inventor de la dinamita, y luego, cuando en Chile le ofrecieron aquel doctorado en la Universidad Católica siendo Pinochet el dictador y le llamaron para advertirle que si iba a recibirlo no recogería el Nóbel ese año, y Borges respondió que había dos cosas que un hombre no se puede permitir: ni amenazar ni ser amenazado, ni chantajear ni ser chantajeado. Fue muy genial porque le dije: "Borges ¿por qué no lo piensa?, puede decir que no se siente bien, que está mal." Y no olvido que tomándome por los hombres me preguntó: "¿Usted lo haría?" Y le respondí: "Usted sabe que no." Entonces dijo: "¿Por qué quiere que yo lo haga?" Lo cierto es que ese traductor y poeta sueco no quiso nunca a Borges. Recuerdo que Lundqvist tenía un emisario español que visitaba el mundo de habla hispana recibiendo elogios de cuanto candidato había en esos años, incluso creo que el emisario recibió algún Premio Nobel de manos del rey sueco.

Pero Borges también se reía mucho con ese asunto del Nóbel. Recuerdo que un día lo detuvo un señor en la calle y le dijo: "Maestro, voy a hacer una promesa a Dios para que se lo den este año." Y Borges respondió: "Dios lo libre de hacer eso, si es que Dios existe. Porque si me lo dan este año seré uno más en la ya larga lista, pero si no, me convierto en un mito escandinavo, en ese hombre que siempre se presentaba y no se lo daban; prefiero ser el mito escandinavo, el eterno aspirante.

Se ha comentado que Kodama separó a Borges de Bioy Casares, pero ella dice que:
Nunca quise alejar a Borges de nadie, fue el comportamiento de sus amigos lo que alejó a Borges de ellos. Bioy, en ese diario que van a publicar muestra también cómo lo envidiaba, como lo utilizaba. Quizás sea cierto que le tuvo mucho afecto, pero también es cierto que era muy egoísta. Un día Borges me dijo: "Adolfito sólo viene o me invita a comer cuando quiere leer o que yo corrija cosas de él. Pero nunca me invita al campo." Yo le insistí: "Pero, Borges, a usted no le gusta el campo." Y él me contestó: "Eso no importa. El debe proponérmelo y yo, en todo caso, decir que no." Borges era tímido pero, como todas las personas introvertidas, muy observador de la personalidad y del alma del otro. ¿Por qué no iba yo a querer a sus amigos? Yo soy oriental y no soy celosa. Los celos son amor propio, no amor al otro.

Paseo matutino: Kapuscinski

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En El país se publica este texto que "no fue publicado en vida del autor. Escrito en la década de los noventa, permaneció guardado en su archivo personal. El pasado 25 de enero, poco después de la muerte de Kapuscinski, vio la luz en la Gazeta Wyborcza":

Todas las mañanas, después de despertarme me tomo un café y salgo a dar mi paseo. Son las siete. Recorro la calle en la que vivo, la Prokuratorska, en dirección a la Wawelska. Paso junto al consulado británico: ante la verja, a esta hora, ya espera un nutridísimo grupo de personas. Pasan allí la noche, duermen en los coches, en los céspedes, en los bancos: han venido para solicitar un visado. Enseguida sé que estoy en el Tercer Mundo. Tamañas aglomeraciones no se dan ni en Oslo ni en Berna, pero sí en Kampala y en Kuala Lumpur.

Los habitantes de los países más o menos pobres -como Polonia sin ir más lejos- ofrecen su barata mano de obra; los países ricos se defienden, tienen de sobra donde elegir. Hambrientos, aunque no tanto como para no poder moverse (como mis miserables del Sahel), intentan tomar por asalto a Occidente, donde, si se logra conseguir un empleo, aún se puede ganar un buen sueldo (un vecino de mi madre, pan Kucharski, un albañil ya entrado en años, preguntado un día cuál era su mayor deseo, le respondió sin pensárselo dos veces: "¿Sabe, señora?, sueño con ganarme un buen pellizco, ¡aunque sea una sola vez en mi vida!").

Del éxito editorial

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Cuando le preguntan a Jorge Herralde "¿cuál es el secreto del éxito?", responde:

No existen fórmulas mágicas. Hay que trabajar mucho, no bajar la guardia y esperar que la música del azar te sea benéfica. Anagrama es un sello vocacional: hay libros y autores que han funcionado muy bien, y otros que no tanto. Pero es que ningún editor tiene una varita mágica para saber qué libro será un éxito.

Pedro de Miguel opina que "Muchas veces me he preguntado la razón del éxito de esas líneas (se refiere a un microrrelato que escribió hace tiempo). Mi ego me contestaba que la calidad, claro, es un cuento perfecto: la tensión, la sorpresa final... Ayer tuve una revelación tremenda. El secreto del éxito, aunque me resista a admitirlo, está en su apestoso tufo a Claudio Coelho".

Creo que Pedro de Miguel tiene razón cuando deja ver que, en ocasiones, libros como los que escribe Coelho, añadiría que Isabel Allende o Guadalupe Loaeza, por poner un ejemplo, tienen tal éxito de ventas, comparado con el que no tienen (de ese tamaño al menos) excelentes escritores, que una se queda sorprendida.

Alicia en el país de las maravillas

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Ediciones ERA publica Alicia en el país de las maravillas para niños en la versión del poeta mexicano José Emilio Pacheco para continuar con la tradición de los cuentos mágicos para los pequeños, y con las ilustraciones que John Tenniel realizó para la primera edición, que se publicó en 1864. Con autorización de Era, La Jornada ofrece a sus lectores el primer capítulo de esta historia. Este volumen empezará a circular el lunes en las librerías.

Primer capítulo.

Confesiones de un bibliómano

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"Se le ha calificado como maestro de la lectura, amante de las bibliotecas y uno de los más finos gourmets literarios. Su Diario de lecturas acaba de recibir el Premio Grinzane Cavour. Vive rodeado de 35 mil libros en Mondion, un pueblo cercano a Poitiers, donde construyó hace seis años su biblioteca, o su hogar-biblioteca. Allí, diferentes ediciones del Quijote, libros dedicados por Borges y las obras completas de Kipling firmadas por su autor son el testimonio de esa pasión secreta y silenciosa que acompaña a Manguel desde niño. "Mi padre era embajador - cuenta el autor argentino- , viajábamos mucho y yo tenía una nodriza que se ocupaba de mí. El hecho de cambiar de países y de casas hizo que yo sintiese que necesitaba un lugar fijo en un mundo tan móvil. Ese lugar fijo fueron para mí los libros". A "ese vicio impune", como definió a la lectura Valery Larbaud, se ha abandonado durante toda su vida el ensayista, traductor, novelista y bibliómano Alberto Manguel". El Mercurio publica la nota adonde podemos leer una breve entrevista al autor.

"Llegó un momento en que necesité elegir: si dejaba los libros dentro de la casa tenía que dormir en el jardín, si quería dormir en el dormitorio tenía sacarlos fuera": El ilustrado establo de Alberto Manguel.

Feria Internacional del Libro: Palacio de Minería

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La Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM), que con el programa cultural más vasto en su historia, llega a la versión 28 y recibe a Veracruz como Estado invitado.

Entre las actividades relacionadas con Veracruz, destacan las presentaciones de los libros publicados por la Universidad Veracruzana (UV), el Instituto Veracruzano de Cultura (Ivec) y la editora del gobierno de esa entidad.

La FILPM se ha consolidado como uno de los encuentros editoriales más relevantes del país, no sólo por reunir cada año cerca de 600 sellos para su promoción y venta, sino también por su abundante y atractivo programa cultural, el cual ''figura entre los mayores de todas las ferias del libro del mundo": se realizarán -del 22 de febrero al 4 de marzo- cerca de 830 actividades, entre presentaciones y firma de libros, conferencias, lectura de obras y exposiciones.

La poeta chilena y Premio Nobel de Literatura 1945, Gabriela Mistral, recibirá un homenaje a 50 años de su fallecimiento, que comprende conferencias magistrales y la develación de un busto; asimismo, el recién fallecido Ryszard Kapuscinski (1932-2007), periodista polaco, será recordado.

Información completa

Página de la Feria

El Quijote

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En esta página hay 210 ediciones y 8404 imágenes, su recorrido es un placer: Banco de imágenes.

Siri Hustvedt

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A fuer de decir verdá, no debe de ser sencillo ser escritora-esposa de un escritor tan famoso como Auster. Podemos imaginar que no hay entrevista en donde no ocupe un primer plano el autor de Trilogía de Nueva York.

Es más alta que Paul Auster, quizá también más transparente, o translúcida. Están casados y viven en ese ámbito literario, casi un mito para los seguidores de Auster, de Slope Park, en Brooklyn. Llevan «veintiséis años de relación literaria», como ella dice, quizá para hacer notar su propia obra tan oculta sobre la larga sombra del maestro del azar. Ella misma se sorprende: «En algunos países mis libros son más conocidos que los de Paul». «Los ojos vendados» (1993) fue su primera novela, le siguió «El hechizo de Lilly Dahl» (1997) y «Todo cuanto amé» es la última» (2003). Hoy pronuncia una conferencia en Madrid invitada por los Amigos del Museo del Prado. El ensayo sobre arte es una de sus actividades, que alguna vez ya ha llevado a la ficción.

-En su última novela publicada en España, «Todo cuanto amé», escribe en primera persona y le pone voz a un historiador del arte, Leo Hetzberg. ¿No será una casualidad?
-Sé algo de historia del arte y era fácil ponerle voz a un historiador. Pero lo que me interesaba es que este hombre tuviera una posición como observador: es judío, vivió en Europa hasta los años treinta, se exilió a Estados Unidos perseguido por los nazis. Es americano, pero nos miraba como un europeo. Además, es un observador de sus propias pérdidas sufridas en su familia. Tras cuatro años de escritura me di cuenta que este libro tenía que ver con cómo percibimos, con la ceguera y la imposibilidad de ver lo que amamos, en su caso el arte.

-Se hace llamar Iris (Siri al revés) que es lo que hace Paul Auster. ¿Por qué juega a la confusión literaria?
-Iris es un personaje de Levitán, pero aunque este libro de Paul salió antes, el personaje de Iris Vegan lo creé yo antes en «Los ojos vendados», una joven universitaria que trabaja para un hombre que le hace extraños encargos y que comparte mis datos biográficos. Esa fue mi primera novela, años más tarde, Paul escribe otra sobre un escritor llamado Peter Aaron, que tiene sus mismas iniciales, tiene una esposa llamada Iris, pero yo no tengo nada que ver con la Iris de Paul Auster...

-¿Cómo convive en ese mundo donde se mezclan tanto la ficción y la realidad?
-La imaginación es un proceso muy extraño y las personas solemos encontrar, por razones misteriosas, datos autobiográficos en la ficción, sobre todo en la realidad imaginativa del escritor. En mi vida, sé diferenciar lo que es ficción de lo que es realidad porque en el fondo no hay tantos paralelismos como creemos. En todo caso, lo que yo procuro conseguir al escribir es una verdad emocional, incluso cuando hago un primer borrador, lo reviso en busca de esa verdad porque no siempre lo consigo.

-Su último libro sobre arte es Los misterios del rectángulo, y da la impresión de que le gusta más hablar de Vermeer, Goya o Morandi que de arte contemporáneo.
-No crea, acabo de escribir sobre dos artistas vivos, Gerhard Richter y Kiki Smith, los dos alemanes, aunque Kiki vive en Nueva York, y visito galerías y tengo amigos artistas, pero sí, en el fondo nos dedicamos más a los muertos.

-Precisamente Gerhard Richter es el más literario de los pintores: siempre parte de una fotografía real, como si fuera una novela.
-Primero escribí este ensayo sobre Richter y luego lo conocí y efectivamente me pareció una persona intelectualmente compleja, que transmite muchos sentimientos y me encanta las pinturas de «October, 18, 1977» sobre todo en su relación con la memoria.

-Paul Auster dijo alguna vez que usted le salvo la vida, que le salvó para la literatura y que a partir de conocer a Siri Hustvedt se dedicó a escribir novelas.
-¡Oh, no! Me enternece oírlo. Eso es algo muy bonito que Paul dijo, pero no sé si es verdad. El apoyo que nos hemos dado el uno al otro ha sido crucial para ambos.

-En algún momento usted ha hablado de la «edad interior» desde la que se escribe. Al parecer, usted lo hace desde los ochenta años.
-Tiene relación con la muerte, yo no me siento inmortal. La mayoría de la gente quizá no se sienta, por supuesto los niños no, pero cuando era niña tampoco me sentía inmortal.

-Y añadía que Paul Auster escribía como si tuviera treinta años.
-Sí, es así, pero estoy sorprendidísima de que acaba de cumplir sesenta. Borradores compartidos

-¿Le molesta que le pregunte por Paul Auster?
-No me importa, pero es extraño que en algunos países mi obra sea igual de conocida que la de Paul... estoy encantada que no sólo me pregunten por mi matrimonio.

-No le pregunto sobre su vida privada: usted es la persona a la que Paul Auster le da a leer los borradores.
-Sí, y él también lee los míos. Nos damos mutuamente los borradores y llevamos veintiséis años de relación literaria.

-Por cierto, ¿cómo se vive en una casa donde todos se dedican a una actividad creativa?, porque su hija Sophie ha emprendido una carrera musical. ..
-Podría ser complicado, pero nos ayuda a entendernos mejor entre los tres, que es lo fundamental.

La "fe" de Voltaire

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Cuenta Voltaire:

“Un día el príncipe Pico de la Mirandola se encontró con el papa Alejandro VI en casa de la cortesana Emilia, en la época en que Lucrecia, hija del Santo Padre, estaba en cama después de parida y en que aún no se sabía en Roma si el niño era hijo del Papa o del hijo de éste, el duque de Valentinois, o del marido de Lucrecia, Alfonso de Aragón, que tenía fama de ser impotente. La conversación que medió entre ambos fue muy jovial, y el cardenal Bembo nos refiere parte de ella.

«Príncipe Pico -le preguntó el Papa-, ¿quién crees que es el padre de mi nieto?» «Creo que es vuestro yerno», respondió el príncipe. «¿Cómo puedes creer semejante desatino?» «La fe me lo hace creer.» «¿Ignoras que el impotente no puede tener hijos?» «La fe consiste -replicó el príncipe-, en creer cosas imposibles; además, el honor de vuestra casa exige que el hijo de Lucrecia no se considere como fruto de un incesto. Me habéis hecho creer misterios más incomprensibles. ¿No debo convencerme de que habló una serpiente, de que desde entonces quedaron todos los hombres condenados, de que la burra de Balaam habló con elocuencia y de que las murallas de Jericó cayeron al suelo destruidas al oír el sonido de las trompetas?» El príncipe ensartó en seguida una letanía de todas las cosas admirables que creía.

Alejandro se dejó caer sobre un sofá, no pudiendo contenerse de risa. «Creo todo eso como tú -decía siempre riendo-, porque conozco que si no me salva la fe, no me salvarán mis buenas obras.» «¡Ah Santo Padre! -le contestó el príncipe-, no necesitáis ni buenas obras ni fe: esto sólo lo necesitan los pobres profanos como yo; pero vos, que sois el representante de Dios, podéis creer y hacer todo lo que queráis: tenéis las llaves del cielo, y no cabe duda de que San Pedro no os cerrará las puertas en las narices. Pero yo confieso que necesitaría poderosa protección si, siendo como soy un principillo, me hubiera acostado con mi hija, y hubiera usado el estilete y la cantarella con tanta frecuencia como Vuestra Santidad.»

Alejandro VI, dejando de reír, dijo al príncipe: «Hablemos seriamente; decidme: ¿qué mérito puede tener decir a Dios que estamos convencidos de cosas de las que no nos podemos convencer? Entre nosotros, decir que creemos lo que es imposible creer es mentir.» Pico de la Mirandola, al oír esto, se persignó, exclamando: «Vuestra Santidad me perdone, pero no sois cristiano.» «No lo soy», contestó el Papa. «Ya me lo figuraba», repuso el príncipe.”

Esto está en el tercer apartado del artículo “Fe” del Diccionario filosófico de Voltaire. Desde luego, me fui a buscar la fuente de todo este enredo, es decir, el cardenal Pietro Bembo, según dice Voltaire. Pero no: al menos, la fuente no son ni Gli Asolani, ni las Prosas de la lengua vulgar. Bembo estuvo enamorado de Lucrezia Borgia, eso es verdad; también es verdad que existió la cortesana Emilia (Guicciardini la menciona), pero la escena tiene a la vez un sabor de farsa y de verosimilitud que no me deja en paz. No me extrañaría que Voltaire hubiera inventado el diálogo, pero entonces resultaría muy raro que hubiera falseado su fuente. No es algo que acostumbrara hacer; además, el mismo artículo (Fe) parece ser de los más serios e incluso vehementes de su diccionario. En Voltaire he visto errores de interpretación (el más famoso: su lectura de Leibniz), errores de atribución (sobre todo respecto de las fechas de los documentos antiguos), pero como historiador siempre lo he hallado certero y veraz. Y divertido, sin duda. El caso es que no me estoy tranquilo sin dar con la fuente, es decir, ¿de donde cita Voltaire? o, raro pero no imposible, ¿se trata de su propia invención? ¿Alguien tiene idea de dónde pudo sacar Voltaire la historia ésta?

Julio Hubard.

Tríptico para Juan Rulfo

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Dan a conocer fotografías inéditas tomadas por Juan Rulfo

Reúnen en un tríptico las facetas de poesía, fotografía y crítica alrededor del autor jalisciense. Se busca revertir distorsiones sobre algunos aspectos del narrador, dice el editor del volumen.

El inagotable análisis de la obra literaria y fotográfica del escritor Juan Rulfo, quien es considerado el autor mexicano más relevante del siglo XX, se ve hoy renovado con la aparición del volumen Tríptico para Juan Rulfo, compilación de trabajos originales basados en diversas y rigurosas investigaciones. El propósito del volumen es ofrecer a los investigadores, como al lector no especializado, diversos análisis ''que dejen atrás una serie de especulaciones o distorsiones sobre ciertos aspectos de la vida y obra de Juan Rulfo. Se quiere ¬con estos estudios¬ ir más allá de los lugares comunes, con los que todavía rellenan cuartillas muchos pretendidos especialistas", explicó Jorge Zepeda, editor del libro. Tríptico para Juan Rulfo se divide en tres grandes capítulos: Poesía, Fotografía y Crítica. Integra en 530 páginas no sólo nuevas reflexiones sobre el trabajo de Rulfo como escritor y fotógrafo, sino que suma su faceta como traductor y apasionado de la poesía, y de cómo ésta permeó en su propia obra.

Predilección por Rilke

"La relación de Rulfo con la poesía había sido poco explorada", expresó Víctor Jiménez, presidente de la Fundación Juan Rulfo. Por ello, en la primera parte del volumen se presentan materiales originales del escritor jalisciense, descubiertos y comentados por Alberto Vital. ''Una traducción realizada por el escritor mexicano -parte a mano, parte en máquina de escribir-, de Las elegías de Duino, de Rilke, junto con transcripciones y traducciones de otros poetas, como Mallarmé. Rilke era uno de los poetas preferidos de Rulfo, a quien leyó, transcribió, tradujo y estudió, "siendo testimonio de ello su biblioteca y manuscritos", indicó Jiménez.

Otro autor a quien igual conocía muy bien fue Paul Valéry.

Asimismo, entre los papeles de Rulfo se encontraron transcripciones de numerosos poetas estadunidenses, como John C. Ranson, Sylvia Lynd, Edith Sitwell, Edna St. Vincent Millary, Horace Gregory, Leonie Adams, Hart Crane, Sidney Keyes, Donald Thomson, y Archibald Macleish. Y también, entre otros, poemas de autores negros, como Langston Hughes y Countee Macleis. ''Todos fueron mecanografiados por Rulfo en español." En este primer apartado, el especialista Dieter Rall, a partir de su nacionalidad alemana integrado al mundo académico mexicano, "hace un recorrido en sentido opuesto: de la obra de Rilke hacia la versión que realizó Rulfo de las Elegías... del praguense". Y las investigadoras Guadalupe Domínguez y Susy Rodríguez, por su parte, comparan la versión de Rulfo con otros tres textos: el original alemán, la versión de Juan José Domenchina y la traducción de Gonzalo Torrente Ballester y Metchild von Hesse Podewils, autores a los que igual recurrió Rulfo para realizar su versión.

Para comprender mejor el proceso de traducción seguido por Juan Rulfo, se incluyen como documentos testimoniales inéditos, reproducciones de algunas páginas manuscritas y mecanografiadas por el autor de El llano en llamas. No menos reveladores e importantes son los dos siguientes capítulos, explicó el investigador Jorge Zepeda, para quien la faceta de Rulfo como fotógrafo debe ser analizada con profundidad y con independencia del Rulfo escritor.

Contra las fáciles comparaciones

La sección dedicada a la fotografía, apuntó Zepeda, consiste en tres artículos que atienden tanto al detalle de la historia de Rulfo fotógrafo, como a la perspectiva de la difusión de su obra visual y, finalmente, a la exploración de sus particularidades dentro de la trayectoria de la fotografía latinoamericana del siglo XX". El fotógrafo Lon Pearson comparte su testimonio pormenorizado y personal, de lo que se considera es la primera muestra fotográfica de Rulfo, en 1960, en Guadalajara. ''De la que nadie sabía absolutamente nada".

Un segundo ensayo a cargo de José Carlos González Boixo, editor de Pedro Páramo en España se enfoca en las exposiciones de Rulfo. "Realiza una relación actualizada cronológica de dichas muestras y habla además de las distintas publicaciones entre libros, revistas y catálogos, que contienen su obra visual". González Boixo ''sitúa a Rulfo dentro de la práctica de la fotografía en México y en América Latina, al tiempo que propone una caracterización del corpus fotográfico conforme a sus temáticas recurrentes". Cierra esta sección Daniele de Luigi, con el ensayo Más allá del silencio. Juan Rulfo fotógrafo: problemas e interpretaciones, en el que "traza un deslinde imprescindible entre el lenguaje fotográfico y el lenguaje literario".

Para Zepeda, este último texto en particular es importante, porque las más de las veces ciertos ''especialistas" caen en "fáciles comparaciones". "Muchos dicen que las fotografías de Rulfo equivalen a sus textos. Inventan leyendas urbanas sobre esta supuesta unión o simbiosis entre imagen y lenguaje literario. Esas historias no llegan a ser más que una opinión en sentido estricto, son pintorescas, están bien para una charla de café, pero no van más allá del psicologismo barato, y nadie se detiene a profundizar de manera sustancial en esas comparaciones, si es que pudieran aparecer."

Por último, cabe señalar la publicación aquí, ''por vez primera, con imágenes inéditas", de las 23 fotografías localizadas de la primera exposición de Rulfo, en 1960, en Guadalajara, así como las 11 publicadas por él en 1949 en la revista América. Tríptico para Juan Rulfo, cuya génesis fue parte para conmemorar el 20 aniversario luctuoso del escritor, es una coedición de la Fundación Juan Rulfo, la Universidad Nacional Autónoma de México, por conducto de la Dirección de Publicaciones y de la Facultad de Filosofía y Letras, además del Congreso de Jalisco, las universidades Iberoamericana, las autónomas de Aguascalientes y de Colima, y la editorial RM.


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Imágenes de la tradición viva: Monsiváis

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Nunca me gustó El laberinto de la soledad de Octavio Paz, lo he leído varias veces y entre más lo leo menos me gusta. Sobre este tema, en mi opinión, es mucho mejor Análisis del ser mexicano del filósofo mexicano Emilio Uranga, recomiendo mucho toda su obra.

Hoy se presenta el libro Imágenes de la tradición viva, de Carlos Monsiváis, editado por el Fondo de Cultura Económica (FCE), en versión de lujo. Participarán José María Pérez Gay, Antonio Saborit y el autor. Habrá una lectura a cargo de José Luis Ibáñez, modera Joaquín Diez-Canedo. Con autorización del sello editorial, La Jornada presenta un fragmento:

En 1949, en la revista Cuadernos Americanos, Octavio Paz publica El laberinto de la soledad. En 1950, la edición revisada lo da a conocer a un público amplio y en 1959 se presenta la edición definitiva. Casi de inmediato, el ensayo se convierte en un clásico de las indagaciones sobre Lo Mexicano, inauguradas a principios del siglo XX por Julio Guerrero (...) Luego de Julio Guerrero, la ansiedad por detallar la Identidad Nacional, ese ''pasaporte esencial'' que distingue a los nativos, produce en la primera mitad del siglo XX obras de calidad muy distinta, entre ellas la muy exitosa El perfil del hombre y la cultura en México (1934), del filósofo Samuel Ramos, entreveramiento de apuntes sociológicos, notas de historia cultural y esbozos de un ''psicoanálisis del alma de la Patria''. Inspirado en las tesis del psicoanalista Alfred Adler, entonces muy de moda.
Aquí continúa.

Henning Mankell: Premio Pepe Carvalho

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"La literatura puede tener y debe tener un impacto sobre este mundo tan terrible e injusto en el que vivimos" (Henning Mankell)

Me da mucho gusto que "mi" escritor, Henning Mankell, haya recibido el "II Premio Pepe Carvalho" en reconocimiento a su trayectoria en el género de la novela negra, ello dentro del marco del "Encuentro de Novela Negra" de Barcelona. Qué deseos de haber podido estar ahí, me hubiera encantado verlo y escucharlo en el encuentro con sus lectores en el Teatro Romea, donde contestó a todas las preguntas que se le formularon, a la vez que realizó la lectura de alguno de sus textos.

El escritor sueco Henning Mankell, opina que "a pesar de que un libro no cambia el mundo, no podemos cambiar el mundo sin cultura". Durante una larga rueda de prensa celebrada este mediodía en el ayuntamiento barcelonés, Mankell, creador del famoso detective Kurt Wallander, con el semblante serio, pero haciendo gala de un excelente sentido del humor, ha remarcado que, igual que Manuel Vázquez Montalbán, es de los que cree que "la literatura puede tener y debe tener un impacto sobre este mundo tan terrible e injusto en el que vivimos".

Novelista y dramaturgo nacido en Estocolmo en 1948, Mankell ha escrito una cuarentena de obras, y en la actualidad reside entre su ciudad de origen y Maputo, en Mozambique, donde dirige el Teatro Nacional Avenida. Precisamente, en su comparecencia ha ahondado en los problemas del continente africano, que achaca, en parte, a los cuatrocientos años de colonialismo europeo.

Asegurando que los medios de comunicación son los responsables de ofrecer una imagen deformada de África -"sabemos cómo mueren pero no se explica nada sobre cómo viven"-, ha pedido a los periodistas presentes en el acto un cambio en sus percepciones. Además, ha agregado, los occidentales "tenemos la responsabilidad de ayudar a esta gente, en nombre de la humanidad y del humanismo".

A pesar de los muchos problemas que azotan los diferentes países del continente negro, Mankell es optimista respecto a su futuro, "pero les debemos dar una oportunidad". Respecto a las corrientes migratorias, ha lamentado que cada día lleguen refugiados muertos a las costas de España y se ha preguntado: "¿Esta es la Europa que queremos? No. Esto es una vergüenza y un problema de todos, no sólo de los españoles".

En cuanto a la novela negra, tras aseverar que la mejor del género es Macbeth, ha mantenido que su inventor no es Edgar Allan Poe, si no que "fue inventada cuando nació la literatura, y es una de las tradiciones más antiguas que tenemos". Este hecho ocurre porque "usando el espejo del crimen, este tipo de literatura nos dice muchas cosas sobre la vida, y sobre cómo somos los seres humanos". En este sentido, se ha preguntado quién alguna vez en su vida no ha pensado en matar a alguien o en atracar un banco cuando su economía es mala. "Por este motivo -ha proseguido- las personas que leen novela negra lo hacen sobre sí mismos".

Tampoco ha obviado las preguntas sobre las aventuras de su detective Kurt Wallander, traducidas a 37 idiomas, y ha mantenido que su éxito se debe, entre otros, al "síndrome de la diabetes, ya que sufriendo esta enfermedad se hace cercano a muchos, a la vez que es alguien que cambia constantemente de opinión". También es popular, a su juicio, porque "se preocupa por las relaciones existentes entre el sistema de justicia y la democracia. Todos sabemos -ha incidido Mankell- que si no podemos tener un buen sistema de justicia, la democracia está bajo riesgo".

Autor que asegura que el crimen perfecto existe, en su larga disertación de hoy ha sostenido, asimismo, que "el crimen paga. Es terrible y triste, pero es así". Para Mankell, en el mundo actual "si uno quiere ser rico de verdad debe vender drogas o armas. Todo está conectado con el crimen, y por eso tenemos el 'boom' del género que tenemos". Escritor que siempre escribe, ha querido acabar su conferencia de prensa con una anécdota sobre unos adolescentes africanos de una isla cercana a Maputo, en la que el beso no forma parte del lenguaje del amor, y que una vez se disgustaron con él porque no les supo contestar sobre quién cerraba los ojos en una pareja a la hora de brindarse un ósculo.

Entiende que las grandes multinacionales se equivocan cuando plantean sus campañas asegurando que el mundo es cada vez más pequeño. "Lo que sucede ahora, precisamente, es que nos podemos dar cuenta de que el mundo es enorme y de que sabemos muy poco sobre él".
Via La vanguardia.

Por cierto, leí que Henning Mankell "empezará a escribir una nueva novela protagonizada por una juez. No ha querido precisar mucho más sobre su nueva obra, porque "si se habla demasiado de una cosa puedes matarla". Preguntado sobre el hecho de que vuelva a ser una mujer la protagonista, después de Antes de que hiele, con Linda Wallander en el centro de la trama, ha recordado que de su cuarentena de obras, un 25 por ciento de las mismas son del género de la novela negra, mientras que hay otras 25 que no lo son y, en ellas las protagonistas muchas veces son mujeres. "Estoy rodeado de mujeres desde que nací -ha proseguido- y considero que tienen otra perspectiva, y que todas las cosas las hacen mejor que los hombres".

Ciudad mundial de la literatura

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Una estupenda iniciativa que ojalá sea adoptada por muchos países.

Regalarán en Edimburgo 25 mil libros de Stevenson

El objetivo es potenciar la lectura en el lugar donde nacieron Walter Scott, JK Rowling y Arthur Conan Doyle. Alrededor de 25 mil ejemplares de la célebre novela de aventuras Secuestrado, del escritor escocés Robert Louis Stevenson (1850-1894), muy conocido también por sus obras La isla del tesoro y El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde, se repartirán gratuitamente durante este mes en bibliotecas y escuelas de Edimburgo.

La iniciativa, "Un libro, un Edimburgo", ha sido promovida por la UNESCO con el objetivo de potenciar la lectura en una ciudad que ha sido reconocida por esa agencia de la ONU como la primera "Ciudad mundial de la literatura". La campaña incluye la distribución de 10 mil copias del libro en su edición original, 7 mil 500 ediciones infantiles de la novela y otras 7 mil 500 copias de una nueva edición que cuenta con ilustraciones de Gam Kennedy, informó el ayuntamiento de la capital escocesa.

Las peripecias del joven David Balfour en busca de los orígenes de su familia tras la muerte de sus padres se distribuirán gratis hasta el 28 de febrero, pero los responsables de la iniciativa quieren ampliar el número de ejemplares para distribuirlos también en los autobuses, parques y cafés de la ciudad. Edimburgo es una ciudad con una fuerte vinculación con la literatura, desde Walter Scott hasta JK Rowling, la autora de la popular saga de Harry Potter, pasando por el de La Isla del Tesoro, también de Robert Louis Stevenson, y Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes.

La distribución gratuita de la novela, escrita en 1886, se complementa con un programa de actividades que, hasta inicios de marzo, llenará Edimburgo de foros de lectura, conferencias, espectáculos teatrales y guías literarias por los callejones que inspiraron a este autor.

Retrato del artista adolescente 2

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En el texto de abajo, titulado Retrato del artista adolescente, hay un comentario muy interesante del ilustrador Chema Lera, dice:

Me interesaba mucho la aguada de Forain (¡casi parece hecha con pincel chino!) así que mirando por ahí he encontrado un retrato a pluma (?) de Rimbaud realizado por el mismo pintor, probablemente como boceto para esta misma pintura, en donde también capta la profundidad oscura de su mirada en sombras, debido en parte al ángulo del punto de vista, yo creo que elegido a propósito con ese fin.

Nos hace favor de dejarnos el enlace al boceto de Forain. Muchas gracias. Dejo el boceto para que podamos compararlos y disfrutarlos juntos.

Carteles del recuerdo

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Josep Renau nació en Valencia en 1907. Estudia Bellas Artes en Valencia entre 1919 y 1925. Se dedica al cartel publicitario y en los años 30 trabaja para revistas como Estudios, Taula de Lletres Valencianes, Cuadernos de Cultura. En 1931 se afilia al Partido Cumunista de España y funda la Unión de Escritores y Artistas Proletarios en 1932 y la revista Nueva Cultura, la cual tiene vida entre 1935 y 1937. Durante la guerra antifascista realiza carteles de propaganda a favor de la República Española. En 1936 es director general de Bellas Artes, presidente del Consejo Español del Teatro y director de propaganda gráfica del Comisariado General del Estado Mayor Central.

Se le encomienda la tarea de salvaguardar el patrimonio artístico nacional durante la Guerra Civil. Con motivo de la realización del Pabellón de España en la Exposición Internacional de Artes y Técnicas de París, en 1937, encarga a Picasso la realización del Guernica. En Enero de 1939, junto con otros miles de personas, tiene que cruzar la frontera hacia Francia, al ser tomada Barcelona por las tropas fascistas.

Es internado en el campo de refugiados d'Argelers y consigue un visado para México en Mayo de 1939. En este país trabaja para revistas españolas en el exilio. Al tiempo que colabora con David Alfaro Siqueiros. Produce también obras propias como los murales del Casino de la selva de la ciudad mexicana de Cuernavaca. Deja México en 1958 para instalarse en Berlín Oriental (República Democrática Alemana ) donde sigue su trabajo, realizando murales y fotomontajes ( de esta época son Fata Morgana USA - 1967 y The american way of life - 1977 ). En 1978 lega su obra a la Función Josep Renal. Muere en Berlin en 1982.

Tiene varios carteles de películas realizadas en México en 1953, durante su estancia en este país por veinte años, como el del film Casa de muñecas, basado en la novela de Henrik Ibsen.

El comino de nuestra lengua

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El comino de nuestra lengua
Javier Marías

Más de una vez he hablado del lamentable estado de nuestra lengua y de nuestras traducciones en particular, de las cuales nos nutrimos tanto o más que de lo escrito en español (¿o es que no son traducción innumerables noticias de prensa y televisión, o los subtítulos de las películas y las series?). Pero es que el círculo vicioso ya está creado, gracias en buena medida a los editores iletrados y avaros: éstos dan el trabajo al más pringado, éste aplica la ley de la jeta y no se molesta en mejorar, los críticos casi nunca enjuician las traducciones, para bien ni para mal, de modo que esos editores a los que se les debería caer la cara de vergüenza por ofrecer productos defectuosos cuando no infames, jamás son reprendidos por nadie ni ven disminuir sus beneficios, como merecerían; y a los lectores, por último, parece darles todo igual, o ya no saben distinguir. Hoy hay muchos que creen estar al día y haber leído a los mejores autores extranjeros, cuando lo único que han leído es un burdo simulacro, patoso y lleno de infidelidades y errores, de lo que originalmente escribieron. Así como uno no compra la leche Tal o los embutidos Cual, la nevera X o el ordenador Z porque sabe que son una porquería, a estas alturas deberíamos ya saber que de la editorial H o V uno jamás debe adquirir un libro traducido.

“Hasta que podamos demostrar que las traducciones, las buenas y las malas, afectan a las ventas, a las editoriales les importarán un comino”.
Un fragmento de este artículo de Javier Marías, parece estar bastante indignado y con razón: la traducción de los libros, una tarea sumamente dificil, es mal retribuida y, además:

Las condiciones, sin embargo, no sólo no han ido a mejor, sino que han empeorado vergonzosamente. Si por las traducciones literarias se pagaba poco, ahora menos. Si antes se retribuía por folio, ahora la avaricia y tacañería de muchos editores los lleva a descontar cuanto no contenga texto –los diálogos, los puntos y aparte, los versos, los finales de capítulo, los sangrados–, como si las pausas no formaran parte de los textos y como si éstos se escribieran en un rollo de papel higiénico ancho, todo seguido.

Aquí se puede leer completo.

Cuentos eróticos de San Valentín

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Cuentos eróticos de San Valentín (España: Tusquets, 2007)

Un muy buen regalo para el próximo día de la amistad y el amor, San Valentín, es este libro en el que encontramos textos de Cristina Rivera Garza (México, 1964), Simple Placer. Puro Placer; Elena Medel (Córdoba, 1985), Conocimiento del medio; Daniel O´Hara (Barcelona, 1968), Rapsodia metropolitana; Rafael Reig (Asturias, 1963), Mamá ya no se pinta; Horacio Castellanos Moya (Honduras, 1957), Paredes delgadas; Albert Andreu (Barcelona, 1974), San Ballantine´s; Carlos Marzal (Valencia, 1961), Siempre tuve palabras; Esther Cross (Buenos Aires, 1961), El favor; Javier Azpeitia (Madrid, 1962), Una pasión de Eurípides; Carmina Amorós (Valencia, 1975), La medalla del amor.

Prólogo
Un bombón

A estas alturas de la vida y de esta colección, no voy a hablar del erotismo que pueda tener una fiesta como la de San Valentín, en la que se celebra el amor, o el enamoramiento, o las dos cosas. Sobre esto, sólo lamento que esta fecha, y muchas otras, no evoquen imágenes más eróticas y picantes. Por ejemplo, muchos años atrás, cuando se acercaba ese día yo recordaba aquella canción, la de “Hoy es el día de los enamorados”, y me venían a la cabeza fragmentos de películas; sí, sin duda para mí tenía relación con el cine. Ahora, confieso que sólo veo por todas partes pasteles, rosas y cajas de bombones en forma de corazón.

Puestos a recordar, diré que, cierta vez, un amigo me preguntó si se me ocurría algo original para regalárselo a su pareja el día de San Valentín. Creo que le aconsejé un detalle que se saliera de lo normal, seguramente algo erótico. Ahora, si aquel amigo volviera a preguntármelo, le diría que le regalara este volumen de Cuentos eróticos de San Valentín. Siempre he creído que el erotismo está en la mente. Hay que alimentarla, y después ella sola se las ingenia para llevar las ideas a la práctica. ¿De qué sirve un juguete erótico si uno no sabe qué hacer con él, si no tiene ideas, escenas, perversiones o fantasías, sobre todo fantasías, que quiera realizar?

En cambio, yo siempre he tenido muy claro qué me gustaría que me regalaran por San Valentín.

Mi regalo es un bombón, pero aún no puedo comérmelo. Me ha hecho salivar nada más verlo, envuelto en un gran lazo de seda rojo que lo cubría por entero (bueno, la cubría por entero), excepto por tres franjas que dejaban ver carnes muy blancas y pálidas. Es un bombón, pero gime, y gemirá todavía un poco más, hasta que esté a punto de caramelo. Debajo del lazo, venía desnuda, lista para que yo empiece a vestirla, que es –como ya he dicho hasta la saciedad– de las cosas que más me erotizan. La he vestido con medias negras de rejilla pequeña, muy finas y suaves, hasta medio muslo. Zapatos de tacón, de un vistoso color rojo y de diecisiete centímetros de altura (me consta que existen porque los he visto hace poco en un desfile de una marca de ropa conocida), que dan una curvatura extraña y poco natural al empeine. Liguero rojo con calados, que se sujeta a las medias con unos botoncitos en forma de corazón, porque es San Valentín. Corsé, de cuero y rojo también, muy apretado en la cintura, tanto que apenas puede respirar, y que le deja libres los pechos. Collar de cuero, que cuando mueve el cuello le roza justo debajo de la mandíbula, y abajo, en el comienzo de la curva de los hombros. Guantes de piel hasta la mitad del antebrazo, y por último, una venda en los ojos. Lo que más me excita, sin embargo, son las cuerdas con las que la he atado, que le pasan por los lugares más insospechados y le resaltan todas las partes del cuerpo que no están ocultas. Por supuesto que, dentro de unos minutos, voy a darle unos azotes, porque es San Valentín.

Pero antes diré que me han sorprendido gratamente los relatos de estos diez autores que se han atrevido a abordar el día de San Valentín desde puntos de vista hasta ahora impensables. Sus historias y personajes destacan, unos, por su voluptuosidad, su perversidad y su atrevimiento, otros por su frescura y espontaneidad, otros aún por su manera reflexiva o misteriosa de enfrentarse al sexo, y algunos, precisamente, por su absoluta singularidad. Creo que, gracias a ellos, en adelante el lector pensará en el día de San Valentín de otra manera; no sé exactamente de qué manera, pero sí sé que será diferente.

Todos los relatos confirman lo que se dice en uno de ellos: “Todo es erotismo, o nada lo es: todo cae debajo del erotismo para una mente que se encuentra predispuesta a lo erótico, y nada lo hace para quien no se encuentra predispuesto a ello”. Quizá después de leerlos, uno se sienta ya un poco más “predispuesto”.

Luis García Berlanga.

Premios Bafta

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La Academia del Cine británica concedió al mexicano Emmanuel Lubezki el premio Bafta por la fotografía de Los niños del hombre; la cinta de Alfonso Cuarón también ganó en diseño de producción. El laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro, se alzó como mejor película de habla no inglesa, vestuario y maquillaje y peluquería; Babel, de Alejandro González Iñárritu, logró el galardón en banda sonora.

Quienes trabajaron en las cintas El laberinto del fauno, Niños del hombre y Babel triunfaron hoy en el Royal Opera House, en Londres, y salieron con seis premios Bafta (Orange British Academy Film Awards) en las manos.

La gran ganadora fue la mexico-española El laberinto del fauno, con tres premios, y de entre ellos destaca el de mejor película de habla no inglesa. La cinta de Guillermo del Toro también ganó mejor diseño de vestuario (Lala Huete) y maquillaje y peluquería (José Quetglas y Blanca Sánchez).

Via La Jornada.

Felisberto Hernández y la espía soviética

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Felisberto Hernández y la espía soviética

El escritor uruguayo estuvo casado con Africa Las Heras, una agente de espionaje de la URSS, que utilizó a su marido para vincularse con la sociedad uruguaya. El Ignoraba las actividades de su mujer, pero su obra abunda en pasajes sobre un secreto que sería denunciado.

Quién hubiera podido imaginar, aquel 13 de diciembre de 1947, cuando Jules Supervielle presentó en el Pen Club de París a su descubrimiento literario, el cuentista uruguayo Felisberto Hernández, que una de las asistentes al acto no estaba allí por simple casualidad. La morena cetrina de ojazos negros que se acercó a Felisberto tenía el acento de Andalucía -después se supo que era oriunda de Ceuta- y un salero no menos andaluz cuya eficacia maravilló a todos: a Supervielle, a Roger Caillois, a Oliverio Girondo. En menos que canta un gallo, la emprendedora española abandonó la sala seguida por un Felisberto encandilado, al que ella pareció haber alzado limpiamente entre su índice y su pulgar.

La celeridad se imponía. Africa Las Heras, alias Patria, alias María de la Sierra, alias Ivonne, alias Maria Pavlovna, coronela del Ejército Rojo y miembro de los servicios secretos soviéticos, contaba con sólo cuatro meses para seducir a Felisberto. Una vez concluida su beca francesa, el escritor regresaría al Uruguay. Por eso mismo la NKVD, futura KGB, que funcionaba en la siniestra Lubianka moscovita donde Stalin orquestaba sus Purgas desde 1936, le ordenaba apurarse a conquistarlo: ese anticomunista notorio venía de perlas para usarlo de careta. Junto a Felisberto, la Mata Hari ceutí podría instalarse en Montevideo sin que sus actividades ocultas -la organización de una red de espionaje latinoamericana, justificada, en plena guerra fría, por la amenaza de un tercer conflicto mundial- despertaran sospechas.

Africa, que se presentó ante Felisberto bajo el discreto nombre de María Luisa, era la sobrina rebelde del general Manuel de Las Heras, muerto mientras reprimía una sublevación republicana. Educada en Madrid en un colegio de monjas, en 1934 la encontramos luchando junto a los mineros de Asturias, salvajemente aplastados por el Ejército de Africa al mando del general Francisco Franco. Dos años más tarde, en Barcelona, la joven heroína afiliada a las Juventudes Comunistas de Cataluña patrulla la ciudad. Su extraordinario coraje despierta el interés de dos jefes soviéticos enviados a la Guerra Civil, el húngaro Ernö Gero y el ruso Alexei Orlov, que en 1937 serán los asesinos del dirigente trotzkista Andreu Nin. La encargada de introducir en el espionaje a Africa Las Heras es Caridad Mercader, que encabeza un grupo de choque junto con su amante, el ucraniano Pavel Sudoplatov.

Tras entrenarse en un colegio exclusivo de Moscú, Africa recibió su primera misión: convertirse en la secretaria de León Trotzki para preparar su asesinato. En México, ella debería dibujar los planos de la Casa Azul donde Trotzki, su mujer y su nieto habían sido recibidos por Frida Khalo y Diego Ribera, y después los de la casa de la calle Viena, el nuevo domicilio elegido por don León por desavenencias con Ribera y excesivo entendimiento con su talentosa mujer.

Ya estaban listos los dibujos, cuando Alexei Orlov, el ex jefe de Africa, pasó por México, resuelto a pedir asilo político en los Estados Unidos. Su presencia desbarataba los planes: si el "traidor" se topaba con ella comprendería de inmediato para qué estaba allí. Africa volvió a Moscú, oculta en la bodega de un barco ruso, mientras Ramón Mercader, hijo de Caridad, perfeccionaba el fallido intento criminal de otro muralista, David Alfaro Siqueiros, que ultimó a Trotzki de un golpe en la cabeza. Durante la segunda guerra, Africa ganó su grado de coronel lanzándose en paracaídas sobre Vinnitsa, Ucrania, con su pesado equipo de radiocomunicaciones, para desconcertar a las tropas alemanas mandando falsos mensajes (...)

"María Luisa" y Felisberto se casaron en Montevideo y no fueron felices. El había visto en esa supuesta modista de alta costura una solución a sus endémicos problemas económicos. Ella, ya lo sabemos. Transcurridos dos años, Africa no necesitó prolongar la farsa. Para ese entonces ya estaba relacionada con la flor y nata del Uruguay. Su centro de radiocomunicaciones equipado con la famosa máquina decodificadora llamada Enigma transmitía en clave a lo largo y lo ancho del planeta. Sus numerosos amigos de Montevideo apreciaban su serenidad, su amor por los niños, sonreían enternecidos ante su declarada ignorancia en materia política y la compadecían por soportar al gordo maniático en que Felisberto se había convertido. Ahora podía divorciarse y volverse a casar. Unica diferencia: su segundo marido, el simpático italiano Valentino Marchetti, también era un espía. Inquietante semejanza: Felisberto murió de una leucemia en 1964 sin saber quién había sido la señora de Hernández, y Marchetti lo hizo el mismo año, de muerte nunca esclarecida.

Africa permaneció en Montevideo hasta 1967, cuando fue llamada a Moscú a trabajar como instructora de espías. Contrariamente a tantos de sus jefes y compañeros, fusilados como Beria o encarcelados como Pavel Sudoplatov, ella sobrevivió a todo. Se dio el lujo de morir en 1988, antes de la caída del Muro de Berlín, condecorada dos veces con la Estrella Roja, una con la orden de la Guerra Patria de II grado, una con la medalla Guerrillero de la Guerra Patria de I grado y dos con la medalla Por la Valentía. Un bajorrelieve de mármol que representa su plácido rostro está adosado a su monumento, en el cementerio moscovita de Jovánskoye.

¿Felisberto supo quién era ella? Las pistas se vuelven escalofriantes en el cuento "Las Hortensias", que Felisberto escribe al conocer a María Luisa y que le dedica como regalo de casamiento: "A María Luisa, el día en que dejó de ser mi novia". Es de imaginar la cara que le habrá puesto Africa Las Heras a Felisberto Hernández al leer un cuento, dedicado a ella, donde el autor emplea la palabra justa: "espía".

¿Por qué la elección de Montevideo como centro de operaciones?

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Carta sobre el comercio de libros: Diderot

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Con la invención de la imprenta el comercio de libros se extendió rápidamente, aunque eran pocas las personas que leían. Los comerciantes no sentían el furor de enriquecerse y respetaban el deseo de los noveles lectores de poseer las obras más interesantes.

De lo que aquí se trata es de examinar, según el estado en que se encuentran las cosas e incluso a la luz de las suposiciones, cuáles serán las consecuencias de los daños existentes y que podrían infligirse a nuestra Librería; si ella debe seguir soportando por mucho tiempo más los negocios que los extranjeros hacen con su comercio; cuál es la relación entre ese comercio y la literatura; si es posible que empeore uno sin menoscabo del otro o que un librero se empobrezca sin arruinar al autor; cuáles son los privilegios de los libros; si esos privilegios deben comprenderse bajo la denominación general y odiosa de "otras exclusividades"; si existe algún fundamento legitimo para limitar su duración y negar su renovación; cuál es la naturaleza de los fondos editoriales de una librería; cuáles son los títulos que avalan la posesión de una obra al librero cuando la adquiere por cesión de un literato; si tales títulos son momentáneos o perpetuos. El examen de estos diferentes puntos me conducirá al esclarecimiento de otros que usted me consulta.

Pero ante todo, señor, piense que, resulta más enojoso caer en la pobreza que nacer en la miseria; que la condición de un pueblo embrutecido es peor que la de un pueblo bruto; que una rama de comercio extraviada es una rama de comercio perdida y que en diez años se causan más males de los que se pueden reparar en un siglo.

Fragmentos de la Carta sobre el comercio de libros que, en el otoño de 1763, Denis Diderot dirige a un funcionario de Francia, Antonio Gabriel de Sartine, por entonces a cargo de la "Dirección de Librería" en París. Este documento del siglo XVIII es totalmente aplicable a la actualidad. Se puede leer completo el extracto del libro publicado por Fondo de Cultura Económica (FCE), es verdaderamente espléndido.

Literatura y política

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Una investigación de un periodista ruso viene a confirmar las viejas sospechas de cómo la CIA operó para el otorgamiento del Premio Nobel a Boris Pasternak, el autor de Doctor Zhivago.

Durante años circuló un rumor afirmando que la CIA había tenido un rol activo y definitivo en la publicación de la edición rusa de Doctor Zhivago, el clásico de Boris Pasternak. Ahora, según un anticipo del Washington Post, una investigación del periodista ruso Ivan Tolstoy revelaría las artimañas del servicio de inteligencia de Estados Unidos para promover la publicación rusa del libro, desencadenando así la consagración de Pasternak, que le llegó con el Premio Nobel de Literatura en 1958. Pero empecemos por el principio. Boris Pasternak, un poeta ruso cuyo nombre sonaba cada año como candidato para el Nobel desde 1946, le puso punto final a Doctor Zhivago en 1955. Inmediatamente mandó una buena cantidad de ejemplares a casas editoras rusas para que estimen la posibilidad de una publicación. Si bien el libro era de una calidad literaria indudable, todos los editores sintieron que su contenido lastimaría fuertemente los ideales y la moral soviética, y se negaron a publicarlo además de iniciar un cruzada difamatoria contra Pasternak. En una carta del Ministerio Soviet al Comité Central del Partido Comunista, se dice que “la novela de Boris Pasternak es un libelo malicioso para la URSS”. La primera edición que apareció del libro fue editada en italiano por Giangiacomo Feltrinelli. Las repercusiones fuera de Rusia fueron fervorosas, y Albert Camus dijo que era imperativo darle el Premio Nobel a Pasternak. Pero en Rusia el clima no era tan feliz. Pasternak era un apellido prohibido, y la integridad física del escritor empezaba a entrar en riesgo. Fue entonces cuando, en un movimiento de espionaje sombrío, la CIA mandó un par de agentes al territorio soviético para hurtar un ejemplar original de Doctor Zhivago y promover su publicación. Lo que buscaba la CIA era darle un empujón a la obra de Pasternak para que logre obtener el Premio Nobel (pensemos que la Academia nunca lo hubiera premiado sin leer la obra en su idioma original), y así erosionar la política soviética, que había prohibido la obra por ser inconsecuente con la revolución bolchevique. Parece increíble, pero un día un ejemplar en ruso del Doctor Zhivago llegó a las oficinas de la Academia Sueca, con el nombre de Feltrinelli como editor (una falsa adjudicación, que le costó al editor más de un problema). El Partido Comunista de Rusia vio de inmediato la guerra cultural que se estaba perpetrando en silencio, y escribió: “En el verano de 1958, una gran campaña para promover a Pasternak como candidato al Premio Nobel fue iniciada por los norteamericanos. Todas las fuerzas reaccionarias y antisoviets tomaron parte en esta campaña”. El 23 de octubre de 1958, Boris Pasternak ganó el Premio Nobel de Literatura. Tolstoy, en su flamante investigación, dice que todos en Rusia querían destruirlo, y que “una publicación rusa y el Premio Nobel eran necesarios para salvarlo”. Pasternak murió en 1960, a los 70 años. Sus hijos nunca reconocieron la intervención norteamericana y siempre afirmaron que, con la CIA o sin la CIA, Pasternak iba a ganar, de cualquier modo, el Premio Nobel.

A Rusia, con amor.

Retrato del artista adolescente

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Pintura inédita de Rimbaud a los 18 años apareció.

Desde que Oscar Wilde lo puso definitivamente por escrito, hay un vínculo tan vital como siniestro entre la juventud de un hombre y su retrato. El caso de Arthur Rimbaud se ve agravado por su precoz genialidad, el aura de misterio que lo envuelve y una capacidad indestructible para armar escándalo. Por eso llama tanta la atención que sus múltiples seguidores se hayan conformado con los pocos retratos que se conocían de él, todos los cuales lo mostraban con una intensa mirada azul lavada y siempre en poses bastantes artificiales. Pero hubo un obsesivo rimbaudeano autor de una celebrada biografía del enfant terrible, llamado Jean-Jacques Lefrère, que buscó a sol y sombra un retrato desconocido del que hablaba Verlaine en el prefacio a la edición original de Iluminaciones, en 1886 y, finalmente, apareció. El hasta hoy inédito retrato de Rimbaud, a diferencia de los otros, muestra al poeta de una forma muy distendida pero al mismo tiempo desafiante, resaltando sus dos ojos que, lejos del azul metálico, parecen verdaderos carbones. “Se ve que pintó a Rimbaud exactamente como lo vio”, comentó Lefrère. Aunque no tiene fecha, fue pintado por Louis Forain: Retrato del artista adolescente

Literatura y locura

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Palabras de la sombra
Sombra de las palabras
Philippe Ollé-Laprune
Revuelta

Con frecuencia la tradición literaria ha ligado el deseo de escribir a una forma de desequilibrio, asociando así la función del escritor con la función de un enfermo creativo. En particular, el romanticismo abrió la puerta a esta visión que encuentra en las enfermedades del alma un motor para la escritura, un espacio de canalización de este mal comunicativo. Precisar un malestar permite, por un lado, definir su naturaleza e intensidad —es decir, controlarlo de cierta manera— y, por otro, dividir su desgracia y atenuar su dolor gracias a este sentimiento de fraccionamiento. Son raros los enfermos mentales que tienen la fuerza, la voluntad o el deseo de escribir, y no todos los autores tienen interés particular por los desórdenes mentales. Mientras tanto, el lector entusiasta de Artaud o de Nelligan, de Hölderlin o de Nerval, conoce bien la belleza negra que acompaña a las palabras cuando tienen por fin que restituir los estados más extremos a los que se confronta el espíritu humano. Hay en la aventura literaria un deseo —incomparable con cualquier otra disciplina artística— por descubrir las fronteras de lo mental.

Viene al caso hablar aquí de una forma de Art Brut en la escritura, ya que los pensadores de esta área —en principio Dubuffet y luego los contemporáneos como Thevoz o Revol— han insistido en el carácter exclusivo de las artes plásticas en este tipo de creación. La literatura y la locura se entrelazan de otra manera, las palabras tocan las sensaciones de los espacios interiores, perturbados con una gracia particular. Maurice Blanchot, observador y pensador incomparable de la creación literaria, nos con fía en El libro que vendrá: “La experiencia literaria es una experiencia total, una pregunta que no resiste límites, no acepta ser estabilizada o reducida. Sería la experiencia de aquello que siempre se dice, que no puede dejar de decirse y que no se puede entender”. Este enfrentamiento del escritor con el texto tiene ese carácter total. Esa ausencia de límite y de fronteras que puede tambalear la razón por agotamiento del espíritu del autor.

Si se puede encontrar en esta reflexión una de las claves que permitan determinar la atracción de los escritores por estos territorios sin límites, es justo sobre dos casos concretos: la trayectoria de dos mujeres cuyos problemas mentales, coraje para afrontar sus males y obras tan precisas dejan una impresión de inquietud y de vértigo. Unica Zurn fue la pareja del pintor Bellmer. Al ser una artista respetada por los surrealistas escribió dos libros angulares que marcan el territorio donde los abismos llaman al lector insistentemente: El hombre jazmín ( L'homme jazmin ) y Primavera sombría ( Sombre printemps ). Con el primero da noticia trágica de sus encierros en hospitales psiquiátricos. Aquí no sólo describe las condiciones mismas de sus estancias sino sobre todo habla de la enfermedad, de sus penas y victorias, de sufrimientos y angustias. En el segundo libro narra de manera turba dora el acercamiento de una pequeña niña hacia el suicidio. Gracias a la escritura, nos propone un personaje obsesivo y un tema terrorífico y poco común. Unica Zurn no pudo reconciliarse con la realidad y eligió suicidarse en 1970. La fascinación que sigue causando se debe con certeza a la perfecta autenticidad y honestidad que el lector siente en sus libros. Para Unica no hay juego ni pose. Su obra nos ob serva y nos invita a esas perturbadoras regiones del espíritu cuya posible familiaridad sentimos confusamente.

Colette Peignot, mejor conocida bajo el seudónimo Laure, es de igual forma un caso de asidua visita a esas zonas del espíritu donde la conciencia tropieza. También fue pareja de un aliento brillante y célebre: Georges Bataille. Los escritos de Laure circulan de manera casi clandestina y han sido citados por mucho tiempo en voz baja. Su breve obra fue reunida por Leiris y Bataille en las ediciones limitadas a su círculo social. Laure murió a los 35 años, en 1938. También ella, aquejada por desórdenes mentales, hundió la mirada en su infancia en Histoire d'une petite fille para evidenciar los vínculos infancia-sexualidad-enfermedad mental.

Los libros de Unica Zurn circulan muy poco en español y los de Laure no están traducidos, por tanto, hay en la fuerza que los anima un elemento capital que imprime la relación creación literaria–desórdenes del espíritu. Sus palabras restituyen la oscuridad de esas sensaciones, el vértigo de frecuentar esos abismos. Al resolver sus enfermedades del alma, ellas eligen estas palabras que vienen de la sombra, que dejan su lugar al misterio y a lo desconocido, dan la sensación de que otra verdad más turbia se esconde tras sus textos.

Ellas conocen el valor de dejarse llevar detrás de sus frases, la sombra de las palabras, como si el asombro que proporciona su lectura estuviera vivo en nosotros antes de la presencia de sus textos y el papel de la literatura fuera recordárnoslo sin concesión.

Traducido del francés
por Mabel Aguilar

Mirando por el ojo de Bataille: Margo Glantz

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Mirando por el ojo de Bataille: Margo Glantz

“La poesía abre la noche al exceso del deseo”. Estas palabras de Bataille pudieran colocarse como epígrafe de Historia del Ojo, novela abierta a una interrogación desatada -invariable y obsesiva- por los dos puntos, signo de puntuación estricto y banal que en Bataille es apertura o umbral de una mirada obscena, viscosa, excesiva, una mirada a la noche sidérea, escatológicamente ligada al sol “podrido”: también a la opacidad del cuerpo abierto, lanzado a la profundidad de la experiencia a-teológica, a-sistemática.

Apenas en 1943 el pensamiento de Georges Bataille se imprime en ediciones que pueden circular libremente. Gallimard publica La experiencia interior, ligada a la pérdida, a la enfermedad, a la experiencia mística: desde 1922, Bataille se mantiene ligado a las bibliotecas y a esos manuscritos que describirá con rigor alucinado en Documents. Su actividad es conocida por un pequeño grupo de amigos íntimos: Michel Leiris, André Masson, Raymond Queneau, Jean Wahl, Pierre Klossowski, Roger Callois, Alexandre Kojève, más o menos vinculados al surrealismo. Su relación con este movimiento se interrumpe temporalmente como testimonia el folleto Un cadáver, escrito por los disidentes surrealistas después de la publicación, en 1929, del “Segundo Manifiesto” de Breton en La revolución surrealista. Bataille colabora con un artículo “El león castrado”, donde Breton es “Una grosera y blanda tripa...” “...grueso absceso de fraseología clerical”, “vieja vejiga religiosa...” “...no un hombre, sino un buey...”.

Bataille ha estado ligado a revistas como “Aréthuse”, la clásica revista erudita que el escritor descoyunta con artículos etnológicos de “paradójico saber”, como dirá Barthes, pero sobre todo Documents, cuyo consejo de redacción escandalizado por los textos publicados por Bataille (jefe de redacción de la revista), se queja: “son apenas documentos del estado de espíritu de su redactor”. Colabora también en La critique sociale, y en 1935 crea Contre-Attaque, de nuevo con Breton y con algunos de los miembros del Cercle Communiste. Luego Acéphale, revista de la que salieron sólo cuatro números de 1936 a 1939 y que con Pierre Klossowski adscribía a “una sociedad secreta”. Bataille explica: “esta sociedad secreta daría la espalda a la política y sólo tendría en cuenta un objetivo religioso, pero anticristiano, esencialmente nietzcheano. Es difícil hablar de esta sociedad secreta, pero algunos de sus miembros guardan, gracias a ella, la impresión de haberse apartado de este mundo”.

Sociedad secreta, acefalia que conduce a la pérdida de límites; corresponde cronológicamente a su encuentro con Laura. Laura —Colette Peignot— es “la mujer de su vida” en el sentido surrealista: “...El dolor, el espanto, las lágrimas, el delirio, la orgía, la fiebre y luego la muerte son el pan cotidiano que compartí con Laura, y ese pan me deja el recuerdo de una dulzura dudosa, pero inmensa”. La misma Laura recordada por Bataille una noche oscura en que visita su tumba, “era la forma que revestía un amor ávido de exceder el límite de las cosas y, sin embargo, ¿cuántas veces alcanzamos momentos de felicidad irrealizables, noches estrelladas, arroyuelos que transcurren?: en el bosque de Lyon, ya en la noche, ella caminaba en silencio... sentía cómo mi destino caminaba a mi lado... Es imposible expresar con una sola frase la posibilidad que tenía de reconocerla: también soy incapaz de expresar su belleza, belleza imperfecta, móvil imagen de un destino ardiente y tenue. La fulgurante transparencia de esas noches es también inefable”.

Laura, encontrada en 1931, es la concreción en la vida de Bataille de la Simona adolescente, compañera de orgías y de aventuras en Historia del Ojo, novela escrita antes aunque publicada en 1928 con pseudónimo -Lord Auch- y un tiraje muy corto. Esa misma Laura, especie de arquetipo dantesco que no acompaña al poeta al Paraíso sino al Infierno, es a la vez la existencia corpórea de lo obsceno, la apertura misma, la hendidura. En el texto mencionado, Bataille incluye un fragmento de carta de Laura, relatando una excursión de la pareja al Etna: asomarse al cráter es un acto sagrado y obsceno, idéntico al que lo inclina a mirar la hendidura del sexo de las adolescentes amadas o de Madame Edwarda (otra de sus novelas eróticas): hendija que rasga los entresijos, desnudez que abre sus partes deshonestas, sus vergüenzas, a la mirada obscena, vinculada con los aspectos “más desérticos y leprosos de un sueño” y, en su irreligiosidad, con Dios.


El terror horrible o el horrible terror: Poe y Bataille

Los dos puntos hienden el espacio tipográfico de Bataille tan obsesivamente como lo persiguen las tajaduras del nombre más bello para el sexo: el culo. Ese culo redondo y puro, profundamente rajado, de las jovencitas orgiásticas se alía al horror de las acciones cometidas e inserta el erotismo en la muerte, y a ésta, la muerte, en el terror. El terror sacude a los personajes de Bataille como erosiona a los personajes de Poe. El terror es romántico y se instala en la novela fantástica, gótica, que los ingleses cultivan con el mismo pragmatismo delicuescente que encadena a Poe con Baudelaire, Rimbaud, Lautréamont, eslabón virtual de una prosa victoriana cultivada en Inglaterra por Emily Bronte (La literatura y el Mal de Bataille), Sheridan Lefanu, Mead Falkner, Machen.

El gemido demente del terror se marca en un pleonasmo de intención: los adjetivos deletrean el horror constelando la prosa de Bataille en su cielo urinario o flagelan una grieta para derruir La casa de Usher. Pero en lugar de ahogar con su literalidad obsesiva el sentimiento brutal que intenta convocar con el pleonasmo, alcanza una abstracción casi matemática gracias a la repetición de la palabra horror: su desmesura provoca un juego de correspondencias ilimitadas, escondidas en la repetición de la misma manera en que permanece escondida para los investigadores vulgares la evidente carta robada de Poe. La insistencia, la aliteración –implícita en la misma pronunciación de la palabra horror- contradice su obviedad y subraya el sentimiento convocado. Subrayar la palabra con la exuberancia abusiva de su sonido podría ser simplemente cacofonía: aquí permite escarbarla y convertirla bruscamente en la metáfora que ese abuso hace aflorar: el miedo, la angustia se convocan en la raíz misma que los promueve.

La reiteración no basta: la reiteración engendra una ambigüedad por el mismo hecho de su repetición intencional. Hay que descargarla. La organización de esta prosa determina de entrada su erotismo: la excitación que la repetición provoca excede la sensualidad, traspasa los límites y determina el éxtasis. El momento extático se produce como orgasmo y la prosa erecta por la manipulación repetitiva de la obviedad se acopla a la anécdota que hace de la masturbación el acto más reiterado de la novela, además de repetirlo infinitamente a nivel de simple vocablo. La palabra regresa obstinada - casi inexpresiva, por su obviedad- e inicia la conversión brusca de su naturaleza.

La desgarradura juega el mismo papel: es palabra y es significado. Su cercanía con lo de abajo es escatológica: es la palabra obscena –coño, culo- el sexo tajado de la muchacha, ese orificio que desgarra la conciencia y que el narrador mira largamente, asomándose a él como si fuera un cráter.

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Sobre la naturaleza de las cosas eróticas: González Crussí

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Francisco González Crussí, Sobre la naturaleza de las cosas eróticas, 2° Ed. (México: Verdehalago, 2006)

“El cuerpo de la mujer es como fuego, y si por desgracia yo llegase a tocarte, pecaminosos recuerdos de mujer podrían entrar en mi alma” (La última. Divino erotismo)

"El ensayo es una forma de creación", dice García Ponce, y al leer Sobre la naturaleza de las cosas eróticas del escritor y médico mexicano, especializado en patología infantil, Francisco González Crussí, no queda ninguna duda. A través de una prosa erudita penetramos a un estudio del eros y del cuerpo que lo guarda.

El libro está dividido en nueve apartados, iniciando con la pregunta referente a ¿cuál es la naturaleza del impulso sexual y por qué nuestra especie ha de estar dividida en dos sexos que se atraen irresistiblemente? Asegura, por ejemplo, que cosas como la estación del año, la hora del día, no son ajenas al erotismo humano:

Dante nos habla en la Vita Nuova del momento preciso, en términos astronómicos, de su primer encuentro con Betariz: "Ella había estado en el mundo exactamente en el momento en que el cielo estrellado se mueve una doceava parte de un grado hacia el Oriente". De no haber sido poco después del equinoccio de la primavera de 1274, posiblemente la experiencia no hubiera sido tan devastadora. En consecuencia, su corta edad (ambos tenían nueve años, pero en la Italia del siglo XII, estamos obligados a admitir, la maduración sexual corría pareja con la rapidez con la que se vivía la vida) no fue ningún obstáculo para que el poeta sintiera que todo su cuerpo temblaba al ver a la muchacha; que la sangre corría más rápido por sus venas; y que la cámara secreta de su corazón reverberaba con las palabras: "Ha arribado un dios de una fuerza más grande que la mía, que viene a sojuzgarme" -a saber, el Amor-.

Pero además del tiempo y todas sus circunstancias y características climatológicas, sugiere que tengamos presente que la forma concreta de relacionarse con los otros es la del deseo, y aunque lo sabemos pocas veces lo entendemos en toda su dimensión, señala: "En vano definieron los estoicos y los epicúreos el deseo sexual como un impulso hacia el placer, o como la supresión de una necesidad dolorosa. No lograron explicar por qué un hombre que desea sexualmente experimenta deseo hacia una mujer, en vez de un deseo específicamente de placer o de librarse de una necesidad. La verdad es que el deseo es un misterioso enigma humano del que siempre ha hecho falta una definición satisfactoria. Sartre fue el primero en darse cuenta de que, por un error de perspectiva, la generalidad de los hombres se engaña al pensar que el deseo sexual es lo mismo que el deseo del coito. El impotente o el joven que no tiene conocimiento de las prácticas amorosas, experimentan no obstante deseo".

El poder erótico no es sólo uno de los más hermosos, también es uno de los poderes más exigentes, en ocasiones hasta puede convertir al seducido en esclavo. González Crussí cuenta que la amante de Claude de Clermont-Tallard, "sobrino de Diana de Poitiers, pidio una prueba bárbara de devoció de su amante. Al oir sus protestas, ella le dijo: Si me amas tanto como dices, y eres tan valiente como afirmas, clava tu daga en tu brazo por el amor que me tienes. El hombre sacó su daga y se hubiera infligido una atroz herida de no ser por la providencial aparición de un amigo que lo tomó del brazo, le quitó la daga y lo convenció del disparate de su acto".

El libro ofrece muchas y distintas visiones sobre lo erótico, la seducción, el cuerpo, repasa varias épocas y lugares. Me gustaría destacar el apartado titulado "Las condiciones para la seducción, según un antiguo texto chino". En este texto, de un novelista chino cuya obra se llama En la orilla del agua, escrita, segun apunta, hacia finales de la dinastía Yuan -siglo XIV de nuestra era- por Shi Nai-an, hay un episodio "que alude a un joven enardecido de deseo por una mujer casada, la mujer de un panadero que a duras penas se gana la vida vendiendo su pan en las calles. Al igual que en Occidente en tiempos pasados, el joven debe de solicitar la intercesión de un intermediario: era inútil intentar nada sin esta intervención. El intermediario, la señora Wang, escucha la súplica del joven y se entera de sus intenciones. Ella responde con una sistematización preliminar de los requisitos que, a su juicio, debe cumplir cualquier hombre que quiera tener éxito en una empresa erótica:

Condiciones para una buena seducción:

Primero, debes tener la figura de Panan (un hombre extraordinariamente guapo). Segundo, debes de tener un don de burro (esta vulgar condición, expresada sin ninguna otra precisión en el texto chino, puede aludir en términos generales a un vigor lúbrico capaz de incitar a un deseo incesante, o quizá simplemente signifique lo que dice. El lector debe recordar que es una campesina china quien habla, cuyo conocimiento directo de la vida se expresa a través de un lenguaje igualmente directo, prosaico). Tercero, debes tener las riquezas de Deng Tong (protegido de Wen Di 179-157 a.C., emperador de la dinastía Han). Cuarto, debes tener una gran paciencia. Debes ser capaz de parecer humilde aun cuando sientas que has sido insultado. La quinta y última condición es tiempo libre. Debes tener tiempo para planear, y seguir entonces tu estrategia, cualquiera que sea. Debes estar disponible siempre que se requiera.

Ortografía interactiva

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Biblioteca Sergio Pitol

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Abre sus puertas la biblioteca Sergio Pitol en Sofía

El recinto cultural cuenta con 5 mil volúmenes, CD-s, DVD-s, relacionados con la cultura española e hispanoamericana, y dispone también de colecciones de libros en gallego, catalán y vasco

La biblioteca del Instituto Cervantes en Sofía ha abierto hoy sus puertas al público en un acto con el que se ha celebrado también el primer aniversario de la inauguración de ese centro cultural en la capital búlgara. "Hemos querido celebrar hoy nuestro primer aniversario abriendo al público nuestra biblioteca que lleva el nombre del escritor mexicano Sergio Pitol" , señaló la directora del centro de Sofía, Luisa Fernanda Garrido.

Puntualizó que la biblioteca cuenta con 5.000 volúmenes, CD-s, DVD-s, relacionados con la cultura española e hispanoamericana, y dispone también de colecciones de libros en gallego, catalán y vasco. Asimismo, señaló que se han recibido donaciones de libros de escritores españoles e hispanoamericanos traducidos al búlgaro, "que es una de las colecciones que queremos tener en el futuro y también esperamos tener una colección de escritores búlgaros traducidos al español".

Otro objetivo de la biblioteca es "trabajar también con niños, aficionar a los niños a la lectura, y sobre todo en Bulgaria donde se enseñan idiomas a los niños desde tan pronto" , adelantó Luisa Fernanda Garrido. A un año de la apertura del Instituto en Sofía, su directora destacó a Efe que "se puede hacer un balance muy positivo. El público que ha venido hoy al acto de la biblioteca ha sido muchísimo, se ve que la gente ya nos conoce y que se siente en su casa en nuestro instituto, que es lo que deseamos" .

Asimismo, adelantó algunas de las próximas actividades del instituto, como son la presentación de los yacimientos prehistóricos de Atapuerca, una exposición de lo más sobresaliente de la publicidad española de los últimos años y una mesa redonda con la escritora española Alicia Giménez Bartlett.

Museo Jorge Luis Borges

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Jorge Luis Borges tendrá un museo en Buenos Aires dedicado a su vida y obra, confirmó hoy Alejandro Vaccaro, presidente de la Asociación Borgesiana de Buenos Aires, quien ya cuenta con el apoyo del secretario argentino de Cultura, José Nun.
La Asociación Borgesiana de Buenos Aires, fundada en 1996, tiene previsto firmar un acuerdo con la Secretaría de Cultura de la Nación y el Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado (Onabe), que aportará el inmueble en donde funcionará el museo. “La idea es inaugurarlo el próximo 24 de agosto, aniversario del nacimiento de Borges”, adelantó Vaccaro. El lugar propuesto para instalar el museo es un edificio del barrio porteño de San Telmo donde estuvo la Escuela de la Penitenciaría de la Policía Federal. “Es un lugar excepcional porque está en un barrio muy visitado y se convertirá en un nuevo centro de atracción para los turistas, dado que Borges es un escritor universal”, destacó Vaccaro, también biógrafo del autor de Ficciones. La entidad planea exhibir allí su colección de algo más de 20 mil piezas que evocan la vida y obra del escritor, entre manuscritos inéditos, primeras ediciones de sus libros, objetos, revistas y otros documentos. Forman parte de este acervo originales con correcciones y tachaduras y poemas nunca publicados, además de cartas y papeles de trabajo del escritor. Parte de esta colección fue exhibida a mediados del año pasado en la Biblioteca de Alejandría, en Egipto, como parte de una muestra en conmemoración de los 20 años de la muerte de Borges. “En el museo también funcionará un centro de estudios puesto que todos los materiales son de gran valor para los investigadores”.

Sobre César Aira

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“El mejor Cortázar es un mal Borges” (César Aira)

César Aira me parece un escritor polémico, hay a quien le gusta su obra y hay a quien no, con ello me refiero no a lo que sucede con muchos escritores (que a unos nos agradan y a otros no), sino a que no es una obra que sea mayoritariamente admirada. Y de la misma manera sucede con lo que dice, como por ejemplo lo que comentó referente a Sábato: “Tiene aristas muy risibles” y “es un señor perfectamente racional que juega al maldito”. El artículo siguiente puede ayudarnos a comprender más su personalidad y escritura.

César Aira es un escritor raro, dice Diego Gándara, casi en construcción permanente: su producción se resume a tres hojas por semana y no relee sus novelas una vez publicadas. Para muchos, es el escritor argentino vivo más interesante. Mondadori publica «Las curas milagrosas del doctor Aira», que reúne tres novelas suyas recientes.

La amas o la dejas. La obra del escritor César Aira (Coronel Pringles, Argentina, 1949), una obra prolífica, compuesta por más de treinta libros entre novelas, ensayos y unos pocos cuentos, divide aguas entre la crítica de su país pero recibe la bendición de la academia, que ve en él a un escritor original, excéntrico, capaz de explorar parcelas de la realidad con ideas novedosas y con una falta total de proyecto literario: sus libros, en Argentina, se publican en editoriales pequeñas, y el autor, en Buenos Aires, no suele hacer lo que se llama «vida literaria».
Aunque nació en la ciudad de Coronel Pringles -un pueblo ubicado a más de 500 kilómetros de la capital- desde hace unos cuantos años vive en el barrio de Flores -un lugar cuyas calles fueron fatigadas por Roberto Arlt- y se refugia en los bares de la zona, donde pergeña las historias -a veces desopilantes, siempre inteligentes, repletas de ideas- de sus novelas y se entrega, con pasión, a su vicio más preciado: la lectura.

La decisión de ser escritor. «Siempre estoy hablando de la realidad, y creo que es porque he hecho un mito de la realidad, como ese lugar donde está la verdadera vida a la que nunca llegamos los tímidos o neuróticos. Ya la mera decisión de hacerse escritor indica que uno tiene una relación no inmediata con la realidad. Salvo que uno escriba “best-sellers” y se haga rico, lo que lamentablemente no es mi caso», dice Aira desde Buenos Aires vía e-mail mientras que aquí, en España, la editorial Mondadori acaba de publicar «Las curas milagrosas del doctor Aira», un libro en el que se reúnen tres de sus novelas más recientes -la que da título al libro, además de las tituladas «El tilo» y «Fragmentos de un diario en los Alpes»- pero cuyas razones para agruparlas en un solo volumen el autor desconoce.
«Ni siquiera sabía qué novelas habían elegido -dice-. Lo cual es coherente con mi completo desinterés por lo que pasa con mis libros (traducciones, reediciones, recopilaciones) después de publicarlos por primera vez. Me siento un poco culpable por ese desinterés, pero no puedo remediarlo. De modo que estos libros se arman al azar, o según el gusto o la conveniencia de los editores. Pero quizás está bien así; el azar puede enriquecer la lectura con vecindades o correspondencias en las que yo jamás habría pensado».

-El protagonista de «Las curas milagrosas del doctor Aira» pretende separar las áreas de la realidad. ¿Ésa sería la función de la novela como género?
-Esa es una pregunta difícil, de examen. Tendría que pensarlo, y noto que con la edad cada vez me cuesta más pensar, o le encuentro menos utilidad. Creo que en realidad siempre ha sido así, en mi caso. Siempre escribí por impulsos inexplicables, siguiendo el hilo de la ensoñación. El aspecto intelectual que tienen mis novelas es una fachada nada más, un biombo pintado con palabras difíciles y fórmulas científicas puestas con motivos puramente decorativos.
-¿Cómo toma, entonces, el hecho de que su obra sea tan bien recibida por la crítica y por la academia?
-Me lo he preguntado más de una vez. La respuesta obvia (es decir: que mis libros son buenos) no me convence. Quizás se debe a que soy escritor accesoriamente, escribo como una actividad marginal y dependiente de mi actividad principal, que es la de lector. Creo que es la razón fundamental de que haga una literatura muy literaria, saturada de guiños y referencias para entendidos, y eso halague a los críticos y profesores, o bien les facilite el trabajo de alguna manera.
-En su otra novela incluida en este libro, «Fragmentos de un diario en los Alpes», mientras lee a Balzac, afirma que el autor francés nunca escribió sobre la realidad sino que lo hizo mediante signos. ¿Pero esos signos tienen estatuto real o representativo?

Aquí continua.

Amado siglo XX: Francisco Umbral

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Dentro de unos días saldrá publicado Amado siglo XX (Planeta), de Francisco Umbral. Un libro "que tenía en la cabeza desde colegial”, confiesa en el epílogo del texto y que "hoy anticipa El Cultural, junto al capítulo “Cuanto sé de mí” y fragmentos sobre las gentes de su siglo. Memoria y corazón y estilo al rojo vivo. Al desnudo. Completamente Umbral".

Tuve amor y tuve amores. Todo aquello que me parecía experiencia sentimental de la vida no era sino impulso sexual y reproducción fatal de la vida humana. Es cuando ya sólo queda una tercera vía: la autocrítica. La crítica de uno mismo que no lo es verdaderamente si no se presenta como tal o se rehúye en forma de elegía. A la autocrítica hay que enfrentarse, lo diga o no lo diga Sartre, porque la autocrítica es la forma más viva de ejercer la literatura. El escritor dispone de la crítica para repasar el mundo y dispone de la lírica en forma de memoria y de elegía para repasar su vida.

El error más grande de mi juventud consiste en afrontar la literatura como una confesión general y definitiva. La literatura es más bien una manera de realizarse, de ofrecerse al mundo en esa trayectoria que va del amor al honor, según Calderón. Mi juventud la abrí en dos como aquí ha podido verse. Yo, como crítico de mí mismo, no hacía sino reafirmarme en mi actitud de hombre libre. Aquí habría que realizar la crítica del crítico. Las mujeres eran lo que habla y los hombres eran lo hablado, un discurso que viene de todos los arcones manuscritos. Pero es más bien al contrario, aunque no rigurosamente.

La mujer habla su verdad y su mentira con gran capacidad de prestancia. El hombre debe tomar esa escritura como la más elocuente y vividera del tiempo. Sólo por la mujer tenemos testimonio de que el tiempo existe. Homero habla su lenguaje de siglos y fantasías. La mujer calla. Cuando la mujer habla consagra lo hablado incluso mediante la mentira.
Texto completo.

Antes de que hiele: Henning Mankell

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Henning Mankell, Antes de que hiele (México: Tusquets, 2006)

Siempre es un goce para mi leer las novelas del gran escritor Henning Mankell, disfrutar de las aventuras de uno de mis detectives favoritos (junto con Maigret, el detective creado por Simenon), Kurt Wallander. Ha pasado el tiempo, ya está más gordo, se está quedando calvo (como su padre, quien ya ha muerto y al cual extraña), sigue solo, añorando comprar una casa con vista al mar y tener dos perros con los cuales salir a pasear. Pero el paso del tiempo no le ha restado inteligencia, ternura y comprensión, sobre todo para Linda, su hija, que regresa a Ystad para, en unos cuantos días, comenzar su trabajo en la policía, ha terminado sus estudios. La nueva detective se parece mucho a su padre, aunque en ocasiones, y probablemente por lo mismo, tienen diferencias que terminan con un grito de Kurt Wallander o el azotón de puerta de Linda Wallander. Kurt Wallander adora a su hija, protagonista de la historia, por primera vez en la obra de Mankell.

Estamos en 2001, Linda Wallander recibirá en unos días la oficialidad para poder ejercer como policía. Mientras espera este momento y que la arrendadora le otorgue ese departamento que desea, se hospeda en la casa de su padre. Años atrás, en 1978, tiene lugar un suicidio colectivo en Jonestown (Guyana), los que murieron eran seguidores de una secta religiosa dirigida por un hombre llamado Jim Jones. De este escalofriante acontecimiento escapa una persona, deja de creer en el líder y logra huir.

Linda se va reintegrando a su nueva vida, busca a dos de sus antiguas amigas, Anne y Zebran, y juntas pasean, recrean sus tiempos de escuela y sus proyectos en el futuro. Zebran es guapa, madre soltera y sin mayores complicaciones, Anne tiene una madre que escribe música que nadie quiere tocar. El padre de Anne las abandonó cuando ésta era pequeña y aunque la joven no ha visto desde ese día a su padre, asegura que lo ha mirado en la calle. De pronto Anne desaparece, no está por ningún lado. Linda se preocupa mucho y empieza su búsqueda. Paralelamente, en los bosques de Ystad, Linda, al lado de su padre, descubren un asesinato espantoso, hallan la cabeza de mujer, degollada, y al lado sus dos manos unidas, como si estuvieran en oración, las demás partes del cuerpo no están. Y Anne sigue sin aparecer, lo que a Linda la pone muy nerviosa. Es el primer caso que Kurt y Linda Wallander enfrentarán juntos. En este camino muchas cosas suceden. Cada acción, cada paso, cada momento es sorprendente. No hay una página de sus 471 que no nos mantenga fija la atención. Es una novela que no se quiere dejar de leer.

Quiero destacar una estrategia narrativa que me parece muy interesante: dentro de la historia que cuenta, el narrador hace referencia a personajes que habitan en otras novelas de Henning Mankell, no solamente de Baiba, aquella mujer de Letonia que amaba a Wallander y con la cual tuvo una relación ya divorciado de la madre de Linda, sino también encontramos a Stefan Fredman (de La falsa pista) o a Yvonne Ander (de La quinta mujer), por mencionar sólo algunos. Este mundo narrado dentro del mundo que se narra, introduce otras historias dentro de la historia. Ello puede crear la ilusión de que es el autor implícito* quien lo construye puesto que no puede "hacerse visible", representarse en cuanto función donante. Digamos que se presentan como auto-citas y que relacionan un relato que ya habíamos leído con el que estamos leyendo. De estos reflejos se desprende la doble función que el narrador lleva a cabo, una actual y otra retroactiva, instalándose un canal entre el pasado y el presente. Esta construcción intenta fusionar libros o temas del autor que se encuentran "dispersos" y colocar en tela de juicio su separación y autonomía; con ello, además, los hace resurgir, los actualiza. Al reflejarse en la novela otras obras anteriores parece que al narrador le interesa reunir, lo más posible, los lazos entre ellas.

Por último, me gustaría transcribir un pasaje en el que Linda, mientras camina por un cementerio, piensa en lo siguiente:

Deambular entre las lápidas se le antojó algo así como curiosear en las estanterías de una biblioteca. Cada lápida era el lomo o la cubierta de un libro. Allí yacía enterrado el hacendado Johan Ludde, desde hacía noventa y siete años, junto con su esposa Linnea. Ésta contaba sólo cuarenta y uno cuando falleció, mientras que Johan Ludde tenía setenta y seis. Así pues, toda una historia se ocultaba en aquella tumba descuidada a cuyo pie yacían los restos parduscos de un ramo de flores. Linda hojeaba entre los títulos y las portadas.

*Autor y lector implícitos son dos entidades involucradas en el proceso de comunicación textual. El primero (autor modelo para Eco), es la imagen implícita de un autor –productor– responsable del texto, es una construcción semiótica emanada del propio texto, diferente del autor empírico; el segundo (lector modelo para Eco), sería una aproximación ideal al tipo de lector competente dispuesto por el texto, quien ultima su proceso de lectura con su interpretación.

Tertulias literarias

Posted by Magda Díaz Morales in ,

Tertulias literarias en la Red

En pleno auge de las comunidades sociales no podían faltar las dedicadas a los libros. Es el caso de goodreads, que visto lo que hay en la Red, no está nada mal, sobre todo porque es fácil de usar y bastante intuitiva.

La idea es que los usuarios añadan libros a su biblioteca personal, divididos en los que ya ha leído, los que está leyendo actualmente y los que piensa leer. O incluso otras categorías personalizadas. Sobre cada libro se puede publicar un comentario y marcar si estamos dispuestos a venderlo o intercambiarlo.

Una vez dado este primer paso en solitario, que habrá que alimentar permanentemente, llega lo difícil: hacer amigos. Que vemos que alguien ha escrito un comentario que nos ha gustado sobre un libro... pues podemos añadirle a nuestra lista. Que un usuario ha calificado con un cero un clásico que a nosotros tampoco nos gusta... pues a la lista. Y a compartir.

Además de estas y otras funciones de tipo 'social' -entre ellas, añadir la lista de nuestros libros a una página web, blog o similares-, desde la página de cada libro se puede acceder a varias tiendas de libros 'on line' para comprarlo si nos interesa. En la misma línea, también es interesante BookMooch, para intercambiar libros usados a través del correo postal.

Pero si lo que te gusta no es leer, sino escribir, tienes la opción de hacerlo a 20, 30, 40 o 50 manos en 'A Million Penguins', el 'no-va-más' de la Red, una novela elaborada en un Wiki donde cualquiera puede entrar para retocar y editar. Hay moderadores, claro, y detrás están una editorial y una universidad, porque los internautas son soberanos... pero no tanto.

Vía El mundo

Instrucciones para ver Apocalypto

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Hace unos días vi la película Apocalypto en casa de unos amigos. Lo malo fue que la vi mientras cenábamos, la cena me hizo circo en el estómago ante semejante "churro", como decimos por acá a las pésimas películas. Da verguenza ver que ni tan siquiera tomaron un libro de tema general sobre la cultura maya. Hasta las supuestas pirámides parecían de cartón. Los mayas fueron tan grandes y tan importantes que es verrdaderamente vergonzoso verlos como salvajes gritando, entre otras monerías igualmente horrendas. En lugar de Apocalypto debería de llamarse Aporquería. Y lo preocupante es que esta película dará la vuelta al mundo y quien no conozca la historia de México (y no sólo de México, sino del mundo maya que abarca mucho más) creerá en tanta tontería que escuchará y verá en este film.

En el nuevo blog de Letras Libres hay un texto interesante al respecto, se titula INSTRUCCIONES PARA VER APOCALYPTO, por favor léanlo antes de ver ese panfleto de película, pero les recomiendo no gasten su dinero por ver algo así. Es sólo un espectáculo hollywoodense, nada más.

La lectura

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La historia del libro corre paralela a la de la censura. Una de las cosas esenciales que proporciona la lectura es aprender a pensar, y no hay nada más peligroso para el poder que un pueblo pensante. La tarea del político es más fácil frente a un pueblo idiota, educarnos en la estupidez es quitarnos los libros, y eso siempre ha sido tarea de dictadores.

El amor por la lectura es algo que se aprende pero no se enseña. De la misma forma que nadie puede obligarnos a enamorarnos, nadie puede obligarnos a amar un libro. Son cosas que ocurren por razones misteriosas, pero de lo que sí estoy convencido es que a cada uno de nosotros hay un libro que nos espera. En algún lugar de la biblioteca hay una página que ha sido escrita para nosotros.

Alberto Manguel

Enhorabuena

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Muchas felicidades al excelente narrador, poeta y ensayista, Agustín Cadena. Su relato “Carne verde, piel negra”, del libro Los pobres de espíritu (Premio San Luis Potosí 2004), acaba de ser publicado en inglés en una edición bilingüe de Cuadernos de Tameme.

Plotino o la simplicidad de la mirada: Hadot

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Si bien todos comprendemos que leer a Platón es fundamental, con todo y que la filosofía platónica “fue hogar para un eros homoerótico, agresivo y masculino”, me parece muy atractiva la filosofía de Plotino que destaca el libro Plotino o la simplicidad de la mirada (publicado ahora en castellano) escrito por Pierre Hadot.

Una de las discusiones más estimulantes del libro, es la incisiva comparación del eros platónico y el plotiniano: la Academia platónica fue hogar para un eros homoerótico, agresivo y masculino, mientras que la escuela de Plotino, con sus integrantes femeninas, cultivó un eros que es femenino y receptivo. En este punto, el alma plotiniana es más parecida a la novia virginal del Cantar de los cantares que a su paradigma platónico (…).

La ontología y epistemología de Plotino, que han recibido una concentrada atención desde hace algunas décadas, son tratadas no como si fueran preocupadas abstracciones sino más bien en cuanto ellas enfrentan realidades vivas. Hadot utiliza la preciosa evidencia proveniente de la Vita Plotini de Porfirio en conjunto con los detalles prácticos ofrecidos en los tratados éticos y psicológicos para ilustrar el compromiso de Plotino de vivir una buena vida. Él considera que los principios morales y psicológicos articulados en los tratados proporcionan las bases para conducir los asuntos personales y profesionales en la escuela de Platón. A modo de ejemplo: uno de los efectos de la participación de las almas individuales en la unificada vida cósmica del Alma del Mundo es la clarividencia, un tipo de visión que el mismo Plotino usó para orientar a sus discípulos. Por otra parte, la suavidad de los modales de Plotino es vista como un ejemplo de la paz y el descanso que el filósofo sostenía eran propiedades del mundo inteligible.

Bunkos

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Con agrado leo en las noticias que se le dará nueva vida al fomento a la lectura en zonas de escasos recursos. Hace mucha falta, ojalá que no sea una llamarada de petate, como decimos por acá, esto es que no vaya a ser sólo unos meses y después todo esto quede abandonado. Dice la nota que "Los bunkos -palabra japonesa que significa "acervo de libros"-, se han diseminado en comunidades indígenas de la sierra tarahumara, entre los huicholes y los coras de Jalisco o entre los niños chiapanecos y oaxaqueños; también en ciudades como Toluca, Tlaxcala, Chetumal, Saltillo y el Distrito Federal o Ciudad de México. Bárbara Newman es la coordinadora del proyecto de Bibliotecas Bunkos, que consiste en instalar bibliotecas comunitarias. En México inició en 1993, pero la idea nació de una mujer japonesa en 1951. Aquella mujer japonesa abrió las puertas de su departamento para que los niños del vecindario pudieran leer los libros de su hijo muerto. Así nació Bunkos. Este es un proyecto de la Asociación Mexicana para el Fomento del Libro Infantil y Juvenil A.C. Como parte del programa se entregan 300 libros, se les capacita y visita periódicamente, pero son los habitantes de cada comunidad quienes consolidan el proyecto. "El rincón de Momo", que toma su nombre del entrañable personaje de Michael Ende, es una de las 37 bibliotecas cumunitarias que opera en el país. En México las bibliotecas están ubicadas en lugares como la Sierra Tarahumara, entre los huicholes y coras de Jalisco, en Chiapas y Oaxaca".

Homenaje a José Luis Martínez

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Me hubiera gustado asistir a este merecidísimo homenaje al Maestro, con mayúscula, José Luis Martínez.

En la sala Manuel M. Ponce, la Academia Mexicana de la Lengua en grande le rindió un homenaje a don José Luis Martínez, director honorario perpetuo de esa institución ­que antes presidieron José. G. Moreno de Alba y Gonzalo Celorio­, en el que participaron Gonzalo Celorio, Adolfo Castañón, José. G. Moreno de Alba y el propio José Luis Martínez. Por toda la sala podía sentirse el cariño y la admiración que sus colegas y amigos le profesan a José Luis Martínez, nacido en Atoyac, Jalisco, en 1918. Acompañado por su hija Andrea, el homenaje resultó muy cálido para el diplomático, historiador, bibliógrafo y ensayista "curador de las letras y la cultura mexicanas", como lo llamó Adolfo Castañón en su espléndida intervención.

Es cierto, José Luis Martínez, en silla de ruedas y con su medalla de académico al cuello, leyó y apabulló al público con la lista interminable de trabajos que ha escrito a lo largo de su larga y generosa vida, desde sus ensayos sobre la novela de la Revolución Mexicana hasta los Contemporáneos, en particular sobre Javier Villaurrutia, José Gorostiza, Salvador Novo, Octavio Paz, Agustín Yañez y Juan Rulfo.

Comparado a don Alfonso Reyes, José Luis Martínez es hoy, junto con Andrés Henestrosa, el decano de la literatura mexicana y posiblemente su mayor conocedor, porque ha vivido siempre para las letras a pesar de sus incursiones en la diplomacia. Su libro sobre Hernán Cortés es ya un clásico, como lo son sus ensayos sobre Alfonso Reyes. Todos los especialistas lo buscan y aspiran a trabajar con él y conocer su maravillosa biblioteca, ubicada en la calle de Rousseau, en la que es indispensable usar guantes para manejar los libros, porque para José Luis no hay objeto más maravilloso sobre la tierra que un libro, que se tiene que cuidar mejor que a un recién nacido.

Seguir leyendo.

Entrevista a Vila-Matas

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"Una pareja de novios se casó, según ellos mismos me dijeron, a causa de un libro mío. Y no quiero ser responsable si ha sido para bien o para mal", recordó el escritor catalán Enrique Vila-Matas cuando se le preguntó si está enterado de que hay lectores suyos que no sólo lo leen, sino que, por esa extraña magia de la literatura, lo quieren. A pesar de que el escritor veracruzano Sergio Pitol, Premio Cervantes 2005, asegura que la obra del catalán se trata de un viaje sin retorno al fin de la noche, una crítica radical de la realidad, el autor de El mal de Montano sostiene que su literatura no tiene otro propósito que el de la salvación: "Escribir siempre es corregir la vida: es lo único que nos protege de las heridas insensatas y golpes absurdos que nos da la horrenda vida auténtica." "Me hice escritor porque, uno, quería ser libre, no deseaba ir a una oficina cada mañana, y, dos, porque vi a Mastroianni en La noche, de Antonioni. En esa película –que se estrenó en Barcelona cuando tenía yo dieciséis años–, Mastroianni era escritor y tenía una mujer estupenda (nada menos que Jeanne Moreau): las dos cosas que yo más anhelaba." Sin embargo, también reconoce que "nunca se llega a escribir la obra perfecta o genial. Antes se aprende a morir que a escribir".Y con todo, Vila-Matas, según explica, escribe continuamente "para no dejar a la humanidad en manos de la muerte. Porque, digan lo que digan, la escritura puede salvar al hombre. Hasta en lo imposible."

“Confronto al mundo y ahora, más sereno, soy más peligroso”: Entrevista a Enrique Vila-Matas, por Edgar Onofre.

Un fracaso de Flaubert

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Hace 150 años, la Revue de Paris publicó la primer novela de la era moderna: Madame Bovary. Cinco años después había vendido casi 30 mil ejemplares y su autor, Gustave Flaubert (1821-1880), se convertía en uno de los grandes paradigmas literarios de todos los tiempos. En las siguientes líneas, Rafael Pérez Gay despoja al gran autor francés de los artificios de la gloria, para mostrarlo "entre libros, contemporáneos, abstenciones y nihilismo, en plena ambición destructiva". Acompañamos este ensayo con una revisión de la biografía más reciente de Flaubert, realizada por Miguel Barberena (periodista).

Un fracaso de Flaubert
Rafael Pérez Gay

El más estimulante y provocador crítico francés de nuestros días, Charles Dantzig, reunió en un Diccionario egoísta de la literatura francesa (Grasset, 2005) todas sus simpatías y diferencias con la France littéraire, mil páginas de ensayos, fragmentos, iluminaciones salidas de sus pasiones poco académicas y no menos desaforadas. En la entrada dedicada a Flaubert apuntó: "Después de Madame Bovary, Flaubert escribió Salambó, casi un fracaso; después de Salambó, La educación sentimental, tan buena como Madame Bovary, más tarde La tentación de San Antonio, un desastre, después los espasmódicos Tres cuentos; luego fue incapaz de terminar Bouvard y Pécuchet. Se diría que hay ciertos escritores que desean terminar en la catástrofe. Me parece notable que Flaubert haya escrito Madame Bovary dejando de lado los proyectos que lo apasionaban, como La tentación de San Antonio, y que esa novela en la que no había reflexionado mucho tiempo sea su obra maestra. Sus otras dos grandes obras fueron hechas para darle gusto a escritores a los cuales no se parecía en nada: La educación sentimental, Sainte-Beuve, y Un corazón simple, George Sand. Flaubert sufría de una inclinación a la irrealización. Como si un enorme peso buscara llevarlo hacia la nada. Así, podemos verlo regresar una y otra vez a sus ambiciones destructivas. Lejos de progresar, daba tumbos en una perpetua batalla contra el nihilismo".

Veamos entonces a Flaubert entre libros, contemporáneos, abstenciones y nihilismo en plena ambición destructiva. Durante mucho tiempo, el escritor Ernest Feydeau (1821-1873) fue para mí un misterio desprendido de una admiración. El misterio lo formaba un escritor desaparecido con el paso de los años en el gusto del público y la admiración, por supuesto, la obra de Gustave Flaubert. Este enigma empezaba siempre con un aliento de codicia: Madame Bovary vendió 29 mil ejemplares durante los primeros cinco años. Feydeau, ese desconocido, logró un éxito aún mayor, cuarenta mil libros vendidos de una novela, Fanny, que contaba las relaciones de una mujer casada con un hombre más joven y que, como la Bovary, fue un escándalo. Los dos escritores eran amigos, se mandaban cartas donde se ponían al corriente de las dudas de su existencia. De modo que este clásico de todos los tiempos, aquel hombrón malhumorado y torpe que escribió maravillas vestido con una bata chinesca, unas pantuflas ridículas y un gorro extrañísimo, ese novelista que hacía el amor a escondidas con la institutriz de su sobrina, Don Gustave, tuvo un adversario que le peleó su lugar en el gusto del público. Cuando Flaubert se sintió en la antesala de los sueños realizados, el azar le trajo un rival.

Busqué, sin suerte, algún estudio que contara este capítulo de esa batalla contra el nihilismo de la que habla Dantzig. Busqué un ensayo sobre la obra de Feydeau en distintas historias, le pregunté a algunos amigos, flaubertianos de fuste, y nada. Volví a El loro de Flaubert de Julian Barnes, pero la única referencia a Feydeau era el epígrafe que abre esa novela magnífica: "Al escribir la biografía de un amigo, hay que hacerlo como si estuvieras vengándolo". Con el autor de Madame Bovary uno acaba siempre como el doctor Geoffrey Braithwaite, el personaje de El Loro, el perseguidor de Flaubert, coleccionista exhausto de conocimientos inútiles y exquisitos. Julian Barnes demostró a través de Braithwaite que la admiración por un escritor es el acopio inservible de pormenores que en otras personas resultan ordinarios, comunes, corrientes. En el primer capítulo de la novela de Barnes, el doctor Braithwaite se reúne en Londres con un amigo que afirma conocer las cartas de amor de Flaubert y Juliet Herbert. Cuando al fin se encuentran y Braithwaite le pide que le enseñe las cartas, el amigo le dice que eso es imposible puesto que las ha quemado. Hundido en el desconsuelo Braithwaite se conformó, como todos los admiradores, con las sobras y oyó en silencio el relato de las cartas inexistentes.

El misterio de Ernest Feydeau sería como las llamas que consumieron las falsas cartas de Flaubert a Juliet Herbert de no ser por algunos trozos verídicos de los años cincuenta del siglo XIX francés, cuando Flaubert tenía treinta y siete años y una neurosis de pronóstico reservado. Leí las cartas que Flaubert le envió a Feydeau entre los años de 1856 y 1858 y reboté en los mismos fragmentos de este misterio consignados en la Correspondencia de don Gustave con George Sand, en los comentarios de las eruditas notas de Jean Bruneau de la edición de la Pléiade de la Correspondencia y en algunas anotaciones de la biografía de Herbert Lottman. El episodio cuenta asuntos que han preocupado a todos los escritores desde que existe la literatura: el gusto del público, la venta de sus libros, la amistad, el amor y el reconocimiento. Todo este archivo reunido podría agruparse bajo el título de "Un fracaso de Gustave Flaubert". Todo esto ocurrió entre 1856 y 1860, en el refugio de Croisset, en las calles de París y en los Salones donde ocurría, entre vanidades enormes, la vida literaria francesa.

Varias onzas de esperma

En ese tiempo, Gustave Flaubert salía de un túnel de cinco años de concentración narrativa y suplicio estilístico dedicados a la escritura de Madame Bovary, publicada por primera vez en la Revue de Paris (1856-57). El director de la revista y el autor de la novela fueron procesados por faltas a la moral pública. Resultaron absueltos. En esos días aciagos, Flaubert le escribió a George Sand que la vida era un oficio para el que no estaba hecho, pero la verdad es que ya representaba a ese personaje desesperante que se quejaba sin descanso del martirio que significaba escribir durante meses unas cuantas páginas que al final borroneaba para empezar de nuevo. Es muy común la idea de que Flaubert se cuidaba de no desperdiciarse en el sexo, también es cierto que alguna vez afirmó que desprenderse de una onza de esperma podía echar a perder varios capítulos de una novela, pero en honor a la verdad, se trataba de una coartada para deshacerse de los tormentos posesivos de Louise Colet cuando ésta lo quiso cazar y, más tarde, arrancarle el corazón en el dolor de su abandono. A Flaubert se le reconocía en los salones como un escritor famoso de prosa pausada, perfecta, entregado a la obsesión de su trabajo y vencido por la tentación de la lujuria secreta, capaz de verdaderos monumentos de la seducción.

La vida de Flaubert transcurría entre Croisset, donde trabajaba con la energía de un minero, y París, a donde llegaba atraído por las mujeres, los amigos y los Salones. Se instalaba en un departamento de su edificio, en Boulevar du Temple. En esas reuniones de intriga y seducción que pasaron a la historia con el nombre de Salones, a Flaubert le gustaba representar "L'Idiot des salons". Los Goncourt retrataron en su Diario esta actuación, luego la consignó Brunneau en la Correspondencia y más tarde la retomó Lottman en su biografía: Flaubert le pedía prestado su frac a Téophile Gautier, se levantaba el cuello falso, gesticulaba y daba vueltas por la estancia de la habitación convertido en una extraña especie de oso y chimpancé. Jean Paul Sartre tomó, por cierto, el nombre de "L'Idiot des salons" para cometer varias injusticias en su libro clásico El idiota de la familia. Respecto a Sartre, Julian Barnes tuvo razón: se pasó diez años escribiendo su Idiota en lugar de escribir panfletos maoístas, actuó como una Louise Colet de altos vuelos que malgastó su tiempo importunando a don Gustave.

Sigue siendo inexplicable que en el punto más alto del dominio de su estilo, Flaubert haya escrito su novela más débil y la que le arrancó más insomnios, Salambó. Partió a Túnez en 1857 para acopiar el material de su novela cartaginesa, un proyecto insólito después de la publicación de Madame Bovary: la rebelión de los mercenarios después de la toma y caída de Cartago en manos romanas, una historia que ocurre en el siglo III antes de Cristo. En esa oscura antigüedad, Flaubert añadió una historia de amor entre Matho, jefe mercenario y Salambó, la hija de uno de los líderes de Cartago.

A excepción de algunas líneas epistolares de Flaubert donde le expresa a Feydeau su gusto por el éxito de Fanny, no se ha documentado con suficiencia la reacción de Don Gustave. Fanny se publicó en mayo de 1858, el éxito fue inmediato y en el camino de la celebridad pasó por encima de Madame Bovary. Abundan las cartas depresivas, malhumoradas y melancólicas de Flaubert en el año de 1858. Aunque no tiene nada de raro en ese monumento al pesimismo y a la inteligencia que forma su Correspondencia, el triunfo de Feydeau le cayó a Flaubert como un balde de agua fría. Aquellas cartas pueden leerse también como una coraza del orgullo flaubertiano y su depresión no sólo como el desprendimiento de la tortura de Salambó sino como una reacción al éxito de una novela muy inferior a la suya. Tenía razones de sobra para sentirse ofendido, entre otras, porque fue él mismo quien leyó, corrigió y dio sugerencias esenciales para Fanny. Flaubert leyó y oyó la novela a finales de 1857, durante una de sus estancias parisinas. En noviembre de aquel año le escribió a Feydeau: "Los libros no se hacen como los niños sino como las pirámides, con un designio premeditado, poniendo grandes bloques uno sobre otro, a fuerza de riñones, de tiempo y de sudor, y no sirve de nada porque quedarán en el desierto, dominándolo prodigiosamente. Los chacales orinan abajo, los burgueses suben a lo más alto". En las páginas de Fanny está la huella imborrable de la mano y la obsesión flaubertiana, el cuidado y la paciencia de ese neurótico de la novela. Una noche de noviembre de 1857, Flaubert le escribió a Feydeau, en la posdata de una carta donde le contaba los martirios de los primeros capítulos de Salambó, estas palabras admonitorias: "La primera cosa que haré en París será oír tu historia. Apenas llegue iré a tu casa, incluso antes de librarme de alguno de esos actos obscenos que la indecencia ordena y la naturaleza obliga a cumplir".

Se habían conocido en 1856 por la intermediación de su compañero Maxime du Camp y del escritor Téophile Gautier, quien le publicó en Le Moniteur la primera parte de su Histoire des usages funébres et de sépultures de peuples anciens. Esa fue la puerta que lo llevó a Flaubert. Con su libro de funerales y tumbas, Feydeau despertó los intereses voraces de Flaubert y Gautier, quienes se orientaron en esas páginas para la escritura de Salambó y La novela de la momia. A Flaubert le gustaba citar esta frase del estudio de Feydeau: "La mentira es el eterno obstáculo del historiador. Debería sentirse feliz si en busca de la verdad absoluta, llega sólo a encontrar la verdad probable".

Las institutrices y el amor

Juliet Herbert llegó a la casa de Croisset el año de 1853 para hacerse cargo de Carolina, la sobrina de Flaubert. El de gobernanta era su único oficio hasta que conoció el amor y la plenitud del sexo clandestino al que Flaubert la remitió con la firmeza de sus decisiones y las ternuras de un oso. Juliet fue un bálsamo para los sacrificios amargos que le ocasionaba cada página de Salambó, que le costaría cinco años de su vida; Juliet, en cambio, le costaría muchos más de remordimientos y felicidades secretas. Cuando Juliet regresó a Inglaterra, Flaubert nunca dejó de visitarla y ofrecerle el placer de los recuerdos de Croisset, una oferta que Juliet Herbert nunca rechazó. Entonces le propuso a Juliet una traducción al inglés de Madame Bovary. En esos días le escribió a su editor Michel Lévy: "Se está elaborando ante mis ojos una traducción inglesa de la Bovary que me satisface plenamente. Si este libro va a publicarse en Inglaterra desearía que fuera con esta traducción y no otra. No costaría muy caro y sería, además, una obra maestra". En su biografía, Lottman informa que no hay rastros de esa obra maestra. La primera traducción al inglés de la Bovary se publicaría hasta después de la muerte de Flaubert y fue realizada por Jenny Marx, la hija de Karl, quien se suicidaría como Emma Bovary. Karl Marx amó, por cierto, en los pliegues subrepticios de su entusiasmo filosófico a su ama de llaves; como se sabe, el producto de sus amores desbocados llevaría el apellido de Engels.

Aquí vuelve Ernest Feydeau a esta breve historia de seducciones y vida literaria. Llegó a Croisset acompañado de Paul de Saint-Victor y Téophile Gautier. Barnes cita en su novela una carta a Bouilhet, la única confesión conocida de Flaubert sobre Juliet: "Desde que vi que la institutriz te excitaba, también yo siento excitación. En la mesa, mis ojos siguen de buena gana la suave curva de su pecho". Luego le escribió a Feydeau: "Si deseas, oh lúbrico amante de la naturaleza y las artes, ver de nuevo a la institutriz, tendrás que venir antes del primero de septiembre, ya que por esa época la jovencita regresará a Albión". En el famoso "Salón de Croisset", estos amigos leyeron en voz alta capítulos enteros de sus libros.

Juliet Herbert regresó a Inglaterra y Flaubert se abismó en un catástrofe moral. Se consoló dándole los últimos toques al plan de su viaje a Túnez. Se embarcó en Stora el 16 de abril. La noche del viernes 23 al sábado 24 de abril de 1858, el golfo de Túnez apareció como un fantasma entre la bruma. Flaubert le escribía una carta a Louis Bouilhet a bordo del Hermus, el barco que fondearía en el golfo de Túnez en busca de los amores prohibidos de Matho y Salambó. Flaubert mantuvo al tanto a Feydeau de su viaje a Túnez y le respondió las cartas que le traían noticias de París. El 8 de mayo le escribió: "Estoy encantado de que Fanny se haya vendido tan bien, ya quiero verlo impreso en forma de libro". En ese viaje se dio tiempo para escribirle a Jeanne de Tourbey una de las cartas más cursis que Don Gustave haya escrito en su vida: "¿No sintió usted después de mi partida como un viento que pasaba sobre usted? Era algo de mí que se escapaba de mi corazón, atravesando el espacio, invisible, hasta llegar a usted". Cuando llegó a París, Flaubert pasó tres días en la casa de Jeanne de Tourbey. Puede asegurarse que durante esas noches desperdició varias onzas de esperma.

Las aspiraciones y las obras

"Valemos más por nuestras aspiraciones que por nuestras obras", le escribió Flaubert a Feydeau a finales del año de 1858. Y la aspiraciones de Feydau se elevaban en el cielo parisino de los salones. Saint-Beuve había escrito un comentario favorable, Gautier se había entusiasmado con su novela y Louise Colet le había mandado una carta llena de elogios a propósito de Fanny. A Flaubert le bastó una mirada a sus alrededores para ver la intención funesta de Colet y previno a Feydeau sobre esa "criatura perniciosa". Desde su ruptura con Flaubert, Louise Colet se había dedicado a hacer del dominio público sus amores incumplidos. En alguno de los zarpazos de su despecho Colet se refirió en un verso a Madame Bovary como una novela "digna de un abarrotero/ Que, como un aire malsano, repugna a nuestros corazones". Apenas era el principio. Las contrariedades de esa pasión aún no tocaban el puerto en llamas de Lui, la novela de Louise Colet. Se publicó en 1859 en forma de folletín en Le Messager de Paris: la Marquesa de Rostan (Colet) cuenta sus amores con Albert de Lincel (Alfred de Musset) y Leonce (Flaubert).

Los apremios del escándalo coincidieron con la lectura que hizo Flaubert de la nueva novela de Feydeau, Daniel. En su vastísima Correspondencia, no hay muchas cartas como la que Flaubert le envío a Feydeau en diciembre de 1858. Más que una carta, se trata de un análisis obsesivo, una lectura exhaustiva y una lección de preceptiva novelística. Reescribió diálogos, sugirió cambios en las caracterizaciones, cambió ideas generales y se abrió paso a machetazos en la selva del estilo: "Un último consejo: toma al azar una de las páginas que te he marcado como lentas o mal escritas; léela independientemente del resto, en sí misma, sin considerar más que el estilo. Después, cuando la hayas llevado a la perfección posible, ve si se liga con las demás y si es útil. Pregúntate a cada página lo que hay alrededor. Debes estar convencido de este axioma: Lo que se contiene, se expande". El rival se había vuelto su alumno.

Flaubert se había equivocado: las aspiraciones no producen obras, aunque la vocación de grandeza sea un requisito indispensable para los escritores. Al final de aquella carta le escribió: "Tu libro Daniel causará furor, ya lo verás. Escúchalo bien: veo la posibilidad (como te lo he indicado) de volverlo perfecto. No lo desperdicies, no te presiones, déjalo un mes si es necesario. Créame, querido señor, que para enviarle a un ser humano ocho páginas como éstas, hay que amarlo y estimarlo, a él y a sus obras".

Daniel no causó furor en la vida literaria parisina. Por su parte, Flaubert terminó Salambó en 1862 antes de que Salambó terminará con él. Su último purgatorio fue la espera, la paciencia mientras se diluía el revuelo por la aparición de Los Miserables de Victor Hugo. Salambó causó furor en París, Saint-Beuve la escribió a Matthew Arnold: "Salambó es nuestro gran acontecimiento". La novela tuvo tanto éxito que ocasionó bailes de disfraces inspirados en los personajes y en la trama y hasta el nombre de un marca de petit four. La novela que Charles Dantzig considera un fracaso de Flaubert fue en su momento un éxito rotundo.
Pérez Gay. Escritor, periodista y editor. Autor de libros como Paraísos duros de roer (2006) y Diatriba de la vida cotidiana y otras derrotas civiles (2001), ambos de Cal y arena.

Una biografía imposible
Miguel Barberena
A Laure Vernhes

Curiosa posteridad la de Gustave Flaubert: él inventó aquello de que el escritor debe ser invisible y no dejar tras de sí más que la obra, lo que llamaríamos hoy "la desaparición del autor". Cuando en 1859, dos años después de la publicación de Madame Bovary un amigo le escribió para pedirle datos biográficos, Flaubert replicó: "Yo no tengo biografía". En 1869, cuando el famoso dibujante Gill quiso hacer su retrato —se trataba de ilustrar una reseña periodística de La educación sentimental—, Flaubert no permitió la reproducción de su rostro. Sin embrago, Flaubert es hoy el clásico del XIX francés más popular y estudiado, un novelista omnipresente. Kafka, Joyce, Henry James, Sartre, Nabokov, Vargas Llosa, Michel Butor, Julian Barnes, todos se reclaman del Gran Maestro. Su vida y obra han sido desmenuzadas hasta el último detalle, pero las biografías, sobre todo provenientes del lado anglosajón, donde la "flaubertomanía" es más pertinaz que en la misma Francia, se publican a ritmo constante, una cada década: en los años ochenta fue la de Herbert Lottman, en los noventa la de Geoffrey Wall y el año pasado apareció la de Frederick Brown, Flaubert. A Biography (Little, Brown). Con 629 páginas y un voluminoso aparato crítico —las notas, bibliografía selecta e índice onomástico ocupan casi 50 de ellas— el libro contiene todo lo que es posible conocer sobre Flaubert, el hombre, desde su nacimiento, el 12 de diciembre de 1821, en el hospital Hôtel-Dieu de Rouen (Normandía), donde su padre, Achille-Cléophas, era cirujano en jefe, hasta su muerte el 8 de mayo de 1880, de un infarto fulminante, tal vez de un ataque convulsivo, quizá de una hemorragia cerebral, probablemente de una combinación de las tres. Su salud era un bomba de tiempo: años de glotonería, de adicción al tabaco de pipa, de una labor sedentaria, más los efectos de la sífilis y los episodios de epilepsia le cobraron factura. Además, su humor de energúmeno, sus frecuentes crisis de indignación ante la estupidez de su tiempo, le elevaban la bilis y la presión arterial.

La vida de Flaubert tiene dos fases. En la primera vemos al niño curioso que espiaba las cirugías del padre en los pabellones del hospital; el mediocre estudiante de Derecho en París; el aventurero del viaje a Medio Oriente; el joven literato que se alimentaba de clásicos griegos y latinos y escribía en la clandestinidad su primera novela, La tentación de San Antonio. La segunda fase arranca el 1 de enero de 1844, cuando Gustave sufre el primer ataque de epilepsia. La "enfermedad nerviosa", como él la llamaba, dio un giro radical a su existencia. Lo hizo sentir siempre como un freak, pero también, gracias a ella, pudo dejar los insoportables estudios de Derecho y dedicarse exclusivamente a la literatura. A partir de 1851, tras su regreso de Oriente, se instaló como escritor de tiempo completo en el estudio de su casa en Croisset, a orillas del río Sena. Guardó en la gaveta a San Antonio —libro de tema bíblico que reescribió tres veces— y se embarcó en los adulterios de Madame Bovary, su primera obra publicada, la que le dio renombre y abrió puertas en el París literario.

Brown agrega a los hechos de la exagerada vida de Flaubert una mirada crítica a la obra. Resume y explica las cinco novelas, algo invaluable en el caso de Salambó y San Antonio, obras históricas de difícil digestión. Revisa también sus últimos Tres cuentos y los escritos de infancia y primera juventud, cuando Gustave parecía encaminarse hacia el teatro, como se debe en un paisano de Pierre Corneille, oriundo también de Rouen. Brown ubica precisamente a Flaubert dentro de su tradición: tenía un lado esperpéntico que le venía de Rabelais, atemperado por una vena romántica, en la línea de Chateaubriand, y otra realista a lo Balzac ("Temo hacer un Balzac chateaubrianizado", escribió a un amigo durante el arduo trabajo de Madame Bovary).

Este ángulo desde la crítica literaria es la principal fortaleza de la nueva biografía, un apartado en el que supera a las anteriores de Lottman y Wall. El estilo de escritura es también superior, con mucho de "flauberteano" en su sobriedad. El profesor Brown no especula ni inventa, como tanto se ha hecho con el pobre Flaubert, quien, por ejemplo nunca dijo o escribió aquello de que "Madame Bovary, c' est moi". Tampoco cae, como Sartre en El idiota de la familia, en el análisis psicológico de un personaje tan complejo y contradictorio. Se basa Brown en lo que verdaderamente conocemos de este gran escritor, que ya es bastante. Ni siquiera se atreve a mencionar, como lo hizo Geoffrey Wall, la especulación de que Flaubert pudo haber muerto mientras fornicaba con la joven sirvienta Suzanne. Y también pasa por alto, como no lo hizo Herbert Lottman, la versión de que Flaubert pudo haber sido el padre de Guy de Maupassant, sólo porque la hermana de su gran amigo de infancia Alfred Le Poittevin, Laure, fue la madre del futuro autor de Bel Ami, nacido en 1850. En efecto, Flaubert tuvo una relación filial, casi de "hijo adoptivo" con Maupassant, pero de eso a lo otro…
La curiosa posteridad de Flaubert, que él mismo ayudó a propagar, lo pinta como un ermitaño perfeccionista que pasó la vida encerrado en Croisset, en búsqueda de la palabra precisa, el famoso mot juste, acompañado de su atosigante madre, nacida Caroline Fleuriot, y de su sobrina huérfana, también de nombre Caroline. Solterón empedernido, sin hijos, Flaubert gustaba describirse como un misántropo que despreciaba a la sociedad burguesa, un "burguesófobo", por utilizar su expresión.

Pero los datos históricos desmienten a este Flaubert de la leyenda. Su vida no fue la de un "ostión" (como él mismo llegó a definirse), ni solamente la de un "hombre pluma" (ídem). A los 18 años, nada más terminar el bachillerato, recorrió el sur de Francia, de Burdeos por los Pirineos a Marsella, y de ahí a Córcega. Diez años después, entre noviembre de 1849 y enero de 1851, viajó con otro de sus grandes amigos, el también escritor Maxime du Camp, a Egipto, Palestina, Siria, Turquía, Grecia e Italia (el alto, rubio y apuesto Gustave volvería calvo y barrigón, para horror de su madre). En 1858, mientras escribía Salambó, su novela sobre las guerras púnicas, zarpó a Túnez para documentar las ruinas de Cartago. Fue a Baden-Baden, en Alemania, por las aguas termales que alivianaban sus dolencias reumáticas, y también al casino de Vichy. Ya cincuentón iba a Londres para proseguir el amorío con Juliet Herbert, antigua institutriz de su sobrina (y supuesta traductora de Madame Bovary al inglés).

Pero nunca dejó el terruño en Normandia, donde el padre le heredó tierras por el lado de Deauville y una bien fincada posición burguesa. Pasaba los meses de invierno en París, en su departamento de la rue Murillo, con vista sobre el parque Monceau. El "burguesófobo" estaba en el centro de la vida literaria y social de su país, una presencia en los principales Salones. Brown lo retrata animadísimo en el restaurante Magny, junto al Pont Neuf, donde el crítico Saint-Beuve reunía a su alrededor a Renan, los hermanos Goncourt, Taine, Gauthier, Merimée, al joven Zola, al ruso Turgenev y otros de la época. Era favorito y confidente de Matilde Bonaparte, cuñada de Napoleón III, emperador de Francia en esos años sesenta y setenta del siglo XIX. Flaubert era habitué en las fiestas de la influyente princesa, las más cotizadas entre la alta sociedad parisiense. También cenaba con el intimidante Victor Hugo y con Charles Baudelaire, su compañero en el ámbito judicial (ambos fueron acusados en 1857 de faltas a la moral por el poemario Las flores del mal y Madame Bovary. Costumbres de provincia, título completo de la célebre novela). George Sand fue su mejor amiga, su chère maître. Iván Turgenev su más grande afinidad electiva. La correspondencia de Flaubert con estos dos últimos es una cumbre del género epistolar. Lo es también la que mantuvo con Louise Colet, nacida Révoil, la mujer que, después de la madre, más lo marcaría. Entre 1846 y 1854, ella fue la "musa", el amor de su vida. Brown la retrata como una dama de gran belleza y carácter, apasionada al grado de la histeria, y poseedora de cierto talento literario. Once años mayor que Flaubert, le entró a todos los géneros, publicó muchos libros, ganó premios, y fue la primera que supo ver el genio de su adorado Gustave. Lástima: poco antes de morir, Flaubert quemó, entre muchas otras, las cartas que recibió de la Colet. Nunca sabremos si Louise lo consoló después de su primer encuentro sexual, en el que Gustave sufrió, según Brown, un ataque de impotencia. Penosa situación para alguien que presumía su priapismo y que hizo de la visita al burdel una forma de vida. Brown relata las noches sensuales junto a Kachiuk-Hanem, la hermosa cortesana que Flaubert conoció en Egipto (y de quien posiblemente contrajo la sífilis), y la importancia que para su sensibilidad —y la de Emma Bovary— tuvo Eulalie Foucault, una prostituta de Marsella con la que Gustave se acostó en aquel primer viaje de juventud.

Flaubert defendió la postura de "el arte por el arte" y no tuvo ánimos —como Victor Hugo— para participar en el agitado debate político de su época. Vivió bajo cuatro regimenes políticos en sus 59 años de vida. Nació bajo la restauración borbónica que siguió a la caída de Napoleón; siguió la monarquía constitucional de Luis-Felipe de Orleans; luego la efímera república de 1848 y por último el Segundo Imperio del autoritario Napoleón III, el mismo que invadió México. Pero Flaubert observó todo esto desde la barrera. Fue un conservador que echaba pestes contra el sufragio universal, las teorías igualitarias y todo lo que oliera a socialismo. En París, bajó a las barricadas durante la revolución de 1848 contra el rey Luis-Felipe, pero con ánimo de reportero: utilizaría esa experiencia años después para La educación sentimental, una novela que Flaubert concibió como "la historia moral de su generación". La guerra de Francia contra Prusia en 1870 le sacó lo patriota: se enroló en la Guardia Nacional para pelear contra el invasor, pero Francia claudicó tan rápidamente que nunca vio acción. Los alemanes ocuparon pacíficamente la casa de Croisset.

Los años finales fueron tristes. La muerte, en 1869, del poeta Louis Bouilhet, su "amigo indispensable", lo sumió en la depresión. En 1871, a los 79 años, expiró la madre, ya para entonces totalmente sorda. Flaubert se quedó solo, con su perro Julio como única compañía. Cuando falleció George Sand, en 1876, el dolor fue "infinito", como lo escribió a Turgenev.

El peculio familiar, mal administrado por su "banquero", Ernest Commanville, esposo de la sobrina, desapareció casi por completo en la recesión de la posguerra. Flaubert acabó en la ruina. Sus libros poco habían aportado a su patrimonio financiero (los pleitos monetarios con el editor Michel Lévy son bien documentados por Brown). Tuvo que vender los terrenos de Deauville y contemplar la espantosa posibilidad de trabajar por un sueldo para ganarse la vida. Para colmo, se rompió una pierna y cojeo esos últimos años. Pesaba 115 kilos, se vestía con amplias túnicas orientales y se cubría la calva con sombreritos turcos. Solía pasear por su vasto jardín, pero los estragos de la sífilis lo mantenían postrado buena parte del tiempo. Brown describe un cuadro de neuralgia, anemia, migrañas, agotamiento, lumbago, amigdalitis, insomnio, problemas de la vista y dolores en el único diente que le quedaba. Además, los ataques de epilepsia, la dama que lo acompañó toda la vida. Avanzó en su Bouvard y Pécuchet, su novela cómica, pero dejó inconcluso su Diccionario de ideas comunes, una especie de epílogo a esta última obra.

Al morir, ignorado por la clase literaria, seguido de un pequeño grupo de fieles (Zola, Maupassant, Daudet), dejaba tras de sí las cinco novelas, sus formidables Tres cuentos, más de cuatro mil cartas, unas 20 mil páginas manuscritas: una obra magnífica, detrás de la cual no pudo desaparecer. Frederick Brown lo revive nuevamente en este ejemplo de biografía literaria.

Via: Confabulario

D’Artagnan enamorado

Posted by Magda Díaz Morales in

Encuentro en Página/12 la reseña de un libro que compré hace unas semanas y que aun no leo. Se trata de una de las versiones románticas del mosquetero más famoso del rey: D’Artagnan, y parece que está enamorado. No daré mi punto sobre D’Artagnan enamorado, de Roger Nimier, hasta que lo lea, por el momento esta reseña es interesante:

“Yo sé que violo a menudo la historia, pero le engendro hijos muy interesantes”, decía con ánimo impetuoso Alejandro Dumas en defensa del género literario que cultivaba. Su arte era el maquillaje: tomaba personas de carne y hueso y las volvía personajes; a los hechos los transformaba en argumento y lo que resultaba de todo eso, en capítulos. De ahí salieron criaturas increíbles que, si bien ya habían existido por fuera de los libros y lejos de la pluma del escritor, renacían con una fuerza nueva. Así ocurrió con, tal vez, uno de los personajes más populares de la literatura universal: D’Artagnan. Capitán de la guardia de mosqueteros de Luis XIV, Charles de Batz-Castelmore, Conde de Artagnan (1611-1673), es más conocido por su vida novelesca que por la dimensión más objetiva de los hechos.

El currículum ficcional del D’Artagnan literario es bastante conspicuo: están las (apócrifas) Memorias del señor D’Artagnan, teniente capitán de la primera compañía de los Mosqueteros del Rey (1700) de un tal Gatien de Courtilz de Sandras; la trilogía algo anacrónica de Dumas, quien cometiendo un desliz anacrónico sitúa al espadachín en la época del cardenal Richelieu y no en la de Mazarino –Los Tres Mosqueteros (1844), Veinte años después (1845) y El Vizconde de Bragelonne (1850)– y D’Artagnan contra Cyrano de Paul Féval. Y hasta tiene una (semi) precuela: la algo tardía D’Artagnan enamorado (1962) del periodista también francés Roger Nimier, que ahora se reeditó en una especie de rescate emotivo de la obra del escritor muerto trágicamente en un accidente automovilístico aquel mismo 1962.

A diferencia de la primera novela de Dumas sobre el personaje de capa y espada (publicada en forma de folletín en la revista Le Siècle entre marzo y julio de 1844), Nimier invierte el acento temático del libro y en vez de hacer foco en la amistad y en los esfuerzos heroicos de D’Artagnan se centra en la veta amorosa –algo ausente en la versión de Dumas–, situando la acción cinco años antes de lo narrado por Dumas en Veinte años después. Sus relaciones interpersonales ya no se agotan en el trato decoroso y pleno de respeto que tenía con Athos, Porthos y Aramis. Ahora se muestra un D’Artagnan más completo, humano, de carne y hueso, y plenamente heterosexual. Y quien le mueve el piso en esta ocasión no es una ni dos sino tres mujeres: la adolescente Marie Chantal (más tarde conocida como Madame de Sévigné), la melosa Julie y una hostelera, Madeleine, quienes se encargan siempre de distraer al “joven de nariz aguileña, mandíbula prominente y cara astuta”, y de alterar el curso de su misión: infiltrarse en Roma como agente secreto y robar el místico y enigmático “Tratado de la Paz de Cristo”.

Mitad sátira, mitad homenaje a Dumas, Nimier arroja, cuando la escena lo permite, dardos irónicos en forma de guiños y bromas que encuentran su blanco en la lógica del duelo (verbal y físico), y toda la pompa y adorno protocolar que envuelve “lo monárquico”.

Así y todo, la historia se diluye. Estructurada en 49 capítulos efímeros de tono folletinesco que ahondan en un implícito “continuará”, D’Artagnan amoureux ou cinq ans avant (tal cual reza su título original) enamorará a los fans de fierro del cuarto mosquetero y pasará desapercibido para el resto de los lectores, que lo contemplarán como lo que es: un caso más de la historia vista como entretenimiento.

Versificación poética

Posted by Magda Díaz Morales in

Me parece excelente este Programa de cálculo y análisis automático de versificación poética.

Sobre Paul Auster

Posted by Magda Díaz Morales in ,

"El escritor estadunidense Paul Auster criticó con severidad al gobierno de su país, en una entrevista con el semanario Die Zeit, con motivo de su cumpleaños 60, que será el próximo sábado. "Estoy convencido de que en las dos anteriores elecciones presidenciales hubo fraude", afirma Auster en el texto, del que se dieron a conocer algunos extractos por adelantado. Es inconcebible que Estados Unidos, que actuó en la Segunda Guerra Mundial de forma inteligente y convincente, fracase ahora de esta manera, añade. "Nunca hubo un gobierno en América que estuviese tan lejos como éste del espíritu del país. Somos los testigos del hundimiento de un imperio", asegura el autor de Trilogía de Nueva York.

Con respecto a su trabajo, señaló que el escritor se ve arrastrado por un impulso sin pausa. "Yo al menos siento la presión constante de seguir escribiendo, trabajando. Cada vez que termino algo, temo haber fracasado. De este sentimiento de insatisfacción surge la necesidad de intentarlo de nuevo", asegura.

Libro-homenaje

Coincidiendo con los 60 años de Auster, Anagrama edita un libro-homenaje al autor de Viajes por el Scriptorium, que incluye el discurso del escritor al recibir el Premio Príncipe de Asturias 2006, además de un ''sagaz" escrito de Justo Navarro, así como la entrevista realizada a Auster por Eduardo Lago para el suplemento Babelia del diario El País.

El editor Jorge Herralde escribe sobre dos visitas a España del autor; finalmente, el novelista Gérard de Cortanze hace una cronología de la obra del narrador neoyorquino. El libro de Anagrama se titula Homenaje a Paul Auster y próximamente comenzará circular en librerías".

Vía La jornada